Subí en el tren y decidí pillar asiento. Los dos amigos que
estaban sentados delante de mí conversaban; yo saqué papel y boli. Intentaba
escribir sobre algo, pero no me pareció menos interesante aquello que le decía el uno al otro: “Es que yo siento que quiero casarme con él, estar bien e incluso
tener hijos… Pero no ahora, ¿sabes? No querría haberlo conocido ahora, sino más
adelante. Ahora quiero hacer mi vida, estar a mi bola durante esta etapa y, de
aquí a un tiempo, hacerla ya junto a él. Sería genial.” No era la primera vez
que escuchaba algo así ni la primera que tenía la sensación de que la persona
que lo decía iba a perder, al menos en ese momento, una buena historia. Pero está claro que, en cuestión de sentimientos, ya podemos
estar dándonos de bruces contra el suelo que, el que tiene la última palabra es el caprichoso corazón o la tentación desmoderada. ¿Y a quién no le han jugado una mala pasada alguna vez
esos osados? ¿Quién no había pensado alguna vez eso de “Vuelve dentro de unos
años y nos amamos porque ahora mi cabeza está en otro lugar”? A veces los
amores no son imposibles, sino a destiempo.
Era inevitable seguir escuchando la conversación y me
pareció que la chica se daba cuenta de que, ese error temporal entre dos personas
en terreno sentimental, probablemente iba a pasarle factura, sin poder ir en
contra de su voluntad en cualquier caso. Fue entonces cuando le recordó a su
amigo otra de esas típicas frases que se sueltan cuando se ve la vida muy larga
y más tiempo por delante del que disponemos en realidad: “Bueno, tú y yo
llegamos a un acuerdo, ¿recuerdas? Si a los 30 no hemos encontrado pareja, nos
casamos. De aquí a los 30, entonces, aprovecha el tiempo y a ver cómo nos va”.
Pensé que, seguramente, si fuesen a cumplir esa promesa, estaba sentada delante
de un futuro matrimonio. Porque ellos no estaban tan lejos de los 30 como
parecía que creían y, lo que hacía unos
años era “vitalicio”, en este momento era “imprevisto”. El tener o no tener
pareja, ya bien fuese en la actualidad, de aquí a los 30, a los 40 o a los 60,
no aseguraba que, en algún momento de esos largos años que ella preveía, fuesen
a tener que echar mano de la promesa ya bien por ruptura, por amores
des-sincronizados a los que no acababa reuniendo el destino o por exceso de
soledad.
A veces, bromeamos con promesas que no pensamos cumplir y
quizás algún día las cumplimos porque no todo salió como quisimos. Confiamos
más en nuestra suerte y destino que en el poder de tomar decisiones que están
en nuestra mano durante el camino. En ocasiones queremos todo cuándo y cómo
nosotros deseamos, estando demasiado seguros de que así será, como si fuésemos
exclusivos e infinitos. Así es como, sentada y escribiendo aquellas frases que
estaba escuchando, preví que dentro de unos años aquella chica no habría
llegado a mucho con ese amor y, sin pareja, ni críos, ni rastro ya de aquellos
tentadores pepinos en los que pensaba mientras tomaba decisiones de más joven, de
nuevo iba a recordar la propuesta hecha a su amigo años atrás y a pretenderla
alargar por echársele el tiempo encima. Satisfecha por una parte por haber cumplido su
mayor afán, "vivir su vida", y perseguida en cierto modo por el fantasma del “qué hubiera
pasado si”, algo que debemos intentar aparcar constantemente, en cualquier
caso.
A veces, nos encaprichamos con placeres que nos complacen
más a la corta que a la larga porque nos nutrimos de muchos objetivos,
repartidos en breves instantes, en forma de pequeños placeres. Somos
instantáneos y, en general, vivimos más al día que pensando en el resto de los
días; y tampoco digo que hagamos mal. ¿Lo malo? Somos conscientes de que tomar o no tomar decisiones conlleva ganar una oportunidad perdiendo otras opciones a su vez. No podemos vivirlo todo. ¿Lo
bueno? Aprendemos a recibir consecuencias por ello pero aceptando que somos más
humanos que consecuentes; escogiendo y errando pero, de lo ganado y lo perdido,
experimentando y, en algún sentido, aprendiendo. ¿Un consejo? Ganad o perded,
conseguid tras ello o quedaos por el camino, seguid con vuestras formas o
cambiad de estrategia, pero que todo ello se base en objetivos personales. Jamás
os comparéis o, tanto ahora como a los 30, hayáis hecho lo que hayáis hecho,
seréis unos frustrados. Y eso es de lo que hay que huir, no de que las cosas
nos vayan mejor o peor en base a lo que esperábamos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario