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lunes, 1 de abril de 2013

Cuestión de (des)confianza

No voy a pedir que confiéis en mí porque demostraría desconfianza. Tampoco voy a desconfiar si me contáis motivos por los que alguna vez fue mejor desconfiar o consecuencia de algún caso concreto. Lo que sí que haré será advertiros de que la desconfianza es, probablemente, el arma de defensa que más desconfianza puede llegar a crear a su vez; así que la desconfianza nos aleja. 

“Pero, espera, ¿es que nunca te has quemado "por poner la mano en el fuego" por algo y te has sentido inútil después? ¿Jamás te ha decepcionado el haber confiado?” Pocos se salvan de lo primero, ¿no? Sin embargo, lo segundo creo que no debería ser así; el problema, en cualquier caso, lo tiene la persona que traiciona, no la confiada. Lo decepcionante es acabar pagando con el resto de ocasiones lo que en una te hirió. La desconfianza nos hace seres fríos, calculadores, cerrados y más desconfiados aun. La confianza, por el contrario, es un puente, más o menos seguro, que nos conduce a vivir nuevas experiencias, a conocer desconocimiento… y eso es entre curioso e interesante. Entonces, no hay duda de que hay que andarse con ojo, pero ¿desconfiar? ¡Desconfiar es de cobardes!

Quizás creemos que adoptar una actitud menos receptiva de entrada nos protegerá y hará más fuertes de cara a asumir cualquier batacazo que pueda venirnos dado. Nos creemos inmunes de palos cuando el mayor contratiempo con el que nos topamos es que no nos permitamos conocer situaciones que “pican a nuestra puerta” a diario o a personas que, seguramente, tienen cosas que aportarnos… ya sea una buena historia, una buena anécdota o simplemente un buen rato.

Si cada persona debe intentar ser su mejor desdoblamiento de entre la cantidad de opciones que tenemos, ¿no creéis que de todas las palabras opuestas (por ejemplo: confianza/desconfianza) deberíamos escoger la favorable aunque a veces pueda ser arriesgado? Yo, personalmente, prefiero confiar. Simplemente no veo en ello un lado tan sustancialmente malo como para preferir, desconfiar en general ante lo conocido, y casi siempre ante lo desconocido, como si el mundo conspirase, vaya.

sábado, 30 de marzo de 2013

El borderío gratuito



Tengo bastantes cosas que reprochar a aquellas personas que han cogido por costumbre levantarse con el pie izquierdo y arrastrar esa actitud de forma impasible y machacante durante las siguientes 24 horas; alimentarla y sentir superioridad por tratar a los demás, como mínimo, como no merecen. A esas personas secas a quienes la vida les ha jodido en algún momento (como a todos) y se han estancado  en el inconformismo permanente y la negativa ante la duda. A aquellos quienes ven pesadez, ridiculez, agobio y conspiración donde hay buena fe y quienes, con una palabra, consiguen amargar un dulce a quien se lo está comiendo. Que os jodan. No, que no os jodan porque os estáis jodiendo. Y si, en un arrebato, no os agarráis a la mano tendida de algún ser que, en otro arrebato, trate de rescataros con “sus comportamientos ridículos”, lo siento, pero ya estáis jodidos.

No hay quien se salve de un mal día, un día de perros, incluso de una larga mala época. Exteriorizamos el malestar y eso se percibe, pero debemos evitar hacerlo con el mal rollo. Si tu burbuja está intoxicada, deja de agujerearla y permite que te oxigenen. Los años no vuelven, ¡los días no vuelven! Si te tratan mal, trata como consideres; si te tratan bien, trata bien. Es simple y probablemente la clave para salir del bucle en el que te metiste por culpa de comportamientos niñatos. 

Ser borde como forma de ser, puede parecer poderoso a corto plazo, sin duda cansado a plazo medio y, a plazo largo, aísla y puede hacer que acabemos todos en el pozo en soledad. La actitud es más de la mitad de nosotros mismos y más de tres cuartos de nuestro magnetismo.

lunes, 11 de marzo de 2013

El amor en palabras



Hay diversos tipos de amor y muchas formas de hacerlo notar. El amor demostrado con gestos es jodidamente perfecto bajo la percepción de quien lo recibe o desea recibirlo.  El amor expresado con palabras es necesario. Por mucho que nos pueda costar a veces expresarlo, en su justa medida lo es (y detrás de eso hay alguien deseoso por recibirlo).

Todos necesitamos que alguna vez nos digan cosas bonitas y nos revelen sentimientos que provocamos que quizás ni sospechemos. Todos somos menos importantes de lo que alguna vez nos hemos sentido pero también mucho más de lo que muchas veces nos han hecho sentir. Cada día estamos expuestos a recibir batacazos y desplantes, mierdas varias y maneras de pisarnos. Diariamente nos encontraremos con alguien que se tome nuestras muestras de cariño como niñerías o moñadas (personas que, obviamente, no han recibido todo el amor que algún día necesitaron o que no son de fiar). Vivido en primera persona todo se entiende mejor, vivido en tercera, todo se juzga más fácilmente. Pero creo que, si apreciamos, echamos de menos o queremos a alguien, tanto nosotros mismos merecemos compartirlo, como esa otra persona recibirlo. Guardarlo solo va a alargar distancias y decirlo solo va a hacer bien. Digamos que el sentido empieza donde hay más corazón que cabeza. Si es utópica la paz global, alimentemos al menos la personal y nos iremos a dormir un poco mejor y más alegres todos. Si alguien hoy nos ha herido, que otro alguien nos haya querido, por favor.

La experiencia, hasta ahora, me ha desvelado que guardarse para uno mismo los pensamientos y sentimientos putrefactos no hacen otra cosa que marchitar la magia entre dos personas. Pero, a la vez,  también me ha enseñado que detrás de algo malo, si hay algo bueno que aportar, debe ser lanzado con el doble de fuerza y de importancia, porque realmente la tiene. Paradójicamente, a veces ese pensamiento ha distanciado a algunas personas de mi vida... pero siempre acaban volviendo. Supongo que, al igual que lo malo, lo bueno, cuando es muy intenso, también puede llegar a asustar... pero no deja de ser bueno, y lo que hoy parece estar de más, mañana puede hacernos falta.

Qué vamos a hacerle, soy de las que piensan que los lazos de cariño son la vía de salvación a pequeña y gran escala. Y llamadme moñas hoy si queréis, pero fiaros de mí.

martes, 26 de febrero de 2013

Chupar una lengua

¿Alguien, de pequeño, no pensaba que era una cochinada asquerosa? ¿Nadie pensaba que era una forma bastante extraña de expresar amor o deseo? ¿Y los microbios? ¿Nadie temía que alguien le besase en la boca y fuese a contagiarle el mismísimo Megazero a través de ella? Ya no hablemos del momento en el que descubres que existe “la enfermedad del beso” y que una compañera tuya de instituto la tiene supuestamente porque fue besada por su novio. Te planteas sellarte la boca. Sin embargo, creces y descubres que la lengua tiene funciones más allá de chupar dientes, paladar y comida o de saborear la sal de las pipas. A la lengua también le gusta jugar.

Entonces, un día, tu mejor amiga del cole te propone chuparle la punta de su lengua con la punta de la tuya, como si fuese un juego gracioso de “gente cool” (como lo era masticar papel de libreta en clase cuando se puso de moda). Y es así como pasas de no haber probado lengua a chupar la puntita de todas tus amigas. Después pasas un tiempo en que lo más parecido a una lengua que tocas es la de Leonardo DiCaprio en el poster de Titanic que tienes en tu habitación. Empieza a descubrirse el deseo. Tu infancia está cambiando.


Más adelante empiezas a sentirte atraída por algún chico y lo mantienes en secreto negando la evidencia porque te mueres de vergüenza solo al pensar en las ganas que te dan de contactar con su boca. Llega tu primer novio. No sabes bien cómo pero llega y tu boca empieza a tocar otras bocas aunque la lengua sigue escondiéndose y se resiste. Pero acontece ese momento, ¿sabes? Ese en el que otra persona “te engaña” y acaba colando la lengua entre pico y pico, como marcando gol. Intentas recordar cómo hacía Nala para besar a Simba en el Rey León, pero… ¡Ah, no! Ese beso ya no te sirve, ¡mierda! Entonces, pues te esfuerzas por imitar a Jack y a Rouse en esa peli más de adultos y dejas fluir… Porque si otra cosa hay tanto como nervios, eso es fluido  Es novedad eso de que te invadan la boca de babas y más babas a las que no tardas mucho en preferir llamar saliva… Porque tu concepto sobre eso de chupar lenguas cambia de repente. De asqueroso a divertido, a veces hay un paso.


