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jueves, 24 de octubre de 2013

Cuestión de fe

¿En qué creemos y en qué creemos o queremos no creer pero lo hacemos? Raro es aquel que alguna vez no se ha aferrado a conectar con una fuerza externa, incierta y todopoderosa para sacarse las castañas del fuego. Desde cristianos hasta rastafaris, pasando incluso por las Believers, todos tienen su particular Dios del que echar mano cuando las cosas no están claras y deseamos con todas nuestras fuerzas que algo ocurra o no. Otra cosa es que sea más o menos efectivo. Aunque no creamos en los milagros, concedemos ese poder a una fuerza superior que, en caso de que no resuelva el caso, tiene una respuesta comodín de fácil salida: “porque Dios ha/no ha querido”. Tener fe, lejos de lo que pueda pensar la moda atea, no es malo, es un refugio. No creo que haya alguien totalmente ateo y convencido de que nunca utilizará la fe para sentirse respaldado sin tener por qué sentirse avergonzado por ello. De igual manera tampoco considero, ni de fiar, ni realmente sano, a alguien que se limite a vivir estrictamente de fe y que se ciegue en ella.

Acogernos a la fe es una opción personal, atemporal, gratuita y aliviadora. Haciendo hincapié en lo de “gratuito”. Para mí, la fe, con dinero de por medio, es un negocio sucio en el que me cuesta distinguir la borrosa línea que a veces la separa de las sectas. No se es más fiel por invertir en ello, del mismo modo que no se es más creyente por lucrarse de las necesidades emocionales de la gente. No hay peor seguidor que ese, ni ninguno que merezca más que el karma haga justicia con él. Aun tengo en mente la sensación de culpabilidad y de vergüenza que sitió una mujer que tenía al lado, una vez que fui a misa, por no haber llevado alguna moneda para echar en el cepillo. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Y no es que esté en contra de los templos como lugar de reunión que puede hacer que algunos se sientan más amparados y acompañados, sino que detesto su uso como lugar de mandamientos e hipnotismo. Por eso, me gusta diferenciar religión de fe, la cual veo más amplia y libre y, por el mismo motivo, veo mucho más interesante la fe individual que la puesta en común.

Porque, al fin y al cabo, igual que la religión puede ser una guía espiritual para algunas personas (si no se lleva al extremo), ¿qué es la fe sino una fórmula personal para reflexionar? No seré yo quien le diga a los devotos que Dios no existe, pero sí que creo que cada uno crea su propio Dios a imagen y semejanza de sus necesidades siendo básicamente energía que retroalimentamos. Por eso considero que, cuando nos sentimos más vulnerables, la fe puede ser un respaldo útil siempre y cuando, si nos involucra, ni influya demasiado ni lucre en absoluto, sino que sirva para ampliar la libertad de pensamiento y cultivar la mente en paz. Así, y esta vez de verdad, como se suele decir: Que la paz sea con vosotros.

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