Estaremos de acuerdo en que el sexo es uno de los grandes placeres de
la vida. Aun siendo sexo de principios del siglo XXI, lo es. ¿Por qué digo
esto? En la época actual podemos gozar del sexo libremente de forma mucho más
fácil que hace unos años, con más medios y sin tantos reparos aunque siempre
existan algunos prejuicios y personas entrometidas. Vivimos una revolución sexual
que casi podríamos calificar como “era sexual”, y no hablo de promiscuidad. Pero, de la misma manera que el
sexo frecuentemente apacigua problemas, a la vez puede generar otros y, en
ocasiones, o te paras a reflexionar sobre ellos o puedes acabar dejando de lado
los valores de aquello que haces, llegando a automatizar el acto. Me refiero a
que me da la sensación de que, demasiado a menudo, se cosifica el sexo y se promueve su inmediatez hasta el punto de desnaturalizar el erotismo. Y sí, eso me parece
un problema.
En los últimos años, el sexo ha pasado a un primer plano bastante
interesante e inquietante en las relaciones interpersonales. Generalizando, tenemos
un mayor número de relaciones y, si ya no eso, nos acostamos con más personas que tiempo atrás.
Eso en parte se debe a que, antes, la experimentación sexual no se veía de
manera tan positiva y a que, actualmente, tenemos más posibilidades porque ya
no vivimos en contextos limitados en cuanto a espacio físico, sino que hay
muchos medios para conocer posibles compañías. Todo esto hace que la vida
amorosa también haya variado y que cada vez sea más frecuente encontrar casos
de reticencia al compromiso o en los que una relación pasa, rápidamente, a
suponer una carga. Se crea un clima, pues, de cierta dependencia sexual pero
absoluta independencia personal (lo cual no juzgo, simplemente expongo).
Abundan las relaciones pasionales pero rápidas y luego nos dejamos atrás,
quizás porque la mayor de nuestras pretensiones es básicamente la autorrealización.
Para algunos, eso conlleva a la filosofía de “no dejar nada en el camino y
coger todas las opciones”, experimentando al máximo sin renunciar a ninguna
oportunidad, propuesta o tentación, sin “tener” que dar explicaciones. Para
otros,
simplemente se trata de no arriesgarse a fracasar en algo evitable que tampoco consideran
necesario en ese momento dado de su vida. Otros, creen no dar con nadie que conjugue bien con ellos en el terreno amoroso, sin más.
Aunque
la libertad sexual de exploración y experimentación suele considerarse
saludable, esta dimensión sexual, por lo que comentaba antes, llega a crear
también peligros asociados con la psicología de las personas en los que pueden
crearse dependencias, adicciones o trastornos de la intimidad o identidad
emocional. Por eso, como consejo, nos amemos o no nos amemos, al menos comuniquémonos e irá todo mucho más rodado y gratificante. No creo que esté mal disfrutar del sexo libremente y no quiero caer
en considerar como catastrófica la mera autorrealización (si es con unos
mínimos humanos), pero sí que me parece decepcionante oír hablar de cada vez más
casos en los que las experiencias sexuales se convierten, ya no solo en algo
común, sino en algo casi obligatorio con escasez de deseo, sensualidad o una
atmósfera apropiada para sentirse satisfecho. ¿No creéis que es una
pena? Pienso que el sexo indiferente, irreflexivo y meramente superficial no
debería convertirse en el sexo predominante porque merecemos o necesitamos más
para percibirlo como lo que es, como placer. Para eso, mejor pasar sequía.
Entonces,
¿existe alguna solución? No sé si es una solución o una alternativa interesante,
pero desde luego no tener sexo casual o solo tenerlo cuando existe compromiso
no me parece la solución ni tampoco algo natural ni más digno. Sin embargo,
desde que el sexo es ‘tan fácil de conseguir’ y el romanticismo ha quedado en
un plano más discreto (no por ello no existente, claro), quizás lo más sensato
es buscar la buena compenetración, comunicación y armonía. Es
decir, si tener pareja estable se ha convertido en algo difícil, secundario o,
al menos no uno de los objetivos primordiales, aspirar a tener una relación de complicidad es,
seguramente (junto a hacerlo cuando y con quien realmente quieras), lo más
satisfactorio para no llegar a banalizar el sexo (y ya no solo el sexo). Esa
complicidad no es que sea tan fácil de conseguir como de llegar a disfrutarla cuando se consigue, pero ya que hablamos de autorrealización, siempre será más
pleno que el sexo gane en calidad, placer y deseo, ¿no?
(Reflexión/Adaptación de unos artículos de "El Confidencial")
(Reflexión/Adaptación de unos artículos de "El Confidencial")
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarIncomunicación. Para mi, una de las más grandes lacras del ser humano. No puedo estar más de acuerdo en que las cosas, muy remarcando también el ámbito sexual, no podrían ir más rodadas si hubiera un poco de comunicación efectiva. Creo que aunque el sexo y la libertad sexual se hayan extendido, tan solo es la punta del iceberg. Debajo, está todo el tabú que el siglo XXI no quiere aceptar todavía, haciendo difícil la comunicación. Supongo, que en parte, se sigue viendo como algo demasiado privado, y de casa y matrimonio. Por desgracia, hay bastantes personas reticentes a hablar de ello abiertamente (más allá del: Sí tio, ayer me follé a esta, o a este, y no veas...), incluso dentro de una pareja. Y me parece bastante decepcionante a la vez que muy problemático a la no tan larga.
ResponderEliminarEl sexo es algo tan amplio en realidad... Empezando por esas miradas furtivas, sonrisas pícaras, roces fortuitos, algun gesto tontorrón, palabras (in)adecuadas en un momento oportuno, atracción y todas esas """pantomimas""" (así consideradas por los seres del inframundo) que hacen que esperes más para poder tener una complicidad extrema con alguien, creo que es un juego demasiado necesario para una armonía absoluta. Aunque tan solo es uno de los caminos hacia la armonía, creo que es uno de los buenos. Construir una casa con yeso y tochanas, empezando desde abajo, en vez de construirla con maderas desajustadas y una grandísima chimenea de paja.
(Comentario a algunos puntos del texto que me han llamado algo más la atención).