Hace algunos días, varias semanas y ya algún mes, Javi, de Zaragoza, mi primo-no-primo-pero-más-primo-que-nadie (en sentido familiar), me recordó por enésima vez por qué unos 15 años después desde que nos conocimos (si no son más), con bastantes mensajes postadolescentes de Messenger a las espaldas pero menos conversaciones en la vida adulta y aun menos ratos compartidos en persona, es alguien tan especial para mí... y es porque él siempre fue así:
Cogió el teléfono, me llamó y me dijo que me quería; que solo quería recordarme eso porque le parecía que poco se decía para lo mucho bien que hace, porque era verdad y esa era otra forma de demostrarlo y porque me lo merecía. ¿No es, acaso, algo bastante singular en la sociedad actual? Él, siempre ha sido así, conmigo y con los abrazos que hablan solos que siempre le he visto dar a quienes quiere. Creo que muy limpia tiene que tenerse el alma para ser tan generoso y expresar a corazón abierto y sin filtro, así como limpia debería ser la mente de quien lo recibe, apreciando el significado que tiene y que justamente pretende tener. En este mundo de tramas, a veces sospechamos de lo puro y, aunque no abunda, por suerte lo hay, lo aseguro.
Y bien, así es mi primo-en-algun-sentido-primo, alguien con una forma de querer demostrando muy bonita, que siempre, desde hace años y repitiéndose en el tiempo, hace que recuerde lo medicina que pueden ser algunas palabras o frases simples, reafirmar que nunca estará solo un corazón que ocupa un lugar en otro corazón y que todos merecemos recibir valor y amor a menudo, empezando por el nuestro propio. Hoy quería dedicarle este texto por tantos otros que ha leído y ha valorado ya solo porque salían del corazón, por arropar siempre tan bien a los que quiere sin esperar más allá que lo justo a cambio y por la valentía de ser puro y afectivo decidiendo matar tiempo en aportar amor en vida.
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