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jueves, 16 de junio de 2016

Lo que no es real

Dentro de nuestra realidad (si se puede llamar así) todos tenemos nuestro lado más puro y el que no es real. Nuestra parte real es nuestra esencia, algo así como nuestra base de valores: eso que nos mueve e inquieta y que activa los sentimientos. Lo que no es real (aunque a veces lo vivamos como tal) es esa misma esencia alterada y negativizada por factores externos: eso que hace que mostremos nuestra peor versión.

Me explico. Está claro que a todos nos influye una mala temporada, una mala noticia, un sueño truncado, un amor herido o una ilusión frustrada. Y aun podemos simplificarlo más: A todos nos influyen sensaciones corrientes como la presión, la impotencia, el estrés, el agobio, la impaciencia, el cansancio, un mero día desafortunado... Todo ello hace que nos cambie el humor; nos sentimos enfadados o desanimados, descontentos. Cualquier "sí" y cualquier "no" pueden convertirse en su contrario solo por llevar la contraria. Cualquier emoción se vuelve extremista sin apenas opción a intermedios y cualquiera de ellas es totalmente imprevisible, cambiante, desequilibrada e incluso contradictoria. A la vez, cuanto más mostramos ese humor, menos nos reconocemos y más alimentamos ese incómodo inconformismo. Son épocas (o momentos) en las que necesitamos sentir cerca a aquellos a quienes queremos y recibir cierta atención y comprensión por su parte y, si no es así, nos sentimos (o eso percibimos) tristes, desamparados, super molestos. No es real, son reclamos más que necesidades; un tanto egoístas, más que justas si lo pensamos. Presionamos o esperamos demasiado del resto, priorizando impacientemente nuestro interés.

Todas esas emociones y formas de dirigirnos nos pertenecen, pero no nos hacen sentir identificados. La energía que acumulamos a través de ellas, nos transforma y crea un alter ego desmejorado, ya que en un estado más tranquilo y harmonioso no nos comportaríamos de ese modo. Por eso es importante "perder/ganar tiempo" en reflexionar sobre nosotros mismos e incluso llegar a comunicar nuestro malestar para prevenir antes de tener que curar. Somos los primeros que debemos encontrar el fondo que genera esa actitud para que también el resto pueda entenderlo sin juzgarnos. En ese sentido, mucho mejor ejercer conciencia tratando de ser justos en nuestros impulsos. Van a volver a aparecer en cualquier momento, pero mantener la mente fuerte y llegar a controlar esas reacciones  de antemano, puede mejorarlo. Y sino, siempre nos quedará pedir perdón una vez reviva nuestra esencia. Creo, de hecho, que son las "gracias" y el "perdón" lo que distinguen a las personas´.

(Perdón por desaparecer durante el curso. Gracias a dios porque huela ya a vacaciones.)


martes, 19 de enero de 2016

El cuestionamiento como conocimiento

Este texto empieza en una reunión de maestros, en un centro cualquiera de una ciudad cualquiera, a partir de una reflexión en grupo. Hablemos de conocimientos y de cómo llegar a ellos. Hablemos de que un maestro no es el encargado de crear inteligencia, ya que no es algo que se cree sino que se adquiere. Un maestro es encargado, en todo caso, de guiar el proceso, ya que el verdadero maestro, aunque suene a tópico, es uno mismo, ese que decide con qué quedarse y en qué aplicarlo. Si por algo se caracteriza el conocimiento (igual que el arte) es por estar en constante evolución. Por eso, cualquier afirmación que podamos tener sin cuestionamientos o márgenes de duda, no es conocimiento, sino creencias o experiencias puntuales en todo caso. Por eso mismo es imprescindible mostrar opciones y responder cuestiones, pero dejando escoger, sin eliminar ni infravalorar ninguna idea. Además, una idea, por absurda que parezca siempre tiene un origen y siempre puede desencadenar otra idea más potente.

Cuando algo nos causa interés intentamos investigar sobre ese objeto de estudio, sea ese cual sea, y empezamos a hacer hipótesis sobre él. Una hipótesis no puede hacerse en clave de afirmación. Una hipótesis es una suposición o una sospecha, una teoría que empieza con un “Podría ser que…”, “Yo creo que…”, “Mi hipótesis es que…” y que, si no empieza así, es más bien una creencia bastante asentada que una hipótesis sobre la que nos permitamos descubrir algo. A veces nos asusta que algo nos rompa los esquemas porque, como mínimo, nos hace reflexionar y salir de nuestra zona de confort. Pero algo que en principio nos da pavor puede acabar siéndonos motivo de orgullo. A veces es más conocedor y tiene una aportación más útil y sensata quien asegura desconocer que quien afirma tener la respuesta correcta. Por mucho que tengamos nuestras preferencias, mostrar aceptación sobre la posibilidad de recibir una opinión o respuesta contraria, nos hace más capaces.

Los puntos de vista son relativos. Lo que para mí es largo para ti puede ser corto, lo que para mí es bello para mí puede ser repugnante o, quien para mí puede ser guapo, para ti feo. Está bien basarnos en algo en todo caso. Es decir, para entender nuestra opinión está bien tener en cuenta por qué lo creemos, llegar a detectar qué experiencia o comparación nos hace pensar eso para que podamos ampliar nuestra percepción. Por ejemplo, si para mí tu casa es pequeña y para ti es grande, puede ser que sea porque yo estoy acostumbrada a vivir en palacios que tú considerarías enormes, pero que yo tenga esa perspectiva no debería de ser un inconveniente para que pudiese llegar a verlo desde la tuya. De hecho, sería interesante y conveniente. Para conseguirlo, a veces necesitaremos experimentarlo nosotros también y, otras, nos convenceremos tan solo con posicionarnos al imaginarlo.

El pensamiento multiplicativo se basa en darse cuenta de que una misma cosa o persona puede ser muchas cosas a la vez. Del mismo modo, que cada persona pueda fijar su atención en aspectos distintos a en los que se fije otra no niega, por eso, la existencia de otros igualmente válidos. La clave está en interesarnos en el por qué cada uno tiene opiniones distintas. Eso también supone, como inicio, una fuente de conocimiento. A veces, incluso tenemos que llegar a acuerdos (por ejemplo en un trabajo en equipo, en algún asunto familiar, en un plan conjunto…) y, dar posibilidad a diversas opciones, es signo de riqueza y de un consenso más plural. Creo, pues, que está bien que no veamos el acuerdo como una amenaza a nuestras ideologías, sino como otra opción que puede hacer que descubramos cosas que antes desconocíamos, que no nos planteábamos o que incluso prejuzgábamos. La tolerancia, el respeto y el cuestionamiento son los primeros signos de inteligencia.

viernes, 8 de enero de 2016

Bye bye Fotolog

El peso psicológico que Fotolog tenía para mí era, cuanto menos, importante. Parece poco maduro reconocer eso… seguramente igual de maduro que lo que yo era en aquella época en la que, la polluela (como diría madre), empezaba a descascarar el huevo para salir a la realidad adulta poco a poco.

En aquella época me inicié en esto de Internet. Después de Messenger, Fotolog me pareció una genialidad en la que podía comunicar a partir una de mis aficiones: la fotografía,  una de mis necesidades personales en ese momento: escupir, de alguna manera, todo ese cúmulo de emociones que aprisionaban aquel pecho adolescente y que debían ser expulsadas. Así que me fui aficionando a la escritura como medio de expresión. La mayoría de veces eran emociones e inquietudes que provocaban que hirviese mi interior y me cuestionase muchas cosas. Así fue como, más allá de significar un medio de comunicación con gente, otra manera de conocer amigos que lo utilizaban también con algún fin, o descubrir arte, humor y lo que empezaba a significar la palabra postureo, Fotolog supuso un medio de reflexión personal. En aquella época, me enamoré y hablé de amor, tuve dudas existenciales e intrigas que desquiciaban mi impaciencia, me sentí triste y aprendí a autoanimarme, me aferré a motivos que fui descubriendo que podían alegrarme, jugamos a ser fotógrafos y psicólogos, empecé a definir mi personalidad fijándome y evitando, sobre todo, modelos que no quería seguir y, entre otros y lo más importante, empecé a trabajar mis emociones y a darme cuenta del bien que eso hacía.

Y, desde entonces (una etapa en la que escribía sobre aquello que sentía de una manera más encubierta y con cierta vergüenza) ha habido una evolución en mi forma de expresión de sentimientos, sin tanto miedo, pudor o incomprensión. Eso es aliviador porque creo que simboliza el reflejo de la calma personal a la que, aun inconscientemente en un principio, he podido ir llegando desde aquella época de caos adolescente. Por eso no me canso de repetir que una de las cosas más útiles que cada persona puede hacer por uno mismo y para empatizar más con el resto es interesarse, sobre todo lo demás, por el lado emocional, por los por qués de nuestros malestares, bienestares y sentimientos y por la forma de cómo liberarlos, más allá de simplemente sentirlos. Mantener nuestro lado emocional sano y tranquilo es, en definitiva, gran parte de lo felices que podemos sentirnos.

Ahora, ya hablando en pasado y habiendo explicado lo que significó para mí aquella simple red social, reconozco que venía previéndose su desaparición y que, por la importancia que para mí y para muchos tuvo, quería dedicarle esta entrada. Ahora no podré rescatarla cada cierto tiempo y pasarle el link a alguien para horrorizarnos juntos de aquellas fotos y de aquellos recuerdos mientras nos echamos unas risas, pero sí que mantengo gente fotologuera, recuerdos que nunca mueren y, algo esencial, una copia de todos aquellos textos que guardaré como un tesoro.

domingo, 3 de enero de 2016

Optimismo e ilusión

El otro día encontré por el ordenador un resumen que hice hace tiempo sobre un vídeo de una ponencia que me recomendaron que viese por Internet. La ponencia la daba el economista y profesor Emilio Duró pero, sobre todo, persona. Ese es el fondo del mensaje con el que me gusta quedarme siempre que alguien hace algo espactacular. Todos somos capaces de hacer cosas espectaculares si sentimos de esa manera. A continuación os paso, tal cual lo fui copiando, el resumen de las ideas principales con las que me quedé del vídeo (https://www.youtube.com/watch?v=RCuMd0KPPx8):

Frases
“Hay gente que es feliz por natura.”
“Hay gente que te alegra la vida esté donde esté y hay gente que, esté donde esté, te amarga la vida.”
“Estamos haciendo un mundo en el que tú le dices a alguien “Soy feliz” y ese alguien te dice que no eres racional.”
“El cerebro no ve nada más de lo que tus emociones quieren.”
“El amor se va, pero ella se queda.”
“El cerebro aprende por dolor.  Estamos preparados para sobrevivir.” (Ejemplo: Te pica una avispa y te acuerdas de eso, no de todas las demás que no te han picado).
“Los niños, ¿qué buscan para sobrevivir? Amor. Y la gente de cierta edad, ¿qué hace? Lo mismo, amor. Nacemos para buscar amor y morimos buscando amor.”
“El problema que tenemos ahora mismo es la falta de pasión.”
“El primer problema que tiene la gente es la negación de la realidad.”
“El 99% de cosas que preocupan a la gente no pasarán ni han pasado nunca. La felicidad nunca viene de conseguir algo, sino de tener algo por lo que levantarse todas las mañanas.”
“Cualquier persona que tiene un por qué vivir tiene un cómo. Las personas que no tienen un por qué vivir no tiene un cómo.”
“Si tú no eres feliz, no puedes tener una familia feliz.”
“Tu mente atrae a eso en lo que piensas. Vigilad en lo que pensáis.”
“Si piensas en que todo va a ir fatal, el único que lo sufres eres tú. Si piensas en que va a ir bien, eso que te llevas. Da igual que sea verdad o no, existe la automotivación, que no es ninguna tontería.”
“Para mí la gente estupenda es la que tiene la capacidad de hacerte sentir bien/importante.”
“Solo os cansará aquello que no disfrutéis, a lo que no le pongáis pasión, lo que no os llene. Solo haced cosas que os apasionen.”

3 tipos de cerebros:
“1- Cerebro reptiliano: Lo que tiene que ver con sobrevivir. Tiene que ver con el 80% de lo que hacemos. Hace lo imposible para que me vaya a la cama. La mayoría de las enfermedades las crea el cerebro reptiliano para que cambies la vida. Puede controlarlo más que un estrés. La enfermedad es el efecto, no la causa. Tienes que llevar una vida que te apasione. “Escuchad a vuestro cuerpo”. La gente feliz con lo que hace rinde más. El optimismo es la característica principal de la vida.
2- Cerebro límbico: Se encarga de los puntos del corazón que la razón no entiende. Se encarga de los sentimientos/las emociones. (es donde están las ganas, el entusiasmo, la ilusión…). El ser alegre no es un conocimiento, es una actitud. Ser trabajador, comunicador, responsable… también. El 80% de tu éxito en la vida viene de tu forma de ver la vida y, menos del 10%, de tus conocimientos. Bailad, cantad, poneros guapos cada día, etc.: mantened La Ilusión.
3- Cortex: El racional. Solo sirve para justificar lo que se siente. Luego, nadie es racional, se utiliza solo para eso. La realidad no existe, la realidad la crea tu mente.”

"Para conseguir un éxito personal hace falta:
1- Ser realista
2- Buscar lo que quieres. Qué te gustaría hacer.  (El 85% de la gente no sale nunca a buscar nada. “Aparecerá en mi vida cuando menos lo espere” “Para cada tren hay una estación”… ¡y una porra!)
3- Decir “¿Cómo quiero que vaya?”, y hacer las cosas distintas a como sueles hacerlas si hasta ahora no lo habías conseguido.
4- Saber en qué sitio encontrarlo.
5- Copiar el modelo de aquellos que han conseguido éxito. “No innovéis, innova el genio. Copiad.”
6- Preocuparnos por mantenernos en varios sentidos:
- El físico (“Hay algo por encima de todo que eres tú. Nadie te va a querer más que tú.”)
- El intelectual. (“Estudiad y leed. A partir de los 12 años empiezas a perder moléculas.”)
- La ilusión y la pasión a la vida. (“Poneros guapos, salid, bailad, etc. Cuando estéis entre la razón y el corazón, seguid siempre a vuestro corazón, no vendáis vuestra vida.”)
- Conciencia espiritual.”

Mensajes-conclusiones:
“1. El destino: Todo lo que ocurre en la vida ocurre porque tiene que ocurrir.
A partir de ahora, cuando tengáis desastres en la vida, pensad en por qué os pasa, porque seguro que al final de la vida todo encajará. En palabras de la física cuántica: Cuando tú miras hacia delante, no ves por qué pasan las cosas pero, cuando miras hacia atrás, todo encaja. Si me hacéis caso seréis felices. Todo aquel al que, cuando le pasa algo malo, piensa en por qué le ha pasado y qué puede aprender, dirige su vida. Toda aquella gente que dice “qué mala suerte tengo”, como es víctima no puede cambiar.
2. Seguid siempre al corazón. Levantadlo, haced cosas que os apasionen.
3. Os vais a morir. Y cuando uno sabe que va a morirse pierde el miedo a todo. Llegaste sin nada y te vas sin nada. Por eso no hay derecho a  que no llevéis una vida pasional. Y como vais a morir pensadlo siempre. Cuando tengáis un problema pensad que vais a morir. Entonces desaparecerán todos los problemas, los miedos y demás. Esa es la mejor idea que me han dado para poder seguir los caminos de mi vida. Pierdes en miedo a ser como a ti te gustaría ser.
4. Seguid fieles a vuestra locura.”

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Vergonzoso es, según lo que nos avergüence

¿Por qué, a veces, las personas nos avergonzamos ante lo corriente, lo bello o lo puro? Actuaciones bonitas, decisiones bondadosas, derechos dignos… Como cuando nos pedían salir en el instituto. Como nuestro primer beso en público o al enseñar nuestro cuerpo “como Dios nos trajo al mundo”. Como ir con un ramo de flores por la calle, cantar se haga bien o mal o bailar dejándose llevar, liberando tensiones. Como reconocer una enfermedad, una discapacidad o un desconocimiento sobre algo que se esperaba que supiésemos. Como admitir que nos cuidamos haciendo dieta, que tenemos diarrea, que tenemos un día de perros porque nos duele el corazón y no dolor de regla. Como preguntar a alguien desconocido o no acercarnos a darle la enhorabuena a alguien que ha conseguido emocionarnos. Como ayudarnnos por la calle, mostrar nuestros defectos o ir a pedir perdón. Como admitir que rezamos, que nosotras no somos recatadas en el sexo o que vosotros no sois tan p_tas máquinas. Como reconocer que nos pusimos celosos porque nos superó el miedo. Como reconocer miedo, tristeza y necesidad de alguien. Como hacer una declaración en toda regla o simplemente decir te quiero.

¿Por qué, sin embargo, nos crecemos ante actos mediocres y acciones rebeldes  o atribuimos heroicidad a hazañas villanas? Como “salir, beber, el rollo de siempre”, fumar en público o pasarnos el porrillo. Como tener mucho dinero y tirar de tarjeta de credito “Tranqui, “’t a to’ pagao, estoy to’ forrao y me lo dejo to’ en ropa y alcohol chavales”. O como cuando “fui y le metí un par de ostias a ese pringado”. Como cuando nos colarnos en el metro, somos antisistema, anarquistas y pasamos de las Navidades. Como cuando no participamos porque “son cosas infantiles”, nos hacemos una bañera “porque no la pago yo”, robamos alegando que “no les va de esto”. Cuando decimos 10 palabrotas por frase hablada, nos reímos del débil en grupo o cuando criticamos lo mismo que nosotros hicimos ayer, o aquello que nos hubiese apetecido, intentando convencer de lo mismo. Como cuando intentamos convencer, tratar como ciudadanos de segunda, hablar de clases, de líderes y de terceros mundos. Cuando decimos que nuestra abuela nos cuenta paranoias o que nuestros padres nos comen la oreja. O “Es que yo paso de la familia, ya sabes tío”. Como cuando repudiamos las frases filosóficas e imitamos has la saciedad la burrada más grande que hemos convertido en “moda” o algo “molón”. Y como cuando, tras todo eso, nos atrevemos a llamar “moñas” a algo del párrafo anterior.

A veces estamos fatal, os lo digo de verdad. A veces parece que nos avergüence ser todo lo humanos que somos como si el resto no lo fuese. Como si nos avergonzase más sentir que pensar. ¿Nos sentimos más identificados con lo que creemos que con lo que sentimos? ¿Nos cuesta más reafirmarnos en nuestras emociones que en nuestros razonamientos? Creo que lo que pasa es que nos avergüenza ser juzgados. Uno de los puntos de flaqueza de la sociedad en conjunto es la capacidad de hacer juicios ajenos, más allá de simples opiniones. De considerar “lo que está bien” y “lo que está mal”. Y eso lo creemos siempre en base a lo que somos nosotros mismos y vamos clasificándolo en base a la actuación más generalizada. Nos volvemos intolerantes hacia lo poco común y, como consecuencia, inventamos palabras como “raro”. Y así, poco a poco, nos cargamos la esencia de las personas, disfrazando lo que realmente somos y tal cual nos sentimos o actuaríamos, por lo que se espera de nosotros o es más “correcto” o creemos más coherente en el contexto en el que nos encontramos. Pero os voy a recordar que “hacerse un selfie”, hace unos años era vergonzante, el sin amigos, y ahora es moda y molón.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Humano se nace, y luego ¿qué se hace?

Nacemos humanos. En un contexto adecuado o bien un tanto oscuro, pero nacemos en blanco, con la mente liberada, sin la idea de ir siempre tras hazañas que se lleven por delante lo que sea. Nacemos sin la rabia de quien condena por rencor, por poder o sin razón y, si lo hacemos con alguna predisposición, es la del bienestar. Pero nos vamos haciendo… y no lo hacemos del todo bien, a veces de hecho mal, fatal. La venganza se adueña día a día de corazones demasiado influenciados que han dejado de ser libres, aunque crean que atemorizando lo son más. De personas que expresan inconformismo y frustraciones destruyendo a inocentes para dañar a líderes. Decidme que no es retorcido.

Nos apropiamos de territorios, como si fuesen nuestros, llamamos a todo “mi” y haciendo que, compartir, en algún momento se convirtiese en un gesto de generosidad, en vez de en algo común. Nos disponemos a cubrir nuestras propias espaldas y a contaminar poco a poco el verdadero sentido de la palabra “valor”. Lo confundimos con dinero, con postureo o con religión, cosas que, al fin y al cabo, no son naturales, sino que nos hemos ido inventando. Es verdaderamente lamentable. Está visto que la humanidad en conjunto es un fracaso. A veces intentamos imponer nuestro parecer sin llegar a conseguir ni ser la mitad del mejor parecer que esperábamos de nosotros mismos. La rabia está a la orden del día y eso se traduce en seres insensibles, inflexibles, intolerantes y, sin duda, incoherentes. ¿Podría considerarse ya epidemia la “deshumanización”?

Somos estúpidos y decepcionantes cuando atribuimos mayor sentido a nuestras propias invenciones que a investigar más en la propia gestión emocional, que es realmente lo que en tantas ocasiones puede salvarnos. No nos engañemos ni vayamos de invencibles, las armas pueden eliminar a la palabra en cuestión de un segundo. La hemos cagado distrayéndonos con todo eso que hemos confundido que podía ayudar y suponer un avance para el mundo, dejando muchas veces de lado todo aquello que realmente podía ser un avance personal que influyese en conjunto. Nos ha distraído y poseído también la ambición de poder. Y ahora, ¿cómo lo arreglamos?

Abandonar las ambiciones planetarias y apostar por las relaciones básicas de tú a tú... Sin duda esas son las únicas que pueden trascender, a diario y emocionalmente, con mayor incidencia y consecuencia. Puede ser que eso no vaya a evitar la barbarie de muchos, pero sí a valorar de lo realmente importante de aquellos que apuestan por la comunicación y la paz. Podrán matarnos por causas injustificables, pero sabremos justificar con argumentos más coherentes y satisfechos nuestra elección. Quizás no hacemos historia, porque “hacer historia” también forma parte de un gran bulo, pero podemos hacer de nuestra historia, la que sentimos como verdad, algo más sencillo para conseguir por lo que realmente deberíamos luchar: la tranquilidad.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Dejárselo al destino

Hoy me gustaría saber… ¿Qué hacéis vosotros para sentiros mejor en un momento de agobio agotador? ¿Tenéis algún truco? ¿Alguna vía de escape que os alivie a través de la cual encontréis la calma? Os amparáis en otras personas, os escondéis bajo las sábanas unas cuantas horas, buscáis una escapada furtiva fugaz, rezáis a todos los santos, meditáis, lloráis hasta que sale el diablo por las lágrimas, coméis tabletas de chocolate hasta tener una razón más grande por la que sentirse mal, escribís en un blog, rompéis el reloj? Sé que eso de confiarle nuestro destino al destino puede sonar raro, e ingenuo. Eso del destino puede parecer algo absurdo, algo cobarde… una especie de excusa perfecta para eximir responsabilidades. Pero, una vez toda la carne ha estado y está en el asador, churrascada y preparada para que alguien le hinque el diente o para que se desintegre en mil pedazos, ¿no acabáis por desearle toda la suerte del mundo al destino más allá de vuestras prácticas habituales?


Como si algo externo a nosotros tuviese mayor influencia que nuestros propios actos. Y es que posiblemente no estamos preparados ni para creernos tan afortunados ni tan cenizos cuando algo inesperado nos ocurre y, por supuesto, nos parece la mar de sensato atribuirle la gracia o la culpa a algo ajeno. Lo hayamos hecho bien, mal o fatal, ponemos nuestra esperanza en el destino como si realmente “él” tuviese una justa decisión esperándonos o el poder último de salvarnos. Y es que el destino puede no ser más que una utopía que, paradójicamente, sentimos que ha llegado cuando se da algún tipo de consecuencia a nuestros actos. Y, aun intentando creer que podemos saber qué va a ocurrir tras cada uno de nuestros pasos, cuando algo distinto nos sorprende exclamamos: ¡Cosas del destino!, y nos quedamos más anchos que largos.


Pero es que, ¿veis? Es exactamente eso lo que andamos buscando a menudo, ¿no? Quedarnos más anchos que largos ante algo, especialmente ante un motivo de agobio que intenta boicotear nuestro buen momento. Eso del destino nos permite poder atribuirle un sentido más o menos convincente a algo aparentemente incomprensible y, como si ninguna otra cosa hubiese podido suceder, nos hace asumir, sentirnos más calmados.  Por eso, lo de estar agobiado y dejar de darle mil vueltas a un mismo tema, decidiendo que sea el destino el que así lo ha querido, no me parece un plan tan malo si eso nos hace sentir más relajados. Al fin y al cabo, aunque seamos nosotros mismos quienes lo provoquemos, vamos a hacerlo sin esa presión añadida que a veces nos impide creer tanto en nosotros. Podemos llamarle fe, podemos llamarle destino, podemos llamarle energía o Dios del vino, pero no deja de darnos una oportunidad para practicar en eso de gestionar los infortunios y aprender a agradecer la fortuna, aunque sea algo abstracto, que a veces nos cuesta menos.

martes, 6 de octubre de 2015

Lo del dicho de los malotes

Lo del dicho de las chicas y los chicos malos ya pasó a dichos mejores. Cosas de la edad o vete a saber tú qué. Ya sabéis, lo de “los chicos buenos van al cielo y los malos a todas partes”… podemos suponer qué tipo de personajillo lo inventó. Bien, es posible que durante esos “duros” años de adolescencia, en las que nuestras hormonas y neuronas entran en una fase de esquizofrenia compulsiva, hacerle la revolución al mundo y ser un heartbreaker entre incluso dentro de la legalidad humana y, que te hagan la revolución, es “lloros para hoy, aprendizaje para mañana”. Por eso, ya pasó, ¿no?

Ya son ganas las de ir con una careta o con una coraza entera por la vida, las de estar haciendo el panoli por sentir poder (de atracción, de control, de destrucción). Ya son ganas (o temores) las del nene bueno o la nena mona las de colgarse, a fin de cuentas, de alguien un tanto desequilibrado que hace que su inseguridad alimente probables carencias del otro. Creo que las relaciones en las que hay un malote son tóxicas, a la vez que los malotes con corazón de cordero no son malotes, sino postureo, y a esos solo hay que darles tiempo, algún abrazo y confianza. (Sí, hay gente que jode por convicción pero también gente que jode, que está jodida, y que reclama ayuda a través de sus actos. Aunque fastidie pensar que perdimos el tiempo y fuerzas intentando rescatar a alguno de ellos.)

Sin embargo, cuando ciertas experiencias quedan ya a la espalda, solemos huir de comportamientos que nos generen intranquilidad, de esos nervios que el malote o la malota nos hacía sentir en el instituto con su personalidad arrolladora y que nos hacían confundir atracción por infravaloración. (Qué peligroso es idealizar a cualquier ser viviente.) Ahora, el malote ha hecho historia pero aburren solo de pensarlos y, es el tipo bueno, con quien quieres compartir tus diversiones. Eso es porque, cuando tenemos más claro qué sensaciones nos han sido contraproducentes y cuáles las que queremos seguir sintiendo, solemos acabar buscando la calma personal como trasfondo a todo; y eso pueden aportárnoslo personas sin tanto miedo de exponerse como con ganas de aparentar. (Eso sí, picardía aparte y bienvenida.) 

¿Quizás, a medida que te alejas de esos años adolesmonstruosos (y mira que fueron buenos), parece que la línea entre los “tarados” y los “cuerdos” queda un poco más definida? Espero no tener que volver a escribir dentro de un tiempo negando esa pregunta.

martes, 22 de septiembre de 2015

Ser camaleón

Ser ese camaleón que se adapta y que raramente refunfuña, que decide y que a la vez se amolda… esa es, probablemente, una de las identidades que más nos pueden a favorecer. No se trata de ser conformista ni sumiso, sino de estar dispuestos a abrir nuevos horizontes y, con ello, prever posibles ventajas en algo que no se ajustaba exactamente a lo que habíamos planeado. Y es que a veces encanta… encanta planear como si fuese algo irreplanteable, como si aquella fuese la decisión tomada más válida y la única entusiasta, como si amoldarnos al plan de otro fuese a significar arrebatarnos la razón o perder parte de nuestra personalidad. Sinceramente, qué manera menos amplia de aprovechar la vida.

