Si eres ese chico que
está esperando a sus colegas en la terracita del bar café en mano, ese que ha
decidido pasar una tarde bohemia en el césped más cercano, el que ha plantado
su toalla en la arena de la playa bien en la orilla o el del banco de la
facultad que se ha quedado hoy sin la pandilla, no sé a qué esperas ahí quieto y parado, las
chicas tienen para ti un plan alternativo bastante interesante: ser el chico de
al lado.
Esto consiste en que yo,
por ejemplo, quedo con mis amigas una tarde para tomar algo; nada de encerrarse
en casa. Llega el buen tiempo y hay que aprovechar el sol, lucir los
primeros tirantes en el Antic Teatre o en algún lugar similar con terraza,
bebida y eso sí, un buen rincón. Llegas tú, buscas sitio y tienes dónde elegir: la mesa
más cercana entre barra y pareja o la otra, la de al lado nuestro en el rincón
que de lejos huele a perversión… y obviamente escoges esa. Esta es tu tarde de
suerte y, de rebote, aprenderás sobre más mujeres, con pose chulesca y estratégicamente acomodado, con tu mirada disimulada mientras tomas algo ahí
sentado.
Quizás luego viene un amigo tuyo y se une a ti y, mientras comentáis los últimos proyectos o tu última
adquisición, ponéis oreja porque nuestra charla capta vuestra atención. Al
principio os parece un poco pava:
sumario-actualidad, anécdota de la semana y chicos, mucho chico y corazón y
blablabla… pavadas, ¡báh! Nos levantamos a la barra, pedimos otra birra, nos
dais el repaso de arriba abajo y oye ¡pues no estamos tan mal! Leemos vuestra
mirada, nos echamos unas risas y vosotros os colocáis el paquete discretamente
mientras levantáis la copa y le dais otro trago. Pretendemos picar, os pedimos unos
filtros y tabaco de liar. Ya está, es nuestra tarde de chicas y la vuestra de
chicos pero ya hay conexión que, como fondo de emisión, entre charla
de unos y charla de otros, sutilmente se intentará colar. Sí, porque empieza la sección “Sex
and the city”, vuestra favorita y probablemente la nuestra, no te vayas a pensar. Esa que, a parte de
no tener desperdicio, es de tiempo imprevisible y tiene pinta de que va a durar
y divertir y durar. Esa que no va a relatar tan solo fantasías (que también)
sino que se basa en alguna que otra historia real. ¡Ahí querías tú llegar! Y no
ha tardado tanto, tonto.
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