Hoy me he enterado de otro de esos
sucesos que te dejan mirando al infinito, incrédula, y que te enredan un nudo
en el pecho en cuestión de segundos: la muerte inesperada de alguien. De
alguien joven, de tu edad. Esta vez, parece incluso un extracto de humor negro el hecho de que, hace tan solo unos días, él mismo estuviese escribiendo que aun iba a seguir vivo por
mucho tiempo. Seguro que, en el recuerdo de muchos a los que nos transmitió esa
paz y esa energía a la vez, sí. De todos modos, ¡qué inconsciencia la nuestra
eh! Parecemos obviar, por momentos, que estamos expuestos a la muerte desde que
nacemos. A veces parece que nos creemos inmortales dando por hecho que mañana o
dentro de un rato habrá una nueva oportunidad. Claro que, ¿qué debemos pensar? Somos
demasiado vulnerables como para creernos tan invencibles pero, seguramente, también insensatos para lo que podremos aprovechar. Y es que, ni las personas que
parecen estar tan llenas de vida que parecen eternas, lo son. Hace casi
exactamente tres años que una muerte hizo que mi pensamiento cambiase en cuanto
a este tema y, con ello, también un poco mi vida, pero eso no quiere decir que deje de impactarme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario