¿Qué
sería de nosotros sin miedo? Probablemente ya habríamos muerto. Pero, por miedo,
¿hace falta matar proposiciones con fin abierto e intenciones anheladas? ¿Abandonar
sin haber empezado? ¿Desear sin intentar? ¿Creer sin comprobar? No vale la pena y todos lo hemos hecho alguna
vez.
Sin
miedo no habría decisiones difíciles ni actos sentenciosos. Sin miedo no
existirían guerras, ni inseguridades, ni avaricia, ni tristeza, ni límites.
Viviríamos al máximo por lo máximo. Sin miedo todo sería un riesgo constante y
una ausencia de peligro a la vez. No buscaríamos la perfección ni ser valientes
porque ya lo seríamos. No pisaríamos por
dinero porque no temeríamos perder y empezar de cero. Actuaríamos por voluntad
y no sometidos. Seríamos nuestro mayor ejemplo y referencia y, entre nosotros,
diferentes pero respetando las diferencias. Sin miedo a cambios entre
relaciones, apuestas, cuestas o en el mundo. Arriesgaríamos asumiendo cualquier tipo de consecuencia lanzándonos a perseguir lo que en ese momento nos llenase.
Viviríamos más el momento y no tanto de fantasmas del pasado y falsos pasos en
un futuro utópico. La muerte sería una anécdota más y la vida lo sería todo.
Juzgamos
por miedo y nos dejamos empequeñecer por pánico. Hacemos y deshacemos y, lo que
es más grave, no nos dejamos hacer, por miedo y egoísmo. Por no llegar a
sentirnos débiles mientras ya lo estamos siendo. Atacamos nuestros principios y
nuestra voluntad, los cuales perdemos cada vez que dejamos de ser auténticos y decidimos
vivir a la mitad. Sin miedo, podríamos ser mucho más bellos y felices; tratar y
tratarnos mejor. Actuando de corazón tenemos la conciencia mucho más tranquila
y en paz; nos sentimos más realizados. Ganaríamos en atrevimiento y
perderíamos en mentira. Actuar desde el corazón: apasionante: actuar con pasión.
El
miedo nos quita libertad y eso es lo más esplendoroso que tenemos porque sin libertad no podríamos
hacer lo que nos hace felices.
No hay comentarios:
Publicar un comentario