Tras los 24 fantásticos, llegan los 25
soles, siendo la mitad de las sombras de Grey. Porque lo grande en este caso no
es cumplir 25, lo grande es el momento en el que los cumplo. Hasta aquí ha
pasado de todo, bueno y malo y mejor, pero os prometo que con las ganas que
ahora mismo tengo, lo que puede quedar por pasar a partir de ahora, me tiene
entusiasmada. Tras unos años de desequilibrio entre mi energía y algunos
sucesos, por fin ha llegado una época en la que puedo decir que me siento
realmente bien. Y, sinceramente, creo que lo merezco.
Para algunos soy una sonrisa andante, pero
para mi habitación no siempre lo he sido. Admito que tropecé con un periodo de saturación, probablemente
necesario, en el que llegué a sentir
bastante desilusión en general. Algunos asuntos hicieron que mi alrededor pasase
de ser una motivación a presentarse algo lineal. Mi carácter se acomodó en el
pasotismo como protección. Lo nunca visto. Es cierto, eso hace que las cosas te
afecten menos, pero a la vez hace que te sientas menos vivo de lo que te
gustaría. Prioricé un cambio urgente; pensé en motivos y busqué errores. Tras
tantos momentos sociables como en soledad, empecé pensando en lo de fuera y
acabé detectando la solución adentro. Os recomiendo que os miréis el ombligo de
vez en cuando, no para creer que es ese el centro del mundo, pero sí quizás el
centro de algunos de vuestros problemas y la respuesta a la mayoría de sus soluciones
y estados de ánimo. Vivir intenso es una elección y siempre tiene
consecuencias, positivas y negativas, pero son precisamente esas las que hacen
que reflexionemos y valoremos prioridades y placeres, uno de los favores más
grandes que podemos hacernos.
Tras haber asimilado lo que para bien o
para mal ha supuesto ese periodo, hoy puedo explicar esto sin hermetizarlo.
Tengo ilusiones y preocupaciones, cosas en camino y algunas con las que quiero
seguir caminando, más seguridad y menos miedo... me siento activa, pero en
calma. No sé si casualidad o consecuencia, pero esta está siendo una época bonita
de oportunidades, recompensas, sorpresas, retos y, como intuí en la primera
entrada de este año, de cosas que van estabilizándose a mi alrededor, pero
sobre todo en mi cabeza. Qué queréis que os diga, yo a los 18 era genial pero
un flan todavía en muchos sentidos. Es ahora cuando me siento igual que
entonces pero una mujer más fuerte y con energía renovada para compartir con
quien quiera… pero, sobre todo, con energía para rato.
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