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martes, 21 de enero de 2025

La revolución de los abrazos

Si hay algo que para mí es importante, de lo más importante si no lo más imprescindible en la vida, son los abrazos sinceros. Si hay algo que te haga sentir importante, bien importante, si no de los más importantes para alguien, puede ser un abrazo. Si hay algo poderoso, súper poderoso, de lo que más puede crear una revolución interior y frenar una mundial, creo que diría que son los abrazos. Creo firmemente que los abrazos son sanadores, regenerativos, portadores de serenidad, de equilibrio y de liviandad mental, un chute de oxitocina inmediato y gratuíto e imprescindibles para el bienestar.

Personalmente, por encima de los pequeños placeres de la vida, este estaría como uno de los grandes, por encima incluso de los besos. Creo que el abrazo raramente se da por dar y, si se hace, no es un abrazo. Sin embargo, creo que muchas veces sí se da por necesidad, acompañados casi siempre de una sonrisa... en la cara o en el corazón... expresando sin tener por qué hablar pero, según cómo se dé, diciendo mucho. Igual que un día me dijeron "No te fíes de alguien que no baila.", yo te diría "Nunca te enamores de alguien que no te sabe hablar a través de abrazos o que no se puede calmar a través de ellos.".

Valientes, los abrazos, cuando no se procesan y salen directamente del canal emocional... esos de valor incalculable. Y no, lo de los golpecitos en la espalda no son abrazos. Como gran abrazadora, los conozco todos: los tímidos, los cordiales y los emocionalmente distantes; los inesperados, los deseados y los que se buscan; los familiares, los llenos de cariño y los que directamente te hacen el amor. ¿O es que acaso soy la única que en alguna ocasión ha sentido querer mimetizarse con alguien a través de un abrazo? Extasis puro, amor verdadero.

En el día internacional del abrazo, reinvindico que cada día lo sea, porque está demostrado que algo más de media docena de abrazos pueden salvarnos el día y, a largo plazo, entiendo que la vida. Y escribo esto hoy, paradójicamente un día en el que no he abrazado a nadie ni nadie me ha abrazado. No me digáis que no es una pena queriendo abrazarnos tanto algunos/as de nosotros/as y abrazándonos a veces más en la distancia, en pensamientos o a través de palabras escritas en "helvética neue", que de verdad cuando nos tenemos delante.

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