El aburrimiento también tiene que ver con el estado propio, con la relación con uno/a mismo/a. A veces, con la necesidad de sobreestimulación ante algo que, de entrada, no lo pide o no lo ofrece. Digamos que, hoy en día, parece que lo simple, lo silencioso, lo laborioso o lo no compartido nos lleva a un sentimiento de hecho aburrido. Como si vivir algo sin un fin exacto, sin un reconocimiento externo o sin apasionamiento, lleve al fracaso del gozo. Como si el camino, el probar o la contemplación, fuesen una pérdida de tiempo sin una misión visible al público.
De hecho, ¿dónde se siente el aburrimiento? ¿En la cabeza? ¿En el pecho? ¿En el ombligo? Pues puede que me equivoque, pero creo que se siente en la barriga: en forma de ansiedad, en el pecho: en forma de ahogo y en la cabeza: como confusión en la percepción de posibilidades en el ahora. Al final, lo que lleva a aburrirse seguramente sea una alteración mental provocada, en su base, por la poca tolerancia de soporte de uno/a mismo/a, una falta de estrategias personales, o bien una costumbre a lo inmediato, a lo fácil y a lo rápido que hacen de la quietud, de lo lento o de lo que precisa ser pensado, algo incómodo.
Hay momentos que requieren de calma, suavidad y sentidos para que sean disfrutables ampliamente. Hay momentos que no tienen una finalidad, tan solo ganas de sentir el momento o el propio sentimiento, incluso aunque punce, y que se acaban traduciendo en experimentación, en descubrimiento o en estimulación. Momentos que empiezan para matar ese agobio al que llamamos aburrimiento y en el que, gracias a esa misma sensación, se abre un canal interno bien rico y pura inspiración. Es decir, quien se aburre es porque quiere o, quizás, porque lo necesitaba para llegar a descubrirse.
Lo que ahora está siendo aburrimiento, antes pudo haber sido (o le pudiste haber llamado) un momento de descanso, de tranquilidad, de contemplación, de recarga... Si ahora lo sientes aburrimiento, no trates de juzgar el entorno o a quienes te rodean ya que, seguramente, con quien debes hablar es con tu mente. El aburrimiento mismo es una oportunidad para frenar, bajar revoluciones, aprender a escoger o tomar decisiones. El aburrimiento dice más de ti que de lo que te rodea. ¿Lo bueno? Nunca es tarde para reconciliarse con el propio aburrimiento y transformarlo en serenidad y, quizás, incluso disfrute.
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