Necesitamos tenernos con convicción, creer en nosotros/as mismos/as y en nuestras posibilidades con las menores rigideces ni prisas posibles. Porque la rigidez nos vuelve exigentes y, la exigencia, ciega nuestras responsabilidades, transpira miedos y situaciones enquistadas y pone nuestra mirada y culpa a fuera, en los demás. Y no, nadie tiene ni más culpa ni más mérito que tú. Aprende de lo primero y aliméntate de lo segundo, con los pies en el suelo pero sin perder de vista tu creatividad ni ambición de inspiración.
Cuando pensamos que el mundo corre a otra velocidad, que estamos a la espera de que algo suceda, que notamos que algo sucede o resurge en nosotros/as, que no importa a nadie pero que pesa o llena mucho a uno/a mismo/a, que sentimos que hay más gente que personas o que necesitamos que algo nos ubique en cierto halo de individualismo contemporáneo en el que incluso nosotros/as nos hemos refugiado, seguramente solo necesitamos agarrarnos fuerte y recordarnos que siempre acaba pasando algo, a la vez que a veces es mejor que no pase nada, y que la contemplación, en movimiento, acaba avistando claridad y apertura en un sentido u otro.
Nos cuesta y se nos hace pesado transitar pero, de vez en cuando, hacerlo me inspira oportunidades. Con paciencia y sin el deber de tomar decisiones precipitadas, sino simplemente sentidas, siempre se acaban descubriendo situaciones y lugares donde identificarse o donde quererse quedar, anclajes que soltar e ideas preconcebidas que reacondicionar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario