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jueves, 18 de junio de 2026

Lo de detrás de lo indecible

¿Quién no ha tenido un secreto o a intentado tenerlo alguna vez? Seguramente, tarde o temprano acabó destapándose porque hay gente a la que gusta más el chisme por sentirse centro de algo que el respeto hacia la intimidad discreta que se crea entre unos pocos. Dicen que los secretos tienen las patas cortas pero también muchos secretos se habrán ido a la tumba. Y, ¿por qué a veces no decimos cosas que en realidad querríamos poder gritar, cuando nos causan sentimientos, nos remueven o nos reviven, pero lo decidimos callar? En ocasiones por vergüenza, a veces por miedo, a veces por ambas... y a veces por el miedo de dañar a alguien/es. Y el que no dice algo por no dañar a alguien, daña, aunque igualmente iba a dañar diciéndolo, al menos de forma precipitada.

Hoy me han contado un secreto, desde la ansiedad que ya no podía callar, desde esa confianza extraña que a veces solo se crea con (casi)desconocidos por la desconfianza que nos crea a veces compartir entre los que estamos conectados en la experiencia de habernos sentido juzgados. Sentirse juzgado por un extraño pisa pero pasa, sentirse juzgado por alguien a quien aprecias, pesa y se posa. Hoy, alguien me ha contado que estaba enamorándose de "un amor prohibido" y que temía, sobre todo, que una persona muy cercana a ella pudiera enterarse porque no quería dañar sus sentimientos. Yo, al principio no estaba entendiendo nada, me parecía extraño el convencimiento de no poder explicar que dos personas se estuviesen enamorando. ¿A quién podía dañar eso? ¿Hay algo más bonito y que se debiera respetar y admirar más que el amor? Pero enseguida lo he entendido todo: Alguien que ama, con su amor o forma de amar, puede dañar a alguien que lo ama. Indirectamente, consciente o inconscientemente, sin culpa alguna... pero esperemos, como me ha parecido en este caso, que con sensibilidad.

Los vínculos y los tiempos, a veces nos hacen rehenes de situaciones que nos atrapan. El grado de intimidad y de cariño por alguien y el cuándo suceden o se comparten algunas cosas ("quién primero o quién después", "qué significas tú para mí o qué significaste", "si había expectativas ante la situación, o bien idealización o nada de ello", etc.) nos lleva a repensarnos la manera de cómo poder hacer que todos/as los implicados salgan lo mejor posible de una situación así. Si esta chica se hubiese avanzado en el tiempo a explicar su historia a la persona a la que ahora no quería dañar (y eso solo hubiese podido pasar si su historia hubiese pasado mucho antes en el tiempo y resulta imposible), ahora seguramente no estaría agobiada por la idea de estar dañando a alguien por amar a otro alguien, porque no estaría sucediendo aun la historia como ahora mismo. Pero todo, confluyendo a la vez y haciéndolo también en el tiempo, está creando amor por un lado y agobio absoluto por otro.

A veces queremos desaparecer porque no es que no queramos dar explicaciones, es que necesitamos un paréntesis de reflexión para entender los primeros lo que sucede para luego poder expresarlo lo mejor posible. Todo ello junto a un acto de fe en la capacidad de los demás de ponerse en los zapatos ajenos, sin descuidar los matices y no solo la idea genérica. Mucha fe en realidad. Esto le estaba pasando hoy a mi semiconocida, pero esto pasa hasta en las mejores familias, entre padres e hijos, entre parejas, entre amigos o amigos con derecho a roce o incluso entre compañeros/as de trabajo. En muchas ocasiones, cuando alguien expresa no querer dañar a alguien es que le va a dañar pero quiere encontrar la manera de cómo dañar menos, dañándose a sí mismo más si cabe de por medio, para conseguir llegar al momento en el que considere que el daño global puede ser más leve en el desenlace para todos. Eso teniendo en cuenta que alguien no se adelante de por medio, pisotee ese esfuerzo por afán de protagonismo y heroicidad, y arruine algo que podía acabar resolviéndose de una mejor forma. Abajo "los metiches".

Puede que una persona que no dice pero sí está buscando la manera de decir, no sea egoísta, ni cobarde, ni desleal siempre, sino que esté pasando por varias fases (autoculpa, introspección, interconciencia, autocompasión, reflexión, resolución...), depende de cuál sea el caso. Me parece que antes de juzgar también podríamos pensar que esa persona es alguien que justamente quiere, que trata de proteger de alguna manera se equivoque o no y que sus tiempos pueden ser un acto de sensatez frente a lo contrario, que podría ser lo impulsivo o lo irresponsable emocionalmente hablando. Equivocarnos o meternos/vernos metidos en pequeños líos a veces forma parte de la condición humana pero, en la resolución del caso, puede estar la diferencia.

Por un lado están aquellos/as que necesitan pensar en cómo comunicar y así hacerlo. Por otro, aquellos/as que prefieren llevar siempre el muerto encima pero callarlo por, seguramente, sentimiento de culpabilidad que no creen que les represente, que les avergüenza y que deberían revisar. Pero también están los/as que hacen ghosting, huyendo de la incomodidad y haciendo sentir a los demás alguien sin importancia, aunque no fuese así pero prefieran esa técnica de escapismo. No supieron hacerlo mejor, pero qué injusto que a veces nos quede mejor recuerdo de esos que de quienes hicieron por afrontar o dar espacio a las emociones ajunas por poco que fuese.

Finalmente, después de haber escuchado con atención a mi semidesconocida, le compartí que, se descubriese o no su situación, me parecía coherente cómo estaba actuando. Estaba omitiendo información con prudencia para encontrar la mejor manera de poder asumir esa situación amorosa entre todos/as. Su enamoramiento me parece bonito, pero también puede que contenga algo de romanticismo la delicadeza de comerse la cabeza por no querer dañar a alguien que siente por ella y seguro que de la gestión de ello aprende y crece. El trato de lo indecible, creo que dice algo de uno/a mismo/a y de su manera de gestionar pero, con reflexión y análisis, puede decir también mucho a uno/a mismo/a.

viernes, 12 de junio de 2026

¿Más vale solo que mal acompañado?

¿Más vale solo que mal acompañado? Lo decimos, lo repetimos, sobre todo desde la adultez, como queriéndolo asumir a modo de tatuaje en la consciencia, a modo de escudo protector teórico. Porque ya se sabe que la repetición lleva a la costumbre y la costumbre la relacionamos con la identidad. "¿Y quién soy yo, persona adulta, sino alguien capaz de relacionarme con capacidad de no ser dañado? ¡Ya he sufrido demasiado y me he sacado un máster en controlar con la cabeza los impulsos o mazazos que llegan al corazón!" Supongo que así intenta autoconvencerse la mente de alguien que, con este tipo de argumentos intenta aparentar madurez, ese término tan amplio como subjetivo, que nos atemoriza no tener pasados los 30. 

Pero, seguramente, es pasados los 30 cuando menos buena compañía podemos encontrar, a la vez que de la buena la mejor cuando la encuentras entre un millón. Y no es que todos estemos tarados, es que: a) La mitad seguramente sí por traumas del pasado mal gestionados contra los que todavía intentan luchar y que, al no poder y no aguantarse a ellos/as mismos, buscan compañía que se los resuelvan o a quien atribuírselos o desahogarlos y en realidad acaban con la paciencia y el desquicio de otros con egoísmo; y b) La otra mitad no, pero han vivido tantas atribuciones de quebraderos de cabeza ajenos que asocian la idea de socializar a pensamientos igual de atractivos como asociados a la volatibilidad que poco quieren en sus vidas, desde tentativas añadidas de desconfianza y distancia.

Pero lo cierto es que nuestro cerebro no está programado para que estemos solos o para soportar más la soledad que la compañía. Somos seres sociales y también hemos tenido buenas o bonitas experiencias, fugaces o duraderas, que nos llevan a intentar conectar. La mente tiende a quedarse más, y por suerte, más con lo bueno que con lo malo que, aunque se recuerde, suele ir perdiendo intensidad o lo bueno a exagerarse, y sino, con una canción nostálgica de fondo lo puede conseguir. Con mil escudos y mejor o peor armados, pero nos buscamos. Buscamos individualidad pero también sentirnos importantes o parte del equipo para alguien... o para el grupo. Y toda esta introducción la he hecho para llegar a este punto. Este texto no va de amor tan solo, va también de estrategia, de cómo la gente vive el grupo y está dispuesta a comportarse según el fin. Al fin y al cabo, de como a veces la gente solo se relaciona en grupo o bien hace equipo. 

