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miércoles, 8 de octubre de 2025

El contexto interno importa

El otro día volvió a pasar. A lo largo de este tiempo, mi hijo ha ido aprendiendo de mí y de los demás que le rodean y volví a encontrarme con una situación que me obligaba a reflexionar. La típica situación en la que un niño pequeño parece que trate de manipular pero en la que, lo que hace, es simplemente copiar formas, ponerte en efecto espejo para salirse con la suya o conseguir lo que quiere desde una capacidad cognitiva ya más desarrollada. Sin que lo sepa, genera en ti la necesidad de complementar la crianza por instinto con algún que otro momento de revisión i reflexión. Recuerdo la primera vez que viví eso de lo que hablo, aquella primera vez en que, siendo algo más limitada la comprensión del niño, traté de poner límites expresando que "aquello que estaba haciendo, hacía daño al corazón de la mamá". Algunos días después, se convirtió en la frase estrella que él utilizaba para justificar su ira y tristeza ante decisiones mías que le hacían sentir derrota o frustración. Mientras él decía "Esto que me dices o que no me dejas hacer me hace pupa al corazón" para intentar que fuese más permisiva en algún momento, yo pensaba "Oh no, ¡se me ha girado en contra la estrategia comunicativa!". Y quizás no era así, quizás simplemente era que el cerebro del peque había evolucionado ya hasta un punto en el que hacía falta reconsiderar la utilidad de mis palabras dentro del objetivo principal: optimizar la gestión conductual ante el conflicto. Quizás había sido una estrategia temporal que ahora exigía cambio. Pero, en el ejercicio de pensar qué no funcionaba como anteriormente en ella, fui un poco más allá y me pregunté: Es que, ¿era realmente el acto del niño lo que a la mamá le ponía triste, nerviosa o hacía sentir frustrada? 

Llegué a la conclusión de que mi estrategia derivaba de la necesidad propia de hacer llegar a mi hijo que aquella acción suya no llegaba de forma positiva a mí, sino que causaba emociones contrarias. Pero, sinceramente, el hecho en sí mismo, muchas veces no tiene tanta carga real como para impactar de la manera en que lo exponemos, sin embargo, le añadimos peso para generar esa atención necesaria en el otro, para reconsiderar lo dicho o hecho que solo una alerta tiene la capacidad de provocar. Así que, lo que a veces comunicamos, no se ajusta exactamente al kit de la cuestión y, quizás por eso, no permitimos que empaticen realmente  con nuestra inquietud. La clave está en comunicar a partir del contexto, concretamente en el contexto interior... y eso supone hablar desde las necesidades que uno tiene ante una situación, más que entrar en el bucle de lo que nos ha generado conflicto o de las formas de gestión ajenas.

Por ejemplo, el otro día estaba en el vestuario de la piscina con mi hijo y este estaba alzando la voz contento e ilusionado por estar con un amigo suyo. Cada vez que yo le escuchaba alzar la voz pensaba que el niño no estaba excediéndose, sinó que escuchaba un niño alegre alegrando el rato a los demás. Alguna persona sonreía, otra comentaba... Sin embargo, una mujer que andaba por allí empezó a resoplar y a expresar descontento ante ello. ¿Por qué una misma situación puede causar efectos tan contrarios? Aquella señora hubiese reñido a mi hijo si por ella hubiese sido y, si le hubiese dicho que no estaba respetando a los demás o que estaba molestando no hubiese sido del todo justa, ya que a la mayoría no nos estaba generando eso mismo. Así, si más allá del hecho analizásemos el contexto interior de cada una, seguramente nos daríamos cuenta de que la diferencia, la base del conflicto, estaría en las necesidades de cada una en ese momento ante esa misma situación, más allá de la conducta del niño en sí. Seguramente mi necesidad en aquel momento era la de sentir alegría por mi hijo al cual había visto algo triste anteriormente y al cual necesitaba volver a percibir disfrutando. Seguramente la necesidad de la mujer era la de descansar la mente y estar en calma tras una jornada laboral intensa o una temporada amarga. Así que, en el supuesto de que la mujer se hubiese dirigido a mi hijo creo que hubiese sido mucho más efectivo trasladar la molestia, no solo desde la queja, sino desde la demanda por necesidad, para dar la oportunidad a la otra persona de empatizar y poder cambiar la conducta desde la no-culpa, sino desde la posibilidad de cambiar esa situación con unos argumentos con los que hubiésemos podido conectar. Pero nos cuesta hacer eso... y más con desconocidos, porque aun nos resulta extraño recibir explicaciones sobre necesidades de personas a las que no conocemos pero con las que, por contra, sí compartimos espacios y momentos.

Personalmente, esto de lo que hablo lo había llevado a cabo muchas veces en el mundo adulto pero, en el mundo infantil, creo que muchas veces se escogen vías rápidas y fáciles de comunicación para hacerse entender o respetar más deprisa que profundamente, más desviando la atención que atendiendo las necesidades que hay detrás de un conflicto en sí. Pero los niños también sienten y necesitan comprender lo que sienten para aprender a autorregularse poco a poco. Qué mejor que hacerlo desde el modelaje ya que, lo que hoy parece que no entienden, mañana ya lo han integrado en sus dinámicas.

Creo entonces que, ante una situación incómoda o desagradable para nosotros, podría ser más adecuado ajustar lo que expresamos acerca de las emociones que esta nos provoca, partiendo de las necesidades del contexto interior de cada uno ante esa situación. Atribuirle a alguien la responsabilidad de estar haciéndote sentir mal sin analizar nuestro estado en el momento en que lo recibimos, puede no ser del todo justo. Entre adultos solemos darnos cuenta de ello aunque no todo el mundo lo apliques. Pero, ¿qué tal ser más concretos también con los niños? Creo que funciona a modo de educación constructiva, basada más en la reflexión y la argumentación que en la culpa y el reproche por sistema. Así, los adultos deberíamos tener el compromiso con nosotros mismos de saber identificar nuestras necesidades (sean estas momentáneas o generales) para poder trasladar queja, disconformidad o disgusto con la responsabilidad de hacer introspección de nuestro estado en ese momento de conflicto: de si nos está afectando más o menos porque realmente hay una conducta inadmisible por corregir o de si hay algo interno nuestro que añada drama o intensidad a la situación.

A modo de ejemplo: "Yo no estoy triste porque tú hayas rallado la pared con colores (algo que puede ser atractivo para un/a niño/a), sino que estoy triste porque mi necesidad es la de orden y limpieza del hogar y esa acción no va acorde a ello, generándome malestar. ¿Quizás podemos estar de acuerdo con que la casa está mejor ordenada y limpia, que esa no ha sido la mejor de las ideas y con que podemos buscar otra alternativa donde colorear?". Y, en el contexto adulto igual: "¿Me pone triste que pases de mi y no contestes a mis mensajes?"- por ejemplo.- "Quizás lo que me pone triste es no poder subsanar mi necesidad de recibir cariño por tu parte porque eres alguien especial para mí y encima estoy falto de cariño en general. Pero tú no generas mi malestar porque hayas querido dañarme directamente o porque sí, sino porque tu contexto interior era distinto al mío. Lo más probable es que tus necesidades de desconnexión, por ejemplo, hayan generado en mí enfado, decepción o intranquilidad, porque justamente lo que yo necesitaba era lo contrario: atención y cariño por tu parte." 

Tanto en el mundo infantil como en el adulto, creo que las situaciones más comunes en un desencuentro pueden venir causadas por frustraciones, miedos o inseguridades, carencia de liderazgo o de atención, celos, envidias... Así que creo que, utilizando un vocabulario adecuado para cada edad, podemos llegar a entendernos. Si a la hora de comunicarnos pudiésemos ser sinceros y reconocer el foco de la cuestión de nuestro malestar en la necesidad de fondo que ha quedado sin cubrir con la acción del/de la otro/a, creo que podríamos evitar hablar desde el victimismo y la culpabilidad, pasando a fomentar empatía y colaboración en el bienestar mútuo. 

No digo que sea fácil, y mucho menos que lo sea la comprensión de ello para un/a niño/a. Soy la primera a quien repiten constantemente que hablo demasiado con mi hijo, que le doy demasiadas explicaciones ante un conflicto, así que puede que me salga fatal. Tengo poca idea de niños en etapas tempranas y voy improvisando por instinto y desde el amor. Pero sí trato diariamente con niños/as algo más mayores y veo diferencias entre los que traen un trabajo hecho en gestión de conflictos y los que no. Por eso, hoy por hoy pienso que puede ser una vía para enriquecer la educación emocional a largo plazo.

lunes, 11 de agosto de 2025

El secreto de las vacaciones

Las buenas vacaciones van de dejar de sentir tanta carga mental latente. Las buenas vacaciones van de paz mental, de mayor tiempo libre (que viene de libertad), de menor golpe de reloj, de comer relajado y de caprichos lentos o con peso emocional. Las buenas vacaciones hacen ganar en salud (como mínimo mental) y hacen perder la noción del tiempo en algunos momentos... y qué gusto por favor. En las buenas vacaciones pasan vivencias u ocurrencias que explicaremos durante años y otras que "lo que pase en Vacacioneslandia (o llámale "X"), se queda en Vacacioneslandia (o "X")". Las buenas vacaciones saben siempre a poco aunque cundan mucho, cunden incluso cuando no se tiene nada concreto por hacer y hacen que nos nutramos, curtamos y/o aprendamos a través de una observación más consciente y de un disfrute más intenso o frecuente. Las buenas vacaciones, ya se sabe, no van de dónde, sino de cómo y de con quién. Mejor compartirlas con los mejores o, sino, por cuenta propia... porque la energia compartida debería sumar y, en vacaciones, no hay ni tiempo que perder ni motivación que restar. Pero, sobre todo y como decía, creo que van de "cómo" porque, con compañía en ellas o no, van de actitud y de saber aprovechar del lugar o de lo que se haga... con mirada curiosa y romantizada, con mente amplia y alegre y con corazón disfrutón y generoso. Porque estar de vacaciones no es lo mismo que sentirse en vacaciones... y de eso realmente van.

Cosas como escribir esto hago yo en un tren de vuelta... de estas vacaciones que aun no acaban :)

jueves, 26 de junio de 2025

Se viene

Se vienen las vacaciones. Hace años, no tantos de hecho, eran solo foco de alegría, de descanso y acción a partes iguales, de motivación y de creatividad sin fin. Desde hace un año aproximadamente, las vacaciones son todo eso pero, entre el sol y yo se instala una nube: se llama custodia compartida. En periodo vacacional, siendo este para mí bastante largo y libre, se hace duro a veces pensar que podrías estar disfrutando de tu hijo y él de ti más que nunca, haciendo planes increíbles y cogiendo más energía juntos que nunca. Pero no, eso solo podemos hacerlo a tiempo parcial, la mitad del tiempo, como durante el curso nos ha ido pasando pero durante periodos más largos, tanto los presentes como los de ausencia.

Pero, ¿sabéis qué? Siento que algo está empezando a cambiar en mí, quizás ya por el hartazgo de miedos, inseguridades y desprecios aceptados que llevo encima desde que decidí separarme o incluso desde antes. Creo que me estoy haciendo fuerte... sensible de corazón pero más fuerte de mente (para prueba, que esté escribiendo esto). Y no, no fría, nada fría de hecho, solo con ganas de poder seguir teniendo la oportunidad de disfrutar la vida así como vaya viniendo y decidiendo. No había estado más sensible desde mi adolescencia, de lágrima fácil, pero empiezo a no sentirme frágil y sí capaz de llevar esto sin quererlo pero con firmeza, sin torturas pero con ganas de comerme el mundo hasta donde este se deje dentro de mi relativa ambición. Ganas de disfrutar cada momento y pedacito de vida que me sea disfrutable y de gestionar lo antes posible y mejor que pueda/sepa esos momentos de mierdx (dentro de la realidad de cada uno) que la vida me ha demostrado que, aunque merezcas cero, existen. C'est la vie, ¿no?

¿Sabéis qué también? Si algo he aprendido durante este tiempo y que me sirve pensar para este y para cualquier otro contexto en la vida es que si algo no puedo controlar, solo me queda soltar, confiar y dejar que suceda lo que tenga que suceder. El verdadero control solo se debería ejercer en mantener esa esencia, que al menos de mí, siempre me ha gustado tanto: la positiva, la reparadora, la motivada, la desde el corazón y desde el amor, empezando por uno mismo y repartiendo a quienes te cuidan, te quieren, te motivan, inspiran y te hacen la vida tan fácil, bonita y tranquila como se pueda... para que todo, como suceda, se lleve lo mejor posible.

Si la vida son decisiones y a veces seguramente nos equivoquemos en algunas de ellas y paguemos sus consecuencias (tanto las buenas como las malas), quiero no dejar de decidir nunca seguir buscando el lado bueno de las cosas y la felicidad en cada resquicio o pequeño acto que surja de la bondad. Al final, con la separación, perdí algunas esperanzas que tocaba perder, algunas ilusiones que parecían ser alucinaciones y algunas creencias que seguramente solo fuesen fruto de lo que quería creer. Perdí un amor, dañino en demasiados sentidos que lo hacían un sinsentido, y encontré el recuerdo de un enamoramiento con mucha intención, el desamor impotente por el camino y un penoso final. Pero también gané, y ese era justamente el principal objetivo. Gané el autoamor y la validación que tanto me hacía falta recuperar y que es imprescindible. Seguro que mi hijo prefiere y merece una mamá así, la que estoy recuperando actualmente, así como seguro querría para mí que, dentro de lo que puedo controlar, me permita disfrutar con y sin él. Porque si algo sí sé es que eso se acaba convirtiendo en energía en positivo, en amor acumulado y en ganas de vivir cada momento juntos con la intensidad de ese instante y de todos los anteriormente no vividos.

Así que se viene un periodo agridulce en parte, pero una oportunidad temporal para dar a las oportunidades y para seguir esa reconciliación conmigo, con los míos y con lo que me gusta. Unas ansiadas vacaciones sin grandes planes pero dispuesta a seguir el instinto básico de "lo que surja y apetezca", simple pero reconfortante. Mi único propósito antes de empezar estas vacaciones es el de la calma (que no la inactividad). El del descanso desde lo placentero y la revolución desde la paz y desde esa conciencia tranquila que por suerte me lo permite. Espero seguir haciendo reflexiones que potencien mi alegría y la suerte que sí tengo como lo estoy haciendo, "poc a poc", respetando y comprendiendo todo lo que me está pasando, "amb bona lletra". 

Así que se vienen, ojalá, unas vacaciones de estas que gestionas, limpias basura, ordenas, respiras y también puedes saborear. En las que, cuando esté con mi hijo se multipliquen los motivos de celebración y en las que, cuando no esté con él, pueda disfrutar de estar conmigo y también aprovechar para rodearme o comunicarme con personas que desde el corazón me dan cariño, me disfrutan, se dejan disfrutar y sostienen e inspiran a partes iguales. Así que se viene, seguro, algún periodo en el que voy a tener que querer a mi hijo igual aunque en la distancia, pero en el que tengo ganas de disfrutarme por mí, por él y por los que me quieren. Por todo lo que creo que sería tan positivo que él acabase mamando de mí y que los que me quieren pudiesen seguir encontrando en mí. 

Y si este texto puede ayudar a que alguien que esté pasando o vaya a pasar por lo mismo se sienta acompañado/a, estupendo. 

sábado, 26 de abril de 2025

Cosas brutales de mi día a día siendo maestra

Hoy estaba haciendo clase y ha venido un niño de otro curso al cual no doy clase y quien me conocía más que nada de los saludos por los pasillos, por alguna hora del patio, alguna celebración de escuela y por la vibra. He pensado que venía a que le dejase algo para su clase pero de repente ha dicho:

- "Araitz, perdona que interrumpa, pero estaba muy agobiado ahora mismo en mi clase y necesitaba un abrazo tuyo, así que he venido por eso."

¡Pues ya podéis imaginaros mi respuesta! Me ha parecido brutal.

Sin pretensión de ponerme medallas, como esta podría contar muchos otros momentos y alguna que otra anécdota sobre abrazos realmente significativos, conversaciones profundas y mejoras asombrosas de alumnos/as a lo largo de este curso y de estos años como maestra. 

Y es que, la parte de trabajo emocional es la que más disfruto siendo maestra. La más dura, a veces, pero la más gratificante, siempre. Creo que es de lo que más cala en el alumnado y, seguramente, lo más valioso que se llevan en muchos casos de su escolarización. Para mí, son los cimientos esenciales de todo ya que, una base o gestión emocional sana, o más buena que mala, favorece cualquier otro tipo de gestión o de aprendizaje en la escuela y en la vida. 

Por eso, y ahora ya mezclando mi trabajo de maestra con mi rol de madre, os diría que habléis mucho y de todo lo que surja con vuestros hijos/as, que los abracéis mucho y que les hagáis mucho refuerzo positivo. Ya hay muchos factores negativos en el día a día de todos/as nosotros/as que nos pueden llevar a la desconfianza en las propias capacidades, a la frustración, a la desilusión, a la inexpresión... También pasa en el día a día de los/as niños/as. Es necesario e imprescindible hacerles sentir capaces, queridos, comprendidos o buenos, y darles herramientas y estrategias útiles de gestión emocional, para que se lancen a ser también más curiosos, tolerantes, colaboradores o resolutivos, por ejemplo.

La edad no importa. Cada edad tiene sus características en base a cada niño/a y su forma de expresar, de percibir y de llegar a comprender. Pero, bajo mi experiencia, considero que no hay edad para tratar unos u otros temas, sino que el momento es ese en el que cada niño/a siente inquietud, curiosidad, dudas o ilusión por algo. Es responsabilidad y tarea del/de la adulto/a el pensar en cómo abordarlo o qué vocabulario utilizar pero, si el/la niño/a exterioriza un tema es porque dentro de él/ella ya hay cierto conocimiento o, al revés, desinformación, sobre ello. Por eso mismo, creo que es importante darle su espacio adaptado a su momento evolutivo porque, echando la vista hacia otro lado, esperando el momento en el que nosotros/as lo/as adultos/as consideremos adequado o el momento el que nos sintamos más a gusto o menos incómodos/as para abordarlo, lo que hacemos es infravalorar o desproteger.

Por lo demás, hoy por hoy espero que no nos prohíban nunca abrazar en las escuelas porque, siempre y cuando se haga desde la voluntad del/de la niño/a, el cariño, el consuelo, el reconfortar, la voluntad de ayudar y, sobre todo, el respeto, creo que se está llevando a cabo una gran tarea sobre empatía y canalización y compartición de emociones en el contexto escolar, pudiéndose trasladar fácilmente al entorno del/de la niño/a, si hay voluntad por parte de sus adultos de confianza.

jueves, 3 de abril de 2025

Conversaciones con nadie pero de mucho

A veces converso sola como terapia que me saco de la manga. Y os lo cuento porque creo que va estupendamente. No decíroslo y quedar como una loca, sino hacerlo. Pero, ¿sabéis qué? A mí no me engañáis... ¿quién no lo ha hecho o necesitaría hacerlo alguna vez?

Hace tiempo alguien me dijo que, conversando solo ante el espejo, repitiendo diálogos de Harry Potter, logró perfeccionar su inglés. Y doy fe de que a poco estuvo de sacarse el Proficiency después de ello. De pequeña, escuchaba a veces a una vecina cantando por casa cual artista en un concierto y, un poco más mayor, encontraba algunos borrachos por Marina desarrollando con almas libres y a media lengua su gran mundo interior a las 5 a.m. mientras esperaban a que el metro abriese.

Sea como fuere, hablar solo y conversar con uno mismo, creo que es la mar de sano en la mente, pero que el pensamiento exteriorizado está a otro nivel. Seguramente a diferente nivel de necesidad, provocada esta por una emoción algo polarizada. Creo que puede llegar a ser terapéutico y me atreveré a decir que, sobre todo, cuando lleva días rondando en tu cabeza en forma de ideas o en forma de pensamientos que no tienes oportunidad de decir, que no te atreves a decir (aun) o simplemente de soltar. Pensamientos dichos que, una vez fuera de la boca, llegan incluso a replantearse el deseo, las ganas o la necesidad de ser dichos a alguien en realidad. 

Personalmente, he verbalizado exposiciones orales que tenía al día siguiente como si el jurado estuviese delante de mí... ese sería el nivel básico. Pero también he inventado temazos y poemas que, por no haber sido grabados, luego he sido incapaz de recordar pero que me han hecho sentir una genia por momentos. O también he hablado en la radio como si a un millón de oyentes estuviese llegando el mensaje aun sabiendo que lo hacían cantidades con varios ceros menos por detrás. Y, por supuesto, me he autoanimado en voz alta: "Vamos nena, tú puedes.", o he dado las buenas noches en voz alta a alguien en una foto y recibido un abrazo imaginario de vuelta. He incluso rezado como si algún ser divino o llámale universo o energías me fuese a oir o canturreado algún mantra intentando conectar con mensajes secretos de mamá Tierra. 

Pero hay una conversación que me fascina: la del desahogo. Esas palabras que piensas y quieres decir a alguien a la cara pero que no sabes cómo ni/o cuándo y proyectas en forma de teatrillo para ver cómo queda, para sentir, de oído, cómo las recibirías o si realmente las quieres decir así. Porque en la mente todo tiene sentido a la vez que todo está a veces intensificado en bucle pero, una vez a fuera, recibido como espectador o a modo de ensayo, a veces el peso que ese discurso tenía dentro de uno/a mismo/a se reduce o aligera. Seguramente, de esas palabras se vaya a hacer llegar algo a aquel/lla a quien iban dirigidas, pero quizás la parte más incorrecta se autorregula y acaba llegando mejor, desde un punto más tenue. O bien, puede pasar que se relativice incluso la importancia de llegar a decirlo porque ya haya sido así dicho de alguna manera o porque fuésemos a equivocarnos del contenedor al que abocarlo: otro corazón. Quizás acabemos eligiendo empáticamente el del aire. 

Al final, probablemente la necesidad fuese sacar una emoción en forma de palabras y, una vez fuera la capa más visceral, uno/a es más capaz de ordenar y de adecuar mejor el discurso. A modo de grito, de lloro, de monólogo o de narración, sueltas la basura, reflexionas en voz alta y te quedas con la parte del mensaje que realmente es esencial. En conclusión, lo que vendría a ser exteriorizar pensamientos por escrito, sería equivalente a verbalizar conversaciones pendientes con tu persona imaginaria. 

Y ya está. Aunque no sea algo que haga diariamente, bien loca acabo proyectándome hoy y doy un poco de visibilidad a un recurso de gestión emocional como tantos otros.

miércoles, 22 de enero de 2025

La no-justicia

En pleno revuelo sobre cómo la justicia trata a las mujeres en los juzgados de Violencia de Género, mi interior me pide aprovechar el momento para hablar de algo por aquí de lo que no me he atrevido ni he tenido ganas de escribir hasta ahora pero de lo que supongo que tengo derecho y que puede servir de consuelo para nadie pero de apoyo para muchas. Algo que, personalmente, ha sido un golpe de realidad dura para mí, pero de lo que no puedo avergonzarme por encima de expresar mi verdad y mi opinión al respecto y, aunque sirva de consuelo para nadie, me ayuda a ofrecer mi apoyo hacia todas las víctimas que los juzgados han dejado si cabe más debilitadas y desamparadas aun. Voy a intentar resumirlo en forma de relato-denunciapública y supongo que lo hago en mi blog porque sigue siendo como parte de mi refugio. Intentaré no extenderme en forma de diario como con otros temas porque ya es lo suficientemente extenso aun así y porque, después de todo, necesito mentalmente dedicarle poco tiempo a la mierdx y más a lo que reconforta y suma.

Hace un tiempo tuve que pasar por ese juzgado del que tanto se está hablando últimamente, el de violencia de género en Barcelona. Digo "tuve" porque, aunque es una decisión, a la gran mayoría de mujeres que acaban allí (pero estoy segura de que gran gran mayoría) no les hubiese gustado nunca acabar allí. Allí te lleva el temor y la búsqueda de ayuda ante ello, de conocimiento de tu situación personal y de alguna medida o lugar donde quede constancia de lo que has vivido o estás viviendo. En mi caso, una amenaza que consideré lo suficientemente grave como para sentir miedo y desprotección, en una situación que, bajo mi parecer, lo agravaba aun más. 

Anteriormente, entre los hechos y el juzgado, pasé por comisaría. Ese, en principio, es el primer paso, pensaréis... pues no, después acabas descubriendo que lo primero que tienes que hacer es asesorarte de que si no hay palos o sangre de por medio parece que te van a tomar por el pito del sereno, cuestionar cualquier frase y mirarte desde el minuto uno con el filtro de aprovechada, de exagerada, de sobreprotectora y de mujer despechada con pretensión de quitar custodias (si eres madre)... entre otros y aunque nada de ello sea verdad, ni des muestras de ello ,ni tenga que ver con ello la denuncia en sí. 

Como nos han metido en la cabeza que nuestro deber moral es no sentirnos y quedarnos acobardadas y escondidas y denunciar según qué cosas, fui a denunciar siendo coherente con ello y no habiendo deseado nunca llegar a sentirlo. En comisaría, la Mosso d'Esquadra me tomó declaración durante horas, con muchas preguntas en forma de investigación pero con tacto, con voluntad de escucharme más que quitárseme de encima, de escuchar pruebas y ajustarse al valor de estas, pero dándoles su valor real. Me convenció de que estaba haciendo lo que tenía que hacer y supo argumentármelo con lógica. Me advirtió de que en los juzgados me podían juzgar 4 personas: que la peor no me iba a tocar por horarios pero que, de los/s otros 3 jueces/zas estaba "la segunda peor". Se ve que cada uno/a ya tiene su fama y que, "la peor" es la jueza decano, a la que todos siguen un poco. Una maravilla todo, vamos. Podía tocarme entonces "la que siempre hace salir a las mujeres llorando y que apoya a los hombres descaradamente dicho por su propio círculo", tal y como la describió el otro día una chica a la que conocí (spoiler: me tocó esa). Me facilitaron una abogada de oficio. De nuevo, ella, me transmitió apoyo y acierto ante lo que estaba haciendo y aun más teniendo una prueba de audio sobre ello (gracias o no al consejo que me había dado otro abogado hacía un tiempo sobre grabar algunos momentos de mi vida justamente para tener pruebas). Me avisaron de que no llevase otro tipo de pruebas porque lo que iba a denunciar era una amenaza (juicio penal) no un trato global del cual ya tenía quejas anteriores de tema civil. Pues bien, ahora hago el resumen porque no me apetece nada ni alargarme ni dedicarle tiempo a la injusticia, solo pretendo bolcar información y decepción:

- TEORÍA: Me citaron para una "vista" dos días después, supuestamente para tomarme declaración, haciéndome preguntas incómodas y menos incómodas pero para permitir que me explicase antes del juicio e investigar anteriormente un poco lo ocurrido. 
REALIDAD: Sin avisar previamente me dijeron que no me iban a tomar declaración, sino que se iba a celebrar un juicio exprés, en una habitación muy pequeña, con la persona agresora (la que me había hecho sentir temor) literalmente en la silla de al lado. Por suerte, mi abogada consiguió que el juicio se celebrase en una sala más grande, con más espacio entre todos. 
PRIMEROS INDICIOS DE QUE TODO IBA A IR premeditadamente (bajo mi opinión) MAL, visto a toro pasado. No querían escucharme, querían hacerlo rapidito y les importaba un carajo cómo pudiese sentirme yo ante las formas.

- TEORÍA: La persona que se siente víctima debería ser, cómo mínimo, bien tratada y escuchada. 
REALIDAD: La jueza nos trató fatal desde el inicio del juicio tanto a mi abogada como a mí, gritándonos, mandándonos callar incluso cuando ella misma me había preguntado, cortándome cuando tenía más que decir al respecto de lo que estaba hablando. No entendí nada y mi ilusa mente pensó "Tranquila, son formas jurídicas, tienen que hablar así.". Pues no, resulta que la persona denunciada y su abogada en ningún momento recibieron ese mismo trato.
SEGUNDOS INDICIOS DE QUE TODO IBA A IR premeditadamente (bajo mi opinión) MAL.

- TEORÍA: Tenía una prueba de audio en la que se escuchaba la amenaza hasta tres veces. Dos mal y una bien porque se escuchaba de lejos y con lloros de un niño de por medio. REALIDAD: La jueza puso el audio en el móvil sin cascos ni nada, dos veces, concluyendo que ella no escuchaba lo que la otra persona decía pero sí lo que yo supuestamente le contestaba (digo "supuestamente" porque mintió, en ningún momento decía lo que ella dijo ni como ella lo expresó en la sala a viva voz). Cuando intenté corregirla respetuosamente con incredulidad, imagináos la crudeza con la que me contestó. TERCEROS INDICIOS DE QUE TODO IBA A IR premeditadamente (bajo mi opinión) MAL.

- TEORÍA: La denuncia iba por un hecho de tipo penal. Era una denuncia penal. En comisaría se me había aconsejado no aportar pruebas de otro tipo (aun teniéndolas) porque eso podía hacer pensar a la jueza que pretendía otros fines. (Tócate las narices ya solo por tener que renunciar a presentar pruebas que pueden justificar más todo, porque la jueza pueda decidir, injustificadamente, que pretendes otras cosas más allá de lo que pone expresamente en la denuncia. Para mí es querer escuchar solo una parte de la realidad, cuando todos sabemos que en estos casos los matices y cualquier prueba cuentan tremendamente.) 
REALIDAD: La sentencia se hizo basada en argumentos de otro tipo (efectuados básicamente por la otra parte) que no eran para nada de tipo penal ni relacionados con la amenaza (que era lo que yo estaba denunciando). 
CONCLUSIÓN DE UN JUICIO INJUSTO en el que premeditadamente (bajo mi opinión) se había decidido que no se me iba a dar la razón. No convenía.

- TEORÍA: En un juicio se debe hacer justicia y se debe amparar a la víctima. 
REALIDAD: Nada de lo de la teoría se cumplió en mi caso (y lo digo con la boca bien grande porque, habrá una sentencia injusta que diga barbaridades y mentiras, pero yo sé lo que viví y cuál fue la verdad).

-TEORÍA: Aunque una jueza concluya que no se puede condenar a la persona agresora por una amenaza (para mí grave, para ella leve), considero que debería exponerse que no hay condena, pero basar la sentencia en verdades y en lo expuesto en las declaraciones. De hecho, mi denuncia no fue buscando condena, sino conocimiento y protección.
REALIDAD: La jueza mintió en la sentencia frase tras frase y descaradamente. Y puedo decirlo sin temor porque sigo teniendo, como mínimo, la prueba de audio en la que yo digo lo que digo y la otra persona dice lo que dice y que puede probar que en ningún momento digo lo que la jueza transcribe supuestamente literalmente de mis palabras. Muy fuerte. A parte de eso, destina muchas fuerzas en dejarme a mí (seguiré defendiendo que "la víctima", odiando a la vez tener que atribuir ese término a mi persona) como provocadora y otras ideas que desprende a través de la sentencia que por aquí no creo que deba explicitar pero con las que estoy completamente en desacuerdo. (Hacia el final escribo la explicación que se me ha dado por parte de los profesionales sobre todo este relato falso que se extrae de todo este proceso -y parece que tantos otros por lo que me ha ido llegando a oídos después-).

- TEORÍA: Tienes derecho a interponer un recurso para que alguien revise tu caso por si la jueza primera ha errado o ha podido no valorar bien alguna prueba. 
REALIDAD: Contacté con varios buffets de abogados, de los más caros incluso, dispuesta a que se hiciese justicia aunque tuviese que pagar. Pues todos los buffets me dijeron lo mismo sin ponerse anteriormente de acuerdo entre ellos: "Por supuesto, pon el recurso para que conste que no estás de acuerdo en absoluto con la sentencia que se ha hecho, ahora bien, no vamos a coger el caso y hacerte pagar, siendo además caro, porque sabemos de sobras que un recurso de una sentencia absolutoria de una falta leve (así catalogaron en juzgados la denuncia) ni se la miran. La cogen, leen el tipo de sentencia que es y ni se miran el recurso ni las pruebas, suelen ratificar lo que el juez o la jueza anterior ha dicho y no desmerecer su criterio. Nos sabe mal, pero lo más seguro es que lo tiren a la papelera directamente." Eso me dijeron todos. 

- TEORÍA: El recurso iba a salir desfavorable hacia mí, según lo que todos los profesionales me habían advertido, solo porque la anterior jueza había decidido catalogar así la sentencia basada en mentiras que ella hizo. 
REALIDAD: Por supuesto, interpuse el recurso impotente y resignada pero decidida a hacerlo con o sin esperanzas y aunque fuese ya solo por dignidad. Aporté la misma prueba que en el juicio y una más, porque no me dejaron aportar todo lo que yo querría haber aportado viendo que la sentencia no se había basado en la amenaza en sí, sino en otros argumentos inventados y sin prueba alguna sobre en los que, en un inicio, en comisaría, me habían recomendado ni entrar por no mezclar temas. Pues bien, sin saber si alguien en juzgados llegó a mirarse el recurso, me dio la sensación de que no, que a nadie importó que se hubiese hecho injusticia, porque todo concluyó igual: desfavorable para mí, con los mismos prejuicios y argumentos que no podía ni podré comprender.

- EXPLICACIÓN DE LOS PROFESIONALES a la vergüenza de proceso judicial que considero que viví: "No te lo tomes como algo personal aunque leyendo la sentencia lo parezca. La jueza ha tenido que crear un relato injusto e hiriente hacia ti para que no puedas interponer otro juicio a raíz de este si lo hubiese concluído como favorable hacia ti. Lo ha considerado una falta leve y no quiere que le des más trabajo, vamos. Desde lo del Covid llevan trabajo acumulado en los juzgados y casos como el tuyo (supongo que se referían a sin sangre o sin moratones de por medio), los deshechan y quitan del medio." 

La chica de "atención a la víctima" de los juzgados (que es lo mejor y lo único con sensibilidad que me llevo de mi experiencia allí) me dijo después que no entendía nada y que era una pena porque la mayoría de chicas que pasaban por un juicio con la jueza que me tocó o con la otra (la que la mosso d'esquadra calificó anteriormente como "la peor" y por el mote que popularmente ya tenía) salían llorando desconsoladas y con la misma sensación de injusticia con la que salí yo. Ella misma, tras haber vivido con impotencia en repetidas ocasiones esto, me facilitó varias ayudas y asesoramiento sobre algunos pasos posteriores a los que podía, más allá de la impotencia, acogerme, como desajogo más wue como cualquier otra cosa, eso sí. 

La verdad, hubiese denunciado a la jueza de mi juicio sin dudarlo pero, sin embargo, adivinad: a ningún profesional le pareció buena idea y sí me lo desaconsejaron por completo asegurándome que nunca eso iba a resultar favorable a mí aun con pruebas de que hubiese, esta, mentido. Estupendo el blindaje de la señora, vaya. Y ahí sigue, ejerciendo con todo lo que ello conlleva. Meses después, me consta que ya existen grupos de mujeres que están reuniendo fuerzas, testimonios y apoyos para protestar contra un sistema judicial que, en temas de violencia de género al menos, tanto está errando bajo nuestro punto de vista y experiencia.

Aunque no consuela, se agradece que al menos algunos "profesionales de segunda" (diciéndolo con rintintín e ironía, por supuesto, refiriéndome al poco poder que tienen ante la posibilidad de revertir lo que saben que sucede en algunos juzgados cada día) te den explicaciones que pueden hacerte entender lo ocurrido... entender, que jamás comprender. Porque, sí, yo antes era de las que hubiese apoyado denunciar este tipo de actuaciones pero, ahora, dudo y no me atrevo a aconsejarlo. Estoy más unida que nunca al pensamiento de que pocas víctimas mueren o se libran de enloquecer para el desamparo real al que se ven expuestas y que no me extraña que algunas no denuncien. Como creo que eso es fatídico sí que OS PIDO, a quienes leáis esto, que:

1- Sigáis exigiendo que se haga justicia de verdad y que no haya violencia machista , o violencia a secas, desde dentro de los mismos juzgados, haciendo con ello doblemente víctimas a las víctimas.

2- Que no creáis nunca que los jueces y las juezas siempre hacen justicia (como quizás yo hubiese creído antes, al menos sobre temas de violencia de género en nuestro país en tiempos actuales). Por desconocimiento, se puede creer que la palabra de un/a magistrado/a va a misa porque se supone que ha escuchado todas las partes, considerado unas pruebas y tomando una decisión con todas las de la ley. Ahora he comprobado que a veces no se hace justicia, sino que, por conveniencia u otras variantes y sin ceñirse a la realidad, pueden sentenciar todo con un relato paralelo y bien atado (cosa en la que ya tienen práctica). Como un cuento en el que giras la tortilla justo en los puntos claves de la historia. También, ahora pero tras pasar la experiencia, he sabido que simplemente el trabajo acumulado, por ejemplo, puede servir como motivación a hacer algo así y, los niveles de gravedad, pueden acabar estableciéndose como que lo menos grave pase a carecer de gravedad si no es algo descarado. Me pregunto cuántas sentencias injustas estarán rondando por el mundo y personas que se las estén creyendo o a quienes, aunque duden, convenga creer porque les vaya bien como excusa para apoyar su relación con otros en lo allí redactado.

3- Que recordéis siempre que la violencia psicológica o a través de palabras o lenguaje no verbal también es violencia porque, aunque cueste demostrarla, aunque se intente demostrar, para algunos profesionales queda en la sombra como si no estuviese traspasando la vida de nadie. De la misma manera, a nada que haya un juicio injusto o pasado por el filtro machista, la salud mental de una mujer luchadora se ve mermada y la violencia psicológica la recibe así, también, desde el lugar al que la desesperación la ha llevado a pedir constancia oficial de su caso y soluciones.

No voy a nombrar a nadie en concreto aunque creo que no estaría de más pero, ¿sabéis qué? Los juzgados muchas veces te dejan con una sensación de desprotección y miedos añadidos que no sabes cómo puede tomarse una realidad que, pasada por su filtro y por sus mentiras y conclusiones falsas, no ha sido valorada como tal. A sabiendas de que esta es tan solo una historia personal y de las más flojas que en sociedad actualmente se pueden leer o escuchar, considero que poco juicio le hace demasiadas veces el nombre de "Justicia" al estamento que representa. Al final, pensamientos como asumir que el mundo no siempre es justo, que "allá cada uno con su consciencia" y que debes seguir tu vida con el viento a favor o en contra, es lo que a veces acaba arropando. Eso y, por supuesto, los que más te quieren y conocen. Esos a quienes les sobra el papel de pantomima para creerte, apoyarte y hacer que dejes ese clavo en el camino o en el cajón de "experiencias de mierdx en las que no basarte", deseando que sigas adelante y seas todo lo feliz que te mereces.

martes, 21 de enero de 2025

La revolución de los abrazos

Si hay algo que para mí es importante, de lo más importante si no lo más imprescindible en la vida, son los abrazos sinceros. Si hay algo que te haga sentir importante, bien importante, si no de los más importantes para alguien, puede ser un abrazo. Si hay algo poderoso, súper poderoso, de lo que más puede crear una revolución interior y frenar una mundial, creo que diría que son los abrazos. Creo firmemente que los abrazos son sanadores, regenerativos, portadores de serenidad, de equilibrio y de liviandad mental, un chute de oxitocina inmediato y gratuíto e imprescindibles para el bienestar.

Personalmente, por encima de los pequeños placeres de la vida, este estaría como uno de los grandes, por encima incluso de los besos. Creo que el abrazo raramente se da por dar y, si se hace, no es un abrazo. Sin embargo, creo que muchas veces sí se da por necesidad, acompañados casi siempre de una sonrisa... en la cara o en el corazón... expresando sin tener por qué hablar pero, según cómo se dé, diciendo mucho. Igual que un día me dijeron "No te fíes de alguien que no baila.", yo te diría "Nunca te enamores de alguien que no te sabe hablar a través de abrazos o que no se puede calmar a través de ellos.".

Valientes, los abrazos, cuando no se procesan y salen directamente del canal emocional... esos de valor incalculable. Y no, lo de los golpecitos en la espalda no son abrazos. Como gran abrazadora, los conozco todos: los tímidos, los cordiales y los emocionalmente distantes; los inesperados, los deseados y los que se buscan; los familiares, los llenos de cariño y los que directamente te hacen el amor. ¿O es que acaso soy la única que en alguna ocasión ha sentido querer mimetizarse con alguien a través de un abrazo? Extasis puro, amor verdadero.

En el día internacional del abrazo, reinvindico que cada día lo sea, porque está demostrado que algo más de media docena de abrazos pueden salvarnos el día y, a largo plazo, entiendo que la vida. Y escribo esto hoy, paradójicamente un día en el que no he abrazado a nadie ni nadie me ha abrazado. No me digáis que no es una pena queriendo abrazarnos tanto algunos/as de nosotros/as y abrazándonos a veces más en la distancia, en pensamientos o a través de palabras escritas en "helvética neue", que de verdad cuando nos tenemos delante.