lo que
tienes que hacer es vivir el momento, centrarte en tu respiración.”
No
estoy segura de si ha sido una frase aleatoria ni si la persona que me la ha
dicho siquiera ha pensado mucho antes de decirla. Tampoco creo que conozca la
importancia que le he dado, pero esa frase ha
aliviado el día.
La conversación
se había adentrado en un bucle entre misterio y angustia con un sabor
agridulce. Y esos sabores, solo en la comida china, porque ya se sabe que lo
que empieza con términos medios acaba en términos negativos. Éramos tres y me
he vuelto silencio. Por dentro mucho ruido y pocas nueces; no sacaba nada en
claro. Solo escuchaba, asentía y hacía alguna mueca que marcaba incertidumbre
sin llegar a poner cara de tonta. No suele pasar que me dejen sin palabras a
menos que me hablen de amor pero, últimamente, cuando me hablan del futuro
también pasa.
Resulta
que yo pensaba que era de letras y pocos números, pero ahora parece que de todo
soy más que de futuro. No sé pensar en él, solo imagino y hago hipótesis, mil
hipótesis. Yo alucinaba con la convicción con la que hablaban hoy los otros dos. Parecían muy seguros de lo que decían, ¿sabes? Pareciéndome a la vez imposible.
Está visto que el futuro está en nuestras manos pero que no se sabe en qué
momento nos ofrecerá la mano porque no se deja agarrar. Cada vez que decían algo yo me imaginaba entre
un camino a mis espaldas y mis pies al borde de un precipicio. Y ellos,
seguros, afirmando que el 21 de diciembre va a pasar algo. Yo ya empezaba a creerlo y a hacer de una hipótesis una verdad. Me imaginaba
en algún sitio alto de la ciudad donde poder ver el fantástico espectáculo de
fuegos menos artificiales que nunca y esquivando meteoritos dejando mi futuro
en manos del destino, para variar, ya que se nos muestra más accesible en estos
casos. Osea, imaginaba sobre imaginaciones, con menor seguridad que cuando afirmo que Venus existe.
Pero de
repente, se han referido a términos más místicos y han hablado no de un fin,
pero sí de un cambio en la humanidad de las personas. Y ahí he visto todo tan
complicado y utópico que entonces he optado por apostar por la salida más fácil
por la que anteriormente no había apostado nada: un fin. Cambiar la humanidad
me ha parecido algo improbable e irreversible ahora mismo y aquel tema estaba empezando a parecerme ya incluso absurdo. Hasta que uno de los chicos ha dicho que
para que eso pasase tenía que suceder algo muy gordo. Se ha hecho el silencio y
muchas imágenes apelotonadas se nos han pasado por la cabeza en cuestión de
segundos.
Entonces ellos se quedaban en la parada del bus y yo tenía que seguir mi camino justo en ese momento. ¿Veinte minutos más andando sola por la calle habiendo oído, como última conclusión sobre el tema, eso? Era angustioso; nada aliviador. Eso sí que era gordo. Me ha entrado frío, pero porque hacía frío, la verdad. He cogido la bufanda, me la he enrollado mejor y cuando estaba a punto de girarme para despedirme de ellos con un muy seguro "Bueno, hasta mañana. Mañana nos vemos." el otro chico me ha mirado y me ha dicho: “Pero, ¿sabes qué? Cuando pase algo, lo que tienes que hacer es vivir el momento, centrarte en tu respiración." Y entonces, podría haber optado por seguir pensando en meteoritos, catástrofe y fin… pero no, ahí me he visto salvada. He respirado hondo y me he visto salvada. Porque lo único que podía importarme en ese momento era vivir el momento y centrarme en la respiración, y ya lo estaba haciendo así que esa era mi salvación, por lo menos, la de ese instante.
Entonces ellos se quedaban en la parada del bus y yo tenía que seguir mi camino justo en ese momento. ¿Veinte minutos más andando sola por la calle habiendo oído, como última conclusión sobre el tema, eso? Era angustioso; nada aliviador. Eso sí que era gordo. Me ha entrado frío, pero porque hacía frío, la verdad. He cogido la bufanda, me la he enrollado mejor y cuando estaba a punto de girarme para despedirme de ellos con un muy seguro "Bueno, hasta mañana. Mañana nos vemos." el otro chico me ha mirado y me ha dicho: “Pero, ¿sabes qué? Cuando pase algo, lo que tienes que hacer es vivir el momento, centrarte en tu respiración." Y entonces, podría haber optado por seguir pensando en meteoritos, catástrofe y fin… pero no, ahí me he visto salvada. He respirado hondo y me he visto salvada. Porque lo único que podía importarme en ese momento era vivir el momento y centrarme en la respiración, y ya lo estaba haciendo así que esa era mi salvación, por lo menos, la de ese instante.
Ha sido
así como he sobrevalorado esa frase porque he encontrado calma en ella. Como hago con las personas. Una frase que era lo menos imaginario de los últimos diez minutos y que incitaba a seguir haciendo lo
único involuntario que sabemos hacer al final: Respirar e hipótesis sobre el futuro para acabar saboreando
solo lo agrio o lo dulce de la continuación, que es lo más futuro que llegamos
a pisar. Y cuando pase algo, no va a pasar, porque ya estará pasando. Y yo siempre quiero que pase algo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario