La repetida pregunta que se hacen algunos folla-amigos, rolletes o aspirantes mientras se dirigen al lugar del encuentro, especialmente las dos primeras veces. Parece una tontería, pero una vez pasado ese primer contacto, sea cual sea la elección al final, muchos coinciden en que algo se relaja.
Si la elección ha sido un beso, todo parece ir sobre ruedas y el final del primero solo es el inicio del segundo, ese que encadena atracción como forma de expresión. Si han sido dos, automáticamente se despliega un abanico de estrategias para originar el que cada uno por su parte pero en consenso desea, el que, con un lazo de lenguas, desate confusión y ate cabos sueltos que deben reanudarse con alguna iniciativa. Si al final ha sido un beso extraño, confundido y desorientado, de esos que se cruzan con otro cuya intención era dar dos, un sentimiento medio inútil coge carrerilla para caer al vacío. Pero no llega a darle tiempo, la cuenta atrás gana el juego y hace que se repita y se defina en solo uno.
Nada de impaciencia pero sin abusar de inocencia. El beso también se busca y, se encuentre o no se encuentre, alguien tiene que originar, como mínimo, la intención. Y, en estos casos, al final se encuentra. Rolletes, amantes, aspirantes o asuntos pendientes son conscientes de que, veinte minutos más tarde, la tensión será pasión y que las bocas se prolongaran sobre el contrario. De ahí el dilema de si tirar por lo pasional o por lo protocolario, y muchas veces ese mismo juego favorece las ganas de jugar, no desesperéis. Al final, el primer beso está sobrevalorado y sirve como saludo perverso a los que vienen detrás, los que saben igual o mejor, cuando ya no hay tensión.
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