La multiplicidad de opciones ha estado ante nosotros/as desde que nacimos pero, de un tiempo a esta parte, ¿no ha exagerado sus posibilidades? Lo ha hecho, en la medida que cada uno lo siente pero ha abierto el abanico sin tener en cuenta una gradualidad en los acontecimientos, sino a modo de "tonto quien no se adapte". Ha sucedido esto en la vida de personas que pasamos de tener "muchos amigos" (los de tu clase, tu pueblo y algún hijo/a de amigos/as de tus padres) o de quienes registraban los números de teléfono en una agenda de papel y aun les sobraba espacio (excepto en la "A", que siempre se solía llenar).
Mi generación ha vivido un salto de época que no ha sido catalogado aun pero que sigo convencida de que se marcará como "edad tecnológica" dentro de pocos años. Y ha sido de forma rápida, a lo "corre o te quedas atrás", "normaliza porque esta es la nueva normalidad", "digitalízate o no eres nadie". Bien, ahora me siento un poco mi abuela hablando en este tono sobre avances (supongo) tan importantes, pero es que nosotros nos hemos nutrido de lo malo y bueno del pasado, criado con valores de personas de postguerra, lanzado a la promesa de "triunfa quien estudia", frustrado ante lo menguante de ello en la realidad y lo exigente económicamente de todo y en cuanto a expectativas... y, más trascendente aun, siendo muy importantes para nuestra tribu en la infancia y una opción entre infinitas en este estado actual de mundo globalizado.
A ver, tampoco vo voy a hacer un drama de ello ahora, pero me parecez sin duda, sorprendente. Esto ha sido y sigue siendo un ejercicio de adaptación y de aprendizaje a fuerza de necesidades con las que nos íbamos topando y de facilidades que queríamos aprovechar, a la vez que una contínua nostalgia de aquella época que, como de costumbre, en la mente después de unos años parece que siempre fue mejor.
Creo que detenerse a pensar en ello en uno de esos espacios de tiempo, que decimos no tener, nos hace más conscientes de hasta dónde queremos asumir o bien de hasta dónde necesitamos hacerlo y qué es por querer y qué por deber. Y es que realmente poco tiempo tenemos porque, cuando no son tareas, tenemos tecnologia, cuando no son quedadas, tenemos tecnologia, cuando no son compromisos (y aun cuando lo son), contamos o nos vemos atrapados, por responsabilidades o simple pasatiempo, en la tecnología... en la múltiple opción de todo y de la sensación de que todo está pensado, dicho y creado, de que no somos nadie más que para nosotros porque ya no triunfa el esfuerzo más que cualquier contacto bien atado, "ridículo" bien hecho o aleatoriedad impredecible bien llevada.
Y ahí llega el individualismo... seguramente una forma de protección hacia un esfuerzo que ahora ha henido que ser focalizado, ya no solo hacia lobexterno, sino hacia un refuerzo constante de autoestima, confianza y búsqueda de la calma mental no siempre disponible. Y ahí entra lo íntimo, todo aquello que sí podemos celebrar de la etapa actual: la necesidad de introspección que se acaba teniendo entre tanto ruido alrededor. Ahí es desde donde nos queremos rescatar y reconvencer a nosotros/as mismos/as de que el control por ahora seguimos teniéndolo nosotros... al menos en de nuestra forma de mirar el mundo, de respetarnos a nosotros/as mismos/as y establecer vínculos con los/as demás y de encontrar cierto orden y equilibrio entre nuestro corazón, nuestra mente y nuestras acciones.
De igual manera que toda esta época ha entrado con calzador y ha llegado con suscripciones para quedarse, seguramente no debemos presuponer que signifique el fin de la verdad que, de repente, al levantar los ojos de la pantalla, te muestran otros ojos delante. Y es que siempre, al escoger una opción, estamos haciendo algunas renuncias y no hay renuncia más bonita que el de alguien que, de todas las opciones, elige mirarnos a los ojos ya bien sea para un rato, para un tiempo o para cada día de nuestras vidas. Esa intimidad nace del lado más humano y más cercano, de lo que nos protege del alrededor impersonal, de lo que nos recuerda la importancia de no perder valores ni sensibilidad y de lo que, al fin y al cabo, traspasa cualquier era, etapa o época y con lo que resonanos ya inevitablemente.
Ahora que tanto exponemos, ahora que tanto seguimos y ahora que a tanto accedemos... no dejemos de buscar esos espacios en los que aplicar intimidad sepan a refugio y reparen nuestras brechas y acompañen nuestros trances.