Pertenecer a un grupo nos da identidad, sensación de pertenencia, de aceptación y de respaldo. Pero en un grupo, a veces, (y nunca reconoceré que en los míos sea así porque los míos son los mejores y llenos de gente sana permanentemente y sin excepciones ;) ) se crean dinámicas chungas. En los últimos tiempos (seguramente pasados esos 30 años, para unos de esplendor y para otros traumatizantes, de los que hablaba antes) he observado y experimentado algunas de esas dinámicas inquietantes, repelentes e incluso destructivas. Voy a resumir 4 de ellas y, después, la clave, seguramente, para cualquier dinámica relacional sana. Empiezo por las dinámicas chungas:

1) "Follow the leader": En esta, una persona es la líder y es seguida por el resto más por admiración de lo que "quise y nunca llegué a ser" que por su verdadera amistad, que no tienen por qué no tenerla, pero dentro de un ambiente inquietante de poder y admiración involuntaria que, a la vez, ya le va bien al/a la otro/a. El grupo (personas con cierta falta de autoestima, de liderazgo o de personalidad) idealiza a esa persona que les hace visibles en el mundo y, la persona líder, puede ser buena o jugar, sobre todo a que sus decisiones se impongan sin tener apenas que argumentarlas. Y eso marca la diferencia de cómo pueda evolucionar esa amistad en sí, si ganando todos/as a partir del modelaje y reforzando el autoconcepto general, o bien jugando con personas que sienten pavor a no sentirse parte de algo y se aferran a un clavo ardiendo, convirtiéndose en algo súbditos en tiempos modernos.

2) "Lobo con piel de cordero": Una persona o unas pocas es/son líder/es y es/son seguida/s por el resto más porque al resto le da miedo tener a esa/s persona/s en contra, que por vínculo real. Son grupos que giran en torno a parte de buen rollo y parte de falsedad y que, normalmente, acaban sumiéndose en critiqueos. Primero iniciados por "el pastor" (quien destaca en poder de convicción y decisión sobre el resto) y seguidos por el rebaño. Y, después, el rebaño, por agradar y ganarse el buen rollo del líder, sigue los rumores y el chisme al ver que al pastor le gusta estar enterado de todo para controlar mejor el cotarro. Primero son critiqueos externos y eso une, porque nada une más como gener un enemigo en común. Pero tarde o temprano, lo hacen entre ellos/as mismos/as. "Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar". Eso se debería tener en cuenta muchas veces y más aun si se ha visto alguien enmedio de una dinámica así. Mejor salir aunque se tenga que ser criticado por ello.

3) "Por interés te quiero Andrés": Personas movidas por intereses. Intereses del status que te otorgue pertenecer a ese grupo, de opciones de escalada social o laboral o bien más místicos y relacionados con el robo de energía de otros, por ejemplo. Los primeros, un poco trepas o sin escrúpulos muchas veces y, los últimos, más cercanos a trastornos narcisistas. El grupo de los primeros, no tiene nada que perder pero tampoco demasiado que ganar, al menos no una amistad real aunque, por un tiempo, seguramente sí alguien a su lado leal. Por un tiempo (hasta conseguir lo anhelado). En el último caso, el de los vampiros de energía, acaban siendo rechazados, pero por el camino han mareado y machacado a los demás, seguramente a personas con bastante serenidad, calma y bondad. Justo eso es aquello que esos seres envidian y ansían y, al no ser capaces de sentirse ellos también así, intentan destruir la de los demás para no sentirse ellos tan minúsculos y desgraciados. Terapia real o expulsión creo que son la única solución.

4) "El reality show de la amistad": Personas que, más que en un grupo, están en un juego constante de poder. Todos/as quieren ser la cabeza más visible y con más poder del grupo y conocen más o menos las fortalezas y debilidades de unos y otros. Siendo así, van aliándose, según el momento o el contexto, a quien más fuerza le pueda sumar en ese momento. Bajo, mi parecer, son relaciones bastante falsas en las que un día el/la que era tu gran amigo/a resulta que mañana puede dejarte en segundo plano, aunque sin retirarte del todo su amistad por si acaso, porque le interesa más otro/a. Su fidelidad hacia ti entonces resulta dudosa pero su amistad no descartable porque, a la vez, a uno/a misma le puede volver a ser beneficiaria... y así se entra en una rueda y un enganche en que hoy uno se puede sentir el amo y mañana ir a remolque y jugar para volver a ser el amo porque, poderse, con táctica se puede. Se aprecian todos/as pero la amistad les sirve, en primer plano, para utilizar y aparentar y, en segundo, para disfrutarla. Son grupos que suelen durar por la bondad y generosidad de ese o de esos pocos a los que, cuando se percatan de ello, no les importa quedar en la sombra de aquellos que necesitan destacar y ejercer el rol de rescatistas de aquellos que no brillan o a quienes no se acoge tanto en un momento dado. Todos en este tipo de grupos acaban aceptando el juego porque algo ganan, ya bien sea reconocimiento o simple compañía.

Y, bien, por supuesto, siempre hay grupos buenos, tanto grandes como pequeños, sobre todo los no demasiado grandes. Pero ni estos se libran de épocas con dinámicas más sanas o más tóxicas ya que, al final, somos personas, con nuestras taras, luces y sombras, y momentos y Momentos, las que los formamos. Pero, lo que creo que marca la diferencia entre un grupo algo podrido de un grupo bueno, es la comunicación. Una buena comunicación, sincera y directa, sin ofendidos y ofensores, sino con personas que viven el grupo más desde el corazón que desde la cabeza y que hablan, escuchan, sostienen, aceptan, aclaran, ríen y lloran, desde el desinterés de nada más que conectar, entre personas distintas y en evolución, todo aquello que en positivo sí resuena, remueve o inspira. Eso se pasa el juego de grupo incluso y hace equipo.

Desde luego, más vale solo que bien acompañado. Y qué bien le sienta cierta soledad a todo el mundo en alguna época o ámbito de su vida. Pero, seres en positivo que comparten y unen enegías, suman en la vida y en sus vidas y eso es brutal. Siempre pienso en que siempre hay alguien para alguien y que, no hace falta buscar pero que, cuando se encuentra, se debe de saber cuidar.

martes, 28 de abril de 2026

Que no se vaya la luz

Hace un año que se fue la luz, literalmente. Lo recuerdo porque fue el cumpleaños de mi amiga Marta. (Felicidades Marta, te quiero.) Teníamos plan, se fundió el día, la ciudad continuaba entre el caos de algunos y la alegría, en el fondo, de muchos. "¡Que se quede así unos días! Adiós tecnología." Decían otros, hartos de ver que el brillo de las miradas cada vez estaba más en el reflejo de las pantallas que en lo tangible o terrenal. Pero la celebración de Marta no era en una pantalla, iba de un local en el que debíamos tener cuidado con el bordillo de la puerta al entrar y de abrazos y cánticos al encontrarnos, así que no se vino abajo. El faro de mi moto siguió el caminito poco a poco algunos kilómetros hasta el destino porque, como ya se sabe, la verdadera luz la ponen los corazones por oscuro que sea el entorno, y mi amiga se lo había currado, sobre todo en ilusión. Finalmente resulta que volvió la luz a los fluorescentes, y la electricidad en general, y la anécdota del día nos sirvió para recordar que, aquello, suponía comodidad y facilidades, pero que lo esencial, como dicen, es invisible a los ojos.

Y aquí podría acabar mi texto de hoy, sin embargo, creo que la idea de hablar de esa luz con posibilidad de expansión no debe desaprovecharse. Creo que hoy en día somos muy tendientes a llevar nuestro farolillo, con la atención puesta en que este no se apague, pero encerrando la llama. Creo que nos falta cuidar más la chispa que nos encendió o la que un día puede hacerlo y dirigir más la mirada hacia la hoguera en la que puede participar, esa que puede permitirnos crecer. Ese sentimiento de comunidad que se ha ido desvaneciendo y que a la vez tanto anhelamos en momentos de flaqueza, requiere de cuidado. Requiere de enfocar a las oportunidades más que en buscar culpables en las derrotas o de recibir sin olvidar dar el calor que dilate la posibilidad de encontrar soluciones y respuestas más sólidas.

Y, ¿por qué, como aquel 28 de abril de 2025, esperar a que algo incómodo o algún contratiempo suceda para acordarnos de todo eso? Porque ahí nos volvemos todos vulnerables y el egoísmo deja de ser un aliado. Por necesidad. "Tranqui, te presto mi cargador portátil", "Tranqui, vente yo te llevo", "Tranqui, yo te lo pago hoy", "Tranqui, puedo hacerte yo la cena", "Tranqui, te ilumino con mi linterna y te sostengo con mi vela...." No cada día se va la luz y podemos volcarnos en ofrecer ayuda, comunidad o facilitar un poco el mundo frente a las adversidades, pero sí que el día a día, aun con luz solar, es bastante fastidiado para muchos corazones a medio gas. Deberíamos poner a disposición del día nuestra mejor versión, la que más pueda brillar y hacer brillar dentro de nuestras posibilidades, para no apagarnos entre nosotros y acabar siendo una sociedad menos tenue, más lucida.

jueves, 26 de marzo de 2026

El ¿aburriqué?

El aburrimiento no es siempre un estado que llegue por unos mismos hechos o por una misma forma de inactividad. El aburrimiento tiene que ver con el contexto, con las expectativas y con el estado anímico. O, mejor dicho, con las oportunidades que te inspira el contexto, con las elevadas, o bien irreales, expectativas, con la regulación emocional ante la nada o la voluntad de ver todo o mucho en nada, en lo repetitivo o en lo familiar.

El aburrimiento también tiene que ver con el estado propio, con la relación con uno/a mismo/a. A veces, con la necesidad de sobreestimulación ante algo que, de entrada, no lo pide o no lo ofrece. Digamos que, hoy en día, parece que lo simple, lo silencioso, lo laborioso o lo no compartido nos lleva a un sentimiento de hecho aburrido. Como si vivir algo sin un fin exacto, sin un reconocimiento externo o sin apasionamiento, lleve al fracaso del gozo. Como si el camino, el probar o la contemplación, fuesen una pérdida de tiempo sin una misión visible al público. 

De hecho, ¿dónde se siente el aburrimiento? ¿En la cabeza? ¿En el pecho? ¿En el ombligo? Pues puede que me equivoque, pero creo que se siente en la barriga: en forma de ansiedad, en el pecho: en forma de ahogo y en la cabeza: como confusión en la percepción de posibilidades en el ahora. Al final, lo que lleva a aburrirse seguramente sea una alteración mental provocada, en su base, por la poca tolerancia de soporte de uno/a mismo/a, una falta de estrategias personales, o bien una costumbre a lo inmediato, a lo fácil y a lo rápido que hacen de la quietud, de lo lento o de lo que precisa ser pensado, algo incómodo.

Hay momentos que requieren de calma, suavidad y sentidos para que sean disfrutables ampliamente. Hay momentos que no tienen una finalidad, tan solo ganas de sentir el momento o el propio sentimiento, incluso aunque punce, y que se acaban traduciendo en experimentación, en descubrimiento o en estimulación. Momentos que empiezan para matar ese agobio al que llamamos aburrimiento y en el que, gracias a esa misma sensación, se abre un canal interno bien rico y pura inspiración. Es decir, quien se aburre es porque quiere o, quizás, porque lo necesitaba para llegar a descubrirse.

Lo que ahora está siendo aburrimiento, antes pudo haber sido (o le pudiste haber llamado) un momento de descanso, de tranquilidad, de contemplación, de recarga... Si ahora lo sientes aburrimiento, no trates de juzgar el entorno o a quienes te rodean ya que, seguramente, con quien debes hablar es con tu mente. El aburrimiento mismo es una oportunidad para frenar, bajar revoluciones, aprender a escoger o tomar decisiones. El aburrimiento dice más de ti que de lo que te rodea. ¿Lo bueno? Nunca es tarde para reconciliarse con el propio aburrimiento y transformarlo en serenidad y, quizás, incluso disfrute.