Es un momento mágico, ¿no? ¡Mágico y curioso!: Una chupada al cuadrado; lametón a otro lametón, algo así. Pero lejos de resultarnos repugnante y una amenaza para la inmunidad, nos es placentero (y para nada hablo de ser promiscuos sino del hecho en si). Los labios rozan otros labios pidiendo permiso para abrir paso a la lengua… la lengua, mojada, quiere saborearlo todo y, menos mojada, quiere empaparse. Juega, expresa o pide y es realmente poderosa. Más poderosa incluso que un buen culo o un par de tetas. Hay lenguas discretas, otras que se hacen notar más, las hay más limitadas y otras más creativas… unas encajan menos y otras más. Lo que está claro es que, al final, sin necesidad de comentar otras de sus varias funciones que podéis imaginar, queda demostrado que las lenguas son mucho más sabrosas de lo que alguna vez pudimos llegar a pensar.

viernes, 22 de febrero de 2013

Ai campanera…


Las personas mueren. Es jodido encajarlo a veces, pero moriremos. Llega un día en el que te levantas alegre y te acuestas triste porque te han comunicado que alguien a quien tú aprecias ha muerto y ya no podrás  vivir más momentos a su lado. O peor si cabe, que alguien a quien aprecias va a morir. Es jodida la muerte inesperada pero, aunque podemos aceptar que un día vayamos a morir, imagino que es más jodida aun cuando ponen fecha aproximada a ese momento y cada día se convierte en una horrible cuenta atrás. Hoy ha ocurrido y no sé cómo encajarlo, así que escribo para intentar hacerlo. Como la naturaleza verde y fresca que acaba en naturaleza muerta, hoy es como un principio de otoño.

¿Disfrutar al máximo ese tiempo? ¿Aprovechar y despedirte “sin dejar nada pendiente”? ¿Qué coño hacer en una situación así? ¿Y qué limitaciones te pone el propio cuerpo dejando de lado lo más o menos serena que puedas mantener la mente? Si te apasiona vivir, no se me ocurre nada peor que te declaren la muerte. A ella le gustaba vivir. Hacía los mejore pasteles de zanahoria del mundo y, como sabía que me gustaban, cuando sabía que iba a verme se pasaba la mañana en la cocina haciendo uno. Tenía algún motivo para estar triste pero, aun así, yo siempre la veía más risueña. Su risa se nos contagiaba entre guiños y guiñotes. Era mayor, pero no tanto. Era pura, actuaba de sentimiento pensando, más que por ella misma, por el resto.

Hoy quiero escribir sobre ella, pensando en ella y como despedida previa a una muy buena mujer. Aunque no pueda verla, seguro que puede sentir que siempre he estado de alguna manera pegada a ella en cariño y ternura. Es jodido tener que despedirme cuando aun no te has ido pero cuando tampoco estoy a tiempo de hacerlo Luci, ayer mataron mi ilusión de hacer otra barbacoa junto a ti el próximo verano, de subir al Arguilay, de cantar “la campanera” o de ir a pedirte la cabra a casa para celebrar otro año. Pero te prometo que habrá más pasteles de zanahoria y que, en cada uno de ellos, me acordaré de ti.

jueves, 14 de febrero de 2013

Comerse un plátano en la oficina


Copié la idea de Lara cuando un día cambió las tostadas integrales por la fruta. Yo ya iba cada día con mis mandarinas, esas que coges de la nevera deprisa cuando hace cinco minutos que deberías haber salido de casa pero, a partir de ese día, cambié de idea. Y es que no hay nada como un buen chute de potasio a media mañana, claro que sí, cómo mínimo te deja saciada.

La ventaja de poder comer sin moverte de la silla es que, si te comes un plátano con la mano izquierda, puedes estar escribiendo esto o buscando en Internet las propiedades del plátano, con la derecha, y todo eso estando calentita. Parezca mentira o no, el inconveniente, por así decirlo, es el poder de expectación que provoca esta fruta. Y es que parece que no hay forma poco provocadora de comerse un plátano y, aunque lo he intentado, incluso yo misma me siento sensual.

Entonces descubres que puedes clasificar a tus compañeros en dos grupos según la expresión de sus caras al ver a alguien comiendo, inocentemente, un plátano: los perversos y los prejuzgadores. Los primeros lanzan risitas o abren mucho los ojos durante un segundo cuando te descubren, en tu rincón, plátano en mano cuando se dirigen al lavabo. Los segundos son aburridos e intentan esquivar la escena manteniendo su mirada hacia el suelo como si este fuese igual de interesante (por mucho que sea de color verde, como verde es lo que pasa por sus cabezas probablemente). Miran levemente de reojo, como quien no quiere la cosa, y aceleran el paso como si tuviesen más ganas que nunca de regresar a su silla y cambiar formas alargadas por formatos Excel. Luego hay casos a parte como el de M., quien parece que esté esperando toda la mañana ese momento en el que decides desenfundar la peladura y desayunar, para observar la comilona desde el punto estratégico entre la fotocopiadora y la columna.

Desde que se pela hasta que el último bocado se acaba, siempre habrá alguna mente malpensada. Pero supongo que estaréis de acuerdo conmigo en que, más vale el malpensar compartido como guiño que el sentirse observado por la rendija de la puerta del lavabo. De extremo a extremo, el plátano está bueno, pero lo que es mejor aun es la reacción que parece que causa el único fruto del amor, que es la banana y en su defecto el plátano. Bien de malpensar, sí señor.

Un beso ¿o dos?

La repetida pregunta que se hacen algunos folla-amigos, rolletes o aspirantes mientras se dirigen al lugar del encuentro, especialmente las dos primeras veces. Parece una tontería, pero una vez pasado ese primer contacto, sea cual sea la elección al final, muchos coinciden en que algo se relaja.

Si la elección ha sido un beso, todo parece ir sobre ruedas y el final del primero solo es el inicio del segundo, ese que encadena atracción como forma de expresión. Si han sido dos, automáticamente se despliega un abanico de estrategias para originar el que cada uno por su parte pero en consenso desea, el que, con un lazo de lenguas, desate confusión y ate cabos sueltos que deben reanudarse con alguna iniciativa. Si al final ha sido un beso extraño, confundido y desorientado, de esos que se cruzan con otro cuya intención era dar dos, un sentimiento medio inútil coge carrerilla para caer al vacío. Pero no llega a darle tiempo, la cuenta atrás gana el juego y hace que se repita y se defina en solo uno.

Nada de impaciencia pero sin abusar de inocencia. El beso también se busca y, se encuentre o no se encuentre, alguien tiene que originar, como mínimo, la intención. Y, en estos casos, al final se encuentra. Rolletes, amantes, aspirantes o asuntos pendientes son conscientes de que, veinte minutos más tarde, la tensión será pasión y que las bocas se prolongaran sobre el contrario. De ahí el dilema de si tirar por lo  pasional o por lo protocolario, y muchas veces ese mismo juego favorece las ganas de jugar, no desesperéis. Al final, el primer beso está sobrevalorado y sirve como saludo perverso a los que vienen detrás, los que saben igual o mejor, cuando ya no hay tensión.

miércoles, 6 de febrero de 2013

No temas al fuego y quema cenizas

Decidí ir a quemarme y es que ya había despertado calentita. Traía cola. Una canita al aire, calma tensa pasada y una tensión actual desenfrenada; unas ganas. Todo era mucho mejor ahora porque, aun sin habernos tenido nunca, nos habíamos acogido siempre. Los seis años, como el buen vino, solo habían mejorado todo, y ahora el tiempo.... ¿quién quería acordarse del tiempo? Era lo de menos porque el presente siempre transcurre y trasciende mucho más. Nada se pierde, todo se transforma. Hablando claro, mirando tierno y pisando fuerte, se entiende la gente, y eso es lo que arrolló con orgullos y daños una vez más. Es una sensación satisfactoria la de seguir queriendo a aquellos a los que nunca quisiste dejar de querer y notar cómo eso vence al resentimiento o a cualquier intento de esconder, de nuevo, asuntos que siempre debieron compartirse. Decidí ir a quemarme y ardí, quemé cenizas y enterré miedo. Echó flor el veneno que ahora sabía a algo así como canela.

Mountain

El cristal del coche no se empaña pero bien podría hacerlo; se empeña el calor interior en hacerle competencia al frío de ahí afuera. El ruido de una cadena descubriendo un lugar en la cumbre, desencadenando palabras, enhebrando susurros y despertando caricias. La ciudad a nuestros pies, sin noticias de extrarradio; todo escuro, no da miedo; suena música sensual y si no es así, así parece serlo. Chocolate suizo en porción desata la pasión que de antes se palpaba.  ¿Buscamos cama y despertamos mañana? Espera un rato y alarga el momento sin importar cuánto mientras ya me acuesto. Submarino amarillo la mente sumergió porque pensar no quiero cuando en tomar sorbos de aire fresco me empeño. No hay tensión cuando todo calma. Aprieta fuerte la ilusión, que el calor no se escapa.

domingo, 27 de enero de 2013

Peligro: Lavabo de chicas



Si hay un sitio en el que muchas veces es positiva la separación por géneros, ese es el lavabo, en especial el de los locales nocturnos. Más allá de pensar que si no fuese así podría convertirse (más) en un putiferio, unir el baño de las chicas al de los chicos sería un delito. Con la supresión del lavabo de las chicas estaríamos cargándonos un lugar mítico, lleno de misterio para muchos hombres y “centro de reuniones” para nosotras. Además, creedme chicos, no siempre os gustaría entrar en él…

Sin duda, hay que buscar un buen lugar donde salir de fiesta porque, en función de cómo sea el lugar, así será el lavabo y, por tanto, las compañeras de pis y la clase de comentarios que te rodearán. Pero, en general, hay tres géneros que nunca faltan sea cuál sea la clase de lavabo, desde el más pijo hasta el más underground: belleza y complejos, críticas y pasiones. Apasionante. Si el lavabo de las mujeres hablase, obligarían a poner una chapa en la puerta alertando “Caution, alto voltaje ahí dentro”. Pese a eso, se trata de un sitio que une más que separa. Al final, descubres que hay principios o preocupaciones que casi todas proyectamos y compartimos en un lugar así. Es un lugar de desfase en petit comité a la vez que de comprensión y reflexión. La sala de control desde la que se arregla el mundo, o al menos esa noche. Una especie de confesionario y psicoanalista en el que, a más alcohol de por medio, más acojonante todo.

Belleza y complejos: Desde ropa hasta kilos de más pasan una inspección exhaustiva, considerablemente crítica cuando se habla de una misma y bastante suavizada cuando se consuela a las demás. El fin es que todas salgamos sintiéndonos preciosas y buenorras defendiendo nuestra feminidad a capa y espada. Ahí se ven desde tetas hasta fajas y alguna aprovecha unos minutos para quedarse descalza. Pero, sin lugar a duda, las dos frases estrella son: “Bua, tía, qué pelos llevo.” y “¿Tienes ralla? ¡Pásamela!” Y entonces el lápiz negro contornea media docena de ojos en cuestión de segundos.

Críticas: Lo siento, pero aquí no se libra nadie. A todas nos ha divertido alguna vez criticar la actitud prepotente de algunas, las formas de ligar de otros, la silicona de la camarera o lo pequeño que es ese lavabo y lo difícil que es hacer corrillo en su pasillo. Cualquier tontería. La diferencia entre la que lo hace puntualmente y la asídua es la mirada. Si miras al espejo y encuentras unos ojos penetrando en ti de esos que si la mirada matase serías mujer muerta, estás pasando por el filtro de crítica de una asídua, de lo más imbécil que te puedes echar a la cara. A esa mirada suele contestársele con cara de asco y, en ese momento, o se aparta la mirada o se declara la guerra.

Pasiones: Absolutamente emocionante la de sentimiento, perrerismo, ternura o estrategia que llega a concentrarse, resumirse y arreglarse en ese lugar, con tiempo limitado. A parte, si la noche está tierna, pueden llegar a haber hasta lágrimas de por medio, sin embargo, si está perra, las mujeres lo alimentamos más poniéndolo en común, pellizcándonos el culo, tocando alguna teta o coreografiando bailecitos burlesque frente al espejo. Eso sí, la recomendación más sabia  que puede hacérsele a una mujer cuando va al lavabo es que en ningún momento, se le pase lo que se le pase por la cabeza, saque el móvil del bolso. A todas se nos ha ido la cabeza a través de un mensaje de texto alguna vez.

La meadita en sí, puede ser larga, corta, en compañía, sola, pasando papel por debajo de la puerta, intercambiando tampax, comparando rajitas, enseñando tus nuevas braguitas, escuchando el chorrito de la de al lado, leyendo los escritos de la puerta, escribiendo, cantando, mirando al suelo haciéndolo de pie o asquerosa e incomprensiblemente hacerlo sentado. Pero el momento más importante es el del corrillo frente al espejo, donde caen más risas, se toman más decisiones o se comenta alguna jugada…

Pero a todo esto… “Chicas, ¿a qué habíamos venido al lavabo? Ah, sí, ¡a hacer pipí! Va tía, pues entra rápido que los tíos estarán esperando. Les decimos que había mucha cola.” Y sí, chicos, en el lavabo de las tías a menudo hay una cola descomunal y por eso a veces nos colamos al vuestro…. pero descomunal no es infinita, los siguientes diez minutos hacemos esas cosas de chicas. Aunque bien pensado, ya os va bien a vosotros también que vayamos juntas al lavabo y nos tomemos “nuestro ratito” mientras fijáis objetivos o comentáis vuestras batallitas… El lavabo nos hace un poco distintos.

miércoles, 23 de enero de 2013

Huele-te/lo/me/nos

Todo huele o puede hacerlo. La manera de percibirlo varía; suele pasar.

El olor a tierra mojada, a alcantarillado, a gasolina, a mandarina, a bodega de vino, a sexo, a menta, a humedad, a cemento recién puesto… Cada uno de los que diferenciamos despierta sensaciones en nosotros y, los que no diferenciamos, pueden llegar a hacerlo. Podemos diferenciar entre buenos y malos olores; olores frescos, sensuales, dulces, fuertes… adjetivos que nos dan pistas y que podríamos atribuir a comportamientos o percepciones. Y es que, el olor también nos define como sentido que es, así que he aquí uno no menos importante.

Para gustos, los olores, y lo que a uno tienta a otro espanta y a la inversa. Bajo mi punto de vista, el mejor olor es  el humano en todos sus desdoblamientos por todo lo que ello conlleva. El que no haya olido a cochinillo alguna vez, miente, o lo ocultaba con un perfume que quizás lo empeoraba. Pero una persona aseada, con su olor personal como carta de presentación, puede ser desde lo más repelente hasta lo más atractivo del mundo, y eso es bastante interesante.

El olor personal varía incluso para uno mismo dependiendo del momento, de la atención, de la sensibilidad… o de los resfriados, claro. A veces nos cuesta diferenciar algo tan constante como nuestro propio olor, hasta el punto de llegar a parecernos inodoro. Vaya tontería, ¡inodoro! ¿Inodoro para quién?  Incluso nuestra casa, la que a veces no parece tener un olor característico, huele a algo cuando abrimos la puerta al regresar de unas largas vacaciones.  Y es que no es que no estemos familiarizados con ese tipo de olores, sino que eso mismo, la costumbre, hace que ya no llame la atención de nuestro sentido del olfato. A veces lo más próximo, como lo que más apreciamos o queremos, es lo que mejor nos huele pero llega a pasarnos desapercibido. Hay que prestarle atención o descubrir el momento en el que sí que puedes percibirlo.

Cada cosa y cada persona tiene su olor característico o puede llegar a tenerlo. Quizás hemos llegado a convencionalizar algunos olores, pero la verdad es que no llegaremos a saber si los demás huelen lo que nos rodea del mismo modo que nosotros, ni  si nos huelen a nosotros igual que a lo que nosotros creemos oler. Por eso creo que es importante prestarle atención a nuestro  olfato ya que seguramente sea único con sus peculiaridades y preferencias. A partir de él, de manera más o menos consciente, nos sentimos atraídos, aceptamos o repudiamos desde comidas o cosas hasta personas. Así que, en cierto modo, el olfato puede separarnos, pero también unirnos. Qué adorable.

viernes, 18 de enero de 2013

Míralo-tócalo



Si estamos compuestos de cuerpo y alma y el cuerpo es nuestro escaparate, el alma debería encargarse, entre muchas otras cosas, de prepararlo para lo que le espera,  de cuidarlo y disfrutar de él. Comemos más o menos bien, nos mantenemos más o menos en forma, nos lavamos, afeitamos o arreglamos, pero… ¿Nos observamos y nos tocamos lo suficiente? Y esta vez no hablo (solo) desde la mente perversa.

Si hay algo que tenemos a mano a la hora de conocernos, eso es nuestro propio cuerpo y es un descubrimiento constante. Hablo tanto de sus limitaciones, longitudes, alergias o colores, como de su relieve, sensibilidad, temperatura, gustos o reacciones. La importancia de, por qué no, ponernos por un rato delante de un espejo y poder observarlo sin pudor ni indiferencia, o la de tocar cualquier miembro como quien agarra una mano, toca un dedo o acaricia la palma. Incluso la de olerlo si se puede o la de probarlo para los menos escrupulosos.

Observándonos, podemos aprender, por ejemplo, desde a  sacarnos partido y hasta a reírnos de nuestros propios complejos. Tocándonos podemos descubrir nuestras partes más sensibles, prevenir enfermedades o saber cómo y dónde nos gusta que nos toquen los demás. Cosas realmente importantes, sin duda. Porque, entre otros: Dime lo que te gusta y te daré lo que tú buscas.

miércoles, 16 de enero de 2013

Obrero, usted sí que está bueno

Dicen que, muchas veces, la mirada dice lo que la boca no se atreve. La mirada, pues, puede ser más peligrosa que las palabras mismas. En cualquier caso, toda mirada y toda palabra tienen una intención, más allá de mirar, hablar o no hacerlo, y la intención con la que se lanza aporta información esencial sobre lo que pretende conseguirse con ello.

A todos nos gusta sentirnos guapos, atractivos y por qué no, deseados, pero a las mujeres más aun. Para atrapar a una mujer, es esencial hacerla sentir deseada, para alegrarle el día puede ser tan fácil como piropearla. Sobre eso, hay un sector masculino que domina  diariamente ese arte de arrancar sonrisas camufladas a las féminas, a veces de formas de lo más creativas y creando escuela: los obreros. 

Las mujeres (incluso las de los mismos obreros) ¡tenemos mucho que agradecerle a esos hombres! La de miradas clavadas en el suelo que habrán conseguido levantar con un simple “Morena, mira que estás buena.”, las inseguridades que habrán paliado con un simple “Hay que ver qué guapa, niña.” o los buenos humores que habrán desatado por frases como “Por la sombra, mujé, ¡que por el sol los bombones se derriten!”.

Más allá de razas, idiomas, edades o zonas, creo que todos sabemos distinguir cuándo las intenciones son bondadosas o cuándo lascivas y, mientras no sean las segundas, las mujeres debemos serles agradecidas. La crítica hipócrita y generalizada hacia los obreros que piropean con gracia me parece que está fuera de lugar. Seguramente, muchas de vuestras mujeres vuelvan con sobredosis de ánimo a casa después de haber recibido uno de esos piropos callejeros y, seguramente también, a muchos de vuestros maridos obreros debéis mimarlos bien porque tienen idea de cómo cuidar a las mujeres, sin que las intenciones vayan más allá de ahí.

Así es como, por tradición, vocación, entretenimiento o buena intención, a modo de homenaje, alabo a esos obreros que, con buen gusto, alguna vez han subido el ego de mujeres anónimas en algún momento acertado. Del mismo modo también animo a que, todas las que los recibáis, cambiéis esa cara de mendrugo que disimuláis mal y respondáis, al menos, con una sonrisa que, al igual que esos piropos, son gratuitas, sanas ¡y pueden amenizar la jornada mujer!


http://www.piropos.org/de/frases_de_obreros

http://www.sektores.com/foro/showthread.php?t=8507
http://dvdenlared.com/foro/index.php?topic=26907.0

viernes, 11 de enero de 2013

Había una vez una cita



"¿Cómo era? ¿Gustaré? ¿Me gustará? ¿Qué ponerme? ¿Dónde me llevará?" ¡Al carajo tanta inseguridad! Si tienes una cita se debe a que la respuesta a esas preguntas es más fácil de lo que parece unas horas antes del encuentro. Pero… ¡una cosa, una cosa! “¿Te importa que le llame "cita"? ¡Yo lo llamo así!”

El tema es delicado, asusta, y cuando arriesgas, a veces va en ello firmarle el contrato a la soltería a largo plazo. A menudo tratamos de esquivar el poner etiquetas a asuntos sentimentales pero, en la práctica, todos tenemos un punto más retro, y llamar por su nombre a ciertas cosas, para nadie resulta ser necesario pero a veces a todos nos transmite cierta seguridad. Llamémoslo etiquetas, pies de página, acotaciones o paréntesis. Llamémoslo comunicación. No consiste en ponerle un nombre exacto y determinante a nada, ni marcar su absoluta y definitiva permanencia. Consiste en no perder el hilo conductor de algo que, por independientes que seamos y pretendamos seguir siendo, no nos engañemos, no depende únicamente de las sensaciones e intenciones de uno mismo, así que deberíamos tenerlo en cuenta. Y resulta que empezamos confundidos y lo que confuso empieza, turbio acaba. 

¿Cuándo fue tu última cita? Mucha gente me comenta “aquella vez que quedó con X persona” (utilizando palabras ambiguas) y aquel/lla chico/a con el que tuvo algo (por mucho que ese “algo” mereciese ser calificado como algo más). Nos alejamos de la claridad cada vez más y es así como, con frecuencia, cuando alguien nos es claro, paradójicamente lo agradecemos pero huimos. Nos sentimos invadidos o pensamos que nos hemos desacostumbrado a comportarnos de esa manera y nos asustamos. Creemos que no podemos corresponder a esa claridad porque ni siquiera nos habíamos parado a pensar en ello ni esperábamos que fuesen a hacerlo. A menudo preferimos desaparecer del mapa porque el hecho de dedicar un momento a destapar sentimientos nos hace pensar que mostramos debilidad o que estamos dándole demasiada importancia al amor… y  todos venimos dañados. Las nuevas ilusiones deben afrontarse con experiencia y no con escudos, es decir, con prevención pero no a la defensiva. ¿Qué problema hay en querer conocernos un poco... más? ¡Ni que fuese algo infrenable! Estamos perdiendo la buena costumbre de comunicarnos siendo claros, de entrada, por tres razones: actuamos defendiéndonos ya de un daño que aun no nos han hecho, pretendemos tener el poder sobre territorio libre temiendo perder libertad o, aunque nos apetezca, descartamos apostar por algo firme aferrándonos a abarcar con todo aunque sea caminando solo. Así no hay quien toque la patata… ni para mal, ¡ni para bien!

Cuestionándonos si lo aparentemente menos invasivo es lo más fiel a nuestros sentimientos, creo que podríamos perder el miedo a algunas palabras, a algunas propuestas o a la propia sinceridad. El ponerle nombre a todo, entonces, no hay que tomárselo demasiado a pecho (como nada), pero quizás no va tan mal a la hora de hablar con propiedad, entendernos mejor, sincronizar intenciones y sentir seguridad hablándonos claro. Evitar dar pie a confusiones. Al final, el problema más gordo no es si fue una cita, una quedada o un meeting to have dinner, el problema es que, por no hablar claro, quizás ni lleguemos al encuentro. Y si llegamos, nos protegemos con esa coraza antinatural que igualmente nos dejará heridos si así tiene que ser o, lo que es peor, intentamos proteger al contrario entorpeciendo que nos conozca. Es absurdo.

Todo eso que a veces intentamos ocultar, es gran parte de lo que somos y lo que nos hace más humanos. Ni débil, ni tenaz; probablemente todos desearíamos poder actuar de forma natural y hablar claro no es tan arriesgado como sincero. Si queremos conocernos y planeamos, por ejemplo, una cita, intentemos conocernos abiertamente, con respeto y propiedad pero sin tabúes, pudiendo empezar por algo tan tonto como llamar a esto “cita”.

jueves, 10 de enero de 2013

Intramundo de amistades de letras


Existen esas amistades que se crearon y escribieron algún día por casualidad y que nutren dos personas a través de una pantalla o de un papel. Son amistades escritas que llegan a ser tan importantes como algunas que se dicen “hola” mientras se saludan con la mano, o que pueden llegar a conocerse más que algunas que se miran a los ojos.

Este texto va por todas las amistades de letras a través de pantallas, de cartas o de mensajes secretos que alguna vez he compartido, escrito o leído. Por las que no han salido al exterior y se quedaron en “Cuando encuentre un rato te escribo.”, diciendo mucho antes de perderse, y sabiendo que, aun con la pista perdida, el contenido estaba a salvo. También por las que un día decidieron ponerle voz a las letras, salieron a conocerse y han escrito bonitas historias con cinco sentidos. O por las que siguen siendo amistades de letras bien temporales, asiduas o casuales pero que, por ahora, siguen siendo. Este texto va por la capacidad de confiar de una persona al compartir con otra desconocida cuando se expresan sin miedo a ser heridas. Como quien le habla a su diario en la página en blanco de un día nuevo pero con respuesta, muchas veces, gratificante.

Hay amistades escritas incomprendidas y amistades escritas que algún día debieron o deberían darse un abrazo y compartir algo más que lecturas tomando “un café”. Hay amistades escritas de las que salen grandes historias. Algunas emocionan, otras decepcionan y otras pueden llegar a enamorar. Hay algunas por las que incluso llegas a hacer locuras y algunas, quizás, por las que tendrías que haberlas hecho. Pero al final, lo que importa, es que hay o ha habido amistades.

martes, 8 de enero de 2013

Hombre detallista gana la conquista


Dicen que, en general, las mujeres somos bastante más detallistas que los hombres. Lo cierto es que tampoco todas las mujeres saben descifrar algunos de los que sí tienen. No me refiero a detalles materiales, donde perderíamos a un porcentaje de mujeres que ponen el ojo en el bolsillo, sino a detalles racionales que requieren atención y, sobre todo, comprensión de la mujer. Los que realmente nos ganan.

Más de un hombre me ha asegurado alguna vez que las mujeres somos complejas y nunca me he atrevido a contradecirlo, solo a debatirles que ellos sean tan simples como fardan ser. ¿Quizás entonces, una importante diferencia que nos une o nos separa en cuanto a complejidad es la capacidad detallista de unos y otros?

Emocionalmente hablando, las mujeres hacemos el amor las 24 horas del día, y eso los hombres deberían tenerlo en cuenta a la hora de tratar con nosotras. Ya dicen que escuchemos lo que dice la voz de la experiencia y, hablando con parejas que llevan una vida juntos y aun se soportan y entienden, descubres que, mayoritariamente, la mujer lleva la relación y el hombre alimenta la actitud con la que se lleva. Sin duda, eso significa un papel primordial con una responsabilidad, no tan compleja como constante, de la que se debe ser consciente.

Si el día va mal, duelen los ovarios, el estrés nos come, el cabreo se apodera de nosotras o engordamos cuatro kilos de más, el hombre puede hacer que el, aparentemente, catastrófico final acabe en armonía  obteniendo incluso una más que buena recompensa. Porque somos conscientes de las intenciones, y la intención cuenta. Las mujeres no somos tan complejas, solo requerimos algo de atención, comprensión y claridad, independientemente de si el fin es conquistarnos o llevarnos a la cama, entre otros. El problema, claro, es que, más que los perfiles distintos, como a ellos, a nosotras nos diferencian más los pequeños detalles, y eso requiere un mínimo interés por conocernos un mínimo a cada una. Y parece que no todos están dispuestos a currárselo tanto ni, por consecuencia, dispuestos a encantarse por nuestra complejidad. Porque sí, un hombre, al final, por mucho que se hipnotice por un físico, se encanta de un interior, y algunas somos encantadoras (modestia aparte). Pero vamos, en eso hay poca distinción ya que, a menudo, ese interior aparentemente tan complejo es lo que luego nos apasiona. Así que, en cualquier caso, recompensa investigar, ya sea bien para juzgarnos menos y conocernos más los unos a otros como para encontrar personas que sintonicen bien en nuestra armonía.

El hombre que muestre interés por posicionarse un poco en la mente de la mujer más allá de lo que expresen sus palabras, tiene el cielo ganado y el calor asegurado. No hay nada que seduzca más a una mujer que un hombre firme por fuera y detallista por dentro. Miradnos a los ojos y seamos claros, eso es todo.

(Si eres hombre y discrepas en algunas cosas, quizás sea porque no he puesto nada acerca de lo que vosotros pensáis y necesitáis, que también son muchas cosas... pero eso mejor escribirlo vosotros. Seguramente, muchas estemos equivocadas o confusas en millones de cosas. ¡Las mujeres también necesitamos conoceros más! Para eso necesitamos trataros, escucharos o leeros a vosotros también.)

lunes, 31 de diciembre de 2012

Borrador psicológico y sonreír como respuesta

Hoy alguien me ha sorprendido y eso me ha recordado 2 cosas: que las primeras impresiones no siempre son definitivas y que las personas positivas son las que le dan significado a la palabra "vida".

Quizás otro día desarrollo la idea o quizás lo dejo como borrador. Probablemente. Pero entre otras cosas me ha dicho que respirar es algo que podemos celebrar los que respiramos, poder ver amanecer es algo que infravaloramos pero algo magnífico a la vez, que el aburrimiento es aburrido y por eso hay que elegir hacer divertidas o ponerle ilusión a cada una de las cosas que hacemos. También que compartir es precioso y sano y que lo más importante para ti eres tu y solo tienes una vida para vivir que es la tuya. Nada que no sepamos pero nada que no merezca ser pensado una vez más, y otra. Quizás cada día.

Consciente o inconscientemente, constantemente estamos eligiendo y creando, a partir de eso, nuestra vida. Crear es importante, tanto como elegir. Tenemos que tener claro qué queremos hacer con nuestra vida, a dónde llevarla. Tener cierto orden sobre ella, ni excesivo ni ir improvisando e "ir haciendo", partir de nuestra introspección y compartirlo después con el resto. La vida es larga o corta dependiendo del punto de vista desde dónde se mire, pero nadie sabe si dentro de un rato va a seguir en ella y, mientras tanto, todo lo que podemos llegar a conseguir y a experimentar es alucinante. Hay caminos que podemos escoger y a la vez otros que, por las circunstancias, te vienen dados. No hay excusa para no disfrutar los que eliges. Para los que vienen dados tienes dos opciones: tomártelas bien o mal, ponerles buena cara o mala, disfrutarlas o no. Todo va ligado. Tomárselas de manera positiva o negativa es una actitud. Y la gente negativa es sumamente aburrida y el aburrimiento ya hemos dicho que aburre, carga. Las cosas negativas pueden llegar a abrumarte o puedes decidir que esa maldita mala suerte es simplemente cosa de un momento y que cada día es un nuevo inicio, que hoy es algo parecido al primer día de tu vida aunque lo sea con una premisas y que tú decides qué hacer con él y el ánimo con el que emprenderlo. Muy probablemente, de ese ánimo dependerá el producto final.

Dime, ¿en qué se diferencia un día de otro? Cuando tengas un mal día compáralo con el que tú consideres que fue un buen día. ¿En qué se diferencian? Tienen ambos 24 horas, diferentes espacios en los que actuar, sale el sol, se pone el sol... Se diferencian en tu actitud y eso lo controlas tú. Las emociones se crean a partir de lo que pensamos y no a la inversa. De nuestra forma de tomarnos las cosas o de actuar ante diversas situaciones. El dolor es inevitable y todos tenemos días mejores y peores, pero tenemos que saber analizarnos interiormente, saber solucionar nuestros propios problemas sin esperar a que nadie lo haga por nosotros y aprender de ello a través del juego de los por qués. Y habrá un "por qué" que te rompa los esquemas de alguna manera, he ahí el kit de la cuestión o aquello a cambiar o lo que trabajar de uno mismo. La persona que no es fiel a lo que piensa y siente, por consecuencia es un caos y jamás se encontrará plena. Y la plenitud es lo que nos alimenta la mente, lo que es la herramienta más poderosa de que constamos.

Hoy alguien me ha dicho que, cuando me sonríen, la gente lo único que hace es responderme... responder a mi sonrisa. Y he sonreído como respuesta.

martes, 18 de diciembre de 2012

Dentro de campo


Es tu enésimo primer día en algún sitio y ya no estás nerviosa. Estás contenta por empezar algo nuevo pero, por dentro y hasta que pasan lista por primera vez, algo reza sin pausa y con prisa porque te toque una buena clase, con buena gente y en la que te puedas sentir cómoda, sentir tú. Et voilà! “¡No está mal!” –piensas-. Pasan los días y cada vez lo piensas más, empezando a tener más motivos que primeras impresiones.

Un día, antes de lo previsto, ya te sabes los nombres de todos (“¡qué ama!”). Y llegan las primeras cajetillas de chicles compartidas, algún puñado de apuntes, papeles volando, donaciones de donetes, fotos agarrando y voces que gritan que te apuntes. Las chicas ya no van solas al lavabo y se comparten los primeros gustos, las primeras birras y quedadas en petit comité, decisiones conjuntas, agobios momentáneos, risas varias  y algún que otro abrazo, ¡ai abrazos! Los primeros “zas” por hacer rabiar, las primeras sensaciones, algunas innegables proposiciones, congas en el patio ¡o incluso macro fiesta oficial!

Mucha gente que por primera vez conoces y que, pasada esa primera toma, todo parece conocerse desde hace más. Y es que no es tu primera vez en nada de eso, pero probablemente sí que, como el de tu lado, esperabas con ganas que el primer contacto con esa novedad fuese más o menos así aunque no estuviese solo en tus manos. Y cuando lo es y lo ves, te sientes afortunada y la inercia te dice que te abras y que compartas.

martes, 11 de diciembre de 2012

-10


No son los grados a los que mis pies se sienten ahora, sino los días que quedan para que se cumpla o se desmienta la profecía Maya (o la interpretación más polémica y morbosa de ella): que se acabe el mundo.

No es la primera vez que se anuncia un fin del mundo ni que muchos creen que se trata de manipular y asustar o de hacer de nosotros seres impasibles ante anuncios de catástrofes, pero una vez más no se sabe si será mentira, si será verdad o incluso si se adelantará.

Hacemos la cuenta atrás y nos exponemos como corderitos al 21 de diciembre. Yo no creo, y puede que solo sea una de las mayores campañas de promoción cultural jamás hecha, pero es un día marcado y la gente lo retiene mejor en su cabeza que el día del cumpleaños de su pareja. Unos lo toman de forma angustiosa, otros de forma festiva, a otros quizás les va la vida en ello y otros pasarán más. “¡Qué sea lo que tenga que ser!”, se rumorea. Nadie se moja y es la única alternativa sensata. Creer que tenemos más poder del que realmente tenemos es, una vez más, absurdo y fruto de nuestra imaginación, así que aun más apostar el todo por el todo a la intuición.

Porque lo que está claro es que, intuyamos que es un bulo o que se pueda dar, estamos preparados para aceptar que el mundo puede petar en cualquier momento… que hay cosas aun que se nos escapan y comportamientos nuestros que lo justificarían. Pero que algún ambicioso siga creyendo que puede llegarse a dominar el mundo es, ahora más que nunca, de ilusos (y a la vez un alivio.)

martes, 4 de diciembre de 2012

P'afuera telarañas y tabúes. (La paja, no solo para las alpacas).


¿En qué demonios estaba pensando hasta ahora? Había oído hablar muchas veces sobre esta bomba y Lola incluso me aseguraba que, tras ello, dormía mejor.  A mí siempre me pareció de guarrillas. A duras penas dejaba que la presión de la alcachofa de la ducha me hiciese cosquillas durante 10 segundos seguidos… “¿Es que acaso me estaba gustando demasiado?”- pensaba-, y la apartaba como si hubiese sido obra del diablo en un intento de poseer mi conciencia. “Yo era decente”- me repetía con orgullo-, “una especie en extinción”.

Todo empezó porque me aburría. Bueno, a ver, ¡no eh! Quiero decir que hubo un detonante… pero fue por casualidad. Me había metido en la cama y me estaba colocando bien el pantalón del pijama porque el peso del edredón hacía que, al darme la vuelta, se me girase porque era de terciopelo. Me puse boca abajo y algo estaba rozando esa parte tan… ¿Tan electrizante? (Oh dios, ¡no puedo creer que esté pensando eso siendo hace tres días tabú!) La cosa es que, si apretaba un poco la pelvis contra el colchón, una descarga eléctrica recorría mi cuerpo desde ese punto hasta la cabeza. Me paralizaba. Era entretenido y a la vez excitante. Una sensación nueva, parecido a lo que sentía cuando, en clase, alguna vez me había acercado a la mesa de Ben por el canto izquierdo a pedirle el sacapuntas. Además era gracioso relacionar ese momento con Ben. Lola siempre me decía que Ben me gustaba y yo siempre lo negaba, pero en ese momento le hubiese invitado a tumbarse en el colchón y explicárselo.

Tras varias decenas de veces haciendo chocar la pelvis contra el colchón, noté que la costura empezaba a hacerse molesta; algo ahí abajo se estaba irritando. Así que metí la mano con cuidado por debajo del pantalón. Yo siempre dormía sin braguitas, decían que era mejor y ahora lo entiendo… ¡cuanto menos más práctico! Hice muchas cosas por ahí abajo, al menos muchas más de las que anteriormente había hecho.

Quise comprobar que aquello estuviese bien. Chispeaba un poco y no distinguía bien qué lo había causado. Para aliviarlo, lo único un poco sensato que se me ocurrió, y que tenía a mano, fue mojar mi dedo índice con saliva y encharcar la zona. De inmediato, al menos al tacto, se sentía mucho mejor y fresquito. Dejé que se aliviase, pero tampoco mucho rato... Intermitentemente venía a mi cabeza aquél recuerdo eléctrico que había recorrido mi cuerpo repetidas veces y quería sentirlo de nuevo. Así que pensé que, solo por aquella noche, simularía que mi dedo índice era aquella costura que rozaba…

Al principio no era comparable… Empecé a dar golpecitos cada tres segundos en los labios exteriores. Aquello era atrevido, pero poco más que eso. Me había depilado dos días antes pero me gustaba dejarme aquella hilera de pelitos cual crin de caballo… Lola decía: “Si el monte de Venus era un monte, más bello si tiene algo de vegetación más allá de mi bella flor”. Así que copié su estilo. Al fin y al cabo ella siempre había sabido más de esto y no le iba mal. Ahora me tocaba a mí sentirme bella. Sentirme en todos los sentidos. Por momentos me hubiese gustado que Lola estuviese allí para verme el monte e incluso tocarlo; esa noche me sentía más abierta que nunca, nada mal.

Acaricié el vello mientras mi mente se pervertía. Pero mierda, aquello había perdido humedad, así que dejaría de acariciarme los labios para llevar el dedo hasta los de arriba, introducir la yema en la boca, mojarla en saliva, extraer el dedo y deslizar mi mano deprisa a lo largo del pecho, con cuidado de no derramar ni una gota, hasta volver a llenar el oasis. Introduje el dedo en la vagina y esparcí la saliva en ella. Había algo realmente aliviador en aquello, los movimientos circulares eran semejantes a un masaje. A lo tonto a lo tonto me estaba quedando atontada y repetí la acción tres veces más: dedo a la boca, pasando sobre el pecho, mojar y masajear dibujando círculos. “Ben era un gran dibujante, seguro que hubiera dibujado el trazo mejor que yo”, -pensé-. Entonces no me dio tiempo a pensar por qué estaba pensando en Ben, pero imaginé que se unía a dibujar conmigo sobre mí y que me enseñaba a dibujar un desnudo… Añadí otro dedo (el corazón) al lado del índice simulando que era su pincel y juntos no paraban de hacer círculos… grandes y pequeños, más grandes, y más pequeños, más grandes y más… Uff. Cada uno provocaba sensaciones en mi, se me erizaba el vello, se me tensaban las piernas, los pezones se endurecían… y cada vez todo de forma menos ininterrumpida. Cambiamos de movimiento: de arriba abajo. Hacía ya un rato que no mojaba el dedo en saliva y sin embargo aquello estaba mucho más húmedo que nunca. No tenía ningunas ganas de apartar mi mano de ahí abajo. Benditos dedos… En vertical todo era menos amplio pero más intenso. Podía cerrar un poco las piernas y notar más la forma de los pinceles…. Buff, sin duda el de Ben era un pincel más largo y grueso… Era de agradecer que se hubiese unido a pintar aquella noche… “Ben dale, ¡por el amor de dios!”, -pensé-.  

De arriba a abajo, de arriba abajo, los dedos deslizaban con soltura y no podía parar de repetir ese movimiento una y otra vez, una y otra vez. Más intenso cada vez. Era diestra y metí la mano izquierda por la camiseta del pijama. Acaricié mi barriga por el lateral, lo apreté, aflojé y lo volví a acariciar mientras la derecha aceleraba. Subí la mano por el ombligo hacia los pechos y los cogí con fuerza. Primero el izquierdo, luego el derecho, luego pellizqué un poco el pezón derecho y volví al izquierdo y seguí tocándome. Xoff-xoff-xoff, el sonido ahí abajo era frenético, cada vez más, y mis piernas engarrotadas cada vez se abrían más también. Se me curvaba la espalda y la cabeza se retorcía hacia atrás… y cundo los dedos llegaban al clítoris, los ojos se cerraban con fuerza y la boca hacía una mueca grandiosa que terminaba cogiendo aire y echándolo con fuerza. Cerraba los ojos y seguía dándole con ritmo. Metí un dedo en el agujero y después un segundo. Los introduje poco a poco pero no pude esperar en hacerlos mover. Adentro, afuera sin sacarlo del todo; adentro, afuera, adentro, afuera, adentro. Afuera, adentro, más adentro, y más adentro y más y buaaa, ¡más adentro! Y afuera y adentro y afuera, y arriba y abajo y arriba y abajo y clítoris, y arriba y clítoris y círculos grandes y pequeños y grandes y pequeños y arriba y abajo y clítoris y mueca y ojos en blanco y ojos cerrados y boca prieta y plaaaaf plaaaaf, ¡ahhh! ¡Más! Arriba, abajo, fuerte, fuerte, fuerte, más rápido, más rápido, más, más, más, adentro, afuera, adentro, afuera, adentro, mueve, mueve, mueve, agarra el pecho, agarra, aprieta, ¡aprieta! Arriba, introduce, introduce, introduce, clítoris a tope, clítoris, clítoris y clítoris y clítoris y… fffffffff… Se me quedó la mente en blanco durante 5 segundos y quedé inmovilizada durante 10.

Hacía mucho calor y mi mano aun estaba sobre el pecho izquierdo, y este aun seguía tieso. Conseguí mover mi brazo derecho y saqué los dedos de debajo del edredón… Aquello olía a sexo, sin duda, y en aquel momento estaba un paso más cerca de volver a comprobarlo. ¡A una zancada más cerca! 5 minutos después le mandé un privado a Lola: “Gracias por recomendarme más acciones y menos lecturas. Acabo de accionar todo mi cuerpo y esta noche alguien va a dormir como una reina.”

viernes, 30 de noviembre de 2012

Da miedo, el miedo.


¿Qué sería de nosotros sin miedo? Probablemente ya habríamos muerto. Pero, por miedo, ¿hace falta matar proposiciones con fin abierto e intenciones anheladas? ¿Abandonar sin haber empezado? ¿Desear sin intentar? ¿Creer sin comprobar?  No vale la pena y todos lo hemos hecho alguna vez.

Sin miedo no habría decisiones difíciles ni actos sentenciosos. Sin miedo no existirían guerras, ni inseguridades, ni avaricia, ni tristeza, ni límites. Viviríamos al máximo por lo máximo. Sin miedo todo sería un riesgo constante y una ausencia de peligro a la vez. No buscaríamos la perfección ni ser valientes porque ya lo seríamos.  No pisaríamos por dinero porque no temeríamos perder y empezar de cero. Actuaríamos por voluntad y no sometidos. Seríamos nuestro mayor ejemplo y referencia y, entre nosotros, diferentes pero respetando las diferencias. Sin miedo a cambios entre relaciones, apuestas, cuestas o en el mundo. Arriesgaríamos asumiendo cualquier tipo de consecuencia lanzándonos a perseguir lo que en ese momento nos llenase. Viviríamos más el momento y no tanto de fantasmas del pasado y falsos pasos en un futuro utópico. La muerte sería una anécdota más y la vida lo sería todo.

Juzgamos por miedo y nos dejamos empequeñecer por pánico. Hacemos y deshacemos y, lo que es más grave, no nos dejamos hacer, por miedo y egoísmo. Por no llegar a sentirnos débiles mientras ya lo estamos siendo. Atacamos nuestros principios y nuestra voluntad, los cuales perdemos cada vez que dejamos de ser auténticos y decidimos vivir a la mitad. Sin miedo, podríamos ser mucho más bellos y felices; tratar y tratarnos mejor. Actuando de corazón tenemos la conciencia mucho más tranquila y en paz; nos sentimos más realizados. Ganaríamos en atrevimiento y perderíamos en mentira. Actuar desde el corazón: apasionante: actuar con pasión.

El miedo nos quita libertad y eso es lo más esplendoroso que tenemos porque sin libertad no podríamos hacer lo que nos hace felices.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Deberíamos prohibirlo


¿Alguna vez os ha pasado que cuando le dices a una persona que le quieres es después de tener que habérselo dicho hace mucho? Pero se encalló y ahora es cuando sale y te apetece, osea, cuando debe ser. ¿Alguna vez os ha pasado que cuando se lo dices es ya dicho con otro significado pero probablemente se malinterpreta y piensas que, para eso, podrías haberlo dicho bastante antes cuando sí que podía interpretarse así? Las deducciones y la poca comunicación, el mismo error de siempre. ¿Alguna vez os ha pasado que instantes después de decirle a alguien que le quieres es justamente cuando le dejas de querer? Da lástima, pero a mí sí.

Me pasó cuando me di cuenta de que la indiferencia era siempre mala pero que después de un “te quiero” era aun peor. No puede haber un silencio tanto verbal como gestual después de algo así. No puede haberlo por completo, de verdad. Creo que alguien que responde con silencio absoluto a cualquier muestra de cariño merece echarlo de menos para saber valorarlo, o bien que merezco saber que ha sido valorado para llegar a comprenderlo.

Hoy no estoy especialmente sentimental, pero si el mundo tiene sentido, creo que tiene que sentir.

martes, 13 de noviembre de 2012

“Cuando pase algo…


lo que tienes que hacer es vivir el momento, centrarte en tu respiración.”

No estoy segura de si ha sido una frase aleatoria ni si la persona que me la ha dicho siquiera ha pensado mucho antes de decirla. Tampoco creo que conozca la importancia que le he dado, pero esa frase ha aliviado el día.

La conversación se había adentrado en un bucle entre misterio y angustia con un sabor agridulce. Y esos sabores, solo en la comida china, porque ya se sabe que lo que empieza con términos medios acaba en términos negativos. Éramos tres y me he vuelto silencio. Por dentro mucho ruido y pocas nueces; no sacaba nada en claro. Solo escuchaba, asentía y hacía alguna mueca que marcaba incertidumbre sin llegar a poner cara de tonta. No suele pasar que me dejen sin palabras a menos que me hablen de amor pero, últimamente, cuando me hablan del futuro también pasa.

Resulta que yo pensaba que era de letras y pocos números, pero ahora parece que de todo soy más que de futuro. No sé pensar en él, solo imagino y hago hipótesis, mil hipótesis. Yo alucinaba con la convicción con la que hablaban hoy los otros dos. Parecían muy seguros de lo que decían, ¿sabes? Pareciéndome a la vez imposible. Está visto que el futuro está en nuestras manos pero que no se sabe en qué momento nos ofrecerá la mano porque no se deja agarrar.  Cada vez que decían algo yo me imaginaba entre un camino a mis espaldas y mis pies al borde de un precipicio. Y ellos, seguros, afirmando que el 21 de diciembre va a pasar algo. Yo ya empezaba a creerlo y a hacer de una hipótesis una verdad. Me imaginaba en algún sitio alto de la ciudad donde poder ver el fantástico espectáculo de fuegos menos artificiales que nunca y esquivando meteoritos dejando mi futuro en manos del destino, para variar, ya que se nos muestra más accesible en estos casos. Osea, imaginaba sobre imaginaciones, con menor seguridad que cuando afirmo que Venus existe.

Pero de repente, se han referido a términos más místicos y han hablado no de un fin, pero sí de un cambio en la humanidad de las personas. Y ahí he visto todo tan complicado y utópico que entonces he optado por apostar por la salida más fácil por la que anteriormente no había apostado nada: un fin. Cambiar la humanidad me ha parecido algo improbable e irreversible ahora mismo y aquel tema estaba empezando a parecerme ya incluso absurdo. Hasta que uno de los chicos ha dicho que para que eso pasase tenía que suceder algo muy gordo. Se ha hecho el silencio y muchas imágenes apelotonadas se nos han pasado por la cabeza en cuestión de segundos.

Entonces ellos se quedaban en la parada del bus y yo tenía que seguir mi camino justo en ese momento. ¿Veinte minutos más andando sola por la calle habiendo oído, como última conclusión sobre el tema, eso? Era angustioso; nada aliviador. Eso sí que era gordo. Me ha entrado frío, pero porque hacía frío, la verdad. He cogido la bufanda, me la he enrollado mejor y cuando estaba a punto de girarme para despedirme de ellos con un muy seguro "Bueno, hasta mañana. Mañana nos vemos."  el otro chico me ha mirado y me ha dicho: “Pero, ¿sabes qué? Cuando pase algo, lo que tienes que hacer es vivir el momento, centrarte en tu respiración." Y entonces, podría haber optado por seguir pensando en meteoritos, catástrofe y fin… pero no, ahí me he visto salvada. He respirado hondo y me he visto salvada. Porque lo único que podía importarme en ese momento era vivir el momento y centrarme en la respiración, y ya lo estaba haciendo así que esa era mi salvación, por lo menos, la de ese instante.

Ha sido así como he sobrevalorado esa frase porque he encontrado calma en ella. Como hago con las personas. Una frase que era lo menos imaginario de los últimos diez minutos y que incitaba a seguir haciendo lo único involuntario que sabemos hacer al final: Respirar e hipótesis sobre el futuro para acabar saboreando solo lo agrio o lo dulce de la continuación, que es lo más futuro que llegamos a pisar. Y cuando pase algo, no va a pasar, porque ya estará pasando. Y yo siempre quiero que pase algo.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Con lo buena que eras de pequeña...

Me da la sensación que desde nuestra infancia se nos educa destinados a ser una nueva pieza de un proceso parecido al de fabricación en serie. La mayor parte de la población está educada para seguir unas pautas sociales que  parece ser que son la única vía directa al éxito en la vida. Si ya no eso, la clave para ser una persona digna, cuerda y de provecho. Pues vamos a dar un rodeo.

Partiendo de la obviedad de que "las pautas sociales" las ha tenido que crear y asumir la propia sociedad, y creyendo firmemente que soy una persona digna y cuerda (no tanto "de provecho" porque la dicha sociedad actual no me lo permite), voy a hablaros del gran lado oscuro de la frase "Con lo buena que eras de pequeña...". Es la típica frase que está preparada para tocar la fibra de personas que creen que, tener una visión más amplia y personal de las pautas con las que nos han educado, no está nada pero que nada bien y que nos asemeja más al diablo. Esa frase que algunas personas se atreven a soltar a la ligera cuando entran en desacuerdo contigo. Sin argumentos y sin pensarla mucho, la utilizan, como otras muchas, en su propia defensa, abusando del poder devastador que puede provocar en la personalidad del otro. Ese otro que tampoco la escucha con atención, solo la oye y se hace chiquito. Alguien que va a ser otra pieza de la sociedad que, a la larga o a la corta, probablemente acabe teniendo algún tipo de frustración anclada.

Haciendo un esfuerzo, puedo llegar a entender a las personas que sueltan perlas como esa por su boca. Otra común es la de "Muchos pajaritos en la cabeza tienes tú, eso es lo que tienes". Creo que hubo un día en el que ellos también quisieron escribir este texto y creérselo, pero alguien les dijo que por salirse un poco de las pautas eran unos rebeldes que acabarían muy mal. Entonces prefirieron seguir las indicaciones de "lo correcto" creyendo que realmente lo era. Ahora, se mueren de miedo porque las personas a las que ellos han educado para seguir su camino y tener un futuro próspero, eligen arriesgar un poco, si se le puede llamar así, decidiendo que tienen otras perspectivas o que sienten de otra manera. Porque... "¿Y si sale mal? ¿Y si no logra llegar a dónde quiere? Me apuntarán con el dedo y dirán que fui yo quién, con mi comportamiento y dándole alas, destiné ese futuro." Y así, una vez más, 'el que dirán' nos come. Creo en la individualidad de las personas. Al fin y al cabo las personas que acusan sobre vidas ajenas lo hacen por aburrimiento o por envidia y le damos una importancia exagerada, hasta el punto de llegar a 'hacer' o 'dejar de hacer' según a ellos les parezca.

Y está quedando precioso esto por escrito, pero quiero dejar constancia de que soy la primera que, en ocasiones, se ha visto afectada por esa constante infinidad de juicios paralelos. Igual que, de las pocas cosas de las que realmente me puedo arrepentir son de esas que no he hecho dominada por la maldita inseguridad que estos provocan a veces. A fin de cuentas, he sido educada sobre ciertas pautas, seguramente parecidas a las vuestras. Pero, sea como sea, yo sí que me estoy creyendo este texto y, planteármelo, ya hace que sea una "persona dudosamente encarrilada y con pajaritos en la cabeza" para muchos. Sin duda, mucho peor que cuando era pequeña, doy mucho más miedo.

La realidad, es que las típicas frases "correctas", a menudo se utilizan de forma incorrecta y  sin tener en cuenta las consecuencias. Un ejemplo de ello es que hayan acabado estando en boca de todos en el día a día, tratándose como se tratan de reprimendas sin fundamentos. No somos peores que de pequeños por pensar de manera diferente a la de otra persona. Sea esa persona más o menos cercana y tenga nuestra misma edad o esté en otra etapa vital, no tiene ningún derecho a pretender hacer de nosotros un clon suyo en cuanto a personalidad. Ni los gustos, ni las percepciones, ni las experiencias vividas van a ser las mismas, y ¿qué somos sino eso?

Entendería que se me intentase encarrilar si tuviese excesivo morro o algún tipo de malicia, pero todo lo contrario. De pequeña la única violencia física y verbal que quería ver era la de Digimon. Era una niña de paz, amor y sonrisa. ¿Ahora? Ahora igual. Pero somos nuestra propia evolución y demasiado a menudo asusta que cada uno, por nosotros mismos, llegue un momento en el que seamos capaces de tomar nuestras propias decisiones. Más que nada porque, inevitablemente, vamos a provocar discrepancias. Intentamos reprimirnos unos a otros por algo que todos deberíamos acabar haciendo: dentro de un marco de convivencia, ser y comportarnos como nosotros deseamos. Creo que eso sucede cuando escuchamos más a nuestro corazón y no tanto a frases envenenadas. Y también creo que, universalmente hablando, eso es más puro y, por tanto, positivo. Si nos centrásemos en ello, la pieza fundamental y que más debería preocuparnos en cuanto a educación tendría que ser el respeto, esa es la clave del éxito en sociedad, lo demás sería pura vida.

No sé si alguien llegará a darme la oportunidad de ejercer como maestra, ni sé si seré madre o si me rodearé de muchos niños a lo largo del resto de mi vida, pero tengo claro que quiero aportar valores para que sean piezas aladas, con opciones y sin reprimendas. Y ya no solo a  niños. Porque al final, lo que a la gente le hace perder la ilusión o lo que hace que se frustre, es no haber sido como ellos decidieron un día que les hubiese gustado ser. Nacimos para vivir y viviendo moriremos. Quizás mejor aprender pegándose un tortazo que desaprender con lo que otras personas crean mejor para ti... Aunque parezca lo más correcto, ya se sabe que no siempre lo correcto es lo mejor. Por suerte, aun quedan frases sabias.




miércoles, 31 de octubre de 2012

Oda al edredón

Me cubres,
te acolchas,
te abro,
me envuelves,
te enrollas,
me enrollas,
te estrujo,
me arropas.

