Páginas

Translator

viernes, 12 de junio de 2026

¿Más vale solo que mal acompañado?

¿Más vale solo que mal acompañado? Lo decimos, lo repetimos, sobre todo desde la adultez, como queriéndolo asumir a modo de tatuaje en la consciencia, a modo de escudo protector teórico. Porque ya se sabe que la repetición lleva a la costumbre y la costumbre la relacionamos con la identidad. "¿Y quién soy yo, persona adulta, sino alguien capaz de relacionarme con capacidad de no ser dañado? ¡Ya he sufrido demasiado y me he sacado un máster en controlar con la cabeza los impulsos o mazazos que llegan al corazón!" Supongo que así intenta autoconvencerse la mente de alguien que, con este tipo de argumentos intenta aparentar madurez, ese término tan amplio como subjetivo, que nos atemoriza no tener pasados los 30. 

Pero, seguramente, es pasados los 30 cuando menos buena compañía podemos encontrar, a la vez que de la buena la mejor cuando la encuentras entre un millón. Y no es que todos estemos tarados, es que: a) La mitad seguramente sí por traumas del pasado mal gestionados contra los que todavía intentan luchar y que, al no poder y no aguantarse a ellos/as mismos, buscan compañía que se los resuelvan o a quien atribuírselos o con desahogarlos y en realidad acaban con la paciencia y el desquicio de otros con egoísmo; y b) La otra mitad no, pero han vivido tantas atribuciones de quebraderos de cabeza ajenos que asocian la idea de socializar a pensamientos igual de atractivos como asociados a la volatibilidad que poco quieren en sus vidas, desde tentativas añadidas de desconfianza y distancia.

Pero lo cierto es que nuestro cerebro no está programado para que estemos solos o para soportar más la soledad que la compañía. Somos seres sociales y también hemos tenido buenas o bonitas experiencias, fugaces o duraderas, que nos llevan a intentar conectar. La mente tiende a quedarse más, y por suerte, con lo bueno que con lo malo que, aunque se recuerde, suele ir perdiendo intensidad o lo bueno a exagerarse, y sino, con una canción nostálgica de fondo lo puede conseguir. Con mil escudos y mejor o peor armados, pero nos buscamos. Buscamos individualidad pero también sentirnos importantes o parte del equipo para alguien... o para el grupo. Y toda esta introducción la he hecho para llegar a este punto. Este texto no va de amor tan solo, va también de estrategia, de cómo la gente vive el grupo y está dispuesta a comportarse según el fin. Al fin y al cabo, dee como a veces la gente solo se relaciona en grupo o bien hace equipo. 

Pertenecer a un grupo nos da identidad, sensación de pertenencia, de aceptación y de respaldo. Pero en un grupo, a veces, (y nunca reconoceré que en los míos sea así porque los míos son los mejores y llenos de gente sana permanentemente y sin excepciones ;) ) se crean dinámicas chungas. En los últimos tiempos (seguramente pasados esos 30 años, para unos de esplendor y para otros traumatizantes, de los que hablaba antes) he observado y experimentado algunas de esas dinámicas inquietantes, repelentes e incluso chungas. Voy a resumir 4 de ellas y, después, la clave, seguramente, para cualquier dinámica relacional sana. Empiezo por las dinámicas chungas:

1) Una persona es la líder y es seguida por el resto más por admiración de lo que "quise y nunca llegué a ser" que por su verdadera amistad, que no tienen por qué no tenerla, pero dentro de un ambiente inquietante de poder y admiración involuntaria que, a la vez, ya le va bien al/a la otro/a. El grupo (personas con cierta falta de autoestima, de liderazgo o de personalidad) idealiza a esa persona que les hace visibles en el mundo y, la persona líder, puede ser buena o jugar, sobre todo a que sus decisiones se impongan sin tener apenas que argumentarlas. Y eso marca la diferencia de cómo pueda evolucionar esa amistad en sí, si ganando todos/as a partir del modelaje y reforzando el autoconcepto general, o bien jugando con personas que sienten pavor a no sentirse parte de algo y se aferran a un clavo ardiendo, convirtiéndose en algo súbditos en tiempos modernos.

2) Una persona o unas pocas es/son líder/es y es/son seguida/s por el resto más porque al resto le da miedo tener a esa/s persona/s en contra, que por vínculo real. Son grupos que giran en torno a parte de buen rollo y parte de falsedad y que, normalmente, acaban sumiéndose en critiqueos. Primero iniciados por "el pastor" (quien destaca en poder de convicción y decisión sobre el resto) y seguidos por el rebaño. Y, después, el rebaño, por agradar y ganarse el buen rollo del líder, sigue los rumores y el chisme al ver que al pastor le gusta estar enterado de todo para controlar mejor el cotarro. Primero son critiqueos externos y, tarde o temprano, entre ellos/as mismos/as. "Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar". Eso se debería tener en cuenta muchas veces y más aun si se ha visto alguien enmedio de una dinámica así. Mejor salir aunque se tenga que ser criticado por ello.

3) Personas movidas por intereses. Intereses del status que te otorgue pertenecer a ese grupo, de opciones de escalada social o laboral o bien más místicos y relacionados con el robo de energía de otros, por ejemplo. Los primeros, un poco trepas o sin escrúpulos muchas veces y, los últimos, más cercanos a trastornos narcisistas. El grupo de los primeros, no tiene nada que perder pero tampoco demasiado que ganar, al menos no una amistad real aunque, por un tiempo, seguramente sí alguien a su lado leal. Por un tiempo (hasta conseguir lo anhelado). En el último caso, el de los vampiros de energía, acaban siendo rechazados, pero por el camino han mareado y machacado a los demás, seguramente a personas con bastante serenidad, calma y bondad. Justo eso es aquello que esos seres envidian y ansían y, al no ser capaces de sentirse ellos también así, intentan destruir la de los demás para no sentirse ellos tan minúsculos y desgraciados. Terapia real o expulsión creo que son la única solución.

4) Personas que, más que en un grupo, están en un juego constante de poder. Todos/as quieren ser la cabeza más visible y con más poder del grupo y conocen más o menos las fortalezas y debilidades de unos y otros. Siendo así, van aliándose, según el momento o el contexto, a quien más fuerza le pueda sumar en ese momento. Bajo, mi parecer, son relaciones bastante falsas en las que un día el/la que era tu gran amigo/a resulta que mañana puede dejarte en segundo plano, aunque sin retirarte del todo su amistad por si acaso, porque le interesa más otro/a. Su fidelidad hacia ti entonces resulta dudosa pero su amistad no descartable porque, a la vez, a uno/a misma le puede volver a ser beneficiaria... y así se entra en una rueda y un enganche en que hoy uno se puede sentir el amo y mañana ir a remolque y jugar para volver a ser el amo porque, poderse, con táctica se puede. Se aprecian todos/as pero la amistad les sirve, en primer plano, para utilizar y aparentar y, en segundo, para disfrutarla. Son grupos que suelen durar por la bondad y generosidad de ese o de esos pocos a los que, cuando se percatan de ello, no les importa quedar en la sombra de aquellos que necesitan destacar y ejercer el rol de rescatistas de aquellos que no brillan o a quienes no se acoge tanto en un momento dado. Todos en este tipo de grupos acaban aceptando el juego porque algo ganan, ya bien sea reconocimiento o simple compañía.

Y, bien, por supuesto, siempre hay grupos buenos, tanto grandes como pequeños, sobre todo los no demasiado grandes. Pero ni estos se libran de épocas con dinámicas más sanas o más tóxicas ya que, al final, somos personas, con nuestras taras, luces y sombras, y momentos y Momentos, las que los formamos. Pero, lo que creo que marca la diferencia entre un grupo algo podrido de un grupo bueno, es la comunicación. Una buena comunicación, sincera y directa, sin ofendidos y ofensores, sino con personas que viven el grupo más desde el corazón que desde la cabeza y que hablan, escuchan, sostienen, aceptan, aclaran, ríen y lloran, desde el desinterés de nada más que conectar, entre personas distintas y en evolución, todo aquello que en positivo sí resuena, remueve o inspira. Eso se pasa el juego de grupo incluso y hace equipo.

Desde luego, más vale solo que bien acompañado. Y qué bien le sienta cierta soledad a todo el mundo en alguna época o ámbito de su vida. Pero, seres en positivo que comparten y unen enegías, suman en la vida y en sus vidas y eso es brutal. Siempre pienso en que siempre hay alguien para alguien y que, no hace falta buscar pero que, cuando se encuentra, se debe de saber cuidar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario