Dicen
que, en general, las mujeres somos bastante más detallistas que los hombres. Lo
cierto es que tampoco todas las mujeres saben descifrar algunos de los que sí
tienen. No me refiero a detalles materiales, donde perderíamos a un porcentaje
de mujeres que ponen el ojo en el bolsillo, sino a detalles racionales que
requieren atención y, sobre todo, comprensión de la mujer. Los que realmente
nos ganan.
Más de
un hombre me ha asegurado alguna vez que las mujeres somos complejas y nunca me
he atrevido a contradecirlo, solo a debatirles que ellos sean tan simples como
fardan ser. ¿Quizás entonces, una importante diferencia que nos une o nos separa
en cuanto a complejidad es la capacidad detallista de unos y otros?
Emocionalmente
hablando, las mujeres hacemos el amor las 24 horas del día, y eso los hombres
deberían tenerlo en cuenta a la hora de tratar con nosotras. Ya dicen que
escuchemos lo que dice la voz de la experiencia y, hablando con parejas que
llevan una vida juntos y aun se soportan y entienden, descubres que,
mayoritariamente, la mujer lleva la relación y el hombre alimenta la actitud
con la que se lleva. Sin duda, eso significa un papel primordial con una
responsabilidad, no tan compleja como constante, de la que se debe ser consciente.
Si el
día va mal, duelen los ovarios, el estrés nos come, el cabreo se apodera de
nosotras o engordamos cuatro kilos de más, el hombre puede hacer que el, aparentemente,
catastrófico final acabe en armonía obteniendo incluso una más que buena recompensa. Porque somos conscientes de las intenciones, y la intención cuenta. Las mujeres
no somos tan complejas, solo requerimos algo de atención, comprensión y claridad,
independientemente de si el fin es conquistarnos o llevarnos a la cama, entre
otros. El problema, claro, es que, más que los perfiles distintos, como a
ellos, a nosotras nos diferencian más los pequeños detalles, y eso requiere un
mínimo interés por conocernos un mínimo a cada una. Y parece que no todos están
dispuestos a currárselo tanto ni, por consecuencia, dispuestos a encantarse por
nuestra complejidad. Porque sí, un hombre, al final, por mucho que se hipnotice
por un físico, se encanta de un interior, y algunas somos encantadoras (modestia aparte). Pero
vamos, en eso hay poca distinción ya que, a menudo, ese interior aparentemente tan complejo es lo que luego nos apasiona. Así que, en cualquier caso, recompensa investigar, ya sea bien para juzgarnos menos y conocernos más los unos a otros como para encontrar personas que sintonicen bien en nuestra armonía.
El
hombre que muestre interés por posicionarse un poco en la mente de la mujer más allá
de lo que expresen sus palabras, tiene el cielo ganado y el calor asegurado. No
hay nada que seduzca más a una mujer que un hombre firme por fuera y detallista
por dentro. Miradnos a los ojos y seamos claros, eso es todo.
(Si eres hombre y discrepas en algunas cosas, quizás sea porque no he
puesto nada acerca de lo que vosotros pensáis y necesitáis, que también son
muchas cosas... pero eso mejor escribirlo vosotros. Seguramente, muchas estemos equivocadas o confusas en
millones de cosas. ¡Las mujeres también
necesitamos conoceros más! Para eso necesitamos trataros, escucharos o leeros a
vosotros también.)
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