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jueves, 10 de enero de 2013

Intramundo de amistades de letras


Existen esas amistades que se crearon y escribieron algún día por casualidad y que nutren dos personas a través de una pantalla o de un papel. Son amistades escritas que llegan a ser tan importantes como algunas que se dicen “hola” mientras se saludan con la mano, o que pueden llegar a conocerse más que algunas que se miran a los ojos.

Este texto va por todas las amistades de letras a través de pantallas, de cartas o de mensajes secretos que alguna vez he compartido, escrito o leído. Por las que no han salido al exterior y se quedaron en “Cuando encuentre un rato te escribo.”, diciendo mucho antes de perderse, y sabiendo que, aun con la pista perdida, el contenido estaba a salvo. También por las que un día decidieron ponerle voz a las letras, salieron a conocerse y han escrito bonitas historias con cinco sentidos. O por las que siguen siendo amistades de letras bien temporales, asiduas o casuales pero que, por ahora, siguen siendo. Este texto va por la capacidad de confiar de una persona al compartir con otra desconocida cuando se expresan sin miedo a ser heridas. Como quien le habla a su diario en la página en blanco de un día nuevo pero con respuesta, muchas veces, gratificante.

Hay amistades escritas incomprendidas y amistades escritas que algún día debieron o deberían darse un abrazo y compartir algo más que lecturas tomando “un café”. Hay amistades escritas de las que salen grandes historias. Algunas emocionan, otras decepcionan y otras pueden llegar a enamorar. Hay algunas por las que incluso llegas a hacer locuras y algunas, quizás, por las que tendrías que haberlas hecho. Pero al final, lo que importa, es que hay o ha habido amistades.

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