Páginas

Translator

martes, 8 de octubre de 2013

Frialdad que quema

Somos fríos demasiadas veces y, si no lo somos, eso aparentamos ser. Aunque eso signifique generalizar, ¿alguien me lo va a negar? Mirad alrededor y pensad en cuántas veces nos gustaría recibir un mísero gesto amable o de cariño por parte de alguien y cuántas de ellas no lo tenemos. Ya bien sea culpa nuestra por no buscarlo o culpa de otros por no permitirlo, nos comunicamos mucho menos de lo que deberíamos hacerlo y no nos hacemos ningún favor. Yo creo que “la felicidad” basa sus cimientos en el cariño y el amor y, si realmente es así, no me extraña que haya tanto infeliz. 

¿Por qué nos da vergüenza o transmitimos empalagososidad e incluso tristeza cuando necesitamos pedir cariño? ¿Por qué lo vemos como algo provocado por algún agente negativo? Pues porque nos supone una necesidad y solemos pedirlo solo cuando así nos afecta, en vez de hacerlo algo más corriente y espontáneo. Somos individuos “independientes” pero a la vez en convivencia, con sentimientos y sentidos que necesitamos recargar día a día. Entre nosotros, disponemos de esa energía sensorial. Es tanta la distancia que ponemos, tanto mental como corporal que, compartiendo como compartimos, tiempo y espacio, y emociones y ambiciones en ellos, en vez de sumar, a veces restamos y no nos permitimos ni tocar. Pretendemos volvernos más desconocidos de lo que somos aun sabiendo que, si algo tenemos en común, es que, de maneras distintas, pero todos sentimos… a todos algo nos ha roto alguna vez en corazón y algo nos ha entusiasmado. Vamos en el autobús o en el metro, por ejemplo, y cualquier mínimo roce con otro brazo nos incordia, nos molesta. Caras largas y distancia. ¿De qué vamos? ¡Es solo otro cuerpo, otro brazo! ¡No veo la intromisión! 

Nos sentimos invadidos y consolados con demasiada facilidad y, además, somos bastante egocéntricos. Mirarse uno mismo el ombligo no impide levantar la mirada y preocuparse un mínimo por lo exterior, lo que convive con nuestro entorno, eso que nosotros mismos somos para el resto a su vez. ¿En qué va acabar todo esto si seguimos comportándonos y educando así? Me molesta que no nos cuidemos más o al menos que no nos rechacemos tanto, que no compartamos más la energía de la que disponemos y que, en sintonía, puede ser mayor. ¿Sabéis qué pasa? Que sin roce no hay cariño y sin cariño hay mucho ser solitario que, en convivencia con otros solitarios, a lo tonto, pasan frío. ¿Alguien va a intentar dar el primer paso para taparlo? El hermetismo se derrite ante el calor, comprobado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario