miércoles, 6 de febrero de 2013
No temas al fuego y quema cenizas
Decidí ir a quemarme y es que ya había despertado calentita. Traía cola. Una canita al aire, calma tensa pasada y una tensión actual desenfrenada; unas ganas. Todo era mucho mejor ahora porque, aun sin habernos tenido nunca, nos habíamos acogido siempre. Los seis años, como el buen vino, solo habían mejorado todo, y ahora el tiempo.... ¿quién quería acordarse del tiempo? Era lo de menos porque el presente siempre transcurre y trasciende mucho más. Nada se pierde, todo se transforma. Hablando claro, mirando tierno y pisando fuerte, se entiende la gente, y eso es lo que arrolló con orgullos y daños una vez más. Es una sensación satisfactoria la de seguir queriendo a aquellos a los que nunca quisiste dejar de querer y notar cómo eso vence al resentimiento o a cualquier intento de esconder, de nuevo, asuntos que siempre debieron compartirse. Decidí ir a quemarme y ardí, quemé cenizas y enterré miedo. Echó flor el veneno que ahora sabía a algo así como canela.
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