Bien al contrario, creo que no hay personalidad más beneficiosa que la de ignorar esas ideas y probar planes que quizás nunca se nos hubiesen ocurrido por iniciativa propia pero que permiten escoger, para otra vez, entre más opciones. Por ello me dan pena las personas autoritarias, las que se cierran en banda ante un plan o un capricho (y recalco lo de “capricho") pensando que se hacen algún tipo de favor. Salirse con la suya puede parecer placentero a nivel de liderazgo pero, las personas sensatas, lejos de creer en la figura del líder absoluto, son personas flexibles. Ese “hoy por ti y mañana por mí” que, a menudo, acaba significando un “hoy y mañana por ambos”. Solo aquellos que saben sacarle provecho a un contratiempo, a una situación imprevista o a aquellas actitudes que les rodean, pueden enriquecerse y evolucionar.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

El buzón como caja de sorpresas


No seré la única a la que le fascina cuando el buzón se convierte, en vez de en un depósito de facturas y propaganda, en una caja de sorpresas. Admito que, cuando descubrí esta carta al abrir el buzón, se me escaparon unas cuantas carcajadas que reflejaban incredulidad, inquietud y alegría… Así que me voy a dirigir a ti, al remitente en blanco,  al atento lector y al anónimo escritor:

Sé quién eres. Vale, no, mentira, pero si he conseguido inquietarte por un segundo, me doy por satisfecha. Reconozco que me has sorprendido (ahora se te ha escapado una sonrisa, seguro)  y que mereces, tanto saberlo, como una respuesta. No tengo claro que nos conozcamos ya que, ni mi melena es negra, ni cambio constantemente de portada pero, por otra parte, espero que sí nos hayamos conocido en algún momento porque no sé de dónde carajo podrías haber sacado mi dirección, a no ser que deba sentirme perseguida hasta la puerta de mi casa. (Acosadores no, gracias, deben dejarnos hacer.) Por tu letra pareces alguien seguro. También jovial al decir “face”, pero maduro, modernillo o no tan joven al ponerlo entrecomillado, al escribir con “estilográfica” y al seguir un orden coherente. Bien, eso último no tengo claro que ni la gente madura lo haga. 

Te comiste acentos y te sobraste al firmar, pero aquí está la contestación, por donde me indicaste, al tan atrevido como cobarde acto, a la tan intrigante como original iniciativa. No me importa que me escribas, sabes bien que me gustó, aunque advierto que no quiero convertir esto en un juego a través del blog o la red social y que los juegos con autor anónimo tienen gracia solo por un tiempo. Por eso quizás estaría bien desvelar el entramado, ¿no? Gracias por leerme, por la sorpresa y por tu futura respuesta, ¡seguro! 



PD: Con buen pie… y buena letra.

martes, 18 de agosto de 2015

Impúlsate

Cuando ves clara una cosa, hazla. Como dice la canción, "solo se vive una vez". Te arrepentirás o no, saldrá como esperaste o no, te hará sentir mejor o no... pero, no haciéndola, dejas de ser tu, acorde a lo que sientes, y actúas condicionado. Algunos pensarán que es una locura, otros una simple anécdota y, solo aquellos que lo hayan vivido en primera persona, lo entenderán.
Cuando te das cuenta de que has perdido más oportunidades con tus indecisiones que en tus momentos impulsivos, te replanteas si quizás no es que tomases decisiones equivocadas, sino si debiste lanzarte más veces sin pensar en consecuencias, solo en causas.

jueves, 30 de julio de 2015

"Y creo que muero, si no siento el roce de tu cuerpo"

Cuánto miedo, o bien vergüenza, nos ha dado a veces observar nuestro cuerpo y aun más mostrarlo o tocarlo, ¿no? Pero, ¿podemos llegar a valorarlo y amarlo si no lo hacemos? A veces, por pudor, otras por complejos y, otras, por lo que puedan decir de nosotros, pasamos por alto la exploración del cuerpo humano, algo que, nos parezca más o menos bello, no deja de ser una muestra de naturaleza extraordinaria. Pero, para disfrutarlo lo máximo posible, creo que antes de todo debemos reflexionar sobre algo imprescindible: la negativización  de aspectos corrientes.

Términos como “celulitis”, “granos”, “verrugas”, “cicatrices”, “michelines”, “pelos sin depilar”, “manchas”, “arrugas” o incluso alguna deformidad,  han llegado a sernos percibidos de manera negativa y no como realmente debería considerarse: parte de la más absoluta normalidad. Somos nosotros mismos los responsables de fomentar esa percepción que sigue generando más de algún quebradero de cabeza, cargándose alguna autoestima y egocentralizando algunas otras. Eso sí que me parece de tarados porque, si no es una cosa, será otra y, si no es en la cara, será en la panza o en el culo… pero es triste que veamos como aspectos horribles algunas características que, lejos de ser excepcionales, son comunes entre nosotros.

Saber apreciar cuerpos no es una idea tan descabellada como antesala a lo que pueda haber tras él. La comparación con los demás debería transformarse en un ensalzamiento a la belleza de las diferencias. La exploración de nosotros mismos debería ayudarnos a respetarnos más y descubrir placer en el sinfín de sensaciones que nos ofrece. Y, el descubrimiento de otros ajenos quizás nos haga, a veces más animales, pero también mejores personas y más conscientes de que poseemos y nos rodeamos de más belleza de la que pensamos. Lejos de ser algo repugnante o perverso, el descubrimiento del cuerpo humano es algo básico e incluso placentero si nos lo proponemos.

Sea el nuestro o el de otros, cuando llegas a ver belleza o cariño incluso en aquellos puntos que querríamos cambiar, o en los que podríamos considerar imperfectos, aprendemos a apreciar lo que sí tenemos, como lo tenemos y la forma en la que podemos utilizarlo. Y lo que es tan o más importante, aprendemos a ver aquellos que nos rodean sin tanta competitividad y crítica, sino con particularidades y normalidad, una opción más sana. Así que, está bien que nos cuidemos e intentemos mejorarnos pero, por nuestro bien, más vale que normalicemos y disfrutemos por igual de esos detalles que no nos hacen ni más guapos ni más feos, sino igual de humanos a todos.

miércoles, 15 de julio de 2015

¿Dar o recibir?

No sé si alguna vez os lo habéis planteado, pero el otro día nos lanzaron la pregunta: Qué creéis que da más felicidad , ¿dar o recibir? (Y dejad de pensar solo en connotaciones sexuales, marranos). Probablemente lo primero que viene a la cabeza es que un mix es la combinación perfecta; que “no lo uno sin lo otro”, ¿no? Pero, si se ciñe a tener que escoger entre una u otra acción, ¿cuál creéis que objetivamente hablando aporta mayor satisfacción?

Para algunos, elegir “dar” como respuesta podría sonar demasiado sumiso, de tontos de los que se aprovechan y, otros, podrían preguntarse: ¿quiere decir eso que “dar” tiene una base egoísta si provoca autosatisfacción? ¿Se da siempre con un interés implícito? Seguramente a veces sí, se espera recibir un reconocimiento como mínimo. Pero también espero que, la mayoría de ocasiones, eso sea una consecuencia a que, la motivación principal de dar, lo provoque el placer de tener delante a alguien que lo inspira.  ¿Es posible que haya alguien que se limite a “recibir” sin “dar” en algún momento? Creo que no. Creo que simplemente son impresiones que causan las personas cuando no somos nosotros, o el entorno que conocemos, quienes lo recibimos. En una relación de dos personas, sea esta del tipo que sea, si solo una de esas personas da y la otra se limita a recibir, probablemente la relación tenga todos los puntos para ir en declive. Y no quiere eso decir que esa persona no sepa dar sino que, aunque suene duro, dará a alguien por quien sienta (más) interés, seguro.

Dar a alguien que exige, hace que sintamos desdén y rabia. Dar a alguien de manera voluntaria provoca bienestar porque, durante el tiempo en el que se idea, se hace y se lleva a cabo eso que das, uno se siente coherente con lo que siente. De ahí que, después, esperemos recibir, más que por lo que puedan aportarnos, para percibir que los sentimientos de la otra persona se correspondan a los nuestros. De esa manera, dando, ambos salen ganando. Por eso, si  volvemos a la pregunta inicial, quizás la fórmula perfecta se acerque más a que las dos personas estén dispuestas y motivadas a “dar”. Porque si ambos dan, ambos en algún momento reciben, y solo así puede generarse una relación sana y positiva. “Recibir”, pues, puede simbolizar un reconocimiento hacia nuestra persona pero, “dar”, seguramente sea una necesidad humana de alguien que siente. Y, más allá de por quién o cómo, todos sentimos.

viernes, 3 de julio de 2015

Lo que podría haber escrito mañana

Ama hoy y no mañana. Porque, mañana, es inalcanzable hoy y quién sabe, ya sabes. Si eso, mañana ya volverás a amar hoy. Y así con cualquier verbo. ¡Buen fin de semana!

martes, 16 de junio de 2015

No pienses

No pienses, ¿me oyes? Quien mucho piensa, poco acaba haciendo y, lo no hecho, poco satisfecho queda. Haz, haz, haz, di y actúa. Habla impulsos y permite hechos, mejor o peor hechos, pero sin darle mayores vueltas. Más vale rectificar que estancarse en incoherencias. Haz, pregunta y no imagines. Las cosas también pueden ser llanas, sin dobles sentidos, sin intencionalidad alguna más allá de “porque apetece” o por necesidad. No tengas miedo a necesitar, todos lo hacemos. Necesita, encuentra y ábrete. Búscalo o pídelo, pero permite que te descubran. Transmite. Siente más y piensa menos y así puede que todo vaya a ir peor, quién sabe, pero también mucho mejor… evitando desaprovechar el “mientras tanto” en despropósitos.

martes, 9 de junio de 2015

Niños

Dicen que donde hay un niño hay alegría y parece que es verdad. ¿Quién no ha oído alguna vez, en boca de algún adulto, eso de “¡Quién pudiese volver a ser un niño!”? Incluso a niños que justo empiezan a saber lo que significa “responsabilidad” o que han ido perdiendo su infancia, demasiado deprisa  a veces. Echamos de menos esa felicidad despreocupada y por inercia, esa protección de lo invasivo y esa invasión de atenciones. Lo que está claro es que los niños suelen llevarse el concepto más surreal de la realidad, pero también hacen que saquemos nuestra mejor cara. Si no lo creéis, fijaos en quién se lleva las muecas sonrientes y graciosas entre las caras largas del metro: los niños y los enamorados. O sea, la gente que enamora, que es la única que tiene la capacidad de mover y remover.

Durante este curso he sido más consciente que nunca de ello. Supongo que una de las mayores suertes que se puede tener es la de trabajar de algo que te gusta y que disfrutas, pero quizás aun lo es más si cada día sales del trabajo con una sonrisa grapada en la cara. Siempre he pensado que esa capacidad la tenían, sobre todo, trabajos que te permitían estar en contacto con otras personas, pero resulta que si trabajas rodeada de niños eso puede multiplicarse. Malditos niños y sus fantásticas razones... No depende tanto de si tienes un buen o mal día, sino de aquello que te aporten y seas capaz de aportar. En ese sentido, me parece alucinante la energía que es capaz de transmitir y de generar un niño y, a la vez, sorprendente la evolución que van haciendo a medida que van creciendo. 

Aun no he sido madre pero, siendo maestra, admito que esos que calificaríamos como “niños del diablo” no nacen, sino que se hacen. Ganando en picardía no siempre se gana en inteligencia, si esa inteligencia implica la pérdida de bondad, confianza o motivación. Recordad pues que, el mayor favor que los niños pueden hacernos al resto es el de transmitirnos toda esa energía pura que tienen y los motivos que hay tras ella. A cambio, el mejor favor que podemos hacerles es invertir en su educación emocional para que, aunque vayan madurando, distingan cuánta vida, no solo han sido capaces de dar, sino están dispuestos a seguir dando.

martes, 2 de junio de 2015

Desnudos ante la sociedad

¿Alguna vez os habéis sentido incómodos por una de esas pilladas que consideráis garrafales? Esos momentos en los que desearíais que La Tierra os engullese. Seguramente todos hayamos pasado por alguna experiencia de ese tipo y haya conseguido sacarnos los colores aunque no fuese algo necesariamente malo. Pero, ¿y cuando no somos conscientes de esas pilladas y, sin embargo, se dan? ¿Nos hemos planteado cuántas veces el vecino de enfrente ha podido vernos desnudos o cantando a través de la ventana, cuántos mocos nos habremos sacado en público o braguitas acomodado en el culo con la mirada de alguien encima? 

Son solo algunos ejemplos tontos de la infinidad de acciones que llevamos a cabo diariamente en supuesta intimidad. Esos que, por pura casualidad, alguna otra persona ha compartido desde un ventanal, un escondite o un punto muerto que obviamos. Y es que el mundo está lleno de cómplices que observan y callan. En cuestión de una semana, he visto un par de buenos pechos tendiendo la ropa (jamás llegué a verle la cara a esa mujer), cuatro chicos meando, una señora en bragafaja y un streaptease de esos que hacemos cuando llegamos a casa para ponernos fresquitos. Son momentos que no se buscan y que, mientras a algunos les descubre cierto morbo, a otros les provoca rubor hasta el punto de sentirse violentos. Sean como sean, más o menos cómodos, lo que sí que parece es que llaman descaradamente nuestra atención y nos convierten en auténticos voyeurs

Parece que llevamos media vida disfrazando la realidad y subiendo instantes a la red  pero que lo que realmente nos atrapa son esas situaciones que “se quitan la máscara” y que no “hacen ver”; algo que en ese tipo de ocasiones encontramos. A fin de cuentas, lo que más nos sigue atrayendo son esos momentos más íntimos, esas pilladas inesperadas o esas circunstancias que nos permiten, más que recibir información, ser cómplices. Nos cautiva lo furtivo, está claro, pero aun más lo real y lo sincero.

miércoles, 20 de mayo de 2015

La madre del topo

Y esto no para, por muchos escritos que empieces en los que no encuentres la manera exacta de cómo gritar sobre el papel el bullicio de emociones que de pronto te asaltan. Por muchos momentos en los que necesites sentarte a suspirar por ese asunto, por esa persona o por la madre del topo, esto no para. Lo llevas ahí y no hace falta que fuerces su ida porque, a más lo haces, más viene. Deja que vaya contigo y que por ello mismo se transforme. Solo asegúrate de que lo que consigue que te frenes en cada momento sea aquello que te quite todavía, de nuevo o una vez más, el hipo. Asuste más o menos, si algo debes sacar en claro una y otra vez es que, si se tiene el impulso, para bien y para mal siempre fue mejor lanzarse. Ni por la ventana, ni a por el bote de Nocilla comida con cucharilla… ¡al frente! Justo hacia eso que, veas o no veas ahora , llevas en tu cabeza o entre ceja y ceja. Es lo más coherente que puedes hacer para salir reforzado de tus puntos de inflexión. El destino es sabio y, sea o no esa corazonada/cabezonada la misma hoy que mañana, pone las cosas en su sitio aunque solo sea porque no vayas a conocer otro y pretendas aprovechar el tuyo. Tras la fase de lloros y la de rabia, se comenta que tienes varias opciones: la de darte al alcohol, al victimismo y al eterno lamento o la de reafirmación, liberación y darle tiempo al tiempo. (Y, si al final nada sale bien recuerda, como comodín, decirles a todos que fue 'la topa madre de todo' quien tuvo la culpa. Es lo que peor se nos da ante los fracasos, asignar culpables).

xx

Reza porque no me cruce contigo porque, si me miras, voy, digo, vas, a tener que besarme. O morderme el labio tan fuerte que haga daño. Lo del masoquismo a veces se me ha dado dpm. Tengo un nudo atando el estómago todo eso que querría vomitar y una flecha atravesada en el pecho que ahoga, mientras apunta en esa dirección que por inercia sigo. Necesito gritarle a la vida que a veces parece puta. Necesito pedirle al destino que, si hoy no estás conmigo, tampoco vayas muy lejos de mí. Que permita superar todos esos aspectos que, ahora entiendo, fueron mejorables. Que si no estoy contigo, me lleve junto a esa clase de persona con la que ahora tengo claro que quiero compartir días y noches. Perdona si estás cansado de rondar tanto por mi cabeza, te aguantas. Me matas de rabia y de amor a partes iguales y, te querría tan aquí, que tenerte a medio camino no me sabe ni a batalla medio ganada. Y te prometo que en esto con concibo el conformismo. Caminas al revés y yo corro hacia delante con un imán en la espalda. ¿Qué mierdas está pasando? Yo ya no solía apostar por nadie y ahora… tú y tus causas, yo y mis razones. Fue tan placer que yo acertase contigo como que tú te equivocases conmigo.

miércoles, 6 de mayo de 2015

A las sonrisas por el pasillo

Hoy me he enterado de otro de esos sucesos que te dejan mirando al infinito, incrédula, y que te enredan un nudo en el pecho en cuestión de segundos: la muerte inesperada de alguien. De alguien joven, de tu edad. Esta vez, parece incluso un extracto de humor negro el hecho de que, hace tan solo unos días, él mismo estuviese escribiendo que aun iba a seguir vivo por mucho tiempo. Seguro que, en el recuerdo de muchos a los que nos transmitió esa paz y esa energía a la vez, sí. De todos modos, ¡qué inconsciencia la nuestra eh! Parecemos obviar, por momentos, que estamos expuestos a la muerte desde que nacemos. A veces parece que nos creemos inmortales dando por hecho que mañana o dentro de un rato habrá una nueva oportunidad. Claro que, ¿qué debemos pensar? Somos demasiado vulnerables como para creernos tan invencibles pero, seguramente, también insensatos para lo que podremos aprovechar. Y es que, ni las personas que parecen estar tan llenas de vida que parecen eternas, lo son. Hace casi exactamente tres años que una muerte hizo que mi pensamiento cambiase en cuanto a este tema y, con ello, también un poco mi vida, pero eso no quiere decir que deje de impactarme.