“Llueve,
¡coge el paraguas!”, es esa frase que se repite tan frecuentemente en los
hogares los días de lluvia. Pero, ¿en todos los lugares por igual? Pues no lo
creo… me temo que en los que predomina el sexo femenino se dice bastante más. La
estadística que he hecho en 5 minutos y a ojímetro, concluye que
aproximadamente 8 o 9 de cada 10 personas que se resguardan de la lluvia con un
paraguas son mujeres y que, ese par de personas que no lo son, probablemente pertenezcan
a la categoría senior o infantil. Luego está la variedad “señor-padre-de-familia”,
de esos que dominguean haciendo barbacoas familiares en el campo, los cuales
sostienen un paraguas tamaño XXL y cobijan bajo él a mujer, hijos, suegros e
incluso sobrinos.
Sea
porque somos más presumidas y “Aish, es que se me moja el pelo”, porque no
siempre llevamos una capucha encima o porque prefiramos que el agua no nos cale
hasta las… bueno, hasta los huesos, solemos usar la mayoría de los paraguas que se venden. También puede ser que a los chicos os falte un bolso donde plegarlo
y guardarlo cuando para de llover o llegáis a vuestro destino. O que seáis más
despistados, lo asumáis y no lo saquéis para no perderlo. Porque en eso tengo
que daros la razón… si hay algo fácil de olvidar en algún lugar, eso es un
paraguas. ¿Hay algo más incordiante que tener que cargar con él? Sí, tener que
cargar con él una vez ha parado de llover. Creo que solo a unos cuantos
asiáticos (a quienes únicamente les falta ponerse piel de lichis como complemento) les
gusta la idea de llevarlo por placer, como decoración o para cubrirles incluso
cuando hace sol. Eso sí, sea para lo que sea y para quien vaya a usarlo, elegir
un paraguas no es tarea fácil. Los hay de distintos tamaños, formas y colores, plegables
o de bastón, discretos o más cantones, pero si te decantas por los estampados, ¡a cuál
más hortera! “Aish, vamos, que si no fuese porque se me moja el pelo y se me empapa
el trasero igual me pensaba eso de prescindir de él.”
En
conclusión, los hombres adolescentes y de mediana edad sois mucho más reticentes
a los paraguas que nosotras, quienes empezamos siendo niñas con paraguas de
topos y botas de agua a conjunto y acabamos siendo señoras que se ponen bolsas de
la compra en la cabeza cuando la lluvia les pilla desprevenidas. No quiero influenciar,
pero ¿aceptamos, pues, paraguas como complemento de señoritas y otras minorías?
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