Hace unos días, mientras tomábamos algo, un amigo me habló
de la teoría de “La ley limón”. No estábamos en una cita y nos conocíamos desde
hacía bastante tiempo pero, de haberlo estado y ser aquel nuestro primer
encuentro, podríamos haber pasado a sentir los efectos de esta. A veces, forzamos
situaciones, luchamos por cambiar personas, por amoldarnos al comportamiento de
otros o por intentar conocer a alguien por quien, directamente, no merece la pena que
nos esforcemos demasiado. No se trata de pensar que sea una persona
indeseable y tampoco de no brindarle una oportunidad, sino de, una vez
brindada, ser lo suficientemente realistas, en el menor tiempo posible, y reconocer
si existe esa conexión necesaria que haga que merezca la pena seguir hablando y alargar el rato.
Quizás me perdí el capítulo de “How I met your mother” en el
que se hablaba sobre “La ley limón”, pero no hay duda de que todos nos habíamos
visto entre la espada y la pared de esta ley antes de que el guionista de
Barney Stinson la catalogara como tal. “La ley limón” pues, consiste en darse
cuenta de si una cita va a ir bien o mal en, aproximadamente, 5 minutos. De si,
pasado ese primer minuto de nervios, esos dos segundos de adaptación y esos dos siguientes de
asentamiento, merece más la pena quedarse o levantarse e irse. Otra cosa es que
lo hagamos o no, ya que la conciencia nos incita a recortar minutos pero el
respeto nos hace quedarnos, aunque el feeling ya esté pronosticado. Por un lado y como precedente, si la intención es llegar a algo más que
amistad con alguien, tiene que haber una mínima atracción sexual por ambas
partes que despierte el interés que requiere algo así. Después, el tiempo ya hace que esa atracción se mantenga, aumente o disminuya, en la medida de la que
fuese inicialmente. Por otro lado, para qué engañarnos… en el supuesto
caso de que lo que busquemos o encontremos tras esa cita sea únicamente
amistad, también debe existir una atracción, ya no tan física como química, pero
atracción que nos provoque de cara a tener otro encuentro. Del mismo modo del que no se puede tener un affair con cualquiera, no se puede ser amigo de todo el mundo.
Personalmente, creo que la teoría que refleja esta ley es
totalmente cierta llevada a la práctica, aunque quiero apuntar que 5 minutos me parecen
insuficientes en algunos casos. De todas formas, lo cierto es que tampoco creo que se necesiten
muchos más ni creo que necesitemos una primera cita entera, ni
tan solo media de ella, para darnos cuenta del destino, más o menos victorioso,
que esta aguarda. Por nuestro recorrido personal hasta ese momento, siempre congeniaremos
mejor con unos que con otros y no hace falta irse demasiado hacia el futuro para
verlo, por ácido que nos resulte admitirlo.
Me encanta tu blog así que te sigo para leertee más de seguido, un muack ♥
ResponderEliminarhttp://stanbitte.blogspot.com/
Me alegro de que te guste! Muchas gracias!!
ResponderEliminar