Aunque no nos guste clasificar a la
gente por su condición sexual, muchas veces lo hacemos. ¿A quién no se le ha
escapado alguna vez “Este tío es gay.” o “Esta tía es lesbiana.”? Sí, lo
hacemos, nos ayudamos a definir el perfil de una persona, también por su
condición sexual. Sin embargo, ¿Es la condición sexual algo que perdure en el
tiempo de manera lineal e irrevocable? ¿Estamos todos seguros de que, lo que
somos y nos atrae hoy, será lo mismo que lo que lo haga mañana? Ya contesto yo:
No. Una cosa es lo que sintamos y otra distinta lo que nos queramos imponer. La
cultura con la que hemos sido educados, tiende a remarcar la importancia de
crear una identidad personal con la que nos sintamos identificados, huyendo así
de crisis existenciales y sintiéndonos parte de un todo que, en el fondo,
amenaza a nuestra libertad. Estamos acostumbrados a dividirlo todo en dos, a
elegir entre blanco y negro, entre si eres de esta acera o de la otra… pero yo sigo defendiendo la teoría de la
bisexualidad humana, del espacio intermedio como posición única pero variable
dentro de ella.
El pasado vivido, lo sabemos con certeza
dentro de una versión personal que tenemos pero, del no vivido y del futuro, no sabemos nada. Vivimos
condicionados y estamos tan acostumbrados a ello que, a veces, ni siquiera nos damos cuenta y
repetimos con la cabeza alta: “Yo soy así.” ¿Así, cómo? ¿Así, cuándo? “Así soy
yo hoy porque, lo cierto es que, para mañana, no podemos descartar cualquier
variedad.” Partiendo de esto, pues, el que hoy se siente completamente
homosexual o heterosexual, quizás dentro de un tiempo se lo replantea y, el que
hoy lo critica, mañana puede encontrárselo o sentirlo aunque no vaya a decirlo.
Por eso, tiendo a pensar que todos estamos dentro de un marco bisexual, porque
podemos negar lo que no hemos sido o somos, pero no lo que podamos llegar a ser.
Es más, me parece más sensato que, puestos a definirnos, podamos hacerlo en el
marco más amplio posible, como cuando decimos ser “ciudadanos de un lugar
llamado mundo”… Qué poco nos importa abrir el margen en sociedad para según qué
cosas y cuánto nos cuesta, aun, para otras…
Desde que nacemos, nos vamos haciendo,
siendo, de base, un folio en blanco. Después, hay varios factores que influyen
directamente sobre nosotros a lo largo de nuestra vida y que van desarrollando
nuestros gustos, nuestro comportamiento… nuestra personalidad. La cultura que
adoptamos, la educación que recibimos, el entorno en el que nos movemos y las experiencias
que vivimos, hacen que nos posicionemos y que pensemos de una manera concreta. Si
hubiésemos crecido en otro contexto distinto al que hemos ido perteneciendo,
seguramente seríamos distintos de cómo somos ahora. En esa misma línea, también
pienso que ocurre lo mismo en cuanto a nuestra sexualidad: nos sentimos
atraídos por lo que nos sentimos atraídos a raíz de esos factores. Más allá de
la genética, esta interactúa dentro de unas vivencias que son, al final,
nuestra gran influencia e inspiración. La teoría de la bisexualidad, entonces,
viene a reflejar la idea de que la tendencia sexual puede ser permanente o temporal, pero permisiblemente cambiante.
Para que se entienda de manera más
gráfica, se basa en dos extremos: la heterosexualidad y la homosexualidad, y un
espacio intermedio muy amplio. Dependiendo de los factores que he comentado antes, cada
uno de nosotros, en un momento concreto, se sitúa en un lugar más cercano a
alguno de los dos extremos o bien en un punto totalmente neutro. No discuto
que, actualmente, podamos sentirnos más atraídos por un sexo que por el otro, incluso
estar convencidos de que solo nos atrae uno de ellos, lo que no acepto es
descartar que eso pueda cambiar en un futuro más o menos inmediato. O sea, no
me convence la idea de eternidad. De ahí que, dentro de que en un momento dado podamos
sentirnos más cercanos a uno de los dos extremos, incluyo todo ello dentro de
una naturaleza bisexual. Por eso, hoy por hoy, podemos identificarnos como
heterosexuales, homosexuales o bisexuales, pero considero que la base puede variar
en el tiempo. Sea como sea y en el terreno que sea, cerrarnos en banda y descartar alguna opción es de
ilusos y va siempre en contra de nosotros mismos.
En definitiva, es inevitable que nos
sintamos más afines a algunas corrientes, tendencias o creencias que a otras pero,
dentro de ello, creo que el mayor favor que podemos hacernos es el de ampliar,
lo máximo posible, nuestro marco de permisión. Creo que eso se ajusta más a la
realidad de un futuro incierto como el nuestro y a la aceptación, ya no solo de lo nuestro, también
de lo que nos rodea. No ciñéndonos a asegurar cosas de las que no podemos estar
seguros, nos permitimos ser más libres. Vetarnos a algo como, por ejemplo, a
ser de cualquier otra forma que hoy no somos o no creemos ser, es lo que hace
que veamos ese “algo” negativo. Así es como, a veces, nos convertimos en seres
impermisibles e incluso fóbicos, por nuestra propia culpa. Somos más de lo que
nosotros mismos solemos pensar y mucho más de lo que decimos ser. Quizás
nuestra orientación sexual no varía nunca del punto en el que ahora se
encuentra, pero quizás llegue a hacerlo y, decir hoy un “no” rotundo, pone más
difícil llegar a admitir un “sí” o un “puede”, en otro momento. Vamos… no creo
que nuestra sexualidad dependa tanto de una programación instintiva exacta como
de nuestras vivencias. Y vosotros, ¿qué opináis?
Muy sencillo ,,coincido totalmente con tu descripcion de la bixesualidad..tu planteamiento sosegado y bien fundamentado.
ResponderEliminarNo cambies es el camino de mantener la paz interna. Juan Antonio.