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lunes, 29 de abril de 2013

Atención, que vienen curvas


Si algo hace sexy a una mujer, eso son las curvas y sus movimientos, o los movimientos de sus curvas. Sacarse partido, cuidarse y mimarse a partes iguales o mirarnos al espejo sintiéndonos bellas como lo que somos, deberían ser tareas obligatorias en nuestro día a día. Ya no por el qué dirán, sino por nosotras mismas, para sentirnos especiales por lo que tenemos como realmente somos y no tan imperfectas como, a menudo, nos hacemos creer. Aceptarse y quererse exigiéndonos un mínimo pero nunca por encima de sacrificios, prototipos inalcanzables o lenguas viperinas que influyan sobre nuestros sentimientos y principios, que son lo máximo, no nos olvidemos. Y llegados a este punto, quiero destacar que hoy dedico el escrito a las mujeres pero que perfectamente podría estar tratando lo mismo acerca de los hombres.

Lo que enfea a una persona es la sociedad y el conjunto de nuestras propias críticas (parece que cada vez más críticas). Eso no va a cambiar, asumámoslo. Exponemos opiniones constantemente aun sin que nadie nos las pida. Asumamos, de hecho, que eso forma parte de la comunicación humana. Lo que sí que podemos hacer es ser más o menos discretos o bien mostrarnos crueles y egoístas pensando única y exclusivamente en nosotros y no en el impacto que nuestras palabras puedan tener en los demás. Gustos y preferencias los tenemos todos, no por eso quiere decir que sean más válidos que otros. También podemos dejarnos llevar más o menos por la publicidad y los prototipos de mujer triunfadora estipulados por, únicamente, unos cuantos (que no tienen ni idea, y parece que tampoco del daño que ello causa). De verdad, seamos más humanos y no tan dominados, tengamos opiniones dispares pero propias y le daremos sentido a esa gran verdad que dice que ‘el buen gusto reside en la variedad’. Y es que, por suerte, lo que a uno puede parecerle un horror, a otro siempre puede gustar.

Como decía, pues, les demos mayor o menor importancia, debemos acostumbrarnos a vivir bajo críticas porque siempre vamos a estar expuestas a ello, pero también debemos saber defendernos de ellas sin esforzarnos en hacer grandes demostraciones. Esto requiere que aprendamos a valorarnos constantemente y sin tregua como aquellas que somos y a sentirnos bien con nosotras mismas tanto por dentro como por fuera. Estaría bien valorarnos como los que más ya que, pasarnos el día envidiando, va a ser lo más inútil que podamos hacer. Al fin y al cabo, con el que vamos a tener que convivir es con ese otro cuerpo que, en demasiadas ocasiones, desprestigiamos. “Saber vender el pescao” también es importante porque, en definitiva, aun con toda la importancia que pueda tener un físico, el lado psicológico es más poderoso. Para ello no sirve aparentar (eso se percibe descaradamente, chicas), sino estar convencida de que el conjunto que tienes, sea grande o más chico, con los rasgos, facciones o formas que siempre quisiste tener (que es probablemente justo aquello que no tienes) o no, es calidad y puede dar mucho juego y mucha vida.

Que el físico es nuestra carta de presentación, es evidente. Que en él va parte de nuestra atracción (sea para lo que sea) también. Pero, pasada esa primera toma de contacto, lo realmente interesante es nuestra psique, no nos engañemos. ¿Ninguno de vosotros ha dejado o se ha quitado de encima al típico bombón pero petarda/o de turno? ¿Ninguno se ha sentido atraído por alguien de quien, en un principio, no se había fijado por su físico? Cuidar un físico, no vamos a engañarnos, es importante tanto para el resto como para nosotros mismos, pero que lo que destaque sea nuestra personalidad, es esencial. Así que una personalidad que tenga claro que va unida a un físico de calidad es primordial para que, incluso, así sea percibido. El envoltorio llama la atención, el interior es el que causa impresión, y mi impresión es que todas tenemos motivos para impresionar desde el envoltorio y para eso hace falta algo más que tener un físico subjetivamente bonito. Al final, todo es un juego y saber jugar, también con nuestro cuerpo, es lo que nos hace, a menudo, ganar.

Por eso, quiero apoyar que, tengamos unas u otras preferencias, os deis la oportunidad de, por qué no, agarraros a un  michelín o a unas buenas caderas, si surge, o simplemente de mirar cuerpos sin necesidad de compararlos. Daos la oportunidad de comprobar que ‘tener donde agarrar’ es más que una frase, que la sensualidad no está reñida con la chicha, que la celulitis (que todas, flacas  o más gordas, tenemos) no es asquerosa sino algo de lo más natural en una mujer y que, un vestido en un culo más respingón o en una tripita más voluminosa, puede quedar igual o mejor que en el cuerpo de una mujer con escasas curvas. Sin duda, hay algo más allá de las curvas que quiero destacar y que considero mucho más sugerente, incitante, excitante y atractivo, y es el lado sexy de la mujer. Eso se tiene o no se tiene, y si no se tiene, se trabaja en explotarlo o no. Pero la mujer que es sexy y, de forma más o menos consciente, tiene un toque sensual pícaro y juguetón, ya puede pesar más que la de al lado o ser menos agraciada, pero será un pivón y, a la larga o a la corta, valdrá y cautivará mil veces más que la otra que solo tenga un cuerpo mono. No sé si estaréis de acuerdo conmigo pero esa es mi opinión. Y de nuevo entramos en la idea de que, el físico, con más o menos recursos, puede al menos llegar a sugerir otros valores más interesantes de los que pueden verse a simple vista y que hacen que, sin duda, embellezca el conjunto.

Al final, las curvas podrán ser más discretas o bien más pronunciadas pero, por suerte, las opiniones variarán dependiendo de la mirada que las esté observando y de lo que esta esté queriendo observar. Desde las más gordas hasta las más flacas, pasando por todos sus intermedios, toda mujer es preciosa cuando llega a estar a gusto consigo misma. Porque recordad que, como hace poco leí en algún lugar, ‘la curva más bella de una mujer es la sonrisa’ y esa es la que, al final, más pesa.

sábado, 27 de abril de 2013

¿Quién se moja más?


“Llueve, ¡coge el paraguas!”, es esa frase que se repite tan frecuentemente en los hogares los días de lluvia. Pero, ¿en todos los lugares por igual? Pues no lo creo… me temo que en los que predomina el sexo femenino se dice bastante más. La estadística que he hecho en 5 minutos y a ojímetro, concluye que aproximadamente 8 o 9 de cada 10 personas que se resguardan de la lluvia con un paraguas son mujeres y que, ese par de personas que no lo son, probablemente pertenezcan a la categoría senior o infantil. Luego está la variedad “señor-padre-de-familia”, de esos que dominguean haciendo barbacoas familiares en el campo, los cuales sostienen un paraguas tamaño XXL y cobijan bajo él a mujer, hijos, suegros e incluso sobrinos.

Sea porque somos más presumidas y “Aish, es que se me moja el pelo”, porque no siempre llevamos una capucha encima o porque prefiramos que el agua no nos cale hasta las… bueno, hasta los huesos, solemos usar la mayoría de los paraguas que se venden. También puede ser que a los chicos os falte un bolso donde plegarlo y guardarlo cuando para de llover o llegáis a vuestro destino. O que seáis más despistados, lo asumáis y no lo saquéis para no perderlo. Porque en eso tengo que daros la razón… si hay algo fácil de olvidar en algún lugar, eso es un paraguas. ¿Hay algo más incordiante que tener que cargar con él? Sí, tener que cargar con él una vez ha parado de llover. Creo que solo a unos cuantos asiáticos (a quienes únicamente les falta ponerse piel de lichis como complemento) les gusta la idea de llevarlo por placer, como decoración o para cubrirles incluso cuando hace sol. Eso sí, sea para lo que sea y para quien vaya a usarlo, elegir un paraguas no es tarea fácil. Los hay de distintos tamaños, formas y colores, plegables o de bastón, discretos o más cantones, pero si te decantas por los estampados, ¡a cuál más hortera! “Aish, vamos, que si no fuese porque se me moja el pelo y se me empapa el trasero igual me pensaba eso de prescindir de él.”

En conclusión, los hombres adolescentes y de mediana edad sois mucho más reticentes a los paraguas que nosotras, quienes empezamos siendo niñas con paraguas de topos y botas de agua a conjunto y acabamos siendo señoras que se ponen bolsas de la compra en la cabeza cuando la lluvia les pilla desprevenidas. No quiero influenciar, pero ¿aceptamos, pues, paraguas como complemento de señoritas y otras minorías?

lunes, 22 de abril de 2013

Sexo casual, sexo por cuidar



Estaremos de acuerdo en que el sexo es uno de los grandes placeres de la vida. Aun siendo sexo de principios del siglo XXI, lo es. ¿Por qué digo esto? En la época actual podemos gozar del sexo libremente de forma mucho más fácil que hace unos años, con más medios y sin tantos reparos aunque siempre existan algunos prejuicios y personas entrometidas. Vivimos una revolución sexual que casi podríamos calificar como “era sexual”, y no hablo de promiscuidad. Pero, de la misma manera que el sexo frecuentemente apacigua problemas, a la vez puede generar otros y, en ocasiones, o te paras a reflexionar sobre ellos o puedes acabar dejando de lado los valores de aquello que haces, llegando a automatizar el acto. Me refiero a que me da la sensación de que, demasiado a menudo, se cosifica el sexo y se promueve su inmediatez hasta el punto de desnaturalizar el erotismo. Y sí, eso me parece un problema.

En los últimos años, el sexo ha pasado a un primer plano bastante interesante e inquietante en las relaciones interpersonales. Generalizando, tenemos un mayor número de relaciones y, si ya no eso, nos acostamos con más personas que tiempo atrás. Eso en parte se debe a que, antes, la experimentación sexual no se veía de manera tan positiva y a que, actualmente, tenemos más posibilidades porque ya no vivimos en contextos limitados en cuanto a espacio físico, sino que hay muchos medios para conocer posibles compañías. Todo esto hace que la vida amorosa también haya variado y que cada vez sea más frecuente encontrar casos de reticencia al compromiso o en los que una relación pasa, rápidamente, a suponer una carga. Se crea un clima, pues, de cierta dependencia sexual pero absoluta independencia personal (lo cual no juzgo, simplemente expongo). Abundan las relaciones pasionales pero rápidas y luego nos dejamos atrás, quizás porque la mayor de nuestras pretensiones es básicamente la autorrealización. Para algunos, eso conlleva a la filosofía de “no dejar nada en el camino y coger todas las opciones”, experimentando al máximo sin renunciar a ninguna oportunidad, propuesta o tentación, sin “tener” que dar explicaciones. Para otros, simplemente se trata de no arriesgarse a fracasar en algo evitable que tampoco consideran necesario en ese momento dado de su vida. Otros, creen no dar con nadie que conjugue bien con ellos en el terreno amoroso, sin más.

Aunque la libertad sexual de exploración y experimentación suele considerarse saludable, esta dimensión sexual, por lo que comentaba antes, llega a crear también peligros asociados con la psicología de las personas en los que pueden crearse dependencias, adicciones o trastornos de la intimidad o identidad emocional. Por eso, como consejo, nos amemos o no nos amemos, al menos comuniquémonos e irá todo mucho más rodado y gratificante. No creo que esté mal disfrutar del sexo libremente y no quiero caer en considerar como catastrófica la mera autorrealización (si es con unos mínimos humanos), pero sí que me parece decepcionante oír hablar de cada vez más casos en los que las experiencias sexuales se convierten, ya no solo en algo común, sino en algo casi obligatorio con escasez de deseo, sensualidad o una atmósfera apropiada para sentirse satisfecho. ¿No creéis que es una pena? Pienso que el sexo indiferente, irreflexivo y meramente superficial no debería convertirse en el sexo predominante porque merecemos o necesitamos más para percibirlo como lo que es, como placer. Para eso, mejor pasar sequía.

Entonces, ¿existe alguna solución? No sé si es una solución o una alternativa interesante, pero desde luego no tener sexo casual o solo tenerlo cuando existe compromiso no me parece la solución ni tampoco algo natural ni más digno. Sin embargo, desde que el sexo es ‘tan fácil de conseguir’ y el romanticismo ha quedado en un plano más discreto (no por ello no existente, claro), quizás lo más sensato es buscar la buena compenetración, comunicación y armonía. Es decir, si tener pareja estable se ha convertido en algo difícil, secundario o, al menos no uno de los objetivos primordiales, aspirar a tener una relación de complicidad es, seguramente (junto a hacerlo cuando y con quien realmente quieras), lo más satisfactorio para no llegar a banalizar el sexo (y ya no solo el sexo). Esa complicidad no es que sea tan fácil de conseguir como de llegar a disfrutarla cuando se consigue, pero ya que hablamos de autorrealización, siempre será más pleno que el sexo gane en calidad, placer y deseo, ¿no?


(Reflexión/Adaptación de unos artículos de "El Confidencial")

sábado, 20 de abril de 2013

Cerveza-beer


Te odiaba. Detestaba tu sabor y hasta tu olor. Pero en un verano lúcido, el espíritu taja de las fiestas de la Bur y una espléndida juventud hicieron lo inevitable: que entre agua y el alcohol de la barra, me cautivaras tú.

Sea cuál sea tu denominación de origen y sea cuál sea tu color, no estás tú para hacerte desprecios y eres una clara tentación. Haya o no acompañamiento, sueles ser la gran opción. Eres la caña en caña, quinto, vaso, copa, litro o palangana. Me rociaron contigo en alguna celebración. A modo de confesión, incluso me bañé contigo en algún momento. Y aunque te quiero fría, el culo caliente también irá para adentro. De amargo, aunque exquisito, solo tienes tu sabor, sea en las tardes-noches de terraza o en cualquier noche de apalanque o bien de acción. En barril, botellín o botella, más grande o más pequeña, suavizas el instante, agravas la alegría  y refrescas la garganta… otras veces vas y te me ofreces en plan lata barata. Imposible rechazarte; venero tu efecto afrodisíaco, curandero y bien entrante adaptándose al ambiente… te cojo entre mis manos, te elevo hasta mis labios, te bebo de un trago y entre lengua y paladar te noto ahí al instante.

Pequeña... la adrenalina me aceleras. Tomarte es buen ritual para ahogar penas, para darlo todo o para simplemente conversar o compartir, pero por el cual, tras pasar... repetir y repetir.

miércoles, 17 de abril de 2013

Voz feroz


- No sabes quién soy y, si lo sabes, te haré creer que solo te sueno a conocido. “¿Quieres fantasear conmigo?” Vas a tener que confiar. No nos vamos a ver, pero tu mente me va a pensar. Me conoces por sonido y tu forma de atender mi llamada la misma noche de cada semana sugiere que quieres que lo siga haciendo. Probablemente te enciendo y es exactamente esa mi intención.

Descuelgas el teléfono y contestas con voz impaciente, algo tímida y exasperada. El número oculto te inquieta, pero siempre menos de lo que lo hace mi voz. Yo ya voy bajando, a todo esto, la bragueta, llámame perturbado o, por decírtelo, perturbador. Imagino cómo se mueven tus dedos entre el aparato y tu pelo… cómo se deslizan como los míos al marcar: sin prisa, con deseo. “¿Qué me vas a proponer?” “Busca un sitio cómodo y tranquilo porque te quiero entretener.”

Hoy vas a imaginar que estamos en un iglú de Laponia, vas muy tapada y el color de tu nariz me dice que te dé de lo bueno. Te vendo los ojos con tu bufanda de terciopelo negro y me escuchas solo, mientras yo te veo contonearte entre mis dedos de nuevo. No sabes ni cuál es mi olor pero te da igual, me pides sensación y te la voy a dar. Me pones la capucha y perspicazmente me río mientras, refirmada en el suelo, ya notas su pelo por debajo de tu ombligo… Hoy no vas a dormir… ni siquiera conmigo esquimal. “Acerca más tu boca al auricular. Oigo lejos tu respiración y quiero sentirte intensa… atenta, ahora te voy a tocar.” La piel de gallina ya no es por frío y me pides que te siga hablando cerca mientras desabrocho el último botón. Tiene vaho esta habitación y tu sujetador ya puede ser de piel de zorro (seguro que menos que yo), pero me lo voy a comer deprisa a traición. Tu abrigo queda tendido y aísla tus curvas del hielo que se empieza a fundir. "Antes de que te ahogues por agua, te ahogo de erección". Mi abrigo se desliza por la espalda y cae a un palmo de tu nalga. Te doy un cachete, nos hará de edredón. Sabes más de mí de lo que puedo pensar, desconoces mi rostro pero ya lo ha creado tu imaginación. De mi sabes que soy cálido y yo sé que tú necesitas calor… No estoy seguro de querer llegar a conocerte pero, por favor, de momento deja que la próxima semana tampoco sea esa en la que me responda el contestador. -
____

La voz. No la eliges ni, a veces, la controlas. Expresa y también, en ocasiones, la pifia. Se alterna con el silencio queriendo expresar pero, sobre todo, transmitir. Solo a través de una voz, podemos descifrar estados de ánimo, intenciones e incluso muecas ocultas según la entonación. Podemos imaginar y crear ambientes y llegar a confiar más o menos en alguna gente. Sea como sea, si la proyectas con intención puede ser uno de los puntos fuertes de atracción y fantaseo. ¿Jamás has querido conocer a nadie tras escuchar, tan solo, su voz, sea este un cantante, un anónimo o ese perfecto locutor? De todas formas, hay que pensarse bien eso de ponerle cara a una voz; no siempre la imagen será lo que era y te arriesgas a que la tuya fuese mejor.

miércoles, 10 de abril de 2013

Positiva, a secas y por suerte

¿Sabes por qué soy positiva? Porque no serlo nunca me ha servido para nada, por lo menos no más. ¿Crees que soy una ilusa? ¿Crees que no sé que hay momentos sobre los que patalear, sentirse diminuto o simplemente insatisfecho? Andas equivocado, ¡claro que lo sé! Yo también las he pasado putas varias veces y he visto pasarlas peor. De hecho eso ha sido lo que me ha obligado a forzarme a estar bien en varias ocasiones.

Creo que constar con las armas mínimas como para, a la larga o a la corta, poder levantarnos solos ante aquello que nos ofusca sin estar esperando a que lo hagan es, más que recomendable, una tarea esencial (que, a menudo, solo se aprende con algo de dolor). Porque, ya sabes, quizás nadie viene a levantarnos, hay que estar expuesto a ello. Cuando nos sentimos mal y vemos todo negativo, no queda otra que espabilar ¿no? Pues puesto en una balanza, a mí, al menos, siempre me ha servido más y me ha sido más gratificante ser positiva que negativa tanto a nivel personal como cara a lo demás.

Existen muchos momentos negativos en los que, por dentro, uno se siente un hueco en la faz de la tierra y, hacia fuera, se tiene que crecer para sobrevivir en sociedad y para seguir haciendo cosas más o menos productivas con su vida. Hay gente mala que si te ve al borde del precipicio es capaz de darte un empujón y hay que saber ser más hábiles que ellos y tirar dos pasos hacia atrás antes de que eso suceda. Ni extasiarse de manera esperpéntica ni dramatizar en exceso. Darle vida a las vidas, eso es, porque sino la motivación es una mera entrada de diccionario y eso, según mi parecer, es muy poco inteligente. En ese momento en el que tu mente es un agujero negro en un cuerpo, se ve todo asquerosamente idiota, oscuro y voraz. Pero, al final, te vas dando cuenta, ¿no? Te das cuenta de que vas saliendo vivo de todos esos momentos y de que cada vez eres más psicológicamente independiente, algo muy útil de lo que enorgullecerse. Por eso, quítale el "demasiado", gracias, pero sí, soy positiva.

Yo creo que no hay nada mejor que tener una chispa de alegría siempre que haya algo ínfimo que pueda encenderla y, sino, saber salir a buscarla. Pienso que hacen falta personas positivas porque negativas sobran y personas que pretenden negativizarnos también. Así pues, si me lo repienso, siempre estaré a tiempo. Además, no protestes; si fuese negativa te aburriría y no significaría para ti ni la mitad de lo que lo hago ahora (sea eso poco o mucho). Quizás ni hubieses querido conocerme. Incluso tú, muchas veces agradecerás que alguien positivo te contagie ilusión o le aporte algo distinto a tu polo y, no te martirices, esa podría ser yo, quién sabe.

viernes, 5 de abril de 2013

¿Alguna vez has sido el “de la mesa” de al lado?


Si eres ese chico que está esperando a sus colegas en la terracita del bar café en mano, ese que ha decidido pasar una tarde bohemia en el césped más cercano, el que ha plantado su toalla en la arena de la playa bien en la orilla o el del banco de la facultad que se ha quedado hoy sin la pandilla, no sé a qué esperas ahí quieto y parado, las chicas tienen para ti un plan alternativo bastante interesante: ser el chico de al lado.

Esto consiste en que yo, por ejemplo, quedo con mis amigas una tarde para tomar algo; nada de encerrarse en casa. Llega el buen tiempo y hay que aprovechar el sol, lucir los primeros tirantes en el Antic Teatre o en algún lugar similar con terraza, bebida y eso sí, un buen rincón. Llegas tú, buscas sitio y tienes dónde elegir: la mesa más cercana entre barra y pareja o la otra, la de al lado nuestro en el rincón que de lejos huele a perversión… y obviamente escoges esa. Esta es tu tarde de suerte y, de rebote, aprenderás sobre más mujeres, con pose chulesca y estratégicamente acomodado, con tu mirada disimulada mientras tomas algo ahí sentado.

Quizás luego viene un amigo tuyo y se une a ti y, mientras comentáis los últimos proyectos o tu última adquisición, ponéis oreja porque nuestra charla capta vuestra atención. Al principio  os parece un poco pava: sumario-actualidad, anécdota de la semana y chicos, mucho chico y corazón y blablabla… pavadas, ¡báh! Nos levantamos a la barra, pedimos otra birra, nos dais el repaso de arriba abajo y oye ¡pues no estamos tan mal! Leemos vuestra mirada, nos echamos unas risas y vosotros os colocáis el paquete discretamente mientras levantáis la copa y le dais otro trago. Pretendemos picar, os pedimos unos filtros y tabaco de liar. Ya está, es nuestra tarde de chicas y la vuestra de chicos pero ya hay conexión que, como fondo de emisión, entre charla de unos y charla de otros, sutilmente se intentará colar. Sí, porque empieza la sección “Sex and the city”, vuestra favorita y probablemente la nuestra, no te vayas a pensar. Esa que, a parte de no tener desperdicio, es de tiempo imprevisible y tiene pinta de que va a durar y divertir y durar. Esa que no va a relatar tan solo fantasías (que también) sino que se basa en alguna que otra historia real. ¡Ahí querías tú llegar! Y no ha tardado tanto, tonto.

Si eres el chico de la mesa de al lado y quieres divertirte, aprender e incluso empalmar, no te pierdas el capítulo doble de hoy que empieza con la anécdota de una y continúa hablando de sexo oral. Nosotras, entre risa, pregunta y relato intentaremos captar vuestra historia algún que otro rato para convertirnos en las chicas de la mesa de al lado y, no sé si para sorprendernos, pero sí para intentar encantarnos de algo.

lunes, 1 de abril de 2013

Cuestión de (des)confianza

No voy a pedir que confiéis en mí porque demostraría desconfianza. Tampoco voy a desconfiar si me contáis motivos por los que alguna vez fue mejor desconfiar o consecuencia de algún caso concreto. Lo que sí que haré será advertiros de que la desconfianza es, probablemente, el arma de defensa que más desconfianza puede llegar a crear a su vez; así que la desconfianza nos aleja. 

“Pero, espera, ¿es que nunca te has quemado "por poner la mano en el fuego" por algo y te has sentido inútil después? ¿Jamás te ha decepcionado el haber confiado?” Pocos se salvan de lo primero, ¿no? Sin embargo, lo segundo creo que no debería ser así; el problema, en cualquier caso, lo tiene la persona que traiciona, no la confiada. Lo decepcionante es acabar pagando con el resto de ocasiones lo que en una te hirió. La desconfianza nos hace seres fríos, calculadores, cerrados y más desconfiados aun. La confianza, por el contrario, es un puente, más o menos seguro, que nos conduce a vivir nuevas experiencias, a conocer desconocimiento… y eso es entre curioso e interesante. Entonces, no hay duda de que hay que andarse con ojo, pero ¿desconfiar? ¡Desconfiar es de cobardes!

Quizás creemos que adoptar una actitud menos receptiva de entrada nos protegerá y hará más fuertes de cara a asumir cualquier batacazo que pueda venirnos dado. Nos creemos inmunes de palos cuando el mayor contratiempo con el que nos topamos es que no nos permitamos conocer situaciones que “pican a nuestra puerta” a diario o a personas que, seguramente, tienen cosas que aportarnos… ya sea una buena historia, una buena anécdota o simplemente un buen rato.

Si cada persona debe intentar ser su mejor desdoblamiento de entre la cantidad de opciones que tenemos, ¿no creéis que de todas las palabras opuestas (por ejemplo: confianza/desconfianza) deberíamos escoger la favorable aunque a veces pueda ser arriesgado? Yo, personalmente, prefiero confiar. Simplemente no veo en ello un lado tan sustancialmente malo como para preferir, desconfiar en general ante lo conocido, y casi siempre ante lo desconocido, como si el mundo conspirase, vaya.

sábado, 30 de marzo de 2013

El borderío gratuito



Tengo bastantes cosas que reprochar a aquellas personas que han cogido por costumbre levantarse con el pie izquierdo y arrastrar esa actitud de forma impasible y machacante durante las siguientes 24 horas; alimentarla y sentir superioridad por tratar a los demás, como mínimo, como no merecen. A esas personas secas a quienes la vida les ha jodido en algún momento (como a todos) y se han estancado  en el inconformismo permanente y la negativa ante la duda. A aquellos quienes ven pesadez, ridiculez, agobio y conspiración donde hay buena fe y quienes, con una palabra, consiguen amargar un dulce a quien se lo está comiendo. Que os jodan. No, que no os jodan porque os estáis jodiendo. Y si, en un arrebato, no os agarráis a la mano tendida de algún ser que, en otro arrebato, trate de rescataros con “sus comportamientos ridículos”, lo siento, pero ya estáis jodidos.

No hay quien se salve de un mal día, un día de perros, incluso de una larga mala época. Exteriorizamos el malestar y eso se percibe, pero debemos evitar hacerlo con el mal rollo. Si tu burbuja está intoxicada, deja de agujerearla y permite que te oxigenen. Los años no vuelven, ¡los días no vuelven! Si te tratan mal, trata como consideres; si te tratan bien, trata bien. Es simple y probablemente la clave para salir del bucle en el que te metiste por culpa de comportamientos niñatos. 

Ser borde como forma de ser, puede parecer poderoso a corto plazo, sin duda cansado a plazo medio y, a plazo largo, aísla y puede hacer que acabemos todos en el pozo en soledad. La actitud es más de la mitad de nosotros mismos y más de tres cuartos de nuestro magnetismo.

lunes, 11 de marzo de 2013

El amor en palabras



Hay diversos tipos de amor y muchas formas de hacerlo notar. El amor demostrado con gestos es jodidamente perfecto bajo la percepción de quien lo recibe o desea recibirlo.  El amor expresado con palabras es necesario. Por mucho que nos pueda costar a veces expresarlo, en su justa medida lo es (y detrás de eso hay alguien deseoso por recibirlo).

Todos necesitamos que alguna vez nos digan cosas bonitas y nos revelen sentimientos que provocamos que quizás ni sospechemos. Todos somos menos importantes de lo que alguna vez nos hemos sentido pero también mucho más de lo que muchas veces nos han hecho sentir. Cada día estamos expuestos a recibir batacazos y desplantes, mierdas varias y maneras de pisarnos. Diariamente nos encontraremos con alguien que se tome nuestras muestras de cariño como niñerías o moñadas (personas que, obviamente, no han recibido todo el amor que algún día necesitaron o que no son de fiar). Vivido en primera persona todo se entiende mejor, vivido en tercera, todo se juzga más fácilmente. Pero creo que, si apreciamos, echamos de menos o queremos a alguien, tanto nosotros mismos merecemos compartirlo, como esa otra persona recibirlo. Guardarlo solo va a alargar distancias y decirlo solo va a hacer bien. Digamos que el sentido empieza donde hay más corazón que cabeza. Si es utópica la paz global, alimentemos al menos la personal y nos iremos a dormir un poco mejor y más alegres todos. Si alguien hoy nos ha herido, que otro alguien nos haya querido, por favor.

La experiencia, hasta ahora, me ha desvelado que guardarse para uno mismo los pensamientos y sentimientos putrefactos no hacen otra cosa que marchitar la magia entre dos personas. Pero, a la vez,  también me ha enseñado que detrás de algo malo, si hay algo bueno que aportar, debe ser lanzado con el doble de fuerza y de importancia, porque realmente la tiene. Paradójicamente, a veces ese pensamiento ha distanciado a algunas personas de mi vida... pero siempre acaban volviendo. Supongo que, al igual que lo malo, lo bueno, cuando es muy intenso, también puede llegar a asustar... pero no deja de ser bueno, y lo que hoy parece estar de más, mañana puede hacernos falta.

Qué vamos a hacerle, soy de las que piensan que los lazos de cariño son la vía de salvación a pequeña y gran escala. Y llamadme moñas hoy si queréis, pero fiaros de mí.

martes, 26 de febrero de 2013

Chupar una lengua

¿Alguien, de pequeño, no pensaba que era una cochinada asquerosa? ¿Nadie pensaba que era una forma bastante extraña de expresar amor o deseo? ¿Y los microbios? ¿Nadie temía que alguien le besase en la boca y fuese a contagiarle el mismísimo Megazero a través de ella? Ya no hablemos del momento en el que descubres que existe “la enfermedad del beso” y que una compañera tuya de instituto la tiene supuestamente porque fue besada por su novio. Te planteas sellarte la boca. Sin embargo, creces y descubres que la lengua tiene funciones más allá de chupar dientes, paladar y comida o de saborear la sal de las pipas. A la lengua también le gusta jugar.

Entonces, un día, tu mejor amiga del cole te propone chuparle la punta de su lengua con la punta de la tuya, como si fuese un juego gracioso de “gente cool” (como lo era masticar papel de libreta en clase cuando se puso de moda). Y es así como pasas de no haber probado lengua a chupar la puntita de todas tus amigas. Después pasas un tiempo en que lo más parecido a una lengua que tocas es la de Leonardo DiCaprio en el poster de Titanic que tienes en tu habitación. Empieza a descubrirse el deseo. Tu infancia está cambiando.


Más adelante empiezas a sentirte atraída por algún chico y lo mantienes en secreto negando la evidencia porque te mueres de vergüenza solo al pensar en las ganas que te dan de contactar con su boca. Llega tu primer novio. No sabes bien cómo pero llega y tu boca empieza a tocar otras bocas aunque la lengua sigue escondiéndose y se resiste. Pero acontece ese momento, ¿sabes? Ese en el que otra persona “te engaña” y acaba colando la lengua entre pico y pico, como marcando gol. Intentas recordar cómo hacía Nala para besar a Simba en el Rey León, pero… ¡Ah, no! Ese beso ya no te sirve, ¡mierda! Entonces, pues te esfuerzas por imitar a Jack y a Rouse en esa peli más de adultos y dejas fluir… Porque si otra cosa hay tanto como nervios, eso es fluido  Es novedad eso de que te invadan la boca de babas y más babas a las que no tardas mucho en preferir llamar saliva… Porque tu concepto sobre eso de chupar lenguas cambia de repente. De asqueroso a divertido, a veces hay un paso.


Es un momento mágico, ¿no? ¡Mágico y curioso!: Una chupada al cuadrado; lametón a otro lametón, algo así. Pero lejos de resultarnos repugnante y una amenaza para la inmunidad, nos es placentero (y para nada hablo de ser promiscuos sino del hecho en si). Los labios rozan otros labios pidiendo permiso para abrir paso a la lengua… la lengua, mojada, quiere saborearlo todo y, menos mojada, quiere empaparse. Juega, expresa o pide y es realmente poderosa. Más poderosa incluso que un buen culo o un par de tetas. Hay lenguas discretas, otras que se hacen notar más, las hay más limitadas y otras más creativas… unas encajan menos y otras más. Lo que está claro es que, al final, sin necesidad de comentar otras de sus varias funciones que podéis imaginar, queda demostrado que las lenguas son mucho más sabrosas de lo que alguna vez pudimos llegar a pensar.

viernes, 22 de febrero de 2013

Ai campanera…


Las personas mueren. Es jodido encajarlo a veces, pero moriremos. Llega un día en el que te levantas alegre y te acuestas triste porque te han comunicado que alguien a quien tú aprecias ha muerto y ya no podrás  vivir más momentos a su lado. O peor si cabe, que alguien a quien aprecias va a morir. Es jodida la muerte inesperada pero, aunque podemos aceptar que un día vayamos a morir, imagino que es más jodida aun cuando ponen fecha aproximada a ese momento y cada día se convierte en una horrible cuenta atrás. Hoy ha ocurrido y no sé cómo encajarlo, así que escribo para intentar hacerlo. Como la naturaleza verde y fresca que acaba en naturaleza muerta, hoy es como un principio de otoño.

¿Disfrutar al máximo ese tiempo? ¿Aprovechar y despedirte “sin dejar nada pendiente”? ¿Qué coño hacer en una situación así? ¿Y qué limitaciones te pone el propio cuerpo dejando de lado lo más o menos serena que puedas mantener la mente? Si te apasiona vivir, no se me ocurre nada peor que te declaren la muerte. A ella le gustaba vivir. Hacía los mejore pasteles de zanahoria del mundo y, como sabía que me gustaban, cuando sabía que iba a verme se pasaba la mañana en la cocina haciendo uno. Tenía algún motivo para estar triste pero, aun así, yo siempre la veía más risueña. Su risa se nos contagiaba entre guiños y guiñotes. Era mayor, pero no tanto. Era pura, actuaba de sentimiento pensando, más que por ella misma, por el resto.

Hoy quiero escribir sobre ella, pensando en ella y como despedida previa a una muy buena mujer. Aunque no pueda verla, seguro que puede sentir que siempre he estado de alguna manera pegada a ella en cariño y ternura. Es jodido tener que despedirme cuando aun no te has ido pero cuando tampoco estoy a tiempo de hacerlo Luci, ayer mataron mi ilusión de hacer otra barbacoa junto a ti el próximo verano, de subir al Arguilay, de cantar “la campanera” o de ir a pedirte la cabra a casa para celebrar otro año. Pero te prometo que habrá más pasteles de zanahoria y que, en cada uno de ellos, me acordaré de ti.

jueves, 14 de febrero de 2013

Comerse un plátano en la oficina


Copié la idea de Lara cuando un día cambió las tostadas integrales por la fruta. Yo ya iba cada día con mis mandarinas, esas que coges de la nevera deprisa cuando hace cinco minutos que deberías haber salido de casa pero, a partir de ese día, cambié de idea. Y es que no hay nada como un buen chute de potasio a media mañana, claro que sí, cómo mínimo te deja saciada.

La ventaja de poder comer sin moverte de la silla es que, si te comes un plátano con la mano izquierda, puedes estar escribiendo esto o buscando en Internet las propiedades del plátano, con la derecha, y todo eso estando calentita. Parezca mentira o no, el inconveniente, por así decirlo, es el poder de expectación que provoca esta fruta. Y es que parece que no hay forma poco provocadora de comerse un plátano y, aunque lo he intentado, incluso yo misma me siento sensual.

Entonces descubres que puedes clasificar a tus compañeros en dos grupos según la expresión de sus caras al ver a alguien comiendo, inocentemente, un plátano: los perversos y los prejuzgadores. Los primeros lanzan risitas o abren mucho los ojos durante un segundo cuando te descubren, en tu rincón, plátano en mano cuando se dirigen al lavabo. Los segundos son aburridos e intentan esquivar la escena manteniendo su mirada hacia el suelo como si este fuese igual de interesante (por mucho que sea de color verde, como verde es lo que pasa por sus cabezas probablemente). Miran levemente de reojo, como quien no quiere la cosa, y aceleran el paso como si tuviesen más ganas que nunca de regresar a su silla y cambiar formas alargadas por formatos Excel. Luego hay casos a parte como el de M., quien parece que esté esperando toda la mañana ese momento en el que decides desenfundar la peladura y desayunar, para observar la comilona desde el punto estratégico entre la fotocopiadora y la columna.

Desde que se pela hasta que el último bocado se acaba, siempre habrá alguna mente malpensada. Pero supongo que estaréis de acuerdo conmigo en que, más vale el malpensar compartido como guiño que el sentirse observado por la rendija de la puerta del lavabo. De extremo a extremo, el plátano está bueno, pero lo que es mejor aun es la reacción que parece que causa el único fruto del amor, que es la banana y en su defecto el plátano. Bien de malpensar, sí señor.

Un beso ¿o dos?

La repetida pregunta que se hacen algunos folla-amigos, rolletes o aspirantes mientras se dirigen al lugar del encuentro, especialmente las dos primeras veces. Parece una tontería, pero una vez pasado ese primer contacto, sea cual sea la elección al final, muchos coinciden en que algo se relaja.

Si la elección ha sido un beso, todo parece ir sobre ruedas y el final del primero solo es el inicio del segundo, ese que encadena atracción como forma de expresión. Si han sido dos, automáticamente se despliega un abanico de estrategias para originar el que cada uno por su parte pero en consenso desea, el que, con un lazo de lenguas, desate confusión y ate cabos sueltos que deben reanudarse con alguna iniciativa. Si al final ha sido un beso extraño, confundido y desorientado, de esos que se cruzan con otro cuya intención era dar dos, un sentimiento medio inútil coge carrerilla para caer al vacío. Pero no llega a darle tiempo, la cuenta atrás gana el juego y hace que se repita y se defina en solo uno.

Nada de impaciencia pero sin abusar de inocencia. El beso también se busca y, se encuentre o no se encuentre, alguien tiene que originar, como mínimo, la intención. Y, en estos casos, al final se encuentra. Rolletes, amantes, aspirantes o asuntos pendientes son conscientes de que, veinte minutos más tarde, la tensión será pasión y que las bocas se prolongaran sobre el contrario. De ahí el dilema de si tirar por lo  pasional o por lo protocolario, y muchas veces ese mismo juego favorece las ganas de jugar, no desesperéis. Al final, el primer beso está sobrevalorado y sirve como saludo perverso a los que vienen detrás, los que saben igual o mejor, cuando ya no hay tensión.

miércoles, 6 de febrero de 2013

No temas al fuego y quema cenizas

Decidí ir a quemarme y es que ya había despertado calentita. Traía cola. Una canita al aire, calma tensa pasada y una tensión actual desenfrenada; unas ganas. Todo era mucho mejor ahora porque, aun sin habernos tenido nunca, nos habíamos acogido siempre. Los seis años, como el buen vino, solo habían mejorado todo, y ahora el tiempo.... ¿quién quería acordarse del tiempo? Era lo de menos porque el presente siempre transcurre y trasciende mucho más. Nada se pierde, todo se transforma. Hablando claro, mirando tierno y pisando fuerte, se entiende la gente, y eso es lo que arrolló con orgullos y daños una vez más. Es una sensación satisfactoria la de seguir queriendo a aquellos a los que nunca quisiste dejar de querer y notar cómo eso vence al resentimiento o a cualquier intento de esconder, de nuevo, asuntos que siempre debieron compartirse. Decidí ir a quemarme y ardí, quemé cenizas y enterré miedo. Echó flor el veneno que ahora sabía a algo así como canela.

Mountain

El cristal del coche no se empaña pero bien podría hacerlo; se empeña el calor interior en hacerle competencia al frío de ahí afuera. El ruido de una cadena descubriendo un lugar en la cumbre, desencadenando palabras, enhebrando susurros y despertando caricias. La ciudad a nuestros pies, sin noticias de extrarradio; todo escuro, no da miedo; suena música sensual y si no es así, así parece serlo. Chocolate suizo en porción desata la pasión que de antes se palpaba.  ¿Buscamos cama y despertamos mañana? Espera un rato y alarga el momento sin importar cuánto mientras ya me acuesto. Submarino amarillo la mente sumergió porque pensar no quiero cuando en tomar sorbos de aire fresco me empeño. No hay tensión cuando todo calma. Aprieta fuerte la ilusión, que el calor no se escapa.

domingo, 27 de enero de 2013

Peligro: Lavabo de chicas



Si hay un sitio en el que muchas veces es positiva la separación por géneros, ese es el lavabo, en especial el de los locales nocturnos. Más allá de pensar que si no fuese así podría convertirse (más) en un putiferio, unir el baño de las chicas al de los chicos sería un delito. Con la supresión del lavabo de las chicas estaríamos cargándonos un lugar mítico, lleno de misterio para muchos hombres y “centro de reuniones” para nosotras. Además, creedme chicos, no siempre os gustaría entrar en él…

Sin duda, hay que buscar un buen lugar donde salir de fiesta porque, en función de cómo sea el lugar, así será el lavabo y, por tanto, las compañeras de pis y la clase de comentarios que te rodearán. Pero, en general, hay tres géneros que nunca faltan sea cuál sea la clase de lavabo, desde el más pijo hasta el más underground: belleza y complejos, críticas y pasiones. Apasionante. Si el lavabo de las mujeres hablase, obligarían a poner una chapa en la puerta alertando “Caution, alto voltaje ahí dentro”. Pese a eso, se trata de un sitio que une más que separa. Al final, descubres que hay principios o preocupaciones que casi todas proyectamos y compartimos en un lugar así. Es un lugar de desfase en petit comité a la vez que de comprensión y reflexión. La sala de control desde la que se arregla el mundo, o al menos esa noche. Una especie de confesionario y psicoanalista en el que, a más alcohol de por medio, más acojonante todo.

Belleza y complejos: Desde ropa hasta kilos de más pasan una inspección exhaustiva, considerablemente crítica cuando se habla de una misma y bastante suavizada cuando se consuela a las demás. El fin es que todas salgamos sintiéndonos preciosas y buenorras defendiendo nuestra feminidad a capa y espada. Ahí se ven desde tetas hasta fajas y alguna aprovecha unos minutos para quedarse descalza. Pero, sin lugar a duda, las dos frases estrella son: “Bua, tía, qué pelos llevo.” y “¿Tienes ralla? ¡Pásamela!” Y entonces el lápiz negro contornea media docena de ojos en cuestión de segundos.

Críticas: Lo siento, pero aquí no se libra nadie. A todas nos ha divertido alguna vez criticar la actitud prepotente de algunas, las formas de ligar de otros, la silicona de la camarera o lo pequeño que es ese lavabo y lo difícil que es hacer corrillo en su pasillo. Cualquier tontería. La diferencia entre la que lo hace puntualmente y la asídua es la mirada. Si miras al espejo y encuentras unos ojos penetrando en ti de esos que si la mirada matase serías mujer muerta, estás pasando por el filtro de crítica de una asídua, de lo más imbécil que te puedes echar a la cara. A esa mirada suele contestársele con cara de asco y, en ese momento, o se aparta la mirada o se declara la guerra.

Pasiones: Absolutamente emocionante la de sentimiento, perrerismo, ternura o estrategia que llega a concentrarse, resumirse y arreglarse en ese lugar, con tiempo limitado. A parte, si la noche está tierna, pueden llegar a haber hasta lágrimas de por medio, sin embargo, si está perra, las mujeres lo alimentamos más poniéndolo en común, pellizcándonos el culo, tocando alguna teta o coreografiando bailecitos burlesque frente al espejo. Eso sí, la recomendación más sabia  que puede hacérsele a una mujer cuando va al lavabo es que en ningún momento, se le pase lo que se le pase por la cabeza, saque el móvil del bolso. A todas se nos ha ido la cabeza a través de un mensaje de texto alguna vez.

La meadita en sí, puede ser larga, corta, en compañía, sola, pasando papel por debajo de la puerta, intercambiando tampax, comparando rajitas, enseñando tus nuevas braguitas, escuchando el chorrito de la de al lado, leyendo los escritos de la puerta, escribiendo, cantando, mirando al suelo haciéndolo de pie o asquerosa e incomprensiblemente hacerlo sentado. Pero el momento más importante es el del corrillo frente al espejo, donde caen más risas, se toman más decisiones o se comenta alguna jugada…

Pero a todo esto… “Chicas, ¿a qué habíamos venido al lavabo? Ah, sí, ¡a hacer pipí! Va tía, pues entra rápido que los tíos estarán esperando. Les decimos que había mucha cola.” Y sí, chicos, en el lavabo de las tías a menudo hay una cola descomunal y por eso a veces nos colamos al vuestro…. pero descomunal no es infinita, los siguientes diez minutos hacemos esas cosas de chicas. Aunque bien pensado, ya os va bien a vosotros también que vayamos juntas al lavabo y nos tomemos “nuestro ratito” mientras fijáis objetivos o comentáis vuestras batallitas… El lavabo nos hace un poco distintos.

miércoles, 23 de enero de 2013

Huele-te/lo/me/nos

Todo huele o puede hacerlo. La manera de percibirlo varía; suele pasar.

El olor a tierra mojada, a alcantarillado, a gasolina, a mandarina, a bodega de vino, a sexo, a menta, a humedad, a cemento recién puesto… Cada uno de los que diferenciamos despierta sensaciones en nosotros y, los que no diferenciamos, pueden llegar a hacerlo. Podemos diferenciar entre buenos y malos olores; olores frescos, sensuales, dulces, fuertes… adjetivos que nos dan pistas y que podríamos atribuir a comportamientos o percepciones. Y es que, el olor también nos define como sentido que es, así que he aquí uno no menos importante.

Para gustos, los olores, y lo que a uno tienta a otro espanta y a la inversa. Bajo mi punto de vista, el mejor olor es  el humano en todos sus desdoblamientos por todo lo que ello conlleva. El que no haya olido a cochinillo alguna vez, miente, o lo ocultaba con un perfume que quizás lo empeoraba. Pero una persona aseada, con su olor personal como carta de presentación, puede ser desde lo más repelente hasta lo más atractivo del mundo, y eso es bastante interesante.

El olor personal varía incluso para uno mismo dependiendo del momento, de la atención, de la sensibilidad… o de los resfriados, claro. A veces nos cuesta diferenciar algo tan constante como nuestro propio olor, hasta el punto de llegar a parecernos inodoro. Vaya tontería, ¡inodoro! ¿Inodoro para quién?  Incluso nuestra casa, la que a veces no parece tener un olor característico, huele a algo cuando abrimos la puerta al regresar de unas largas vacaciones.  Y es que no es que no estemos familiarizados con ese tipo de olores, sino que eso mismo, la costumbre, hace que ya no llame la atención de nuestro sentido del olfato. A veces lo más próximo, como lo que más apreciamos o queremos, es lo que mejor nos huele pero llega a pasarnos desapercibido. Hay que prestarle atención o descubrir el momento en el que sí que puedes percibirlo.

Cada cosa y cada persona tiene su olor característico o puede llegar a tenerlo. Quizás hemos llegado a convencionalizar algunos olores, pero la verdad es que no llegaremos a saber si los demás huelen lo que nos rodea del mismo modo que nosotros, ni  si nos huelen a nosotros igual que a lo que nosotros creemos oler. Por eso creo que es importante prestarle atención a nuestro  olfato ya que seguramente sea único con sus peculiaridades y preferencias. A partir de él, de manera más o menos consciente, nos sentimos atraídos, aceptamos o repudiamos desde comidas o cosas hasta personas. Así que, en cierto modo, el olfato puede separarnos, pero también unirnos. Qué adorable.

viernes, 18 de enero de 2013

Míralo-tócalo



Si estamos compuestos de cuerpo y alma y el cuerpo es nuestro escaparate, el alma debería encargarse, entre muchas otras cosas, de prepararlo para lo que le espera,  de cuidarlo y disfrutar de él. Comemos más o menos bien, nos mantenemos más o menos en forma, nos lavamos, afeitamos o arreglamos, pero… ¿Nos observamos y nos tocamos lo suficiente? Y esta vez no hablo (solo) desde la mente perversa.

Si hay algo que tenemos a mano a la hora de conocernos, eso es nuestro propio cuerpo y es un descubrimiento constante. Hablo tanto de sus limitaciones, longitudes, alergias o colores, como de su relieve, sensibilidad, temperatura, gustos o reacciones. La importancia de, por qué no, ponernos por un rato delante de un espejo y poder observarlo sin pudor ni indiferencia, o la de tocar cualquier miembro como quien agarra una mano, toca un dedo o acaricia la palma. Incluso la de olerlo si se puede o la de probarlo para los menos escrupulosos.

Observándonos, podemos aprender, por ejemplo, desde a  sacarnos partido y hasta a reírnos de nuestros propios complejos. Tocándonos podemos descubrir nuestras partes más sensibles, prevenir enfermedades o saber cómo y dónde nos gusta que nos toquen los demás. Cosas realmente importantes, sin duda. Porque, entre otros: Dime lo que te gusta y te daré lo que tú buscas.

miércoles, 16 de enero de 2013

Obrero, usted sí que está bueno

Dicen que, muchas veces, la mirada dice lo que la boca no se atreve. La mirada, pues, puede ser más peligrosa que las palabras mismas. En cualquier caso, toda mirada y toda palabra tienen una intención, más allá de mirar, hablar o no hacerlo, y la intención con la que se lanza aporta información esencial sobre lo que pretende conseguirse con ello.

A todos nos gusta sentirnos guapos, atractivos y por qué no, deseados, pero a las mujeres más aun. Para atrapar a una mujer, es esencial hacerla sentir deseada, para alegrarle el día puede ser tan fácil como piropearla. Sobre eso, hay un sector masculino que domina  diariamente ese arte de arrancar sonrisas camufladas a las féminas, a veces de formas de lo más creativas y creando escuela: los obreros. 

Las mujeres (incluso las de los mismos obreros) ¡tenemos mucho que agradecerle a esos hombres! La de miradas clavadas en el suelo que habrán conseguido levantar con un simple “Morena, mira que estás buena.”, las inseguridades que habrán paliado con un simple “Hay que ver qué guapa, niña.” o los buenos humores que habrán desatado por frases como “Por la sombra, mujé, ¡que por el sol los bombones se derriten!”.

Más allá de razas, idiomas, edades o zonas, creo que todos sabemos distinguir cuándo las intenciones son bondadosas o cuándo lascivas y, mientras no sean las segundas, las mujeres debemos serles agradecidas. La crítica hipócrita y generalizada hacia los obreros que piropean con gracia me parece que está fuera de lugar. Seguramente, muchas de vuestras mujeres vuelvan con sobredosis de ánimo a casa después de haber recibido uno de esos piropos callejeros y, seguramente también, a muchos de vuestros maridos obreros debéis mimarlos bien porque tienen idea de cómo cuidar a las mujeres, sin que las intenciones vayan más allá de ahí.

Así es como, por tradición, vocación, entretenimiento o buena intención, a modo de homenaje, alabo a esos obreros que, con buen gusto, alguna vez han subido el ego de mujeres anónimas en algún momento acertado. Del mismo modo también animo a que, todas las que los recibáis, cambiéis esa cara de mendrugo que disimuláis mal y respondáis, al menos, con una sonrisa que, al igual que esos piropos, son gratuitas, sanas ¡y pueden amenizar la jornada mujer!


http://www.piropos.org/de/frases_de_obreros

http://www.sektores.com/foro/showthread.php?t=8507
http://dvdenlared.com/foro/index.php?topic=26907.0