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martes, 24 de febrero de 2015

Comunicado al xurri (o llámalo X) de mi amiga

“- ¿Qué ha pasado?
- Nah… que ahora dice que deberíamos limitarnos a quedar una vez a la semana porque me está cogiendo cariño y que le apetece hacer más cosas conmigo… y que eso no puede ser.”

Detesto a esos hombres que rehuyen del amor como si fuese una maldita enfermedad. Hoy te detesto a ti chico J. Primero porque creo que esa emoción que se siente cuando dos personas se gustan, y que puede acabar siendo amor, puede ser jodidamente genial. Al menos, mejor que el desamor o que tengas ganas reprimidas. Segundo, porque eres un cobarde. ¿A qué tienes miedo? ¿A enamorarte? ¿A enamorarla? ¡Vamos ya, hombre! Ya no estamos para aguantar tonterías. Aquí se trata de ir conociéndose, de tener ganas de compartir con la otra persona y de sentirse a gusto y bien. Una vez una chica me dijo: “A un chico o le gustas o no le gustas, lo demás son excusas.” Si en este caso mi amiga te gusta, ¿cuál es el problema? Suelta el pasado y tu miedo al fracaso y será la única forma de la que puedas ganar algo bueno.

A ti que podrías ser tantos otros, quiero decirte más cosas. Nosotras ya no creemos en príncipes azules inhumanos y ni siquiera los esperamos. A mi amiga, a mí y a bastantes más mujeres, nos gustáis los hombres imperfectos. Es más, nos encanta encandilarnos de vuestras genialidades, pero también poder cogerle cariño a vuestros puntos débiles y deciros que los tenéis, porque a la vez nos emboba vuestra cara de indignados cuando acaba en beso. De la misma manera nos gusta ir sintiendo cómo vosotros perdéis la cabeza por nuestros detalles, a base de ir descubriéndonos y valorándonos.  Enloquecemos con cada respuesta vuestra que nos haga sentir el orgullo que sentís de que seamos nosotras, esa, vuestra chica, la mejor. Nos ilusionamos, sí, ¿acaso vosotros no? Las mejores historias de tu vida habrán empezado por una ilusión. Nos ilusionáis cuando os hacemos sentir afortunados, cuando os lo curráis por hacernos sentir lo mismo y cuando queréis compartir con nosotras vuestro mundo de hombres mientras nos hacéis sentir realmente mujeres.

Sabemos que os encanta hacernos sentir mujeres, pero también, y aunque a todos nos asuste, sentir que vuestra chica está enamorada de vosotros, si la historia llega a un punto en el que sigue yendo bien. Pero claro, enamorarse es un proceso y es ahí donde flaqueáis, donde perdéis el norte y no sabéis para dónde tirar o si echar marcha atrás… donde creéis que nosotras vamos a enamorarnos antes que vosotros porque somos más emocionales y porque vemos arcoíris y mariposas por todos lados. Pues tengo que decirte, J., que, llegados a cierto momento en la vida, una chica no se enamora sola, sino que para llegar a hacer que se sienta enamorada, o más enamorada que desconfiada, hay que hacer cosas para enamorarla. ¿Cómo va a enamorarse alguien si no hacen nada para enamorarle? Y eso, si se da, va saliendo solo, sin tener que pensarlo mucho y sin darte apenas cuenta.

Entonces, como conclusión, el mensaje que realmente quería enviar desde el principio y, en especial hoy a ti ‘xurri’ (o como prefieras que te llame) de mi amiga: Creo que el primer dilema viene cuando sentís que incluso nosotras estamos más capacitadas a veces para enamoraros a vosotros, porque nos acobardamos menos. No quieres pasarlo mal, no quieres hacérselo pasar mal, etc… Y lo sabe, ella tampoco lo quiere y por eso respetará tu decisión. Me alivia pensar que hay chicos que entienden, como justamente me hizo saber uno estupendo hace poco. Espero que mañana ella pueda explicarme lo mismo.  Quien no arriesga no gana, ¿no? Y el que avisa no es traidor. Quizás estés dejando escapar a una tía dpm (y en este caso lo corroboro) porque, si no, no creas que va a seguir durando mucho más tu ‘kiki’ semanal, porque hay algo mejor detrás. Por eso hoy, chico J., si te tuviese delante te aconsejaría que dejases de rehuir de tu presente por conspiraciones de futuro. Incluso que te lo curres con ella, pero más que por ella, por ti, porque tú también mereces amor aunque la simple palabra así de primeras te asuste. Tu problema es pensar que todas las mujeres somos esas (con las que quizás te hayas topado alguna vez) acaparadoras, controladoras y que van a privarte de tu libertad. Algunas queremos hombres libres y, si nos valéis la pena, os queremos libres pero con nosotras, dispuestas a sumar. 

viernes, 6 de febrero de 2015

Caca, culo, pedo, pis

“¡Oh! ¡Pero qué marrana! ¿De qué vas hablando así en el blog?” Y digo yo… ¿Acaso no son todas esas palabras entradas de diccionario? ¿No te son palabras familiares e imágenes habituales? Las princesas también cagamos y podemos, incluso, hablar de ello. Y ahora, borra esa desagradable imagen de tu cabeza porque lo que no he dicho es que, como todo el mundo sabe, cagamos purpurina y cantamos de alegría mientras lo hacemos. Tonterías aparte, prefieras llamarle eructo, "rot", "cuesco", pedito o flatulencia, es algo que a ti y a mí nos une (aunque el tuyo huela peor, claro…). Dicho lo dicho, tras esa sensación de cercanía y complicidad que pese a todo genera, y porque un amigo no es realmente un amigo hasta que después de una cerveza no ha eructado y ha dicho un tímido “lo siento” o un descarado “toma ya”, caga, eructa y pede. Hazlo donde quieras menos cerca de otra cara, evita ser descarado (como este texto) pero tómate con naturalidad la jugada y a reír mientras se pueda respirar. Te llamarán “guarro, basto o cerdo”, calificativos que entrarán en contradicción con lo que piensa tu cuerpo. De todas formas, si eres de esa especie de seres extraterrestres que creen poder controlarlo o de esos a los que “no les van esas mediocridades”, tranquilo… Opta por vomitarlo, que parece que está socialmente más aceptado aunque la causa a veces dé más pena o guárdatelo y revienta, como suele pasar con toda la mierda mal gestionada en este mundo.


jueves, 29 de enero de 2015

Al carajo las suposiciones

Al carajo las suposiciones. Es algo que aprendí hace ya algún tiempo y una de las mejores medicinas que pueden sanar en el acto. Confabular solo lleva a la desesperación que causa, al fin y al cabo, una fantasía propia. No podemos dar nada por hecho si no se trata de algo que pensamos, sentimos o vivimos en primera persona. Todo lo demás es creado por nuestra imaginación, por nuestros temores o por deducciones que basamos en experiencias pasadas, pero tan solo eso. Cualquier tipo de coincidencia puede ser tan inconsciente como casual. No tenemos el poder de colarnos en mentes ajenas, ni somos adivinos, ni mucho menos futuristas. En ese sentido, nuestra interpretación, muchas veces puede ser nuestro mayor enemigo. Pregunta y entiende mejor, expón y libera.

“No eres culpable de no alcanzar a saber el por qué de una actitud, aparentemente, sin motivos. No te comas mucho más la olla. No vas a resolver nada porque te falta información. Si hay comportamientos que no entiendes, es que hay algo que no sabes y eso se debe, simplemente, a que estás mal informado. Puede aplicarse a todo. Si tienes toda la información, sobre su vida o sobre sus relaciones, puedes llegar a entender el por qué de su comportamiento. Si hay algo que no te cuadra es que hay algo que no sabes.” A raíz de asumir eso, la decisión es tuya. No te esfuerces en intentar descubrir, es inútil y una pérdida de tiempo. Puedes intentar compartir información, abrir tu cajón, pero se trata de un ejercicio de transparencia y proximidad voluntario. No exijas, conquista.

Vive, siente y piensa. Exprésate cuando quieras , en dirección de latido a neurona, y no habrá de qué arrepentirse. Aparta los comportamientos que no van contigo, mantén serena y libre de cargo la conciencia y ganarás en calidad de vida. Hay que estar dispuesto y expuesto a que el mundo explote por donde quiera y que, con él, estallen tantas palabras calladas cuando les apetezca. Preocúpate de que lo que se cuele y cale en tu inconsciente sean tus preocupaciones e ilusiones. Decide pero no te condenes a ir tras el dominio de las decisiones de otros. Siente esa tranquilidad de que no llevas el control de todo. Tómalo o no, pero piensa en lo que necesitas para sentirte a gusto y en calma. Es eso lo primero que una persona debe aportarte para que la importancia atribuida a la causa cobre sentido.

jueves, 22 de enero de 2015

Chicos, no mordemos. ¿O sí?

Hay actitudes de miedo, y nunca mejor dicho. El otro día, en una discoteca, tuve una conversación corta pero interesante y en contexto. No solía ir mucho de discotecas porque se habla poco y se caza mucho, pero la pura diversión como finalidad principal incita a ello de vez en cuando. El caso es que, los chicos discotequeros, ahora también sienten y a veces viven la noche con más sensibilidad que soltura. ¿Por qué? Por temor a nuestros mordiscos. Me explico.

El misterio ya no se plantea tanto en si la chica accederá o no a ser besada al final de todo el ritual de la conquista, sino en cómo puede llegar a responder a lo largo de esa estrategia. Estamos las majas (modestia aparte) que van a divertirse como finalidad principal  y, después, nos encontramos algunas variedades peligrosas. Por un lado está el modelo nº 1: La que accede antes incluso de recibir algún tipo de alago, la que muerde, literalmente, y se tira a la yugular a nada que te descuidas. En un principio, esto podría suponer una facilidad para ellos pero, aunque parezca mentira, a ellos les gusta conquistar y ganarse el trofeo. El otro modelo, el 2, es quizás cada vez más frecuente: El de la arisca. Aquella a la que, tras un piropo responde con un borderío o que rebosa prepotencia tras cada movimiento. Con la cara ligeramente inclinada hacia arriba y seriedad fulminante, aprieta morritos en pose chulesca y mantiene la mirada interesantemente interesada.

Me parece horrible que nos regalen los oídos para conseguir "mandanga", pero igual de feo es el juego de psicología inversa por intentar retener con tu belleza  todo eso que dices detestar, mientras maltratas esas mismas alabanzas con tu carácter. Que la conquista sea como un juego no justifica que todas las formas valgan. Más humor y menos humitos. Sí, nenas, sois las fieras de la pista, por partida doble, pero una decepción para las relaciones humanas. En un contexto heterosexual, si acaban bailando los hombres con los hombres, que no os extrañe.

martes, 13 de enero de 2015

Lista de con-tactos

Esa noche, mientras hablábamos de comunicación y de distancias, T. hizo un comentario de esos que quedan ahí pero que luego recuperas y reflexionas: “Cuantas más facilidades y formas de estar en contacto tenemos, menos parece que nos comunicamos.” No sé si se refería tanto al número de whatsapps, de mensajes o de correos que podemos llegar a escribirnos entre nosotros, como a la calidad o trascendencia de ellos. Sea como sea, en nuestro caso, desde ese día las cervezas compartidas han ido en aumento y las miradas cómplices han dicho bastante más que los emoticonos de corazones.

Cuando T. nos dijo eso me dio por recordar cuando, hace unos años, solo tenía teléfono fijo y correo postal y me las ingeniaba para conseguir que, en una llamada de 15 minutos o en una carta de 4 páginas, aquella otra persona que consideraba importante, me conociese, expresando experiencias, anécdotas, pensamientos o formas de sentir. Me parece genial que ahora tengamos muchos más medios para hacerlo, es una pasada pero, teniendo tantas facilidades, ¿a veces no descuidamos un poco algunas relaciones? Me refiero a que, como “nos tenemos ahí” y “ya te enviaré un whats si necesito algo o ya me dirás algo”, quizás no siempre recordamos lo suficiente que un buen motivo para comunicarnos puede ser el necesitarnos por el simple placer de compartir. De saber yo de ti y tú de mí, de hoy por aquí y mañana a la cara o, hoy en vez de un comentario, un mensaje. Porque me apetece seguir sabiendo quién eres por encima de ser tan “perro”, que es algunas veces el motivo.

Al final tenemos listas de contactos llenas de personas con las que ya ni tenemos contacto, contactos que creemos amigos a los que un día sí que conocimos pero a los que realmente ahora desconocemos y personas con las que querríamos volver a hablar al darnos cuenta de esto. Seguramente, hoy en día el ritmo de vida y la capacidad para conocer gente haga inevitable que acabemos sabiendo de la vida de algunos  a quienes apreciamos a través de redes sociales. Pero, sea con ellas o sin ellas de por medio, saber de la vida de alguien que nos importa o capta nuestro interés, puede que requiera algo más de compromiso que ver cuatro fotos y dar cuatro likes para saber que “estoy ahí” y que “me importas”; sino, lo más interesante de esa vida se nos estará pasando de largo. Se trata de evitar que un “Encantado de conocerte hoy” acabe siendo, en casos que conservaríamos, un “Encantado de desconocerte a partir de este mismo momento.”

miércoles, 7 de enero de 2015

Libertad de expresión

Una de esas cosas que encuentro admirables y cautivadoras en las personas es el saber reírse de uno mismo. Creo que las malas intenciones son condenables, pero también aquellos que buscan excusas para encontrarlas y justificar sus venganzas. Aquellos que son incapaces de hacer autocrítica o que se limitan a ver enemigos sin concebir otras interpretaciones, son probablemente seres cargados de rabia por sus propios complejos y debilidades, por sus propias dudas e impotencias. Los derechos no se tocan y la libertad de expresión debería ser uno de ellos. Tanto como el respeto a la misma, porque solo así podremos hacer respetable la nuestra. No debería confundirse opinión con provocación o humor con burla. Si miráis alrededor en vuestro día a día, ¿no os parece demasiado frecuente ese sentimiento de ataque al que se responde repetidamente con posturas a la defensiva? Qué intranquilidad. Ante diferencias ideológicas, alternativas como la aceptación, girar la cara o demostrar lo contrario, pero basta a las imposiciones, a la manipulación o al "por mis huevos". ¿En qué momento nos da por olvidar sabios consejos como el famoso “Vive y deja vivir”? Jamás será la violencia más poderosa que las palabras, solo más devastadora. La violencia podrá aniquilarlo todo, incluso a la palabra, pero la palabra sin respuesta será totalmente absurda, algo violento en sí mismo, y es con algún tipo de respuesta cuando adquiere valor.

martes, 30 de diciembre de 2014

¿Continuamos con ello?

Quizás esta va a ser una entrada más personal a modo de reflexión y hablando un poco más de mi experiencia. Hace un año comentaba que 2014 podía ser un año decisivo en algunos aspectos… y la verdad es que lo ha sido y que lo sigue siendo. Si a nivel personal se vive cada día con la intensidad de quien empieza un nuevo año, una nueva oportunidad o un nuevo reto, el resultado no suele decepcionar. Este año casi todo ha ido rodado y estoy contenta. Y, lo que no lo ha ido tanto, ya tan apenas lo recuerdo y hablo enserio. Eso debe de ser buena señal. Así que, haciendo un balance, podría decir que durante este año…

He dejado de justificar tanto o de darle más de tres días y medio de vueltas a un asunto que no encuentra ni acción correcta ni respuesta incorrecta, retomándolo solo en momentos de lucidez. He intentado no consultar preocupaciones con la almohada y evitar resolver con la luna el día, y he dormido menos por tiempo pero mejor por calma. He respirado antes de tomar algunas decisiones pero las he ido tomando. He comprobado que la energía física tiene que ver bastante con la mental, que despertar con el pie derecho no es más importante que dar los buenos días frente al espejo o que mantenerse activo te hace sentir vivo. He decidido discriminar importancias, infravalorar lo dañino y conservar la buena intención. He ido desatando emociones con quien las merece, con quien se lo gana o con quien me da la gana y, al resto, ajo y agua y fuera de juego mejor. Entiendo que es sensato apostar fuerte si se tiene convicción, reflexionar sobre errores y saberse valorar antes de atribuir cualquier otro valor. He trabajado en ser más decidida y decisiva. He entendido que mi culo siempre será más pequeño y menos seductor que mi corazón. He podido enseñar a aprender y a aprender enseñando. Me han hecho reír y me han hecho llorar, he puesto sobre la mesa temores que ocultaba y potenciales que desconocía. He experimentado situaciones variopintas geniales. Y he abrazado y amado como si no hubiera mañana, tal cual. 

He tenido mucha compañía, pero he sabido disfrutar también de la soledad pese a ser consciente de que, lo mejor de mi año, vuelve a estar igual de relacionado que otros con personas. Y vosotros, ¿habéis pensado en la cantidad de cosas que habéis vivido, conocido y sentido durante este año? Es alucinante. Para acabar quiero resaltar cuatro cosas importantes que creo que deberíamos tener presentes en nuestro día a día, por encima de cuál sea nuestro humor: 1- La importancia del equilibrio entre el deber disfrutable y el disfrute del placer. 2- Si queremos, decir y demostrar HOY, si odiamos, pensar en qué problema tenemos con nosotros mismos. 3-Cuidar de “los nuestros” pero de nosotros también. 4- Darle mucha importancia a lo que consideremos  pequeños placeres de la vida.

Para 2015 vuelvo a tener encargos y puede ser un año movido en el que, a la vez,  se empiecen a estabilizar distintos ámbitos. Como dije hace un año: Tened ilusiones vosotros también ya que no hay por qué no tenerlas y es de lo poco de lo que podemos apropiarnos. Feliz fin de año a todos ¡y mejor comienzo del nuevo!

lunes, 22 de diciembre de 2014

Lucky-Luck

Algunos no saben la suerte que tienen hasta que esa suerte se esfuma. Nosotros mismos, seguro que recordamos joyas de cuyo valor no fuimos conscientes cuando nos fueron ofrecidas. Algunos ni siquiera creen en la suerte, pero inconscientemente también se pasan el día invocándola. Una vez, 'M' me dijo que la suerte no existe, que existe el esfuerzo. Que la suerte no viene, que la suerte se gana. Otro día, 'A' me convenció de que lo primero que hay que hacer para tener suerte es desearla. Así que, está bien... venga por azar o por constancia, no todos los días toca la lotería en cifras, pero sí en oportunidades, en entorno o en compañía. Y es que no hace falta ser pirata para tener buena pata, atribuir un valor o distinguir tesoros.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Desde el aliento, al sin aliento

Escribo en forma de relato pero hay ocasiones que, por sus sensaciones, indudablemente son poesía.

Hay días en los que nos llama como si lo tuviésemos enfrente. No por nuestro nombre, ni a la puerta, sino a latidos. Hay días en que lo anhelamos como si nos fuese el tiempo en ello, como si pararlo y retenerlo fuese solo una cuestión mental estrepitosa y sin poder preverlo. De repente, un escalofrío peina el cuerpo. De arriba a abajo, porque aun está en camino el "para adentro". Cerramos los ojos sin esfuerzo... "que no miro, que imagino". Eso que tantas veces nos rescata y nos provoca el suspiro. Y nos llega su aliento como si lo tuviéramos enfrente, si es que no lo tenemos. Como si nos rozase delicadamente la frente, bajando suave por la nariz, acariciando las mejillas, las de donde sea pero tiernamente, al principio... con deseo al final de ese principio en el que no parece caber fin.

Ese aliento, cálido y húmedo, como anticipando lo que viene sucediendo y se acerca, se impregna en la cara como lo hace el vaho en el espejo en una de esas duchas interminables de una tarde-noche fría y tenue. Viene lento y casi susurrando el "cómeme" de Alicia o de todas sus maravillas. Va abriendo uno a uno cada poro de la piel. Atontando... Hipnotizando... Y lejos de abrir los ojos, quieren estos dormirse en ese sueño. Se incorpora lentamente el cuerpo, con intención y sin lugar a miedo. Avanza poco a poco la cara como corriendo con prisas pero lento... alargando la tensión que duradero haga ese encuentro... El de esa nariz que choca con otra y hace que estalle el inconsciente sobre el consciente, activando la burbuja que capota ese vuelco. Un encuentro que se pasa de salado y se vuelve tan dulce, sensacional y animal que se nota  en el interior de nuestro adentro. 

Decidido, el rostro se ladea, inspira y acompaña a ese imán invisible, perceptible y devoto, que continúa poco a poco descendiendo, que provoca insensatamente y a lo loco, que locos se vuelvan todos nuestros pretextos.  Y justo en ese instante en el que el magnetismo se recrea, las ganas se relajan y se deja llevar el juego, robando labio a labio, mordiendo beso a beso, recorriendo cada rincón de ese momento saciado, llamado deseo. Se reactiva entonces ese pulso que por instantes parecía haber quedado muerto. Que aparece y desaparece entre tensión saciada e impulso resuelto. Justo ahí, se recrean los instintos capturando el momento. ¿Hay algo más sencillo que sea tan intenso? Y es que, viene y se desenvuelve ese beso que se busca y que se siente nuestro.

Y ahora decidme si eso no es poesía.

martes, 9 de diciembre de 2014

¿Celos?

¿Eso qué es? Pues eso que, alguna vez, todos hemos sentido para llegar a la conclusión de que son malos, lo peor, muerte, ¡destrucción! Coñas aparte, los celos lo queman todo, llegando a romper aquello que precisamente intentábamos retener. Hay varios tipos de celos, (y paradójicamente comparte nombre con ese 'rollo' que sirve para unir pedazos de algo) pero si hablamos del celo pasional, creo que es una enfermedad de doble filo dentro de la relación.

Apoyar la infidelidad, por mi parte, sería absurdo porque no creo que sea plato de buen gusto para nadie pero, considerarlo un escándalo totalmente improbable, también me lo parece. La monogamia y el “hasta que la muerte nos separe” son dogmas que el cristianismo inculcó hace mucho tiempo (y basta que nos prohíban algo para que lo veamos tentador –preguntadle a Adán y a Eva-). En nuestra sociedad, creo que la fidelidad ha dejado de ser una obligación, pero lo cierto es que simboliza respeto. Por ello mismo, por no ser una obligación, crea inseguridad y, por simbolizar respeto, se exige y se pena su omisión.

Podríamos reflexionar sobre si una infidelidad se basa en una necesidad real ante la búsqueda de ciertas carencias, de si simplemente se trata de añadir una experiencia más, de si es una consecuencia ante el placer personal de sentir que nuestros encantos (aun) son efectivos, de si vienen provocados por un estado de enajenación mental… Cada uno encuentra sus justificaciones (si llega a necesitarlas) ante su desaprobación y, también cada uno, siente el impacto de una manera u otra en su situación concreta. Lo que probablemente comparten los celos es, por una parte lo que suponen: Inseguridad en uno mismo, desconfianza en la pareja así de entrada y hacer que empecemos a comportarnos como imbéciles. Por otro lado lo que conllevan: Confabular sobre meras sospechas, falta de comunicación y discusiones que afectan al entendimiento emocional.

No quiero hablar hoy de la importancia de la comunicación ni voy a enredar con valoraciones ni ética barata porque cada uno tendrá su reflexión personal. Pero sí que me gustaría aportar una idea general que me parece sensata para prevenir un ataque de celos o, al menos, para pensar dos veces si nos sirve más que centrarnos en otros pensamientos: Al final, si a alguien le merece la pena estar con nosotros, haya lo que haya y quien haya por el medio, acabará viniendo para intentar estarlo. Igual que si alguien encuentra motivos de mayor peso para no hacerlo, se irá, y no por más intentar retenerlo lo evitaremos. No es tan cuestión de voluntad como de sentimientos o ilusión. Mientras tanto, si no tenemos la certeza de nada, ¿qué favor nos hacemos bombardeándonos antes de tiempo?

lunes, 24 de noviembre de 2014

Coqueta hasta la croqueta

Hombres, hay cosas que las mujeres no os pedimos que comprendáis, solo que entendáis. Hay cosas de las mujeres que los hombres no compartís o de las que a veces no pedís haceros partícipes. No es necesario pero, hay cosas en los hombres que se preocupan por ello, que las mujeres amamos: el interés por nosotras en lo que nos forma y nos envuelve, y no solo por un bollito dulce o un rato picantón. Hay cosas nuestras que algunos hombres insisten en criticar y que, sin embargo, deberían adorar. A veces se dan cuenta, otras un poco tarde. Existen costumbres femeninas que, miradas con otros ojos, a todos nos hacen algún bien. Una de esas cosas es la coquetería.

"¿Por qué te maquillas? ¿Por qué el pintauñas? ¿Por qué luces escote? ¿Por qué llevas tacones? ¿Por qué esa manía con el pelo? ¿Por qué esas cremas? ¿Por qué te miras tantas veces al espejo? ¿Por qué, por qué y por qué?" ¡Qué pesados! (Y qué pesadas algunas también.) Porque necesitamos sentirnos guapas. ¡Porque nos gusta sentirnos guapas y femeninas! Cada una dentro de su estilo, pero femeninas, porque también eso marca una huella personal en cada una de nosotras. El motivo de la coquetería empieza en nosotras y acaba por vosotros. El momento, empieza en el despertar y acaba al apagar la lámpara de noche para irse a dormir. No vamos a negar que conlleve cierto sacrificio pero, mientras no llegue a obsesionarnos, no vamos mal o, incluso, vamos bien. Y es que, que una mujer se preocupe por arreglarse no tiene por qué ser síntoma de baja autoestima como algunos apuntan, sino de un mínimo de preocupación por cuidar el aspecto físico.

No veo el problema, más bien al revés. En la misma línea del típico “Mens sana in corpore sano.”, podríamos añadir el “Mens bella in corpore bello.”, y supongo que aún lo mejoraría. De hecho, que los hombres seáis mínimamente presumidos, es algo que puede agradecerse a la vez. Una mujer mayor hace poco me dio un recital de consejos, atemporales y que no entienden de edad, acerca de la belleza interna y externa femenina. De cómo sentirse bien y guapa con una misma e incluso de cómo todo eso repercutía directamente en conservar la pasión con nuestro hombre. De cómo todo eso que a veces detestan, detestáis, luego puede y suele volveros locos. De cómo la conquista debe de ser diaria a partir de detalles aparentemente tontos como este. De cómo, en definitiva, aparte de cuidarnos a nosotras mismas, si existe “ese hombre”, tanto nos debería de cuidar y complacer él a nosotras como nosotras a él, y este tema entra en el juego.

Por último, si existe "ese hombre", ya que las tenemos, podemos explotar las llamadas “armas de mujer" de las que cada una consta. Por mucho que él reniegue, combinadas con un toque coqueta pueden hacer que se le caiga la baba y que se eleve su orgullo de que seamos nosotras, ella, "su chica, su mujer". Así que creo que todos salimos beneficiados o, como poco, sanos y salvos, de las muestras de coquetería de una mujer (siempre que no sean excesivas y rocen la obsesión como decía antes). Dejando de lado la prepotencia con la que algunas sí llegan a mostrarse, creo que la coquetería va más allá. Más que el ansia por estar realmente guapa consiste en intentar sentirse bonita. ¿Hay algo tan dulce como una mujer que se siente bonita? ¿Quizás que quiera mostrarnos que lo es aún más por dentro? No hace falta ser un bellezón para gustarnos o para gustar a alguien, pero mi reflexión de hoy es que quizás sea más probable que ocurra si cuidamos a la vez la manera de sentirnos y de mostrarnos.

martes, 18 de noviembre de 2014

¡Suerte la tuya!

Algunos no se creen la suerte que tienen. Durante estos días he coincidido con diversas de esas muestras de “desgracias por el mundo”: Una exposición sobre fotoperiodismo tan real como duro, otra sobre la desconsideración de la mujer (y el ser humano -pobre- en general) en otros países, los conflictos a los que están sometidos algunos territorios y que ocupan más de medio informativo cada día, un vídeo que te pasa una amiga sobre el pan de cada día en el tercer mundo… ¿Y es que ese tercer mundo no está en otro más que en este? Puede parecer “más de lo mismo” que escriba sobre este tema (total, se habla mucho y cambia poco) y algunos querrán llamarlo “demagogia” (ya que suele usarse como recurso fácil para girar la vista). Pero cuando te llegan muestras así de seguidas de golpe, te saturas y de verdad que, como mínimo, te paras a reflexionar unos minutos. Te quedas embobada durante un rato, viene alguien y te pregunta que si estás enamorada y, aun con los dolores de cabeza que eso te haya podido generar a veces, de repente, no puedes dejar de pensar en otra cosa que en lo afortunada que eres. Te sientas en el metro y empiezas a escribir esto porque tienes que escupirlo sobre algo ya que sobre alguien no puedes.

No quiero alargarme mucho, pero la reflexión no es otra que la misma de siempre… esa misma de siempre que está visto que la gente con suerte necesitamos recordar. Por un lado, quizás estamos demasiado acostumbrados a ver y a hacernos eco de desgracias gordas a través de medios de comunicación, hasta el punto de poder cenar impasibles mientras las vemos, comentamos otras jugadas o esperamos el espacio de los deportes con ansia. Nos hemos vuelto de acero a base de tragar metralla por diferentes pantallas. La verdadera peli de terror no está en los mejores cines, sino a no tantos kilómetros de nuestra casa como a veces puede darnos la sensación. Por otra parte y lamentablemente, parece que somos más conscientes de nuestra suerte cuando vemos desgracias ajenas… así nos va de cargadito de ira y envidia entre unos y otros este “primer mundo”, mientras todo nos va bien a todos pero algunos desean la suerte de otros.

Con este texto no quiero hablar de ayudar a esas personas que viven situaciones alarmantes, no quiero hablar de solidaridad, sino de coherencia con nuestra propia vida. Es obvio que vamos a sentir rabia, tristeza, impotencia o dolor ante según qué situaciones, ya que nuestro contexto es el que es y estamos habituados a la vida a este estilo, pero no deberíamos dejar pasar un día en el que no nos sintamos afortunados por más de un motivo. O sin que no sean esos motivos suficientes como para sentir fortuna. En especial esos días de mierda que todos pasamos alguna vez. Podemos vestirnos y comer, estudiar y elegir trabajos, pegarnos fiestas, viajes y placeres, amar a quien queramos, expresarnos con bastante libertad… Cosas que consideramos normales pero que pueden no serlo tanto para otras personas, ni mejores ni peores que nosotros. Entonces, creo que debemos aprender a calibrar lo más objetivamente posible nuestra fortuna si tratamos de conseguir nuestro supuesto objetivo: sentir felicidad. Porque repito: algunos no se creen la suerte que tienen… pero es que otros la consideran un derecho tan básico, innato e indiscutible que ni creen tenerla.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Inconformismo

En los tiempos que corren lo queremos todo (bueno, bonito y barato). No sé si es una cuestión generacional, de sociedades que han crecido con algunas comodidades, de egoísmo, de ritmo de vida o de todo a la vez, pero lo queremos todo y en el menor tiempo posible. En el rango entran, desde cosas materiales, hasta estados de ánimo que dependen, en definitiva, de nuestro propio comportamiento. Y bueno, a menudo nos ceñimos a pensar que algo incierto y abstracto (llámale Dios porque hasta el más ateo alguna vez le ha pedido algo) va a venir de la nada y nos lo va a conceder. Y, si no, pues “me cago en la puta” y ya está. Ese ser divino debe de estar partiéndose el culo y montándose fiestas bizarras junto a los Reyes Magos y el Genio de Aladín entre listas interminables de caprichos de los nuestros.

Que si “mucho dinero y fácil por favor, viajes, belleza y alabanzas, churris, churros y vicios…” y la tan ansiada felicidad como estado de Nirvana permanente y objetivo final. Como si nos fuese otorgado sin tener que provocarlo. Algo así como que quien lo alcanza ya no lo pierde y, quien no lo tiene, “míralo, pobre desgraciado”. Nos cuesta aceptar momentos de flaqueza porque parece que aquí solo sobrevive “El rey del mambo”. Postureo, ¿os suena? Los psicólogos están llenos de tarados que quieren o creen abarcarlo todo y no acaban saboreando nada. Actualmente, las posibilidades de conquista de lo que sea son muy amplias y, abasteciéndonos únicamente de efímeras satisfacciones, probablemente no acabamos teniendo casi nada realmente bueno. Y no hablo de suprimir las primeras, sino de pensar también en lo segundo, tan o más importante.

Creo que nos agobia el sacrificio y que no nos concedemos vivir etapas transitorias de conquista. Pero, a la vez, cuando conseguimos algo bueno que nos viene como de la nada, le restamos importancia porque no ha requerido esfuerzo. Nos gusta tener suerte, pero parece no sernos suficiente como para alimentar nuestro ego de ganadores. Sea como sea, a veces creo que no hemos aprendido a cuidar tanto lo bueno como lo caprichoso. Algunas ocasiones, conseguimos algo y ya estamos pensando en lo siguiente, sin conservar su relevancia o intentar añadirle valor. Tendemos a girar la vista y “a otra cosa mariposa”. Quizás deberíamos recordar más a menudo  que, para que un logro sepa realmente bien, fuera de que sea fortuito o trabajado, hacen falta 3 cosas: 1- Saber verlo como un tesoro, 2- Saber merecerlo, 3- Saber seguir ganándolo. Creo que, tras la primera, las dos siguientes van rodadas y hoy quería recordarlo.

viernes, 31 de octubre de 2014

Dilemas que no comprendo

¿Hay siempre que escoger? Mi respuesta es “no”. Muchas veces se debe hacer, pero no todo son dilemas. Ya dicen que en la variedad está el gusto, así que los combinados son, a veces, una buena solución. Puede que la mejor y más sensata. Detesto a aquellos que intentan poner entre la espada y la pared como salida a cualquier cuestión. Ni blanco del todo ni del todo el negro.

En este caso quiero hacer una pequeña reflexión sobre lo que opino de esa clásica pregunta en estas fechas: “¿Tú eres de La Castanyada o de Halloween?”. Pues de nada y todo a la vez. ¡Igual que de Papá Noel o los Reyes Magos! De ambos, tonto, de ambos…¿Para qué tener que escoger si puedo celebrarlo todo? Buscar incompatibilidades en asuntos de este tipo, me pone de los nervios. Las tradiciones básicamente culturales, sin colores ni exclusiones, siempre nos pueden enriquecer mientras no hagan daño a nadie (entiéndase, como ejemplo personal de daño: “corridas de toros”). Me parece que, dicho eso, quien critica alguna de ellas demuestra basarse más en otros cimientos (políticos, de desconocimiento, de rabia contra el mundo y lo que le rodea, etc.) que en la razón de la celebración en sí.

Si nos quejamos de mentes cerradas, empecemos haciendo autocrítica y a dejar de plantear dilemas absurdos o de cuestionarnos qué es mejor y qué peor en base a nuestra simple opinión, ¿no? Al fin y al cabo, si a algo nos invitan las festividades es a celebrar todo lo celebrable, que es lo que al final nos queda. Así que, a aquellos que se pregunten de qué o de quién soy yo, les digo que de donde y de quien me quiera, y arreando.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Si la vida son dos días…

… quizás se te pase como si fuese uno. Quizás, de él, únicamente recuerdes esas 5 personas que caben en la palma de la mano, 4 canciones que te arrancaron el corazón, 3 abrazos y algunas palabras que te cortaron y devolvieron la respiración, 2 viajes y uno de ellos el de vuelta a eso que sientes casa y 1 encuentro íntimo que, por qué no, por momentos te hizo cambiar de dimensión. Asegúrate de que, entre toda la aparente normalidad, vivas cosas locas, extremadas o revolucionarias… Como quieras llamarlas, pero lo suficientemente profundas e intensas como para que el tatuaje, y la evolución de sus consecuencias, vayan quedando grabadas con tu imprenta natural. Asegúrate también de que con ellas no haces mal.

Larga y maldita es la vida para quien la malvive y corta para todos al final. “El tiempo” es incierto y, “el momento”, esa medida exacta con la que poder resumir, de nuestra totalidad, la realmente aprovechada. La memoria se alimenta de prioridades, entusiasmo, sorpresas y dolor y, más que selectiva, es el rebote de aquello a lo que dimos o damos valor. Experimenta, conoce y disfruta porque, para joder, siempre hay algún cerdo sin escrúpulos o alguna zorra astuta.

Si la vida son dos días, hoy me lo paso, seguro, conmigo… y únete si vas a hacer algún bien o si caminas al lado con algún sentido. Evita hacer por hacer, por crecer, por merecer, por agradecer, por obedecer o desobecer o por cualquier tipo de verbo. Hazlo por el placer de todo ello y siéntelo, más que en la mente, en las entrañas… allá donde quieran que estén. Merece cada logro porque: logro no merecido, algún contrachoque en el camino. Y pisa fuerte el orgullo y el rencor porque, a cada paso, le restan razón.

Toma decisiones y aparca el miedo que, lejos de frenar, solo ralentiza el proceso. Porque, es lo que se quiere lo que se acabará haciendo, mientras la posibilidad siga existiendo. Y ama, ama mucho pero, sobre todo, ámate más y siempre mejor. Nuestra imperfección trata de dejarnos siempre con ese grito ambicioso que cree que detrás de un acto puede haber algo más espectacular. Es eso mismo lo que nos impide valorar con criterio toda la genialidad que, a nivel personal, sí vamos consiguiendo. Por eso ama también aquello que consigues y a quien, por lo que sea, te consigue o te ama. Cree en tus percepciones porque hay gente que habla más cuando te mira que cuando articula o traga palabras.

Si la vida son dos días... dale a tu cuerpo alegría Macarena.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Merecer la pena

Nos cuesta desprendernos de cosas que estamos acostumbrados a poseer, de lugares a los que decimos pertenecer, de personas a las que solíamos querer ver o de rutinas a las que cada día nos sometíamos. Insistir por algo, tiene antes que merecerlo. A menudo vemos las cosas desgastarse sin darles otra alternativa. Nos aturden los cambios, nos bloqueamos ante las nuevas oportunidades pero, sobre todo, intentamos conservar todo, le encontremos mayor o menor utilidad. Nos cerramos, a veces, ante opciones alternativas y nos cegamos frente a comodidades que dictaminan. 

Como una vez leí: Si nuestro sentido de la identidad se basa en lo que tenemos, se ve siempre amenazado. Queremos preservar todo cuanto nos rodea porque, a aquello que poseemos, no le damos un sentido únicamente de propiedad sino que le atribuimos ciertas connotaciones de identidad. Nos cuesta ganar las cosas, pero más conservarlas con sentido. Tener algo no conlleva deberse a ello, sino disfrutar de ello. Si no, está de más. Sentir, ver, amar, estar contento, estar triste... son actividades o estados, verbos que significan experiencias. Esas son las cosas que no podremos perder ni destruir, las que conservaremos y nos identificarán.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Fin de ciclo, marca inicio

La vuelta de las vacaciones o el fin del verano, según se tenga que trabajar o no, provoca efectos devastadores. No voy a ser yo la que tire los primeros fuegos artificiales, pero tampoco voy a ahogarme entre melancolía. Toca hacer una valoración resumida y afrontar sin perder tiempo. Con calma pero sin pausa. Porque todo el mundo odia septiembre pero yo creo que, es en septiembre, cuando realmente empieza el año. Es un mes de oportunidades, ¿no? Un trance que se alarga hasta octubre. Septiembre, de hecho, no tiene 30 días, sino que, hasta bien entrado octubre, podría ser un único mes. Llamamos “volver a la rutina” a un inicio de ciclo ya que tendemos a negativizar todo. Son días en los que no valen indecisiones o dudas: o empiezas fuerte o la has cagado, o estás conmigo o empiezo sin ti, o tomas algún tipo de decisión o estarás perdido como mínimo hasta,  probablemente, después de navidades. A coger el timón y escoger dirección.

lunes, 11 de agosto de 2014

Es de bien nacido...

… ser agradecido; ya lo dicen. Aunque parezca una tontería, no es cuestión de un simple detalle o de una amable palabra, es cuestión de educación y, sobre todo, una muestra de respeto.
Agradecer todo lo que deba ser agradecido, es trascendente y causa más impacto del aparente tanto en quien lo hace como en quien lo recibe. Recuerdo que, hace unos años, una persona importante para mí, un día me dijo que no hacía falta que le diese las gracias por según qué cosas. Casi llegó a convencerme, pero es algo que continuó saliéndome como acto reflejo de algunas acciones, y acabó apreciándolo. Alguna era la razón para hacerlo, siempre hay alguna... esa razón que cada uno es capaz de sentir en grandes o pequeños detalles y que expresa reconocimiento.
Por una parte, agradecer es saber valorar algo que hace otra persona, sea más o menos costoso. El reconocimiento es algo que a todos gusta y que, por qué no, todos podemos merecer de alguna manera o alguna vez. Agradecer, pues, es saber apreciar que alguien se tome el tiempo o “la molestia” de hacer algo por nosotros... eso a lo que, en ocasiones, podemos estar tan acostumbrados como para obviarlo. Esa persona podría perfectamente pasar de nuestra cara como muchos otros pero, sin embargo, decide hacer un gesto hacia nosotros, bien sea una gran hazaña o alcanzarnos un objeto. Por otra parte, agradecer es la mínima respuesta que puede recibir cualquiera de esos gestos. Cuesta poco y, sin embargo, expresa mucho. Probablemente una sola palabra contiene bastante más trasfondo de lo previsible.
Mostrarse agradecido y dar las gracias con palabras o con acciones es una buena, y a menudo suficiente, manera de devolver al instante ese gesto por el que nos sentimos agradecidos. El otro día, en una conversación, tomé verdadera conciencia de ello. Es compensar y compartir un acto de generosidad y poder sentir satisfacción mutua por ello. Qué fácil, qué a mano y qué, a veces, tan olvidada pero importante palabra: Gracias.

martes, 5 de agosto de 2014

Master-femmes

Muy probablemente, por cada quedada de mujeres que se da, muere un hombre en este mundo. Eso sí, en compensación, otro renace, es bien mentalmente jodido o amado incondicionalmente. A veces, llega a darse cuenta cuando ha muerto.
Probablemente también, gran parte de la humanidad tenga una mente parcialmente perversa, sucia y furcia… Menos de lo aparente pero tanto como el subconsciente nos asegura, para suerte de todos. En el caso de las mujeres, a nivel individual es una pasada cómo cada una podemos hacernos sentir increíbles y sensuales, en pareja, la clave de la seducción es sentirse deseada pero, ¿y cuando se pone la experiencia en común? Comparar, observar, opinar, aconsejar… es sumamente divertido e interesante. Al fin y al cabo, una mujer que disfruta su feminidad, necesita sentirse mujer, con todo lo que eso conlleva. Esos momentos en que lo consigue, son siempre trascendentes.
Hay mujeres insatisfechas. Sí, las hay... con su vida en general. Muchas de ellas, oportunistas que intentan boicotear esa actitud que envidian… esa que no llegan a alcanzar por la razón que sea y que, en definitiva, muestra el esplendor decisorio femenino. La frustración les impide pedir ayuda o querer ser ayudadas. Se den cuenta o no, lo único que hacen es alimentar que la mujer aun se sienta en ocasiones juzgada simplemente por su instinto animal (¡como si en eso hombres y mujeres fuésemos tan distintos!). Algunas mujeres, es cierto, son decepcionantes… otras sin embargo, a su estilo y afortunadamente, son hermosas.
Si alguna vez habéis presenciado una conversación sexual entre mujeres, sabréis que es presenciar un ritual apasionante. Si sois hombres y habéis tenido la oportunidad, sentíos afortunados... pocos entran ahí. Sin límites, retroalimentamos nuestra libertad de expresión y de pensamiento. Lo que puede surgir de ahí es una locura, a parte de un sinfín de risas. Como si de un confesionario o de un consultorio del amor se tratase, se acaban uniendo lazos y, creedme, creando escuela. Se aclaran cuestiones, se sugieren opciones y, al final, la única pretensión es la de conseguir la satisfacción personal y, por qué no, una buena cara de “Master of Univers” del adversario, como recompensa.
Hay que saber con quién, pero el hecho de compartir conocimientos y experiencias es, más allá que un disparate, algo que agradecer.  ¿Cuántas parejas pueden estar ahora mismo satisfechas por resoluciones extraídas de alguna quedada femenina perversa?  Hombres, cuando un grupo de mujeres se reúne y habla de sexo, más que temer, sujetad bien la cabeza para que la que ruede no sea la vuestra... Por lo demás, celebradlo porque, a la larga o a la corta, algo positivo sacaréis de ello si sois capaces de mantener a esa fantástica mujer... una Master-femme.


(Dedicado a mis Master-femmes y todos esos ratos tan divertidos.)

lunes, 28 de julio de 2014

Amantes del círculo estival

El calor, el “a la fresca” y el refrescar… muchos encuentran en el verano un aliciente para salir a pescar. Todo puede empezar con un baile seguido de una frase ingeniosa. Hay quienes prefieren frases típicas y probar suerte: “Estoy solo en casa estos días, ¿te pasas a echar un mojito?” Y mojito, moja. Algunos se sumergen en la dieta del cucurucho y otros se lo toman como reto personal: “A Dios pongo por testigo que me lo/la voy a tirar”. Hay que tener cuidado con la fauna, bien autóctona, exótica o de corral... para llegar a septiembre entero y sin ralladas se debe tener en cuenta lo que se quiere, lo que te dan y lo que se quiere dar.
Los hay que rompen el año abriendo una brecha en verano… poco de fiar. Y los que escogen el verano para dar un paso al altar. Los hay también los del polvo infiel, que con la excusa de “la carne tira”, una despedida de soltero o un festival, ponen el calentón por delante, el alcohol como excusa y el amor a la baja. Otros tienen un amor en cada puerto y apuran el tiempo allá donde van. O los que aprovechan el índice de promiscuidad para dar rienda suelta a deseos, fetiches o al “amor” experimental. Los hay que echan mano del listado de contactos, amantes fugaces o solteros que encagen y, a contrarreloj flirtean, quedan, exprimen el tiempo y se ven cuando cae el sol. También están los infinitos vis a vis o amantes, que de verano o de todo el año, se hacen bien entre tanto mal de forma eficaz. Entre cena y revolcón se desata la pasión. Y luego están aquellos que, buscándolo o no, esperándolo o de imprevisto, no imaginan que ese amor de verano traerá cola desde que por primera vez fue visto. Y, para al que el amor le resbale este verano o al que se le escurran sus objetivos, energía y actividad, una canita al aire, una manita a tiempo o un baño con otras mangueras y a gozar.
Sea como sea y responda a lo esperado o no, el verano está para divertirse y disfrutarlo sin dejar de darnos amor. Que en septiembre, cuando ‘no queden días de verano porque el viento se los llevó’ acabemos cantando el Summertime Sadness con más morriña que dolor. Nos quedemos o nos vayamos, lo que para unos tres meses es mucho, para otros más bien poco y, si se fue con el verano, se mantuvo o se quedó… algo valió. Pónganse los protectores, salgan mucho y laméntense poco porque el verano está loco.