Cuando ves clara una cosa, hazla. Como dice la canción, "solo se vive una vez". Te arrepentirás o no, saldrá como esperaste o no, te hará sentir mejor o no... pero, no haciéndola, dejas de ser tu, acorde a lo que sientes, y actúas condicionado. Algunos pensarán que es una locura, otros una simple anécdota y, solo aquellos que lo hayan vivido en primera persona, lo entenderán.
Cuando te das cuenta de que has perdido más oportunidades con tus indecisiones que en tus momentos impulsivos, te replanteas si quizás no es que tomases decisiones equivocadas, sino si debiste lanzarte más veces sin pensar en consecuencias, solo en causas.
martes, 18 de agosto de 2015
Impúlsate
jueves, 30 de julio de 2015
"Y creo que muero, si no siento el roce de tu cuerpo"
Cuánto miedo, o bien vergüenza, nos
ha dado a veces observar nuestro cuerpo y aun más mostrarlo o tocarlo, ¿no?
Pero, ¿podemos llegar a valorarlo y amarlo si no lo hacemos? A veces, por
pudor, otras por complejos y, otras, por lo que puedan decir de nosotros,
pasamos por alto la exploración del cuerpo humano, algo que, nos parezca más o
menos bello, no deja de ser una muestra de naturaleza extraordinaria. Pero,
para disfrutarlo lo máximo posible, creo que antes de todo debemos reflexionar
sobre algo imprescindible: la negativización
de aspectos corrientes.
Términos como “celulitis”, “granos”,
“verrugas”, “cicatrices”, “michelines”, “pelos sin depilar”, “manchas”,
“arrugas” o incluso alguna deformidad,
han llegado a sernos percibidos de manera negativa y no como realmente
debería considerarse: parte de la más absoluta normalidad. Somos nosotros
mismos los responsables de fomentar esa percepción que sigue generando más de
algún quebradero de cabeza, cargándose alguna autoestima y egocentralizando
algunas otras. Eso sí que me parece de tarados porque, si no es una cosa, será
otra y, si no es en la cara, será en la panza o en el culo… pero es triste que
veamos como aspectos horribles algunas características que, lejos de ser
excepcionales, son comunes entre nosotros.
Saber apreciar cuerpos no es una
idea tan descabellada como antesala a lo que pueda haber tras él. La
comparación con los demás debería transformarse en un ensalzamiento a la
belleza de las diferencias. La exploración de nosotros mismos debería ayudarnos
a respetarnos más y descubrir placer en el sinfín de sensaciones que nos
ofrece. Y, el descubrimiento de otros ajenos quizás nos haga, a veces más
animales, pero también mejores personas y más conscientes de que poseemos y nos
rodeamos de más belleza de la que pensamos. Lejos de ser algo repugnante o
perverso, el descubrimiento del cuerpo humano es algo básico e incluso
placentero si nos lo proponemos.
Sea
el nuestro o el de otros, cuando llegas a ver belleza o cariño incluso en
aquellos puntos que querríamos cambiar, o en los que podríamos considerar
imperfectos, aprendemos a apreciar lo que sí tenemos, como lo tenemos y la forma
en la que podemos utilizarlo. Y lo que es tan o más importante, aprendemos a
ver aquellos que nos rodean sin tanta competitividad y crítica, sino con particularidades
y normalidad, una opción más sana. Así
que, está bien que nos cuidemos e intentemos mejorarnos pero, por nuestro bien,
más vale que normalicemos y disfrutemos por igual de esos detalles que no nos hacen
ni más guapos ni más feos, sino igual de humanos a todos.
miércoles, 15 de julio de 2015
¿Dar o recibir?
No sé si alguna vez os lo habéis
planteado, pero el otro día nos lanzaron la pregunta: Qué creéis que da más felicidad , ¿dar o recibir? (Y dejad de pensar solo en connotaciones sexuales,
marranos). Probablemente lo primero que viene a la cabeza es que un mix es la
combinación perfecta; que “no lo uno sin lo otro”, ¿no? Pero, si se ciñe a
tener que escoger entre una u otra acción, ¿cuál creéis que objetivamente
hablando aporta mayor satisfacción?
Para algunos, elegir “dar” como
respuesta podría sonar demasiado sumiso, de tontos de los que se aprovechan y,
otros, podrían preguntarse: ¿quiere decir eso que “dar” tiene una base egoísta
si provoca autosatisfacción? ¿Se da siempre con un interés implícito? Seguramente
a veces sí, se espera recibir un reconocimiento como mínimo. Pero también
espero que, la mayoría de ocasiones, eso sea una consecuencia a que, la
motivación principal de dar, lo provoque el placer de tener delante a alguien
que lo inspira. ¿Es posible que haya
alguien que se limite a “recibir” sin “dar” en algún momento? Creo que no. Creo
que simplemente son impresiones que causan las personas cuando no somos
nosotros, o el entorno que conocemos, quienes lo recibimos. En una relación de
dos personas, sea esta del tipo que sea, si solo una de esas personas da y la
otra se limita a recibir, probablemente la relación tenga todos los puntos para
ir en declive. Y no quiere eso decir que esa persona no sepa dar sino que,
aunque suene duro, dará a alguien por quien sienta (más) interés, seguro.
Dar a alguien que exige, hace que
sintamos desdén y rabia. Dar a alguien de manera voluntaria provoca bienestar
porque, durante el tiempo en el que se idea, se hace y se lleva a cabo eso que
das, uno se siente coherente con lo que siente. De ahí que, después, esperemos
recibir, más que por lo que puedan aportarnos, para percibir que los
sentimientos de la otra persona se correspondan a los nuestros. De esa manera,
dando, ambos salen ganando. Por eso, si volvemos a la pregunta inicial, quizás la fórmula
perfecta se acerque más a que las dos personas estén dispuestas y motivadas a
“dar”. Porque si ambos dan, ambos en algún momento reciben, y solo así puede generarse
una relación sana y positiva. “Recibir”, pues, puede simbolizar un
reconocimiento hacia nuestra persona pero, “dar”, seguramente sea una necesidad
humana de alguien que siente. Y, más allá de por quién o cómo, todos sentimos.
viernes, 3 de julio de 2015
Lo que podría haber escrito mañana
Ama hoy y no mañana.
Porque, mañana, es inalcanzable hoy y quién sabe, ya sabes. Si eso, mañana ya
volverás a amar hoy. Y así con cualquier verbo. ¡Buen fin de semana!
martes, 16 de junio de 2015
No pienses
No pienses, ¿me oyes? Quien mucho piensa,
poco acaba haciendo y, lo no hecho, poco satisfecho queda. Haz, haz, haz, di y
actúa. Habla impulsos y permite hechos, mejor o peor hechos, pero sin darle
mayores vueltas. Más vale rectificar que estancarse en incoherencias. Haz,
pregunta y no imagines. Las cosas también pueden ser llanas, sin dobles
sentidos, sin intencionalidad alguna más allá de “porque apetece” o por
necesidad. No tengas miedo a necesitar, todos lo hacemos. Necesita, encuentra y ábrete. Búscalo o
pídelo, pero permite que te descubran. Transmite. Siente más y piensa menos y
así puede que todo vaya a ir peor, quién sabe, pero también mucho mejor…
evitando desaprovechar el “mientras tanto” en despropósitos.
martes, 9 de junio de 2015
Niños
Dicen que donde hay un niño hay
alegría y parece que es verdad. ¿Quién no ha oído alguna vez, en boca de algún
adulto, eso de “¡Quién pudiese volver a ser un niño!”? Incluso a niños que
justo empiezan a saber lo que significa “responsabilidad” o que han ido
perdiendo su infancia, demasiado deprisa
a veces. Echamos de menos esa felicidad despreocupada y por inercia, esa protección de lo invasivo y esa invasión de atenciones. Lo que está claro es
que los niños suelen llevarse el concepto más surreal de la realidad, pero
también hacen que saquemos nuestra mejor cara. Si no lo creéis, fijaos en quién
se lleva las muecas sonrientes y graciosas entre las caras largas del metro:
los niños y los enamorados. O sea, la gente que enamora, que es la única que
tiene la capacidad de mover y remover.
Durante este curso he sido más
consciente que nunca de ello. Supongo que una de las mayores suertes que se
puede tener es la de trabajar de algo que te gusta y que disfrutas, pero quizás
aun lo es más si cada día sales del trabajo con una sonrisa grapada en la cara.
Siempre he pensado que esa capacidad la tenían, sobre todo, trabajos que te
permitían estar en contacto con otras personas, pero resulta que si trabajas
rodeada de niños eso puede multiplicarse. Malditos niños y sus fantásticas razones... No depende tanto de si tienes un
buen o mal día, sino de aquello que te aporten y seas capaz de aportar. En ese
sentido, me parece alucinante la energía que es capaz de transmitir y de
generar un niño y, a la vez, sorprendente la evolución que van haciendo a medida que van
creciendo.
Aun no he sido madre pero, siendo maestra, admito que esos que calificaríamos como “niños del diablo” no nacen, sino que se hacen. Ganando en picardía no siempre se gana en inteligencia, si esa inteligencia implica la pérdida de bondad, confianza o motivación. Recordad pues que, el mayor favor que los niños pueden hacernos al resto es el de transmitirnos toda esa energía pura que tienen y los motivos que hay tras ella. A cambio, el mejor favor que podemos hacerles es invertir en su educación emocional para que, aunque vayan madurando, distingan cuánta vida, no solo han sido capaces de dar, sino están dispuestos a seguir dando.
Aun no he sido madre pero, siendo maestra, admito que esos que calificaríamos como “niños del diablo” no nacen, sino que se hacen. Ganando en picardía no siempre se gana en inteligencia, si esa inteligencia implica la pérdida de bondad, confianza o motivación. Recordad pues que, el mayor favor que los niños pueden hacernos al resto es el de transmitirnos toda esa energía pura que tienen y los motivos que hay tras ella. A cambio, el mejor favor que podemos hacerles es invertir en su educación emocional para que, aunque vayan madurando, distingan cuánta vida, no solo han sido capaces de dar, sino están dispuestos a seguir dando.
martes, 2 de junio de 2015
Desnudos ante la sociedad
¿Alguna vez os habéis sentido
incómodos por una de esas pilladas que consideráis garrafales? Esos momentos en
los que desearíais que La Tierra os engullese. Seguramente todos hayamos pasado
por alguna experiencia de ese tipo y haya conseguido sacarnos los colores
aunque no fuese algo necesariamente malo. Pero, ¿y cuando no somos conscientes
de esas pilladas y, sin embargo, se dan? ¿Nos hemos planteado cuántas veces el
vecino de enfrente ha podido vernos desnudos o cantando a través de la ventana,
cuántos mocos nos habremos sacado en público o braguitas acomodado en el culo con
la mirada de alguien encima?
Son solo algunos ejemplos tontos de la infinidad de acciones que llevamos a cabo diariamente en supuesta intimidad. Esos que, por pura casualidad, alguna otra persona ha compartido desde un ventanal, un escondite o un punto muerto que obviamos. Y es que el mundo está lleno de cómplices que observan y callan. En cuestión de una semana, he visto un par de buenos pechos tendiendo la ropa (jamás llegué a verle la cara a esa mujer), cuatro chicos meando, una señora en bragafaja y un streaptease de esos que hacemos cuando llegamos a casa para ponernos fresquitos. Son momentos que no se buscan y que, mientras a algunos les descubre cierto morbo, a otros les provoca rubor hasta el punto de sentirse violentos. Sean como sean, más o menos cómodos, lo que sí que parece es que llaman descaradamente nuestra atención y nos convierten en auténticos voyeurs.
Parece que llevamos media vida disfrazando la realidad y subiendo instantes a la red pero que lo que realmente nos atrapa son esas situaciones que “se quitan la máscara” y que no “hacen ver”; algo que en ese tipo de ocasiones encontramos. A fin de cuentas, lo que más nos sigue atrayendo son esos momentos más íntimos, esas pilladas inesperadas o esas circunstancias que nos permiten, más que recibir información, ser cómplices. Nos cautiva lo furtivo, está claro, pero aun más lo real y lo sincero.
Son solo algunos ejemplos tontos de la infinidad de acciones que llevamos a cabo diariamente en supuesta intimidad. Esos que, por pura casualidad, alguna otra persona ha compartido desde un ventanal, un escondite o un punto muerto que obviamos. Y es que el mundo está lleno de cómplices que observan y callan. En cuestión de una semana, he visto un par de buenos pechos tendiendo la ropa (jamás llegué a verle la cara a esa mujer), cuatro chicos meando, una señora en bragafaja y un streaptease de esos que hacemos cuando llegamos a casa para ponernos fresquitos. Son momentos que no se buscan y que, mientras a algunos les descubre cierto morbo, a otros les provoca rubor hasta el punto de sentirse violentos. Sean como sean, más o menos cómodos, lo que sí que parece es que llaman descaradamente nuestra atención y nos convierten en auténticos voyeurs.
Parece que llevamos media vida disfrazando la realidad y subiendo instantes a la red pero que lo que realmente nos atrapa son esas situaciones que “se quitan la máscara” y que no “hacen ver”; algo que en ese tipo de ocasiones encontramos. A fin de cuentas, lo que más nos sigue atrayendo son esos momentos más íntimos, esas pilladas inesperadas o esas circunstancias que nos permiten, más que recibir información, ser cómplices. Nos cautiva lo furtivo, está claro, pero aun más lo real y lo sincero.
miércoles, 20 de mayo de 2015
La madre del topo
Y esto no para, por muchos
escritos que empieces en los que no encuentres la manera exacta de cómo gritar
sobre el papel el bullicio de emociones que de pronto te asaltan. Por muchos
momentos en los que necesites sentarte a suspirar por ese asunto, por esa
persona o por la madre del topo, esto no
para. Lo llevas ahí y no hace falta que fuerces su ida porque, a más lo haces, más viene. Deja que vaya contigo y que por ello mismo se transforme. Solo
asegúrate de que lo que consigue que te frenes en cada momento sea aquello que te quite todavía, de nuevo o una vez
más, el hipo. Asuste más o menos, si algo debes sacar en claro una y otra
vez es que, si se tiene el impulso, para bien y para mal siempre fue mejor
lanzarse. Ni por la ventana, ni a por el bote de Nocilla comida con cucharilla…
¡al frente! Justo hacia eso que, veas o no veas ahora , llevas en tu cabeza o entre
ceja y ceja. Es lo más coherente que puedes hacer para salir reforzado de tus
puntos de inflexión. El destino es sabio y, sea o no esa corazonada/cabezonada
la misma hoy que mañana, pone las cosas en su sitio aunque solo sea porque no
vayas a conocer otro y pretendas aprovechar el tuyo. Tras la fase de lloros y
la de rabia, se comenta que tienes varias opciones: la de darte al alcohol, al victimismo y al eterno lamento o la de reafirmación, liberación y darle tiempo al
tiempo. (Y, si al final nada sale bien recuerda, como comodín, decirles a todos que fue 'la topa madre de todo' quien tuvo la culpa. Es lo que peor se nos da ante los fracasos, asignar culpables).
asegúrate de que lo que consigue que te frenes en cada momento sea aquello que te quite todavía, de nuevo o una vez
más, el hipo. Asuste más o menos, si algo debes sacar en claro una y otra
vez es que, si se tiene el impulso, para bien y para mal siempre fue mejor
lanzarse. Ni por la ventana, ni a por el bote de Nocilla comida con cucharilla…
¡al frente! Justo hacia eso que, veas o no veas ahora , llevas en tu cabeza o entre
ceja y ceja. Es lo más coherente que puedes hacer para salir reforzado de tus
puntos de inflexión. El destino es sabio y, sea o no esa corazonada/cabezonada
la misma hoy que mañana, pone las cosas en su sitio aunque solo sea porque no
vayas a conocer otro y pretendas aprovechar el tuyo. Tras la fase de lloros y
la de rabia, se comenta que tienes varias opciones: la de darte al alcohol, al victimismo y al eterno lamento o la de reafirmación, liberación y darle tiempo al
tiempo. (Y, si al final nada sale bien recuerda, como comodín, decirles a todos que fue 'la topa madre de todo' quien tuvo la culpa. Es lo que peor se nos da ante los fracasos, asignar culpables).xx
Reza porque no me cruce contigo
porque, si me miras, voy, digo, vas, a tener que besarme. O morderme el labio tan fuerte
que haga daño. Lo del masoquismo a veces se me ha dado dpm. Tengo un nudo
atando el estómago todo eso que querría vomitar y una flecha atravesada en el
pecho que ahoga, mientras apunta en esa dirección que por inercia sigo. Necesito
gritarle a la vida que a veces parece puta. Necesito pedirle al destino que, si
hoy no estás conmigo, tampoco vayas muy lejos de mí. Que permita superar todos
esos aspectos que, ahora entiendo, fueron mejorables. Que si no estoy contigo,
me lleve junto a esa clase de persona con la que ahora tengo claro que quiero
compartir días y noches. Perdona si estás cansado de rondar tanto por mi cabeza,
te aguantas. Me matas de rabia y de amor a partes iguales y, te querría tan aquí,
que tenerte a medio camino no me sabe ni a batalla medio ganada. Y te prometo
que en esto con concibo el conformismo. Caminas al revés y yo corro hacia
delante con un imán en la espalda. ¿Qué mierdas está pasando? Yo ya no solía
apostar por nadie y ahora… tú y tus causas, yo y mis razones. Fue tan placer
que yo acertase contigo como que tú te equivocases conmigo.
miércoles, 6 de mayo de 2015
A las sonrisas por el pasillo
Hoy me he enterado de otro de esos
sucesos que te dejan mirando al infinito, incrédula, y que te enredan un nudo
en el pecho en cuestión de segundos: la muerte inesperada de alguien. De
alguien joven, de tu edad. Esta vez, parece incluso un extracto de humor negro el hecho de que, hace tan solo unos días, él mismo estuviese escribiendo que aun iba a seguir vivo por
mucho tiempo. Seguro que, en el recuerdo de muchos a los que nos transmitió esa
paz y esa energía a la vez, sí. De todos modos, ¡qué inconsciencia la nuestra
eh! Parecemos obviar, por momentos, que estamos expuestos a la muerte desde que
nacemos. A veces parece que nos creemos inmortales dando por hecho que mañana o
dentro de un rato habrá una nueva oportunidad. Claro que, ¿qué debemos pensar? Somos
demasiado vulnerables como para creernos tan invencibles pero, seguramente, también insensatos para lo que podremos aprovechar. Y es que, ni las personas que
parecen estar tan llenas de vida que parecen eternas, lo son. Hace casi
exactamente tres años que una muerte hizo que mi pensamiento cambiase en cuanto
a este tema y, con ello, también un poco mi vida, pero eso no quiere decir que deje de impactarme.
lunes, 4 de mayo de 2015
Muy, mucho, ¿suficiente?
Cuando todo es muy y mucho pero, a la vez, nada suficiente, todo se percibe estupendo en la vida... al menos adecuado como para sentirse bien y permanentemente hambriento. Pero parece que eso no tiene la misma reacción cuando se traslada al amor, ¿no os parece? El amor no es conformista, es caprichoso. Es una concentración de coincidencias que parece exigir que todo sea tanto "muy", como "mucho" como "suficiente" la mayor parte posible del tiempo. Requiere de un equilibrio entre esas tres variables que, empujando desde dos fuerzas distintas, se dirijan hacia un centro en común. Si el lugar de encuentro no llega a ese "suficiente" o cruza la línea de "lo excesivo", el amor se cuela por la rendija que dista una fuerza de la otra, por no haber invertido la energía necesaria. Si la rendija es grande, se colará más rápido, si la rendija es pequeña, se colará más lento... pero se colará y no calará, que es la única forma de que penetre y crezca. Quizás cuando se encuentra un punto que, lejos del conformismo, pueda parecernos suficiente, el muy y el mucho aparecen más fácilmente.
"No tenemos suficiente con la felicidad, exigimos euforia."
"No tenemos suficiente con la felicidad, exigimos euforia."
martes, 21 de abril de 2015
¿El enemigo en todas partes?
¿Hay algo más terrorífico que ver un enemigo en
alguien que intenta hacer de ti una mejor y más competente persona? En alguien
que trata, más que enseñarte a cómo enfrentarte al mundo, a poder vivir en él
lo más amplia y tranquilamente posible? Más que egoísta o paranoico, me parece
atroz. ¿Estamos creando y convirtiéndonos en monstruos? ¿Estamos dejando que la
presión que supone la sociedad como concepto, pase por encima de nuestra
identidad como personas y el peso que ello debería conllevar? ¿Es que nos da
igual uno más que uno menos, que uno feliz y otro más jodido? El egocentrismo,
la ambición y ese sentimiento de frustración cada vez más común, ¿nos estarán
deshumanizando?
Posiblemente más que nunca debamos centrarnos
en la importancia de la educación. Pero sobre todo de la educación en valores, de la educación emocional como base de cualquier sistema. Nos
está abrumando la competitividad, el querer ser los mejores en todo, estar en
el poder de la razón y actuar por nuestro orgullo y bajo nuestras leyes (las que obviamente
consideramos más válidas que las de cualquiera). Como si todo ello nos hiciese
mejores y más respetables. Como si todo ello, en vez de consumirnos, fuese a sernos
más útil para llegar más lejos. Pero, ¿qué destino buscamos si todo corre más deprisa que nosotros? Todos estamos cansados y seguimos en esa
corriente que nos hace, de todo, menos vivir en calma, que es lo que
seguramente deseamos. Por favor, paremos de vez en cuando a conservar nuestra humanidad y reconstruyamos los valores que
nunca debimos ir devaluando por el camino.
Estamos
perdiendo el norte viendo enemigos en todas partes, detestando cada gesto
generoso o placentero mientras cultivamos envidia y rabia, mostrando nuestra
peor cara, de brazos cruzados, ante cualquier logro ajeno. ¿De qué vamos? Como una vez leí, a
este paso vamos en camino de tener que avergonzarnos o peor, de tener que acojonarnos,
al expresar cualquier muestra de ilusión o felicidad porque eso nos haga responsables indirectos de la desilusión e infelicidad de otros. El enemigo, pues, ¿en
todas partes o en nosotros mismos? El significado de amistad y enemistad empieza en nuestra propia mente y, algunas, probablemente deberían cambiar el chip ahora que aun no
es implantado. Demasiado tenemos como para que nos busquemos nuestra propia ruina. Si
todos nos esmerásemos en proteger algunas simplicidades más útiles tanto como nos esmeramos en otras
imbecilidades, probablemente no nos sentiríamos ni tan desgraciados, ni tan
frustrados, ni tan solos y olvidados tan a menudo.
lunes, 30 de marzo de 2015
Grandes hazañas
A veces las tenemos a tiro de piedra,
frente a nuestras narices y, sin embargo, no las vemos. ¿Ceguera? ¿Despiste?
¿Irresponsabilidad? ¿Miedo? Nuestro compromiso personal es intentar sentirnos
felices y satisfechos el mayor tiempo posible, teniendo en cuenta que no somos
inmortales y que, de las infinitas opciones, hagamos lo que hagamos viviremos
una. Seguramente por eso, lo más importante que podemos hacer es apostar por aquellas cosas que creemos que pueden
hacernos sentir bien. Nos equivocaremos o no, pero ¿nos arrepentiremos? Cuando
era pequeña, mi abuelo solía jugar a la lotería. Yo siempre rechazaba que lo
hiciese porque le veía más pérdida que ganancia. En este caso, nunca le tocó y
dejó de hacerlo cuando vio que no le compensaba, pero lo cierto es que arriesgó
durante tiempo por aquello que creyó que podía hacerle rico. Estaba despistado.
La ilusión podría entenderse como la antesala o el inicio de la felicidad. Los sentimientos insatisfechos siempre invierten en ilusión esperando que detrás llegue el sentimiento feliz. Para alcanzarlo, hay personas que apuestan. Apuestan mucho y, a veces, tantas cosas materiales que se quedan solo con su corazón, algo desilusionado. Hay que saber desatarse, como mi abuelo, cuando la apuesta no compensa. Hay gente que gana y gente que pierde fortunas en sus apuestas, y el tipo de apuesta depende del tipo de riqueza que se desee encontrar. Hay apuestas en las que, con lo que se puede ganar, no hay tanto que perder. Pasa, sobre todo, cuando te centras en la riqueza inmaterial. Hay personas que, por ejemplo, invierten sus mayores ilusiones en otras personas. Apuestan por menos valor, pero no con menos valor. Tan o más arriesgados, invierten en experiencias y momentos. A veces, algunas personas suponen una ruina pero, otras, sin duda pueden convertirse en nuestras grandes hazañas. ¿Qué te apuestas?
La ilusión podría entenderse como la antesala o el inicio de la felicidad. Los sentimientos insatisfechos siempre invierten en ilusión esperando que detrás llegue el sentimiento feliz. Para alcanzarlo, hay personas que apuestan. Apuestan mucho y, a veces, tantas cosas materiales que se quedan solo con su corazón, algo desilusionado. Hay que saber desatarse, como mi abuelo, cuando la apuesta no compensa. Hay gente que gana y gente que pierde fortunas en sus apuestas, y el tipo de apuesta depende del tipo de riqueza que se desee encontrar. Hay apuestas en las que, con lo que se puede ganar, no hay tanto que perder. Pasa, sobre todo, cuando te centras en la riqueza inmaterial. Hay personas que, por ejemplo, invierten sus mayores ilusiones en otras personas. Apuestan por menos valor, pero no con menos valor. Tan o más arriesgados, invierten en experiencias y momentos. A veces, algunas personas suponen una ruina pero, otras, sin duda pueden convertirse en nuestras grandes hazañas. ¿Qué te apuestas?
lunes, 16 de marzo de 2015
25
Tras los 24 fantásticos, llegan los 25
soles, siendo la mitad de las sombras de Grey. Porque lo grande en este caso no
es cumplir 25, lo grande es el momento en el que los cumplo. Hasta aquí ha
pasado de todo, bueno y malo y mejor, pero os prometo que con las ganas que
ahora mismo tengo, lo que puede quedar por pasar a partir de ahora, me tiene
entusiasmada. Tras unos años de desequilibrio entre mi energía y algunos
sucesos, por fin ha llegado una época en la que puedo decir que me siento
realmente bien. Y, sinceramente, creo que lo merezco.
Para algunos soy una sonrisa andante, pero
para mi habitación no siempre lo he sido. Admito que tropecé con un periodo de saturación, probablemente
necesario, en el que llegué a sentir
bastante desilusión en general. Algunos asuntos hicieron que mi alrededor pasase
de ser una motivación a presentarse algo lineal. Mi carácter se acomodó en el
pasotismo como protección. Lo nunca visto. Es cierto, eso hace que las cosas te
afecten menos, pero a la vez hace que te sientas menos vivo de lo que te
gustaría. Prioricé un cambio urgente; pensé en motivos y busqué errores. Tras
tantos momentos sociables como en soledad, empecé pensando en lo de fuera y
acabé detectando la solución adentro. Os recomiendo que os miréis el ombligo de
vez en cuando, no para creer que es ese el centro del mundo, pero sí quizás el
centro de algunos de vuestros problemas y la respuesta a la mayoría de sus soluciones
y estados de ánimo. Vivir intenso es una elección y siempre tiene
consecuencias, positivas y negativas, pero son precisamente esas las que hacen
que reflexionemos y valoremos prioridades y placeres, uno de los favores más
grandes que podemos hacernos.
Tras haber asimilado lo que para bien o
para mal ha supuesto ese periodo, hoy puedo explicar esto sin hermetizarlo.
Tengo ilusiones y preocupaciones, cosas en camino y algunas con las que quiero
seguir caminando, más seguridad y menos miedo... me siento activa, pero en
calma. No sé si casualidad o consecuencia, pero esta está siendo una época bonita
de oportunidades, recompensas, sorpresas, retos y, como intuí en la primera
entrada de este año, de cosas que van estabilizándose a mi alrededor, pero
sobre todo en mi cabeza. Qué queréis que os diga, yo a los 18 era genial pero
un flan todavía en muchos sentidos. Es ahora cuando me siento igual que
entonces pero una mujer más fuerte y con energía renovada para compartir con
quien quiera… pero, sobre todo, con energía para rato.
jueves, 12 de marzo de 2015
La sexualidad vista desde unos años después
Supongo que fui de las que empecé el
instituto sin tener claro de qué trataba eso del sexo. En mi casa jamás me
ocultaron nada al respecto, pero simplemente aun no había sentido ni la curiosidad ni
la necesidad de descubrir según qué cosas. Fue un poco más tarde. Pero tampoco
había necesidad de correr, ni tenía ordenador para que me saltase spam en
Internet, ni encontraba en mis dibujos animados y series favoritas connotaciones
eróticas tan evidentes. Bendita inocencia. Pero, con el tiempo, las hormonas fueron
despertando mi curiosidad y justo en el instituto me llevaron de excursión a
aprender a cómo poner condones. Esa es la gran educación sexual que recibí
fuera de casa así que, en una época en la que comentar según qué cosas daba
vergüenza, nos informábamos entre amigos. Mientras nos lo tomábamos a risa ampliando
vocabulario que nos sonaba completamente basto y burdo, creíamos que, contándonos
nuestras batallitas y lo que habíamos escuchado, éramos todos unos sabelotodo.
Fui de las tardías gracias a aquellas
cosas de las que sí me habían hablado y aconsejado en casa: “hazlo cuando te
apetezca y porque así lo sientes”, no tanto a la presión social. Siempre que
quise pude sacar el tema en casa y me sentí libre y cómoda de poder hablarlo en
la calle con cualquiera. Para mí era y es un tema más, algo no menos normal e
importante en la vida como ya sabéis los que me habéis leído o conocido alguna
vez. Lo que pasa es que me encontré con que nuestra generación estaba siendo
educada sexualmente desde una doble vía moral: por un lado la de “no hagas eso,
puta” y por otro la de “libérate mujer y que te quiten lo bailao”. Yo estoy
agradecida al entorno habitual en el que he vivido pero, aun así, no debo de
ser la única que se habrá sentido reprimida en algún sentido ni la única que se
habrá visto juzgada en más de una ocasión. Del mismo modo y por suerte, tampoco
debí de ser la única que supo ver que el problema radicaba en esa contradicción
totalmente inconnexa e incapaz de educar a alguien sexualmente de manera
correcta, al menos no con la seguridad y la confianza que un adolescente
necesita.
Y habiendo llegado sana y salva hasta aquí,
entre el bien y el mal (y, eso sí, dando la gracias por tener una idea de cómo se
ponen condones –ai, perdón, preservativos- al menos en el dedo), te das cuenta
de que, en aquel entonces, no sabías de misa la mitad y que cada uno ha hecho
su descubierta en base a su suerte, a su curiosidad y a lo inculcado. Solo
cuando sobrepasas cierta barrera de prejuicios y crees en tu capacidad de
crítica y autocrítica, se abren nuevos debates: ¿Qué me gusta y me satisface? ¿De
qué maneras dar y recibir puede ser compatible con disfrutar? ¿Me conozco lo
suficiente como para darme a conocer? Y ves que la controversia solo acababa de
empezar… Que la que hay cosas que aun no se ha planteado es una “sosa” (la
Virgen Maria personificada) y, la que dice, pide, pretende experimentar o sigue
cuestionándose cosas es, como mínimo, rara (si no volvemos a caer en lo de puta).
Así, a veces, cuesta llegar a saber lo que queremos y lo que no, algo por lo
que preocuparse.
Unos años
después de descubrir que existía el sexo, la conclusión a la que llego es que,
por un lado, debemos educar en la libertad de poder escoger. Desde luego, hay
mucha gente no preparada para ello y que, sin embargo, pretende opinar e
influir en exceso (presiento que porque quieren hacer extensa su propia frustración
y así sentirse menos desamparados y desafortunados). Por otro lado, debemos
educar con la capacidad de cuestionar, de darle al placer el significado que
merece y evitando establecer tabúes. Por último, quizás es importante que
utilicemos las palabras exactas y existentes que el tema precise,
indiferentemente de la edad o de las tendencias. Si alguien quiere hablar del
tema es porque un mínimo de curiosidad le despierta (y hoy en día son pocos los
secretos). Me refiero a que dar
normalidad a algo, aunque sea algo en que se preserve cierta privacidad como en
este caso, normaliza también su existencia. Eso permite que las personas sean
más capaces de respetar, tolerar, pedir información y lo que quieran sin sentirse
juzgadas o con excesivo pudor. Nos quejamos del postureo social pero anda que
el sexual, para bien y para mal, aun es poco…
martes, 24 de febrero de 2015
Comunicado al xurri (o llámalo X) de mi amiga
“- ¿Qué ha
pasado?
