Mujeres... "Más raras que un perro verde", dirían unos, "más
complicadas que Eminem en karaoke", dirían otros, "más contradictorias que un
fruto seco mojado", otros tantos. Y aun con todo ello, y sabiendo que a los
hombres también podría atribuírsele lo mismo, sabemos que a aquellos que
lo dicen no les falta razón... pero algunas preferimos defendernos. Justamente
aquellas mujeres que no lo hacen, siendo capaces de no cuidarse entre ellas
mismas, son aquellas que no deberíamos ser ni querer. ¿Por qué? Porque
las sonrisas al frente no salvan de puñaladas por la espalda. Como ya sabéis,
suelo defender a las mujeres, pero hay dos tipos de ellas que, especialmente,
no deberíamos ser, ni a las cuales deberíamos querer y voy a mencionarlas.
Por un lado, encontramos esas mujeres que critican a otras
cuando estas hacen lo que a ellas les encantaría hacer. Los celos matan pero,
en este caso, a la que ellas consideran que tienen el éxito que desearían. Y lo de matar no lo digo tan a la ligera, ya que
se han conocido casos realmente llevados al límite. Los celos son el enemigo
clave por excelencia entre algunas féminas y considero que son mucho más peligrosos
de lo que aparentemente pueden parecer. Pueden llegar a romper vínculos, hacer
daño gratuitamente o llegar a boicotear a alguien en sociedad. Se basan en
rumores, muchas veces generados por ellas mismas y, generalmente, la toman
contra perfiles de chicas medianamente exitosas en algún ámbito, positivas por
excelencia o, simplemente, con la personalidad que ellas querrían tener (y
que, así, obviamente, nunca tendrán). Pueden llegar a machacar hasta límites
insospechados y, por ello, hay que aprender a identificar a esas mujeres desde
el primer segundo ya que son altamente manipuladoras.
Por otro lado, tenemos otro grupo de mujeres muy gracioso y,
de tan “gracioso”, asqueroso. Se trata de mujeres que critican y juzgan a otra
para distraer la atención mientras ellas hacen lo mismo, o peor, que esa a la
que critican. Son capaces de poner a bajar de un burro a una de nosotras,
elegida incluso al azar, con tal de que no las apunten a ellas con el dedo. Tan
culpable es la sociedad por juzgar actuaciones totalmente personales sin tener
ni idea, como esas bichas envidiosas que deciden hundir a una sola en vez de
salir en su defensa y luchar contra ello. Creo que hay que tener un poco más de
criterio y de dignidad como para hacer algo así y para creer que, de esa manera, conseguirán reflejar una imagen más limpia. Prefiero como amiga, amante,
familiar o conocida a una mujer sexualmente abierta, por ejemplo (que es lo que se suele
utilizar para juzgar en estos casos), que a una sin vergüenza con más malicia
que ingenio. Verdaderamente, la sociedad debe tomar conciencia suficiente como
para que acabemos apuntando con el dedo a ese tipo de personas y no a mujeres destacadas por envidias y chismorreos.
En conclusión y muy relacionado con lo explicado: Si una
mujer se relaciona más con hombres que con mujeres, puede ser normal. Si a una
mujer le gustan más los hombres que las mujeres, es normal. Si a una mujer le
gusta sentirse deseada o exitosa, es más que normal… Ahora bien, cuando por
todo ello una mujer es capaz de contar mentiras, pisar cabezas y hundir
ilusiones, es una anormal (en el sentido insulto). Por ello, para seguir en la
vía que creo que se debería seguir de la defensa entre mujeres, paradójicamente
animo a rechazar algunas de ellas, a aquellas que muestren ese tipo de comportamientos. Ni
deseéis ser como ellas, ni las queráis, ni mucho menos alabéis sus juegos
sucios. En ocasiones, a base de palos se aprende y quizás el mayor palo y
escarmiento que puede dársele a alguien así, aparte de fracasar en el intento, es no bailarle el agua.
Muy cierto ,Araitz¡ Como siempre excelentes ejemplos y explicaciones .
ResponderEliminarRubén.