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miércoles, 6 de mayo de 2015

A las sonrisas por el pasillo

Hoy me he enterado de otro de esos sucesos que te dejan mirando al infinito, incrédula, y que te enredan un nudo en el pecho en cuestión de segundos: la muerte inesperada de alguien. De alguien joven, de tu edad. Esta vez, parece incluso un extracto de humor negro el hecho de que, hace tan solo unos días, él mismo estuviese escribiendo que aun iba a seguir vivo por mucho tiempo. Seguro que, en el recuerdo de muchos a los que nos transmitió esa paz y esa energía a la vez, sí. De todos modos, ¡qué inconsciencia la nuestra eh! Parecemos obviar, por momentos, que estamos expuestos a la muerte desde que nacemos. A veces parece que nos creemos inmortales dando por hecho que mañana o dentro de un rato habrá una nueva oportunidad. Claro que, ¿qué debemos pensar? Somos demasiado vulnerables como para creernos tan invencibles pero, seguramente, también insensatos para lo que podremos aprovechar. Y es que, ni las personas que parecen estar tan llenas de vida que parecen eternas, lo son. Hace casi exactamente tres años que una muerte hizo que mi pensamiento cambiase en cuanto a este tema y, con ello, también un poco mi vida, pero eso no quiere decir que deje de impactarme.

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