Todo
huele o puede hacerlo. La manera de percibirlo varía; suele pasar.
El olor
a tierra mojada, a alcantarillado, a gasolina, a mandarina, a bodega de vino, a
sexo, a menta, a humedad, a cemento recién puesto… Cada uno de los que diferenciamos despierta sensaciones en nosotros y, los que no diferenciamos, pueden llegar a hacerlo. Podemos diferenciar entre
buenos y malos olores; olores frescos, sensuales, dulces, fuertes… adjetivos
que nos dan pistas y que podríamos atribuir a comportamientos o percepciones. Y
es que, el olor también nos define como sentido que es, así que he aquí uno no menos importante.
Para
gustos, los olores, y lo que a uno tienta a otro espanta y a la inversa. Bajo
mi punto de vista, el mejor olor es el humano
en todos sus desdoblamientos por todo lo que ello conlleva. El que no haya olido
a cochinillo alguna vez, miente, o lo ocultaba con un perfume que quizás lo
empeoraba. Pero una persona aseada, con su olor personal como carta de presentación,
puede ser desde lo más repelente hasta lo más atractivo del mundo, y eso es bastante
interesante.
El olor
personal varía incluso para uno mismo dependiendo del momento, de la atención,
de la sensibilidad… o de los resfriados, claro. A veces nos cuesta diferenciar
algo tan constante como nuestro propio olor, hasta el punto de llegar a
parecernos inodoro. Vaya tontería, ¡inodoro! ¿Inodoro para quién? Incluso
nuestra casa, la que a veces no parece tener un olor característico, huele a
algo cuando abrimos la puerta al regresar de unas largas vacaciones. Y es que no
es que no estemos familiarizados con ese tipo de olores, sino que eso mismo, la
costumbre, hace que ya no llame la atención de nuestro sentido del olfato. A
veces lo más próximo, como lo que más apreciamos o queremos, es lo que mejor
nos huele pero llega a pasarnos desapercibido. Hay que prestarle atención o descubrir el momento en el que sí que puedes percibirlo.
Cada cosa y cada persona tiene su olor característico o puede llegar a tenerlo. Quizás hemos llegado a convencionalizar algunos olores, pero la verdad es que no llegaremos a saber si los demás huelen lo que nos rodea del mismo modo que nosotros, ni si nos huelen a nosotros igual que a lo que nosotros creemos oler. Por eso creo que es importante prestarle atención a nuestro olfato ya que seguramente sea único con sus peculiaridades y preferencias. A partir de él, de manera más o menos consciente, nos sentimos atraídos, aceptamos o repudiamos desde comidas o cosas hasta personas. Así que, en cierto modo, el olfato puede separarnos, pero también unirnos. Qué adorable.
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