Páginas

Translator

martes, 15 de octubre de 2013

A mis chicos no los toca nadie

No soy posesiva, aunque por el título lo pueda parecer… pero no van por ahí los tiros. Cuando tienes una relación, sea del tipo que sea y con quien sea, es necesaria una ilusión mutua como quien empieza un proyecto sin fecha de entrega, pero con una expectativa emprendedora. Cuando algo no va bien, nos exponemos a cualquier desenlace, obvio. Detesto a aquellos que tiran la toalla a la primera de cambio sin intentar esquivar el final fatídico, pero a veces ocurre, acaba o alguno huye. ¿Cómo reaccionar entonces cuando una relación se acaba o no llega a buen puerto por una mala coordinación entre sentimientos?

Sé lo que he sentido por cada una de las personas que han pasado por mi vida hasta ahora y quizás no tanto lo que han sentido por mí. Pese a eso, sé que, a su manera, me han querido o han llegado a hacerlo un poco tarde (eso sí que es para darse cabezazos contra la pared). Algunos me han querido más de lo que me han valorado, de hecho. He podido tener más o menos relaciones, más o menos duraderas o profundas pero, en general, si de algo estoy convencida es de que he tenido la suerte de cruzarme con calidad humana. Tendré mal ojo al apuntar, en muchos aspectos, pero no en ese. Generalizando mucho… buenos, testarudos, algo injustos o caprichosos y, a veces, egocéntricos… pero buenos aunque os cueste creerlo. Con sus varias cualidades y muchos defectos, me dieron alguna razón para no guardar un mal recuerdo de aquello. Quizás, de alguno, tampoco bueno, pero no tan terrible como para que en estos momentos llegue a herirme lo suficiente y a querer condenarlo… solo mataría a alguno de ellos, pero solo eso, haha... De momento los dejaré vivos por si pueden servirme (el té de la sobremesa cuando sea una abuelita soltera y me case con un gato llamado Rodolfo, que rima con golfo).

Cuando todo va bien, probablemente sea una de las sensaciones y situaciones más satisfactorias con las que podamos encontrarnos. Cuando algo va mal, es frustrante y aparece por algún lado el dolor. Cuando hay dolor, hay sentimientos de por medio. Sentimientos contradictorios. Si duele es porque algo hemos querido, pero también porque algo que, ni esperábamos, ni queríamos, nos hiere. Al final, juntando todo ello, llegas a la conclusión de que, más allá de comportamientos y culpas, lo que duele es “el amor frustrado”, el vacío después de todo lo sentido. Es ahí cuando debemos controlar el recuerdo, lo pasado vs a lo que quiero. El recuerdo es ese demonio y ese ángel que nos hablan uno por cada oído y que, no siempre, pero a veces se aprovecha de nuestros momentos decadentes. Por un lado, revive sentimientos podridos, por otro, muchas veces los distorsiona pintándole, por encima, lo bueno. Definitivamente, en un momento sensato acabas por concluir que el recuerdo es el diablo aunque en otros momentos, un alivio del que disponemos.

En cierto modo, supongo que una de las razones de que el cariño perdure por encima de lo bueno y de lo malo en algunas ocasiones, tiene que ver con el afecto que recibimos y cómo lo recibamos y administremos. Lo que una persona puede transmitirnos y aportarnos, y más en terreno sentimental, es mucho y va más allá de lo claramente perceptible. Me arriesgaría a decir que puede que, incluso, ese punto se enfatice más en las mujeres (aunque no por ello únicamente). La seguridad que puede reafirmar el amor, en uno mismo, y el respaldo desinteresado, pueden ser ejemplos de aspectos que multiplican ese bienestar y esa melancolía, posterior, en momentos de vacas flacas. A veces, flojeamos demasiado en ese sentido… pero es parte de nuestro encanto y no por ello somos más débiles, sino más deseables. Es algo que se ve más cuando se va que cuando se tiene, de ahí lo de que “no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos”.

Con todo esto, lo que quiero acabar comentando es que, aunque nunca todos lo merecen, en general creo que es justo guardarle, ya no entro en si cariño (aunque no estaría mal) pero sí respeto y cierta protección a aquellas personas que han ocupado nuestro corazón alguna vez y, sobre todo, que nos han hecho un hueco en el suyo. Suelo pensar que ojalá ellos, más o menos cerca ya, en persona o en recuerdo, me estén cuidando igual a mí allá donde van.

PD: Por cierto, pretendo que me toméis enserio cuando hablo de relaciones aunque ni yo sepa a veces de dónde saco ese convencimiento cuando escribo sobre ellas, pero lo tengo. Hablando enserio, a veces me pregunto cómo puedo creer en el amor, en ese que los enamorados vivís y que el resto observamos en silencio (o escritura). Para mí, el amor en su totalidad, ahora mismo viene a ser como Dios. Igual de inalcanzable la mayoría de veces y todopoderoso pero incierto a la vez… Tampoco es algo que me desespere pero sí que me causa intriga y ternura. Y lo digo con un poco de pena pero tampoco estoy triste. “Qué cosas más extrañas nos atraen a veces…”. Eso mismo me decían a mí con alguno de mis chicos.

1 comentario: