Esa noche,
mientras hablábamos de comunicación y de distancias, T. hizo un comentario de
esos que quedan ahí pero que luego recuperas y reflexionas: “Cuantas más
facilidades y formas de estar en contacto tenemos, menos parece que nos
comunicamos.” No sé si se refería tanto al número de whatsapps, de mensajes o
de correos que podemos llegar a escribirnos entre nosotros, como a la calidad o
trascendencia de ellos. Sea como sea, en nuestro caso, desde ese día las
cervezas compartidas han ido en aumento y las miradas cómplices han dicho bastante más que los emoticonos
de corazones.
Cuando T. nos
dijo eso me dio por recordar cuando, hace unos años, solo tenía teléfono fijo
y correo postal y me las ingeniaba para conseguir que, en una llamada de 15
minutos o en una carta de 4 páginas, aquella otra persona que consideraba
importante, me conociese, expresando experiencias, anécdotas, pensamientos o
formas de sentir. Me parece genial que ahora tengamos muchos más medios para
hacerlo, es una pasada pero, teniendo tantas facilidades, ¿a veces no descuidamos
un poco algunas relaciones? Me refiero a que, como “nos tenemos ahí” y “ya te enviaré
un whats si necesito algo o ya me dirás algo”, quizás no siempre recordamos lo
suficiente que un buen motivo para comunicarnos puede ser el necesitarnos por
el simple placer de compartir. De saber yo de ti y tú de mí, de hoy por aquí y
mañana a la cara o, hoy en vez de un comentario, un mensaje. Porque me apetece seguir
sabiendo quién eres por encima de ser tan “perro”, que es algunas veces el
motivo.
Al final tenemos
listas de contactos llenas de personas con las que ya ni tenemos contacto,
contactos que creemos amigos a los que un día sí que conocimos pero a los que
realmente ahora desconocemos y personas con las que querríamos volver a hablar
al darnos cuenta de esto. Seguramente, hoy en día el ritmo de vida y la
capacidad para conocer gente haga inevitable que acabemos sabiendo de la vida
de algunos a quienes apreciamos a través
de redes sociales. Pero, sea con ellas o sin ellas de por medio, saber de la
vida de alguien que nos importa o capta nuestro interés, puede que requiera
algo más de compromiso que ver cuatro fotos y dar cuatro likes para saber que “estoy
ahí” y que “me importas”; sino, lo más interesante de esa vida se nos estará
pasando de largo. Se trata de evitar que un “Encantado de conocerte hoy” acabe siendo,
en casos que conservaríamos, un “Encantado de desconocerte a partir de este
mismo momento.”
No hay comentarios:
Publicar un comentario