- Nah… que ahora dice que deberíamos limitarnos a quedar una vez a la semana porque me está
cogiendo cariño y que le apetece hacer más cosas conmigo… y que eso no puede ser.”
A ti que
podrías ser tantos otros, quiero decirte más cosas. Nosotras ya no creemos en
príncipes azules inhumanos y ni siquiera los esperamos. A mi amiga, a mí y a
bastantes más mujeres, nos gustáis los hombres imperfectos. Es más, nos encanta encandilarnos de vuestras genialidades, pero también poder cogerle cariño a vuestros puntos débiles y deciros que los tenéis, porque a la vez nos emboba vuestra cara de indignados cuando acaba en beso. De la misma manera nos gusta ir sintiendo cómo vosotros perdéis la cabeza por nuestros detalles, a base de ir descubriéndonos y valorándonos. Enloquecemos con cada respuesta vuestra que nos haga sentir el orgullo que sentís de que seamos
nosotras, esa, vuestra chica, la mejor. Nos ilusionamos, sí, ¿acaso vosotros no? Las mejores historias de tu vida habrán empezado por una ilusión. Nos
ilusionáis cuando os hacemos sentir afortunados, cuando os lo curráis por
hacernos sentir lo mismo y cuando queréis compartir con nosotras vuestro mundo de
hombres mientras nos hacéis sentir realmente mujeres.
Sabemos que os encanta hacernos sentir
mujeres, pero también, y aunque a todos nos asuste, sentir que vuestra chica está enamorada de vosotros, si la historia llega a un punto en el que sigue yendo bien.
Pero claro, enamorarse es un proceso y es ahí donde flaqueáis, donde perdéis el
norte y no sabéis para dónde tirar o si echar marcha atrás… donde creéis que
nosotras vamos a enamorarnos antes que vosotros porque somos más emocionales y
porque vemos arcoíris y mariposas por todos lados. Pues tengo que decirte, J., que,
llegados a cierto momento en la vida, una chica no se enamora sola, sino que para
llegar a hacer que se sienta enamorada, o más enamorada que desconfiada, hay
que hacer cosas para enamorarla. ¿Cómo va a enamorarse alguien si no hacen nada
para enamorarle? Y eso, si se da, va saliendo solo, sin tener que pensarlo mucho y sin darte apenas cuenta.
Entonces, como conclusión, el mensaje que realmente quería enviar desde el principio y, en especial hoy a ti ‘xurri’ (o como prefieras que te
llame) de mi amiga: Creo que el primer dilema viene cuando sentís que incluso
nosotras estamos más capacitadas a veces para enamoraros a vosotros, porque nos acobardamos menos. No quieres
pasarlo mal, no quieres hacérselo pasar mal, etc… Y lo sabe, ella tampoco lo quiere
y por eso respetará tu decisión. Me alivia pensar que hay chicos que entienden, como justamente me hizo saber uno estupendo hace poco. Espero que mañana ella pueda explicarme lo mismo. Quien no arriesga no gana, ¿no? Y el que avisa no es traidor. Quizás estés dejando
escapar a una tía dpm (y en este caso lo corroboro) porque, si no, no creas que va a seguir
durando mucho más tu ‘kiki’ semanal, porque hay algo mejor detrás. Por eso hoy, chico J., si te tuviese
delante te aconsejaría que dejases de rehuir de tu presente por conspiraciones
de futuro. Incluso que te lo curres con ella, pero más que por ella, por ti,
porque tú también mereces amor aunque la simple palabra así de primeras te asuste. Tu problema
es pensar que todas las mujeres somos esas (con las que quizás te hayas topado alguna vez)
acaparadoras, controladoras y que van a privarte de tu libertad. Algunas queremos hombres libres y, si nos valéis la pena, os queremos libres pero con nosotras, dispuestas a sumar.
viernes, 6 de febrero de 2015
Caca, culo, pedo, pis
“¡Oh! ¡Pero qué marrana! ¿De qué vas hablando así en
el blog?” Y digo yo… ¿Acaso no son todas esas palabras entradas de
diccionario? ¿No te son palabras familiares e imágenes habituales? Las princesas
también cagamos y podemos, incluso, hablar de ello. Y ahora, borra esa
desagradable imagen de tu cabeza porque lo que no he dicho es que, como todo el mundo sabe, cagamos
purpurina y cantamos de alegría mientras lo hacemos. Tonterías aparte, prefieras
llamarle eructo, "rot", "cuesco", pedito o flatulencia, es algo que a ti y a mí nos une
(aunque el tuyo huela peor, claro…). Dicho lo dicho, tras esa sensación de
cercanía y complicidad que pese a todo genera, y porque un amigo no es
realmente un amigo hasta que después de una cerveza no ha eructado y ha dicho
un tímido “lo siento” o un descarado “toma ya”, caga, eructa y pede. Hazlo
donde quieras menos cerca de otra cara, evita ser descarado (como este texto)
pero tómate con naturalidad la jugada y a reír mientras se pueda respirar. Te
llamarán “guarro, basto o cerdo”, calificativos que entrarán en contradicción
con lo que piensa tu cuerpo. De todas formas, si eres de esa especie de seres
extraterrestres que creen poder controlarlo o de esos a los que “no les van
esas mediocridades”, tranquilo… Opta por vomitarlo, que parece que está
socialmente más aceptado aunque la causa a veces dé más pena o guárdatelo y
revienta, como suele pasar con toda la mierda mal gestionada en este mundo.
jueves, 29 de enero de 2015
Al carajo las suposiciones
Vive, siente y piensa. Exprésate cuando quieras , en dirección de latido
a neurona, y no habrá de qué arrepentirse. Aparta los comportamientos que no
van contigo, mantén serena y libre de cargo la conciencia y ganarás en calidad
de vida. Hay que estar dispuesto y expuesto a que el mundo explote por donde
quiera y que, con él, estallen tantas palabras calladas cuando les apetezca. Preocúpate
de que lo que se cuele y cale en tu inconsciente sean tus preocupaciones e
ilusiones. Decide pero no te condenes a ir tras el dominio de las decisiones de otros. Siente esa tranquilidad de que no llevas el control de todo. Tómalo o no, pero piensa en lo que necesitas para sentirte a gusto y en calma. Es eso lo primero que
una persona debe aportarte para que la importancia atribuida a la causa cobre
sentido.
jueves, 22 de enero de 2015
Chicos, no mordemos. ¿O sí?
Hay actitudes de
miedo, y nunca mejor dicho. El otro día, en una discoteca, tuve una conversación
corta pero interesante y en contexto. No solía ir mucho de discotecas porque se
habla poco y se caza mucho, pero la pura diversión como finalidad principal
incita a ello de vez en cuando. El caso es que, los chicos discotequeros, ahora también sienten y a veces viven la noche con más sensibilidad que soltura. ¿Por
qué? Por temor a nuestros mordiscos. Me explico.
El misterio ya
no se plantea tanto en si la chica accederá o no a ser besada al final de todo
el ritual de la conquista, sino en cómo puede llegar a responder a lo largo de
esa estrategia. Estamos las majas (modestia aparte) que van a divertirse como finalidad principal y, después, nos encontramos algunas variedades peligrosas. Por un lado está el modelo nº 1: La que accede antes incluso de
recibir algún tipo de alago, la que muerde, literalmente, y se tira a la
yugular a nada que te descuidas. En un principio, esto podría suponer una
facilidad para ellos pero, aunque parezca mentira, a ellos les gusta conquistar
y ganarse el trofeo. El otro modelo, el 2, es quizás cada vez más frecuente: El
de la arisca. Aquella a la que, tras un piropo responde con un borderío o que
rebosa prepotencia tras cada movimiento. Con la cara ligeramente inclinada
hacia arriba y seriedad fulminante, aprieta morritos en pose chulesca y
mantiene la mirada interesantemente interesada.
Me parece horrible que nos regalen los oídos para conseguir "mandanga", pero igual de feo es el juego de psicología inversa por intentar retener con tu
belleza todo eso que dices detestar, mientras maltratas esas mismas alabanzas con tu carácter. Que la conquista sea
como un juego no justifica que todas las formas valgan. Más humor y menos
humitos. Sí, nenas, sois las fieras de la pista, por partida doble, pero una
decepción para las relaciones humanas. En un contexto heterosexual, si acaban
bailando los hombres con los hombres, que no os extrañe.
martes, 13 de enero de 2015
Lista de con-tactos
Esa noche,
mientras hablábamos de comunicación y de distancias, T. hizo un comentario de
esos que quedan ahí pero que luego recuperas y reflexionas: “Cuantas más
facilidades y formas de estar en contacto tenemos, menos parece que nos
comunicamos.” No sé si se refería tanto al número de whatsapps, de mensajes o
de correos que podemos llegar a escribirnos entre nosotros, como a la calidad o
trascendencia de ellos. Sea como sea, en nuestro caso, desde ese día las
cervezas compartidas han ido en aumento y las miradas cómplices han dicho bastante más que los emoticonos
de corazones.
Cuando T. nos
dijo eso me dio por recordar cuando, hace unos años, solo tenía teléfono fijo
y correo postal y me las ingeniaba para conseguir que, en una llamada de 15
minutos o en una carta de 4 páginas, aquella otra persona que consideraba
importante, me conociese, expresando experiencias, anécdotas, pensamientos o
formas de sentir. Me parece genial que ahora tengamos muchos más medios para
hacerlo, es una pasada pero, teniendo tantas facilidades, ¿a veces no descuidamos
un poco algunas relaciones? Me refiero a que, como “nos tenemos ahí” y “ya te enviaré
un whats si necesito algo o ya me dirás algo”, quizás no siempre recordamos lo
suficiente que un buen motivo para comunicarnos puede ser el necesitarnos por
el simple placer de compartir. De saber yo de ti y tú de mí, de hoy por aquí y
mañana a la cara o, hoy en vez de un comentario, un mensaje. Porque me apetece seguir
sabiendo quién eres por encima de ser tan “perro”, que es algunas veces el
motivo.
Al final tenemos
listas de contactos llenas de personas con las que ya ni tenemos contacto,
contactos que creemos amigos a los que un día sí que conocimos pero a los que
realmente ahora desconocemos y personas con las que querríamos volver a hablar
al darnos cuenta de esto. Seguramente, hoy en día el ritmo de vida y la
capacidad para conocer gente haga inevitable que acabemos sabiendo de la vida
de algunos a quienes apreciamos a través
de redes sociales. Pero, sea con ellas o sin ellas de por medio, saber de la
vida de alguien que nos importa o capta nuestro interés, puede que requiera
algo más de compromiso que ver cuatro fotos y dar cuatro likes para saber que “estoy
ahí” y que “me importas”; sino, lo más interesante de esa vida se nos estará
pasando de largo. Se trata de evitar que un “Encantado de conocerte hoy” acabe siendo,
en casos que conservaríamos, un “Encantado de desconocerte a partir de este
mismo momento.”
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