Páginas

Translator

martes, 9 de diciembre de 2014

¿Celos?

¿Eso qué es? Pues eso que, alguna vez, todos hemos sentido para llegar a la conclusión de que son malos, lo peor, muerte, ¡destrucción! Coñas aparte, los celos lo queman todo, llegando a romper aquello que precisamente intentábamos retener. Hay varios tipos de celos, (y paradójicamente comparte nombre con ese 'rollo' que sirve para unir pedazos de algo) pero si hablamos del celo pasional, creo que es una enfermedad de doble filo dentro de la relación.

Apoyar la infidelidad, por mi parte, sería absurdo porque no creo que sea plato de buen gusto para nadie pero, considerarlo un escándalo totalmente improbable, también me lo parece. La monogamia y el “hasta que la muerte nos separe” son dogmas que el cristianismo inculcó hace mucho tiempo (y basta que nos prohíban algo para que lo veamos tentador –preguntadle a Adán y a Eva-). En nuestra sociedad, creo que la fidelidad ha dejado de ser una obligación, pero lo cierto es que simboliza respeto. Por ello mismo, por no ser una obligación, crea inseguridad y, por simbolizar respeto, se exige y se pena su omisión.

Podríamos reflexionar sobre si una infidelidad se basa en una necesidad real ante la búsqueda de ciertas carencias, de si simplemente se trata de añadir una experiencia más, de si es una consecuencia ante el placer personal de sentir que nuestros encantos (aun) son efectivos, de si vienen provocados por un estado de enajenación mental… Cada uno encuentra sus justificaciones (si llega a necesitarlas) ante su desaprobación y, también cada uno, siente el impacto de una manera u otra en su situación concreta. Lo que probablemente comparten los celos es, por una parte lo que suponen: Inseguridad en uno mismo, desconfianza en la pareja así de entrada y hacer que empecemos a comportarnos como imbéciles. Por otro lado lo que conllevan: Confabular sobre meras sospechas, falta de comunicación y discusiones que afectan al entendimiento emocional.

No quiero hablar hoy de la importancia de la comunicación ni voy a enredar con valoraciones ni ética barata porque cada uno tendrá su reflexión personal. Pero sí que me gustaría aportar una idea general que me parece sensata para prevenir un ataque de celos o, al menos, para pensar dos veces si nos sirve más que centrarnos en otros pensamientos: Al final, si a alguien le merece la pena estar con nosotros, haya lo que haya y quien haya por el medio, acabará viniendo para intentar estarlo. Igual que si alguien encuentra motivos de mayor peso para no hacerlo, se irá, y no por más intentar retenerlo lo evitaremos. No es tan cuestión de voluntad como de sentimientos o ilusión. Mientras tanto, si no tenemos la certeza de nada, ¿qué favor nos hacemos bombardeándonos antes de tiempo?

No hay comentarios:

Publicar un comentario