Un año más pasa y otro llega. Este año no ha sido ni bueno, ni malo... no ha sido nada, sino que hemos sido en él... hemos hecho nuestro año con lo venido y con lo decidido. El otro día hablaba con mis amigas acerca de lo de hacer un balance final... y no veo dónde empieza y acaba ese final. Podría decir que este año ha sido una mierdx y no os mentiría, pero también podría decir que ha sido estupendo y tampoco estaría mintiendo. El balance final creo que, muchas veces, depende de hacia dónde decidimos inclinar más la balanza, seguramente incluso como arma de autoprotección. Me explico.
Repasando fines de año anteriores me he fijado en que, hace un par de años, mi balance final fue que el año había tenido sus sombras pero que todo lo malo saca muchas cosas buenas y bla bla. Estaba fastidiada emocionalmente hablando y, sin embargo, mi balance final era un mensaje de fuerza. Necesitaba autoanimarme, autoconvencerme, no ser objetiva, creer en el cambio, en la resiliencia o en los milagros. Y mi balance era un "bueno, pero..." como una catedral. Me convenía hacerlo así y luego leerme e impulsarme y autoconvencerme. Yo, este año, tengo emociones encontradas que contrastan mucho. Vuelvo a sentirme yo, he disfrutado muchísimo de la maternidad con mi pequeño cuando la situación me lo ha permitido, de mi trabajo buscando cambios, de mis amigos volviendo a ellos y volviéndome a dejar querer. He vuelto a darle a mi familia el lugar que merecía en mí y ellos me han aportado con creces lo que necesitaba y lo que me quieren. Me lo he pasado bien, muy bien, y he tenido el placer de compartir días o vidas de personas muy bonitas. Eso entre muchas cosas que podría explicar y solo un tema espina que me ha llevado a momentos muy malos, sin duda de los más duros de mi vida hasta ahora. No voy a comentar más sobre este tema por aquí, solo a exponer su existencia y lo duro de tener que vivirlo y lo expongo para seguir explicando el tema del balance.
Este año, entonces, mi cabeza y mi corazón me piden que haga un balance bastante imparcial, equilibrado entre el bien y el mal. A veces, muchos momentos bonitos se ven eclipsados por uno malo y pesado. Y si no lo vale así en peso, nuestra mente nos lleva a hacerlo. A fin de cuentas somos humanos... las vivencias y los momentos alegres nos generan una emoción efímera y más o menos constante porque constantemente podemos encontrar belleza y alegría si entrenamos nuestra mente para ello. Sin embargo, lo triste y destructivo deja más poso... normalmente no lo escogemos, nos viene dado y encima nos lleva a tener que dedicarle un tiempo duro para gestionarlo. Lo triste y duro nos hace aprender (a veces cuando tocamos fondo) a cómo volver a valorar lo bueno y a cómo reinventar nuestro bienestar. Así que, con todo esto, vengo a decir que, como persona que me considero positiva, con confianza pero también confiada, este año siento que necesito hacer un balance bastante neutro dándole un peso mayor del que querría a lo malo. Sin querer devaluar todo lo bueno que he experimentado, necesito no restar importancia a eso malo, ni olvidarlo aunque queme para, teniéndolo presente, crecer y fortalecerme aun más. Es a eso a lo que me refería con que a veces las personas hacemos un balance escogido de una situación, o de un año entero, como síntoma de autoprotección, otorgándole un mayor peso de lo que seguramente merecería nuestra vida a uno de los lados, como ayuda para salir reforzados del año.
Del año que viene no espero nada porque, cuando mucho esperé, mucho tiempo perdí esperando. Por el año que viene siento ilusión de que la vida me sorprenda...es decir, de que mis decisiones, mis pasos y mis hazañas, junto a lo que me venga de fuera, generen paz en mi conciencia y satisfacción en el alma, atendiendo pero también atendiéndome. Al año que viene le pido mucho, sí, porque por pedir que no quede y porque merezco mucho bueno, igual que las personas a las que quiero. Que si el universo confabula, que lo haga favorable a mí y a los míos que, de aprovechar lo bueno, sabemos bastante. Que si algo tiene que afectarme, haya aprendido a que sea lo justo y necesario, lo que merezca llamar la atención, relativizando y destacando lo realmente importante sobre lo realmente impertinente. Deseo un "Hakuna Matata" grabado a fuego en el corazón de muchas personas y menos rabia añadida a este mundo crispado y cruel con demasiados. Qué importantes los detalles tontos y los pequeños placeres de la vida a la hora de salvarnos un poco, no sé si el año entero, pero sí día a día.