¿Quién no ha tenido un secreto o a intentado tenerlo alguna vez? Seguramente, tarde o temprano acabó destapándose porque hay gente a la que gusta más el chisme por sentirse centro de algo que el respeto hacia la intimidad discreta que se crea entre unos pocos. Dicen que los secretos tienen las patas cortas pero también muchos secretos se habrán ido a la tumba. Y, ¿por qué a veces no decimos cosas que en realidad querríamos poder gritar, cuando nos causan sentimientos, nos remueven o nos reviven, pero lo decidimos callar? En ocasiones por vergüenza, a veces por miedo, a veces por ambas... y a veces por el miedo de dañar a alguien/es. Y el que no dice algo por no dañar a alguien, daña, aunque igualmente iba a dañar diciéndolo, al menos de forma precipitada.
Hoy me han contado un secreto, desde la ansiedad que ya no podía callar, desde esa confianza extraña que a veces solo se crea con (casi)desconocidos por la desconfianza que nos crea a veces compartir entre los que estamos conectados en la experiencia de habernos sentido juzgados. Sentirse juzgado por un extraño pisa pero pasa, sentirse juzgado por alguien a quien aprecias, pesa y se posa. Hoy, alguien me ha contado que estaba enamorándose de "un amor prohibido" y que temía, sobre todo, que una persona muy cercana a ella pudiera enterarse porque no quería dañar sus sentimientos. Yo, al principio no estaba entendiendo nada, me parecía extraño el convencimiento de no poder explicar que dos personas se estuviesen enamorando. ¿A quién podía dañar eso? ¿Hay algo más bonito y que se debiera respetar y admirar más que el amor? Pero enseguida lo he entendido todo: Alguien que ama, con su amor o forma de amar, puede dañar a alguien que lo ama. Indirectamente, consciente o inconscientemente, sin culpa alguna... pero esperemos, como me ha parecido en este caso, que con sensibilidad.
Los vínculos y los tiempos, a veces nos hacen rehenes de situaciones que nos atrapan. El grado de intimidad y de cariño por alguien y el cuándo suceden o se comparten algunas cosas ("quién primero o quién después", "qué significas tú para mí o qué significaste", "si había expectativas ante la situación, o bien idealización o nada de ello", etc.) nos lleva a repensarnos la manera de cómo poder hacer que todos/as los implicados salgan lo mejor posible de una situación así. Si esta chica se hubiese avanzado en el tiempo a explicar su historia a la persona a la que ahora no quería dañar (y eso solo hubiese podido pasar si su historia hubiese pasado mucho antes en el tiempo y resulta imposible), ahora seguramente no estaría agobiada por la idea de estar dañando a alguien por amar a otro alguien, porque no estaría sucediendo aun la historia como ahora mismo. Pero todo, confluyendo a la vez y haciéndolo también en el tiempo, está creando amor por un lado y agobio absoluto por otro.
A veces queremos desaparecer porque no es que no queramos dar explicaciones, es que necesitamos un paréntesis de reflexión para entender los primeros lo que sucede para luego poder expresarlo lo mejor posible. Todo ello junto a un acto de fe en la capacidad de los demás de ponerse en los zapatos ajenos, sin descuidar los matices y no solo la idea genérica. Mucha fe en realidad. Esto le estaba pasando hoy a mi semiconocida, pero esto pasa hasta en las mejores familias, entre padres e hijos, entre parejas, entre amigos o amigos con derecho a roce o incluso entre compañeros/as de trabajo. En muchas ocasiones, cuando alguien expresa no querer dañar a alguien es que le va a dañar pero quiere encontrar la manera de cómo dañar menos, dañándose a sí mismo más si cabe de por medio, para conseguir llegar al momento en el que considere que el daño global puede ser más leve en el desenlace para todos. Eso teniendo en cuenta que alguien no se adelante de por medio, pisotee ese esfuerzo por afán de protagonismo y heroicidad, y arruine algo que podía acabar resolviéndose de una mejor forma. Abajo "los metiches".
Puede que una persona que no dice pero sí está buscando la manera de decir, no sea egoísta, ni cobarde, ni desleal siempre, sino que esté pasando por varias fases (autoculpa, introspección, interconciencia, autocompasión, reflexión, resolución...), depende de cuál sea el caso. Me parece que antes de juzgar también podríamos pensar que esa persona es alguien que justamente quiere, que trata de proteger de alguna manera se equivoque o no y que sus tiempos pueden ser un acto de sensatez frente a lo contrario, que podría ser lo impulsivo o lo irresponsable emocionalmente hablando. Equivocarnos o meternos/vernos metidos en pequeños líos a veces forma parte de la condición humana pero, en la resolución del caso, puede estar la diferencia.
Por un lado están aquellos/as que necesitan pensar en cómo comunicar y así hacerlo. Por otro, aquellos/as que prefieren llevar siempre el muerto encima pero callarlo por, seguramente, sentimiento de culpabilidad que no creen que les represente, que les avergüenza y que deberían revisar. Pero también están los/as que hacen ghosting, huyendo de la incomodidad y haciendo sentir a los demás alguien sin importancia, aunque no fuese así pero prefieran esa técnica de escapismo. No supieron hacerlo mejor, pero qué injusto que a veces nos quede mejor recuerdo de esos que de quienes hicieron por afrontar o dar espacio a las emociones ajunas por poco que fuese.
Finalmente, después de haber escuchado con atención a mi semidesconocida, le compartí que, se descubriese o no su situación, me parecía coherente cómo estaba actuando. Estaba omitiendo información con prudencia para encontrar la mejor manera de poder asumir esa situación amorosa entre todos/as. Su enamoramiento me parece bonito, pero también puede que contenga algo de romanticismo la delicadeza de comerse la cabeza por no querer dañar a alguien que siente por ella y seguro que de la gestión de ello aprende y crece. El trato de lo indecible, creo que dice algo de uno/a mismo/a y de su manera de gestionar pero, con reflexión y análisis, puede decir también mucho a uno/a mismo/a.