Una de esas cosas que encuentro admirables y
cautivadoras en las personas es el saber reírse de uno mismo. Creo que las malas intenciones son condenables, pero también aquellos que buscan excusas para encontrarlas y justificar sus venganzas. Aquellos que son
incapaces de hacer autocrítica o que se limitan a ver enemigos sin concebir
otras interpretaciones, son probablemente seres cargados de rabia por sus
propios complejos y debilidades, por sus propias dudas e impotencias. Los derechos
no se tocan y la libertad de expresión debería ser uno de ellos. Tanto como el respeto
a la misma, porque solo así podremos hacer respetable la nuestra. No debería confundirse opinión
con provocación o humor con burla. Si miráis alrededor en vuestro día a día, ¿no
os parece demasiado frecuente ese sentimiento de ataque al que se responde repetidamente con posturas a la defensiva? Qué intranquilidad. Ante diferencias ideológicas,
alternativas como la aceptación, girar la cara o demostrar lo contrario, pero basta a las imposiciones, a la manipulación o al "por mis huevos". ¿En qué momento nos da por olvidar sabios consejos como el famoso “Vive
y deja vivir”? Jamás será la violencia más poderosa que las palabras, solo más
devastadora. La violencia podrá aniquilarlo todo, incluso a la palabra, pero la
palabra sin respuesta será totalmente absurda, algo violento en sí mismo, y es con
algún tipo de respuesta cuando adquiere valor.
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