No seré la única a la que le fascina
cuando el buzón se convierte, en vez de en un depósito de facturas y
propaganda, en una caja de sorpresas. Admito que, cuando descubrí esta carta al
abrir el buzón, se me escaparon unas cuantas
carcajadas que reflejaban incredulidad, inquietud y alegría… Así que me voy a
dirigir a ti, al remitente en blanco, al atento lector y al anónimo escritor:
Sé quién eres. Vale, no, mentira, pero
si he conseguido inquietarte por un segundo, me doy por satisfecha. Reconozco
que me has sorprendido (ahora se te ha escapado una sonrisa, seguro) y que mereces, tanto saberlo, como una
respuesta. No tengo claro que nos conozcamos ya que, ni mi melena es negra, ni
cambio constantemente de portada pero, por otra parte, espero que sí nos hayamos
conocido en algún momento porque no sé de dónde carajo podrías haber sacado mi
dirección, a no ser que deba sentirme perseguida hasta la puerta de mi
casa. (Acosadores no, gracias, deben dejarnos hacer.) Por tu letra pareces
alguien seguro. También jovial al decir “face”, pero maduro, modernillo o no
tan joven al ponerlo entrecomillado, al escribir con “estilográfica” y al
seguir un orden coherente. Bien, eso último no tengo claro que ni la gente
madura lo haga.
Te comiste acentos y te sobraste al firmar, pero aquí está la
contestación, por donde me indicaste, al tan atrevido como cobarde acto, a la tan
intrigante como original iniciativa. No me importa que me escribas, sabes bien
que me gustó, aunque advierto que no quiero convertir esto en un juego a través
del blog o la red social y que los juegos con autor anónimo tienen gracia solo por un tiempo. Por eso quizás estaría bien desvelar el entramado, ¿no? Gracias
por leerme, por la sorpresa y por tu futura respuesta, ¡seguro!
PD: Con buen pie… y buena letra.

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