Cosmopolita por excelencia y cultural por vocación,
Barcelona es bella y en mi causa devoción. Con carácter Mediterráneo, mar,
montaña y diversidad, no importa cuántas veces la recorra ni si en compañía o soledad. Ya quiera fiesta o mayor tranquilidad, si tengo algún plan o bien lo
quiero encontrar… siempre habrá algo que hacer en esta singular ciudad. "Ciudad condal", no me
deja de sorprender, mucho menos de encantar. Barcelona es magenta, amarillo, cyan y de todos los colores; contiene, acoge y suscita cantidad de estilos,
marca tendencia y despierta sensaciones. Infinidad de rincones, y espíritu de
libertad, son los que tientan a descubrir palmo a palmo la increíble
ciudad.
Pero si para mí hay algo que refleja el espíritu de
Barcelona y que la hace aun más grande de lo que por si podría ser, es la
reunión y explosión de culturas que se mezclan y que se pueden conocer. Si hay algo
esencial para entender de convivencia y vida es abrir el coco, estar dispuesto
a respetar ideas e intentar empaparte de todo un poco. La cultura es
aprendizaje, es afición, placer y acción. Es pedacitos de mundos, mentes,
lugares y corrientes y libertad de expresión. Si Barcelona estéticamente me cautiva
por todo lo que acoge y transmite, a nivel cultural me gana el corazón. Mezcla
de culturas, un sinfín de opciones, conexiones, oportunidades, propuestas u
ocasiones, idas y venidas y, como diría la canción, “Barcelona tiene poder” y
hace que sienta mucho y que en ella me sienta bien. La ciudad alrededor, la ciudad bajo mis pies, y
día tras día miles de cosas por recordar, recorrer, disfrutar y hacer. ¿Y qué más voy a responder? Que me
siento afortunada por, a Barcelona, pertenecer.
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