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miércoles, 2 de septiembre de 2015

El buzón como caja de sorpresas


No seré la única a la que le fascina cuando el buzón se convierte, en vez de en un depósito de facturas y propaganda, en una caja de sorpresas. Admito que, cuando descubrí esta carta al abrir el buzón, se me escaparon unas cuantas carcajadas que reflejaban incredulidad, inquietud y alegría… Así que me voy a dirigir a ti, al remitente en blanco,  al atento lector y al anónimo escritor:

Sé quién eres. Vale, no, mentira, pero si he conseguido inquietarte por un segundo, me doy por satisfecha. Reconozco que me has sorprendido (ahora se te ha escapado una sonrisa, seguro)  y que mereces, tanto saberlo, como una respuesta. No tengo claro que nos conozcamos ya que, ni mi melena es negra, ni cambio constantemente de portada pero, por otra parte, espero que sí nos hayamos conocido en algún momento porque no sé de dónde carajo podrías haber sacado mi dirección, a no ser que deba sentirme perseguida hasta la puerta de mi casa. (Acosadores no, gracias, deben dejarnos hacer.) Por tu letra pareces alguien seguro. También jovial al decir “face”, pero maduro, modernillo o no tan joven al ponerlo entrecomillado, al escribir con “estilográfica” y al seguir un orden coherente. Bien, eso último no tengo claro que ni la gente madura lo haga. 

Te comiste acentos y te sobraste al firmar, pero aquí está la contestación, por donde me indicaste, al tan atrevido como cobarde acto, a la tan intrigante como original iniciativa. No me importa que me escribas, sabes bien que me gustó, aunque advierto que no quiero convertir esto en un juego a través del blog o la red social y que los juegos con autor anónimo tienen gracia solo por un tiempo. Por eso quizás estaría bien desvelar el entramado, ¿no? Gracias por leerme, por la sorpresa y por tu futura respuesta, ¡seguro! 



PD: Con buen pie… y buena letra.

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