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jueves, 22 de enero de 2015

Chicos, no mordemos. ¿O sí?

Hay actitudes de miedo, y nunca mejor dicho. El otro día, en una discoteca, tuve una conversación corta pero interesante y en contexto. No solía ir mucho de discotecas porque se habla poco y se caza mucho, pero la pura diversión como finalidad principal incita a ello de vez en cuando. El caso es que, los chicos discotequeros, ahora también sienten y a veces viven la noche con más sensibilidad que soltura. ¿Por qué? Por temor a nuestros mordiscos. Me explico.

El misterio ya no se plantea tanto en si la chica accederá o no a ser besada al final de todo el ritual de la conquista, sino en cómo puede llegar a responder a lo largo de esa estrategia. Estamos las majas (modestia aparte) que van a divertirse como finalidad principal  y, después, nos encontramos algunas variedades peligrosas. Por un lado está el modelo nº 1: La que accede antes incluso de recibir algún tipo de alago, la que muerde, literalmente, y se tira a la yugular a nada que te descuidas. En un principio, esto podría suponer una facilidad para ellos pero, aunque parezca mentira, a ellos les gusta conquistar y ganarse el trofeo. El otro modelo, el 2, es quizás cada vez más frecuente: El de la arisca. Aquella a la que, tras un piropo responde con un borderío o que rebosa prepotencia tras cada movimiento. Con la cara ligeramente inclinada hacia arriba y seriedad fulminante, aprieta morritos en pose chulesca y mantiene la mirada interesantemente interesada.

Me parece horrible que nos regalen los oídos para conseguir "mandanga", pero igual de feo es el juego de psicología inversa por intentar retener con tu belleza  todo eso que dices detestar, mientras maltratas esas mismas alabanzas con tu carácter. Que la conquista sea como un juego no justifica que todas las formas valgan. Más humor y menos humitos. Sí, nenas, sois las fieras de la pista, por partida doble, pero una decepción para las relaciones humanas. En un contexto heterosexual, si acaban bailando los hombres con los hombres, que no os extrañe.

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