Tengo sueño,
a ti me pego.
Tengo cariño,
en ti me abrigo.
Tengo amor,
bajo tu ardor.
Tengo frío,
a ti me arrimo.

Como un bikini,
y no de playa,
sobre pan recién horneado
te pones dulce... dulce-jamón
y como el queso yo me fundo
ahí a tu lado.

A menos grados
más te agrandas,
A más relleno,
mayor agrado.
A más sueño,
más me quedo.
A más cobijo,
mejor me amago.

Me acurruco,
te arrumaco,
te estrujo al cuerpo,
me cubres y me tapo.
Te acuestas,
me calientas,
y a más me atrapo,
en ti otro rato.

martes, 30 de octubre de 2012

Somos ilusión

Qué fuertes las personas a veces, ¿no? Somos lo más fuerte como podemos llegar a ser lo más débil, o lo más alegre y lo más triste a la vez, en cuestión de segundos... Somos emocionalmente inestables porque no somos más que lo que hemos vivido, con lo que hemos vivido y de la manera vivida, pero estamos expuestos a la incertidumbre, y no hay cosa que nos apasione y nos asuste más a la vez.

Dueños de nuestro pasado y de un futuro incierto, cercano o lejano, en el que cualquier acto puede repercutir de muchas maneras. Porque sí, incluso el día más monótono, poco fortuito o triste esconde un resquicio de ilusión en algún detalle y debemos saber identificarlo, valorarlo y aprovecharlo como si nos fuese la vida en ello porque, en el fondo, nos va.

Podemos encajar que la vida no nos da momentos malos de repente para jodernos y amargarnos, y asumir que la vida es tanto un momento malo como uno bueno a partes iguales. Que es alegría y es tristeza, que es salud y enfermedad, justicia e injusticia, amor y odio, esperanza y frustración o calma y agobio. Pero lo que jamás debemos olvidar es que la vida, sobre todo, es ilusión y una historia contada a través de muchos momentos y pequeños detalles. Eso será lo que nos mantenga despiertos y fuertes.

Nacimos siendo nada y solo podemos ganar, no solo una vida, sino lo que nosotros lleguemos a saber y saborear de ella. Propongo vivir cada día buscando, tanto en lo bueno como en lo malo, aquella rendija que nos pueda alegrar el día, aquella palabra que nos llene y que podamos merecer o aquel sueño que sepamos llegar a crear (hoy) aunque solo sea imaginario (de momento). La vida no para y, ahora, vamos con ella.

domingo, 14 de octubre de 2012

La liga

Y no la de fútbol, sino la de la novia.
Que en una boda te lleves el ramo simboliza otra futura boda. Que te regalen la liga, ¿debe de predecir una cantidad infinita de ocasiones de buen sexo?
No tengo ni la menor idea, pero no me desagrada la idea, tiene un punto picante y sugerente que te hace partícipe del tan importante lado sensual de la mujer en un día envuelto de romanticismo.
Para mí, sin duda, fue el mejor regalo que pudieron hacerme en una boda joven, cercana, divertida y con un punto rockero fascinante.
¡Y que viva los novios, hombre!


viernes, 12 de octubre de 2012

Algo se muere en el alma


Cuando un amigo se va, algo se muere en el alma, cuando se va por circunstancias pero ahí está, algo se muere doble, pero algo vive permanente en dos lugares llamados corazón. Cuando eres tú la que decides exponerte a algo finito, cuando llega ese fin la tristeza te culpa sin querer aun siendo injusto. Pero no es negativo vivir algo por lo que un fin duela, porque eso es que fue algo bueno.

Nada será lo mismo pero hemos ganado respecto a hace un tiempo, nos hemos conocido. Conocer a otras personas es siempre una oportunidad increíble, es conocer un submundo nuevo que nunca deja indiferente y algo aporta a tu persona, aunque sea una ínfima sensación.  Pero hay personas que calan hondo desde bien pronto, personas con las que te sientes realmente a gusto y con las que puedes ser tú sin forzar situaciones ni ocultar desaciertos. Personas con las que conectas… quizás las personas más peligrosas a la vez. Y es que desde el momento en que te sientes en sintonía con alguien, estás perdido, nunca más va a serte indiferente pese a que la gente vaya y venga y venga y vaya sin poder hacer nada.

Sin embargo, es tan gratificante el tiempo durante el que dura la sensación de calor correspondido, que no paramos de lanzarnos y de exponernos a ello, sin pensar ni temer en una posible fecha de caducidad. Hay amistades ocultas en cualquier esquina de cualquier lugar que, por insospechadas que fuesen, son las amistades más grandes y puras de lo que nadie pueda imaginar. Hay amistades por las que nadie apostaría hasta que se descubren o se comparten, amistades que buscan esconderse por evitarse explicaciones, amistades que te rellenan tanto cuando estás lleno como cuando querrías tirarte al vacío. Por lo que dicen y por lo que esconden, hay amistades peculiares como todas y bellas como ninguna.

El amor, en cualquiera de sus formas, es una fuerza superior a casi todo en este mundo. A veces la línea que separa algunos términos es confusa, pero quien no falla en la respuesta son los sentimientos. Y cuando lo aclaran, siempre hay un punto en el que tienes que tomar algún tipo de decisión, sacrificando a veces cosas, exponiéndote a ganar y a perder, incluso personas, incluso a otros tipos de amor. Pero ¿sabéis qué? Yo creo que hay un sentimiento igual de poderoso y más estable que el amor  y es el cariño. Y con eso, con eso no pueden ni las circunstancias, ni los contratiempos, ni las decisiones. Y con eso, de alguna manera, el calor nunca te abandona del todo.

Una vez me dijo una persona que “Nunca estará solo un corazón que ocupa un lugar en otro corazón”. A veces nos complicamos la vida aunque sepamos que va a haber un día en el que vas a chocar y te vas a replantear si tu decisión fue la acertada. Pero la verdad es que lo fue.

domingo, 30 de septiembre de 2012

También la lluvia

Los glaciares se derriten, el nivel del mar sube, Venecia en ascuas y los ríos secos. Pero ayer llovió.
Ayer llovió casi 24h. seguidas y prefiero tener que nadar en mi cuarto piso que ahogarme de contaminación. Prefiero oler a pureza que a putrefacto o mojarme y ver si crezco que dejar secar mi gozo en un pozo.
El cielo gris, mi pelo se electrifica y yo me recargo. La lluvia abundante da vida y la vida se bebe a sorbos.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Eres libre de compartirlo

No todo es bonito pero sí libre. Si eso a veces ya atrapa, imagina cuando, a parte de libre, también es bonito. Nos negamos a dejarlo ir, aun cuando ya se fue.

La realidad es que no somos tan libres si fijamos la vista en los muchos patrones sociales que seguimos y otros que se nos imponen. Pero aun con todo y aun dentro de esos patrones, muchas veces podemos hacer y deshacer nuestra vida como nos apetezca. Para mí se trata de la base fundamental de la convivencia en sociedad: ser conscientes de la libertad individual de cada ser, nos cueste más o menos trabajo compartirlo o entenderlo. Saber compartir y formar parte, pero también dejar hacer, marchar, volver o ir.

Asumiendo eso (siempre excluyendo actos vandálicos, asesinatos, maltratos, acosos o torturas inhumanas), considero que el sentimiento de dolor, de rencor o de rabia por la actuación de alguien, quizás no vaya a irse tan fácilmente como sentimientos involuntarios que son, pero sí que se pueden llevar y curar mejor. Todos hacemos siempre algo que a nosotros nos supone bienestar mientras a otra persona indirectamente le provoca dolor, por ejemplo. O todos alguna vez hemos sentido el típico "No puedo arrepentirme porque en aquel momento estaba a gusto.". Y más allá de ser egoísta, creo que corresponde un poco al instinto humano que anhela encadenar placeres y logros para sentir su vida plena.

Por eso, creo que es importante aprender a convivir con ello, hacer el esfuerzo de saber ponerse en la piel de los demás y considerar que dentro de un rato posiblemente seremos nosotros los que actuaremos por impulsos. Somos muchos y no siempre podremos comprendernos pero sí que estaría bien que supiésemos respetar nuestro principio de libertad, tanto el propio como el ajeno, o nos lo acabaremos cargando también (como todo). La vida/mente sería más hippie, pero también más llevadera y tranquila.

martes, 24 de julio de 2012

Una pataleta solo es una patada en nuestra propia cara


Somos responsables de cualquier tipo de guerra, pero la gran guerra deriva de otras muchas más pequeñas.

La grande y sentenciosa es la más popular y vistosa; las pequeñas, las culpables y, en cualquier caso, el único hipotético punto de inicio y de vuelta a la calma. Si cada individuo es incapaz de controlar su propio caos, muchos caos difícilmente conseguirán el consenso y el respeto que marquen el camino de la paz a gran escala. Si intentamos controlar un gran mundo sin aceptar que tan solo lo haremos en uno minúsculo y a la vez sin darnos cuenta de la responsabilidad que ello supone, estamos perdidos, como de costumbre.

La avaricia rompe el saco, el orgullo es el diablo y es verdaderamente repugnante que, al final, solo las tragedias sean capaces de destapar conciencia y humanidad en demasiadas ocasiones. Tenemos un mundo para nosotros y somos creadores de nuestros propios logros pero también de nuestra propia mierda. Paremos de atentar porque acabaremos inmolándonos.