Páginas

Translator

jueves, 12 de septiembre de 2013

"La ley limón" de las citas

Hace unos días, mientras tomábamos algo, un amigo me habló de la teoría de “La ley limón”. No estábamos en una cita y nos conocíamos desde hacía bastante tiempo pero, de haberlo estado y ser aquel nuestro primer encuentro, podríamos haber pasado a sentir los efectos de esta. A veces, forzamos situaciones, luchamos por cambiar personas, por amoldarnos al comportamiento de otros o por intentar conocer a alguien por quien, directamente, no merece la pena que nos esforcemos demasiado. No se trata de pensar que sea una persona indeseable y tampoco de no brindarle una oportunidad, sino de, una vez brindada, ser lo suficientemente realistas, en el menor tiempo posible, y reconocer si existe esa conexión necesaria que haga que merezca la pena seguir hablando y alargar el rato.

Quizás me perdí el capítulo de “How I met your mother” en el que se hablaba sobre “La ley limón”, pero no hay duda de que todos nos habíamos visto entre la espada y la pared de esta ley antes de que el guionista de Barney Stinson la catalogara como tal. “La ley limón” pues, consiste en darse cuenta de si una cita va a ir bien o mal en, aproximadamente, 5 minutos. De si, pasado ese primer minuto de nervios, esos dos segundos de adaptación y esos dos siguientes de asentamiento, merece más la pena quedarse o levantarse e irse. Otra cosa es que lo hagamos o no, ya que la conciencia nos incita a recortar minutos pero el respeto nos hace quedarnos, aunque el feeling ya esté pronosticado. Por un lado y como precedente, si la intención es llegar a algo más que amistad con alguien, tiene que haber una mínima atracción sexual por ambas partes que despierte el interés que requiere algo así. Después, el tiempo ya hace que esa atracción se mantenga, aumente o disminuya, en la medida de la que fuese inicialmente. Por otro lado, para qué engañarnos… en el supuesto caso de que lo que busquemos o encontremos tras esa cita sea únicamente amistad, también debe existir una atracción, ya no tan física como química, pero atracción que nos provoque de cara a tener otro encuentro. Del mismo modo del que no se puede tener un affair con cualquiera, no se puede ser amigo de todo el mundo.

Personalmente, creo que la teoría que refleja esta ley es totalmente cierta llevada a la práctica, aunque quiero apuntar que 5 minutos me parecen insuficientes en algunos casos. De todas formas, lo cierto es que tampoco creo que se necesiten muchos más ni creo que necesitemos una primera cita entera, ni tan solo media de ella, para darnos cuenta del destino, más o menos victorioso, que esta aguarda. Por nuestro recorrido personal hasta ese momento, siempre congeniaremos mejor con unos que con otros y no hace falta irse demasiado hacia el futuro para verlo, por ácido que nos resulte admitirlo. 

2 comentarios:

  1. Me encanta tu blog así que te sigo para leertee más de seguido, un muack ♥

    http://stanbitte.blogspot.com/

    ResponderEliminar