De repente revives. Depués de mucho tiempo dormida, después de bastante tiempo bloqueada, después de demasiado tiempo de agotamiento mental, de abuso psicológico, de una benevolencia casi inagotable en un punto de jaque constante y de llegar a sentir injusticia sin piedad... te cansas, te rompes y te agotas. "Merezco mucho más y mejor", piensas y deseas. Y ahí te quedas, con ese pensamiento en standby que te alienta y quema a la par. Intentas buscar la calma en cada resquicio porque de eso quieres vivir... apartando incluso de tu ecuación vital la pasión y/o el amor y esas sensaciones que tanto te cautivaban... pese a que sepas que en el fondo y, por desalentada, floja y desconfiada que te sientas, sigues siendo aquella misma que fuiste y que te mueres de ganas de volver a ser. Sabes que volverá a ser; solo es cuestión de un poco de tiempo, de recomponerse, de reafirmarse y de volver a pisar fuerte.
Y sucede. Después de ese tiempo que justamente necesitabas para reconocerte, empieza lento... algún encuentro... despertar las ganas... disfrutar la vida. La vida que te dice de nuevo que igual que no hay negro sin blanco, tampoco parece haber malo sin bueno o mal que dure cien años. De repente, resucitas ese lado de ti que parecía dormido, sin esperarlo y casi sin quererlo. Y de repente también, hay un encuentro que te pega fuerte, que te cala adentro. Así, de repente, tu mismo cuerpo y las ganas de tu mente por conectar con "energía renovante", te llevan a buscar y a vivir unas de las horas seguramente menos esperadas pero más regeneradoras e inequívocamente confusas de tus nuevos inicios. Algo fuera de serie, no tanto por potencia, que también, como por profundidad... eso que más cala. Un milagro compartido en el que encaja tu cuerpo pero aun más tu alma; en el que le pones ganas pero en que el dejarse llevar gana; en el que se fusionan corazones solitarios convirtiéndose, de forma inexplicablemente fácil, en confianza, en sentirse haberse conocido desde antes aunque sea la primera vez, en hogar anhelado efímero donde normalizar el quererse quedar. Un rato de compartirse y toda una velada de complacerse y de hacerse bien, de música y contacto que se acaba encontrando antes de buscarse. De buena vibra, de buena onda, de buena energía, de bueno y rico todo. De confusión al cerrar la puerta y dejar todo atrás, porque del recuerdo no se vive, "se nostalgia".
No lo podía evitar, hacía mucho tiempo que no sentía mucho ni aguantaba nada pero, esa vez, tenía ganas de más. ¿El gran problema? No saber ni cómo ni cuando expresarlo, por eso se escribe, abocando las sensaciones como bola de pelo atragantando durante horas que pasan y días algo pesados. No quieres ser insistente ni tener la sensación de que tienes que insistir. Las cosas, cuando tienen que ir, se mueven casi solas. Vuelven entonces a resurgir en mí en forma de pensamientos algunos aspectos que en su momento prometí cambiar... recordatorios que autoayudan y que relativizan la importancia de una descubierta top que puede quedar en pop: Darle la importancia que merece y no tanto la que se siente. No temas perder algo que tan apenas se ha llegado a saborear. Prioriza la calma mental por encima de temer incomodar. Sé más directa, pasa de indirectas y rechaza ausencias sin argumentos.
De la misma manera que sin estos tiempos modernos pero psicológicamente alterados hubiese sido improbable encontrarse con algo así, esta misma era de ghostings, love bombings, orbitings y de términos que en general revelan jodienda emocional, también tapa te quieros, calla ansiedades, interrumpe partidas de juego y reclama lazos de unión. Aunque suene antiguo, ahora prefiero "las cosas claras y el chocolate espeso"... quizás me hago mayor o quizás he aprendido a base de algún tropiezo del que recojo lo que me ayuda a avanzar. Ahora, reflexiono también que, aunque yo vuelva a sentirme la misma, esa que me gusta, mi situación actual puede echar hacia atrás, suponiendo algunos hándicaps aunque yo le vea un abanico de posibilidades. De nuevo te refugias en la idea que más te convence y que en realidad te conviene: si tiene que ser, será o se buscará.
Ya como añadido, en términos generales, me da por pensar que, desde el sin reproches y con empatía, me siento menos exigente que con pocas ganas de tonterías: Prefiero las relaciones comunicativas a las intrigantes, las que se transforman a las que se pierden sin sentido o las que buscan su espacio y su forma, sea esta la que sea, habiendo expuesto sus peros por avanzado y encontrando una aceptación y un gozo común. Apuesto por la tranquilidad por delante y el hacernos más bien que mal... la responsabilidad afectiva, los temores a parte y el disfrute de cuánto coincidamos en lo que coincidamos. Prefiero vivirnos con precaución ante las cicatrices pero sin temores, con más empatía y con menos suposiciones no habladas. Hoy en día más que nunca, pienso que las relaciones humanas, del tipo que sean, son una decisión o un conjunto de estas que no surgen y se mantienen por ellas mismas sin una mínima dedicación o atención para preservarlas y cuidarlas (y lo digo yo, quien ha estado ausente durante bastante tiempo de mucho y muchos/as por la transición emocional que he tenido que hacer)... y también pienso que, demasiado a menudo, nos sentimos más vacíos o solos que la una por flojear en comunicación.
De nuevo vuelvo a mi blog, ese refugio donde vomitar emociones, percepciones u opiniones o ponerse nostálgica, romántica o parecerlo, es menos arriesgado que abrir algunas conversaciones en los tiempos que corren. Y, si esta entrada parece que pudiese dividirse en dos, es porque es así. Y si esta entrada parece escrita desde el corazón en la primera parte y desde la cabeza en la segunda, es porque también es así. Y si esta entrada parece interminable supongo que es porque, después de tanto tiempo sin escribir y habiendo vivido lo vivido, había emociones y pensamientos que luchaban por salir reflejados de alguna manera... y porque, sobre relaciones personales y de amor, podría estar hablando durante 1000 días.
Por último, gracias a ti si llegas a leerme en algún momento. Gracias por ese no sé qué, que qué se yo de aquel dia, tan inesperado como alentador. Suma y sigue.
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