¿En qué creemos y en qué creemos o queremos
no creer pero lo hacemos? Raro es aquel que alguna vez no se ha aferrado a
conectar con una fuerza externa, incierta y todopoderosa para sacarse las
castañas del fuego. Desde cristianos hasta rastafaris, pasando incluso por las
Believers, todos tienen su particular Dios del que echar mano cuando las cosas
no están claras y deseamos con todas nuestras fuerzas que algo ocurra o no.
Otra cosa es que sea más o menos efectivo. Aunque no creamos en los milagros,
concedemos ese poder a una fuerza superior que, en caso de que no resuelva el
caso, tiene una respuesta comodín de fácil salida: “porque Dios ha/no ha
querido”. Tener fe, lejos de lo que pueda pensar la moda atea, no es malo, es
un refugio. No creo que haya alguien totalmente ateo y convencido de que nunca utilizará
la fe para sentirse respaldado sin tener por qué sentirse avergonzado por ello.
De igual manera tampoco considero, ni de fiar, ni realmente sano, a alguien que
se limite a vivir estrictamente de fe y que se ciegue en ella.
Acogernos a la fe es una opción personal,
atemporal, gratuita y aliviadora. Haciendo hincapié en lo de “gratuito”. Para
mí, la fe, con dinero de por medio, es un negocio sucio en el que me cuesta
distinguir la borrosa línea que a veces la separa de las sectas. No se es más
fiel por invertir en ello, del mismo modo que no se es más creyente por
lucrarse de las necesidades emocionales de la gente. No hay peor seguidor que
ese, ni ninguno que merezca más que el karma haga justicia con él. Aun tengo en
mente la sensación de culpabilidad y de vergüenza que sitió una mujer que tenía
al lado, una vez que fui a misa, por no haber llevado alguna moneda para echar
en el cepillo. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Y no es que esté en contra de los
templos como lugar de reunión que puede hacer que algunos se sientan más
amparados y acompañados, sino que detesto su uso como lugar de mandamientos e
hipnotismo. Por eso, me gusta diferenciar religión de fe, la cual veo más
amplia y libre y, por el mismo motivo, veo mucho más interesante la fe
individual que la puesta en común.
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