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martes, 13 de agosto de 2024

Como en mi pueblo, pero en Molinos

Me voy de aquí un día de agosto de lluvia intensa provocada por una de esas tormentas que te relajan y activan tu dopamina a la vez. Me voy, aun, recordando también la tormenta de ayer en la plaza, por donde el tiempo a veces no pasa y donde vas siempre que no sabes qué hacer o que te quieres encontrar con alguien, porque ahí siempre se resumen y se resuelven las mejores cosas del día o de la vida. Me voy de este lugar que existe aunque esté en Teruel y por donde he paseado mi alegría estos cinco días porque, aunque viniese para cuatro, alargar esta experiencia fue justo y necesario. Me voy sabiendo que, por bonito que sea este pueblo y todo lo que me haya llegado a gustar, una vez más no es el lugar, sino quien te acoge. Y sobre eso estoy algo alucinada. 

Desde que llegué me sentí ubicada y bastante en casa. Quizás soy de confianzas rápidas y de trato natural y eso sea una ventaja, pero tengo comprobado que eso solo encaja si te lo ofrecen por igual. Me voy con la sensación de ser un poco de aquí aunque no sepa ni si voy a volver, pero he conectado con el lugar, con la personalidad y el corazón de las personas con las que más he compartido y siento que he sabido disfrutar de cada rincón que he conocido. Puedo decir que he sido feliz en Molinos. Me voy pensando en que no me ha hecho falta ni avión, ni costa, ni más de medio día de bus en total, para tener la sensación de verano sensacional. El pueblo es genial y ya venía diciéndolo desde que estuve hace unos días en el mío pero, ir a otro al que te invitan, sin presiones, ni relaciones establecidas, pero con personas que te motivan, deja huella y sabe similar.

En Molinos he visitado las grutas y el hombre de la ruta me hizo reír mogollón, "excursioné" hasta el Salto del Pozo donde había poco agua y sí que algún que otro zarzal (que casi me como), paisajes bonitos, ruidos de animalicos, moscas y naturaleza del Maestrazgo por lo menos de la era neandertal. Fui a la piscina que, a las cuatro de la tarde, con un cafelito largo de leche y encruzados compartidos, aquel sauce y las típicas casas de pueblo alrededor, hizo que lo que más apuro me diese fuese que de tanto hacer el muerto sobre el agua por relax alguien pensase que de verdad lo fuese a estar. Hice una barbacoa chula bajo las estrellas en la huerta que acabó en la casa del mejor DJ de la comarca, durmiéndome con trance de fondo y obteniendo de recuerdo una buena estampa. En Molinos no vi molinos pero sí hice una ruta turística y la vuelta de San Jorge aunque pase por el arco de San Roque. Conocí arte, algún truco tecnológico, dormí en compañía, trasnoché, bebí un poco y algo más pero nada que temer o que alarmar, descubrí el presco, pasé poco fresco, vi perseidas, pedí deseos, se cumplieron deseos, vi llover con emoción, olí a lluvia en el pueblo como olor indescriptible y me mojé mientras llovía porque así me apetecía. El último día fui con los mejores al pantano, que es la playa de secano, en un coche volador con alerón, jamón y fuet en su interior y cierto, ya, amor. Y sí, en Molinos también bebí agua varias veces de la fuente del pueblo y quizás eso me haya embrujado y sea eso lo que haya contribuido a que Molinos me haya cautivado.

Que Adri es el mejor, ya lo sabía; que sus padres hayan sido mejores anfitriones aun de lo que sospechaba conmigo, me hace sentir muy afortunada; que la cuadrilla de Rute haya conquistado un rinconcito de mi corazón, ha sido "revolusiooooon"... y pura risa, seguramente de lo que más ha abundado estos días. Ikewa se llama así porque "qué guai" que naciese y su trato en general. Lara fue bondad y compañera de risas femenina en la terraza del bar, de esas que se ríen y comparten mirada hacia arriba a la vez cuando algún brutico dice alguna barbaridad. "Demian", que se escribe Damián pero solo por algo episcopal, fue acento "gaítano" que nunca va a cambiar, chistes, experiencia y cercanía. La camarera del pelo naranja y la de las piscinas fueron cariñosas conmigo y lo quiero recordar. David nos robó estrellas aunque compartió buenos ratillos y Gabi me inspiraba esa esencia característica y de verdad rural. Laia fue mi bonita casualidad (y mira que en este pueblo hubo unas cuantas) y me debe más de media historia de su vida que seguro que podemos retomar. 

Y, en el grupo de los mejores de estos días, sin a los otros menospreciar: Amado hizo honor a su nombre porque se lo gana a pulso ya solo con su forma de ser. Bondad, pasión y buenrollismo relleno de paz. Mikel (o MMM.co), el chico de las mil y una historias, conquista el corazón con su intensidad de hacer y de sentir acompañada con una gracia de otro mundo y una verborrea espontánea y necesaria descomunal. Los yayos de Adri puro amor y entrañabilidad y, Fina y Javi, entre otras cosas, comida rica (pongo esto porque creo que leerlo les haría entrar la risa), mucha amabilidad y también generosidad. Y, para acabar y por no enrollarme demasiado: mi polito bonito de mi "corassón" es todo lo que ya sabía e intuía más lo que calla y yo ya no callo tanto, más todo lo buenísimo que se merece, más un extra más si cabe de mi corazón y de amor. Gracias infinitas por haberme acogido en ese territorio tuyo tan personal, con esa generosidad y esa confianza. Me lo he pasado genial y esto quedará en mi recuerdo como una escapada disfrutona pero no cualquiera, porque el bienestar ha sido máximo y la conexión muy especial.

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