¿En qué
demonios estaba pensando hasta ahora? Había oído hablar muchas veces sobre esta
bomba y Lola incluso me aseguraba que, tras ello, dormía mejor. A mí siempre me pareció de guarrillas. A
duras penas dejaba que la presión de la alcachofa de la ducha me hiciese
cosquillas durante 10 segundos seguidos… “¿Es que acaso me estaba gustando
demasiado?”- pensaba-, y la apartaba como si hubiese sido obra del diablo en un
intento de poseer mi conciencia. “Yo era decente”- me repetía con orgullo-, “una especie en
extinción”.
Todo
empezó porque me aburría. Bueno, a ver, ¡no eh! Quiero decir que hubo un
detonante… pero fue por casualidad. Me había metido en la cama y me estaba
colocando bien el pantalón del pijama porque el peso del edredón hacía que, al
darme la vuelta, se me girase porque era de terciopelo. Me puse boca abajo y
algo estaba rozando esa parte tan… ¿Tan electrizante? (Oh dios, ¡no puedo creer
que esté pensando eso siendo hace tres días tabú!) La cosa es que, si apretaba
un poco la pelvis contra el colchón, una descarga eléctrica recorría mi cuerpo
desde ese punto hasta la cabeza. Me paralizaba. Era entretenido y a la vez excitante.
Una sensación nueva, parecido a lo que sentía cuando, en clase, alguna vez me
había acercado a la mesa de Ben por el canto izquierdo a pedirle el sacapuntas.
Además era gracioso relacionar ese momento con Ben. Lola siempre me decía que
Ben me gustaba y yo siempre lo negaba, pero en ese momento le hubiese invitado
a tumbarse en el colchón y explicárselo.
Tras
varias decenas de veces haciendo chocar la pelvis contra el colchón, noté que
la costura empezaba a hacerse molesta; algo ahí abajo se estaba irritando. Así
que metí la mano con cuidado por debajo del pantalón. Yo siempre dormía sin
braguitas, decían que era mejor y ahora lo entiendo… ¡cuanto menos más
práctico! Hice muchas cosas por ahí abajo, al menos muchas más de las que
anteriormente había hecho.
Quise
comprobar que aquello estuviese bien. Chispeaba un poco y no distinguía bien
qué lo había causado. Para aliviarlo, lo único un poco sensato que se me
ocurrió, y que tenía a mano, fue mojar mi dedo índice con saliva y encharcar la
zona. De inmediato, al menos al tacto, se sentía mucho mejor y fresquito. Dejé
que se aliviase, pero tampoco mucho rato... Intermitentemente venía a mi cabeza aquél
recuerdo eléctrico que había recorrido mi cuerpo repetidas veces y quería
sentirlo de nuevo. Así que pensé que, solo por aquella noche, simularía que mi
dedo índice era aquella costura que rozaba…
Al
principio no era comparable… Empecé a dar golpecitos cada tres segundos en los
labios exteriores. Aquello era atrevido, pero poco más que eso. Me había
depilado dos días antes pero me gustaba dejarme aquella hilera de pelitos cual
crin de caballo… Lola decía: “Si el monte de Venus era un monte, más bello si
tiene algo de vegetación más allá de mi bella flor”. Así que copié su estilo.
Al fin y al cabo ella siempre había sabido más de esto y no le iba mal. Ahora
me tocaba a mí sentirme bella. Sentirme en todos los sentidos. Por momentos me
hubiese gustado que Lola estuviese allí para verme el monte e incluso tocarlo;
esa noche me sentía más abierta que nunca, nada mal.
Acaricié
el vello mientras mi mente se pervertía. Pero mierda, aquello había perdido
humedad, así que dejaría de acariciarme los labios para llevar el dedo hasta
los de arriba, introducir la yema en la boca, mojarla en saliva, extraer el
dedo y deslizar mi mano deprisa a lo largo del pecho, con cuidado de no
derramar ni una gota, hasta volver a llenar el oasis. Introduje el dedo en la
vagina y esparcí la saliva en ella. Había algo realmente aliviador en aquello,
los movimientos circulares eran semejantes a un masaje. A lo tonto a lo tonto
me estaba quedando atontada y repetí la acción tres veces más: dedo a la boca,
pasando sobre el pecho, mojar y masajear dibujando círculos. “Ben era un gran
dibujante, seguro que hubiera dibujado el trazo mejor que yo”, -pensé-.
Entonces no me dio tiempo a pensar por qué estaba pensando en Ben, pero imaginé
que se unía a dibujar conmigo sobre mí y que me enseñaba a dibujar un desnudo…
Añadí otro dedo (el corazón) al lado del índice simulando que era su pincel y
juntos no paraban de hacer círculos… grandes y pequeños, más grandes, y más
pequeños, más grandes y más… Uff. Cada uno provocaba sensaciones en mi, se me
erizaba el vello, se me tensaban las piernas, los pezones se endurecían… y cada
vez todo de forma menos ininterrumpida. Cambiamos de movimiento: de arriba abajo.
Hacía ya un rato que no mojaba el dedo en saliva y sin embargo aquello estaba
mucho más húmedo que nunca. No tenía ningunas ganas de apartar mi mano de ahí
abajo. Benditos dedos… En vertical todo era menos amplio pero más intenso.
Podía cerrar un poco las piernas y notar más la forma de los pinceles…. Buff,
sin duda el de Ben era un pincel más largo y grueso… Era de agradecer que se
hubiese unido a pintar aquella noche… “Ben dale, ¡por el amor de dios!”,
-pensé-.
De
arriba a abajo, de arriba abajo, los dedos deslizaban con soltura y no podía
parar de repetir ese movimiento una y otra vez, una y otra vez. Más intenso
cada vez. Era diestra y metí la mano izquierda por la camiseta del pijama. Acaricié
mi barriga por el lateral, lo apreté, aflojé y lo volví a acariciar mientras la
derecha aceleraba. Subí la mano por el ombligo hacia los pechos y los cogí con
fuerza. Primero el izquierdo, luego el derecho, luego pellizqué un poco el pezón
derecho y volví al izquierdo y seguí tocándome. Xoff-xoff-xoff, el sonido ahí
abajo era frenético, cada vez más, y mis piernas engarrotadas cada vez se
abrían más también. Se me curvaba la espalda y la cabeza se retorcía hacia
atrás… y cundo los dedos llegaban al clítoris, los ojos se cerraban con fuerza
y la boca hacía una mueca grandiosa que terminaba cogiendo aire y echándolo con
fuerza. Cerraba los ojos y seguía dándole con ritmo. Metí un dedo en el agujero
y después un segundo. Los introduje poco a poco pero no pude esperar en
hacerlos mover. Adentro, afuera sin sacarlo del todo; adentro, afuera, adentro,
afuera, adentro. Afuera, adentro, más adentro, y más adentro y más y buaaa,
¡más adentro! Y afuera y adentro y afuera, y arriba y abajo y arriba y abajo y
clítoris, y arriba y clítoris y círculos grandes y pequeños y grandes y
pequeños y arriba y abajo y clítoris y mueca y ojos en blanco y ojos cerrados y
boca prieta y plaaaaf plaaaaf, ¡ahhh! ¡Más! Arriba, abajo, fuerte, fuerte,
fuerte, más rápido, más rápido, más, más, más, adentro, afuera, adentro,
afuera, adentro, mueve, mueve, mueve, agarra el pecho, agarra, aprieta, ¡aprieta!
Arriba, introduce, introduce, introduce, clítoris a tope, clítoris, clítoris y clítoris
y clítoris y… fffffffff… Se me quedó la mente en blanco durante 5 segundos y
quedé inmovilizada durante 10.
Genial, genial y genial. ¡Me ha encantado! Es un texto tierno, inocente y provocativo. Aunque, en mi opinión, sobra por completo la última línea...¡imaginación al poder! Ella es ella. Y eres tú. Y soy yo. Y todas dormimos divinamente, ¿no es maravilloso?
ResponderEliminar:) Un besazo, preciosa!
Evitar escándalos... si las costuras del pijama de toda mujer hablasen... jajajajajaja no te reprimas somos así y me pareces de lo más interesante! ;-).
ResponderEliminarmi costura la tengo gastada
Eliminarme ofrezco a meter el dedo si alguien lo necesita, y de paso una buena corrida
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