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miércoles, 12 de agosto de 2026

Paralelismos con la naturaleza

Aunque toda persona se ve
no toda persona se hace ver
ni toda persona tiene buena vista.
Y no hablo de ceguera real
hablo de ir ciega en varios sentidos
por siempre,
por la vida
o por algún tramo del camino.

Aunque toda persona se ve
no toda persona brilla
ni a todas nos hace brillar
ni su historia misma ilumina.
La luz propia no se compra
quizás se adquiere
o solo se tiene
o no se tiene
pero si se recupera 
solita se brinda.

Todas compartimos la misma luna
el mismo sol
y hoy todo se une y a algunas nos mantiene unidas
en un evento que parece histórico
en una anécdota que unirá nuestros días.
"En 2026 esto pasó.", diremos por el camino,
y recordaremos qué hicimos
o quizás no
pero sí en quién pensamos 
cuando lo de fuera se ensombreció
y nuestro corazón mantuvo encendido.

Hoy por la noche la lluvia de estrellas
y en cada una de ellas
algunos de los nuestros que ya no están
y otras que caen o pasan de largo
para poder desear.
Hoy por el día la luna y el sol
aunque en realidad no se toquen, eso parecerá 
y eso imaginaré yo.

Como a veces pasamos unos y otros por delante nuestro
y en ocasiones parece que nos quedemos dentro.
Paralelismos con la naturaleza que merece la pena no obviar,
sin duda algo importante, impactante, especial.
Un eclipse con menor expectación fuera
que no tiene nada que ocultar,
más bien celebrar y recordar de manera certera
ya que esa fusión tuya
o más bien vuestra,
en concreto será única
y no le pasará a cualquiera.

lunes, 10 de agosto de 2026

Promesas que no valen nada

Ya se dieron cuenta "Los Piratas", al escribir su canción, de que las promesas no valen nada, a la vez que valen para ilusionar/nos. Ese es el efecto y, muchas veces, podríamos ahorrárnoslo y así, muchas otras, evitar alguna que otra decepción. Pero, ¿cuál es, de la promesa, la finalidad? Pues, seguramente, tan solo ganar tiempo de ventaja.

Cuando no nos atrevemos a algo ahora, prometemos para ganar tiempo de decisión. Cuando no podemos algo en este momento, prometemos para ganar tiempo de planificación. Cuando rezamos o deseamos, prometemos a cambio para ganar el tiempo que necesitamos para saber cómo resolverlo, al fin y al cabo, nosotros. Cuando hemos fallado, prometemos para ganar tiempo para recuperar confianza hacia nosotros de nuevo.  Cuando mentimos, prometemos por miedo. Cuando se tienen ganas pero desorden, prometemos como persuasión. Cuando se promete amor, reclamamos la misma respuesta a cambio a modo de búsqueda de seguridad que, en ello, todavía no encontramos. Etc. Pero prometer es algo ilusorio e ilusionante más que una verdad. Es una idea abstracta a futuro pero con fin inexacto. 

Yo me prometí que no iba a jurar, que iba a prometer porque suena menos divino y parece que dios, o lo que sea, vaya a seguir amparándote si no acabas cumpliendo. Reconozco, de todas formas, que a veces esa promesa no se ha acabado llevando a cabo... Digamos que, a día de hoy, podría decirse que en algunas ocasiones mentí o exageré al prometer... y, por supuesto, creo que todos/as lo hacemos y que, sin sentirnos orgullosos pero tampoco culpables del todo, nos damos cuenta de ello a toro pasado. Hemos prometido, a veces por vergüenza, a veces por miedo, a veces por protección o qué sé yo... pero, a veces, simplemente porque las personas cambiamos, también de parecer o de pretensión, no por traición a la palabra o mala intención. Cuando me di cuenta de ello, recuerdo que me prometí que intentaría ni siquiera prometer, aunque a veces seguro e inevitablemente, a modo de muletilla ante la incredulidad, lo siga haciendo. Y, sobre todo, me prometí intentar recordar todo esto antes de creerme promesas. Creí que, sin prometer, obligas a creer, a desear sin presiones y a confiar en que los tiempos de la vida desembocarán en ello o no porque será lo natural en ese momento, no algo forzado o una decepción con difícil retorno, porque "Prometer y no dar, es lo mismo que robar.".

"Quien de ligero promete, despacio se arrepiente.". Y es que no está bien querer amarrar a alguien a través de la ilusión para ganar tiempo o ventaja. Coge, suelta, resuelve o gestiona, pero sin decir "siempre" ni comprometiendo a tu yo futuro en un acto de fe. A veces las promesas suenan bonitas pero, ya dicen que, a veces "Prometen, prometen hasta que la meten." (no podía faltar esta en este texto). Me parecen más bonitas las palabras con acciones repetidas en un presente constante. Por ejemplo, dime que me quieres hoy, o demuéstrame que me quieres ahora, y no que me vas a querer... porque ambos sabemos que puede o no llegar a ser. Aprovecha querer hoy y, mañana, hoy de nuevo, con todas las letras y la boca bien grande, porque sonará más real y lugar seguro. Con más hechos en presente que ya nadie nos quitará y menos deducciones en futuro que nadie nos asegura, seremos más conscientes día a día de la crudeza o de la ternura. La vida, a veces, es más bonita en su ideal pero sabe más a oportunidad de progreso si somos conscientes de lo cambiante de su locura, actuando y aprendiendo, más que de lo que nos gustaría adquirir, de lo que hoy llevamos puesto.

lunes, 3 de agosto de 2026

¿Nos decidimos?

Constantemente estamos tomando caminos, eligiendo entre un sinfín de opciones... y es que, aunque en la vida no paremos de decir "ya veremos" como respiro mental, en realidad la vida la hacemos tomando decisiones. Una tras otra, cada una de ellas va creando nuestra historia. 

Tomamos decisiones más acertadas o quizás menos, pero tanto en los triunfos como en los fracasos necesitamos atribuirnos la responsabilidad o buena parte de ella para recibir alguna recompensa, aunque sea en forma de aprendizaje. A veces la decisión no nos favorece por no haber actuado bien, a veces por no haber valorado todas las posiciones, a veces por mala comunicación o falta de entendimiento, otras veces por escasez de objetividad o bien, en ocasiones, por influencia... pero, en cualquier caso, de nada sirve estancarse en el arrepentimiento o atribuir la culpa a causas o a personas ajenas. Con muy pocas excepciones, habría que hacerse cargo tanto de lo conseguido con nuestra decisión como de sus consecuencias, para poder crecer o ir ampliando nuestra zona de acierto.

Pero más allá de la inevitable toma de decisiones, ¿de qué forma lo hacemos? ¿De qué forma decidimos? A veces de forma más razonada y otras más por simple intuición pero, seguramente, lo que no se debería hacer sería tomarlas de forma precipitada. Y no lo digo porque pueda salir mejor o peor, sino porque algunas decisiones pierden en dificultad y resultan más claras con un tiempo de por medio. Tomar o dejar zanjadas algunas decisiones es algo lo suficientemente importante como para valorar si debemos tomarnos un tiempo de reflexión previo... o simplemente un tiempo a modo de espacio desde donde contemplar las opciones habiendo soltando antes algo de la ansiedad inicial. De igual manera que el tiempo a veces aprieta, otras nos es revelador. A veces hay que asentar algunas cosas o ideas antes de decidir, otras hay que asentar directamente la cabeza, algunas tan solo hay que priorizar la calma mental para poder llegar a decidir, equívocamente o no pero presente. 

Tomar esas decisiones de forma precipitada es probable que lo que revele es que la persona contiene algo de temor a la experiencia emocional que requiere el enfrentarnos a aquello incómodo que la situación en sí nos genera o bien a aquella indecisión enquistada. De hecho, es cuando estamos inmersos en esa experiencia de sentir cuando podemos darnos cuenta de qué necesitamos para decidir, qué sentimos real que puede ser lo mejor y de si nos resulta verdaderamente más o menos complicado hacerlo en ese momento. 

Algunas decisiones no pueden prolongarse demasiado en el tiempo, otras sí, pero tanto la decisión como la indecisión o el silencio hablan de nosotros/as en algún sentido. Al fin y al cabo, no tomar decisiones o dejarlas en tejado ajeno, no deja de ser una decisión y puede aportar comodidades, pero consecuencias de algún tipo consigo a la vez. 

Sobre eso de cuándo decidir algo, no hay nada escrito. No hay un momento objetivamente exacto en el que sea mejor hacerlo en la gran mayoría de casos, pero sí que quizás deberíamos permitirnos pensar que no siempre esas decisiones tienen por qué llegar a cerrar temas o  concluir nada. Por un lado, pensar que ese no es el objetivo ni, a menudo, una necesidad, puede limitar la presión de estar o no equivocándonos porque no siempre algo es tan irreconducible. Por otro lado, no creo que debamos creer que tenemos el poder de determinar algo de forma absoluta e irrevocable sin considerar, también, que ello se puede reactivar en el tiempo y aportar, entonces, una experiencia y una perspectiva adquiridas que ayuden a la acción de decidir... pudiendo incluso llegar a decidir otra cosa o a valorar de distinta manera aquello que decidimos en un pasado.

Por eso, no sé si hay decisiones buenas o malas sino, probablemente, más o menos acertadas en un contexto global. Pero ¿qué pasa con el contexto interno? Ese también importa y es la parte más pasional y egocéntrica de una decisión. Por eso, recuperando la idea de darle tiempo a algunas decisiones, tanto si las tomamos como si las recibimos de forma más impulsiva, tomar una decisión nos alivia por la carga mental que desahoga pero, con el tiempo de por medio, también hace visibles algunos matices en los que no pensamos antes. 

Así que creo que, la mejor decisión que podemos tomar es la de estar en paz con nuestras decisiones entendiendo, en primer lugar, que cuando tomamos una decisión nos parece la mejor de las opciones en ese momento y, por eso, también hay que tener muy claro el momento vital que nos llevó a ello. En ese momento tuvo sentido. Me parece importante tener presente eso para sentirnos mínimamente seguros y capaces, no siéndonos injustos una vez han pasado. A la vez, es importante que podamos reflexionar, desde otra época, en qué decisiones pudimos estar mejor y peor para poder extraer de ellas lo que más pueda ayudarnos a tomar otras futuras. Y, por último, creo que deberíamos ser conscientes de la dificultad que supone tomar una decisión "más decisiva" ya de por sí, para sentir valor por haberlo hecho y coraje para seguir haciéndolo con confianza.