Páginas

Translator

martes, 16 de julio de 2013

Lo que fuiste, no se volverá a repetir

Dicen que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. ¿A quién no le ha pasado alguna vez? En algunas vidas, de hecho, parece ser algo corriente. Tanto que, a veces, se tiene la sensación de haberse llegado a acostumbrar, aunque a la hora de la verdad sea algo a lo que nunca nos habituemos. Y, ¿sabes qué creo? Que lo mejor es no conformarse con algo así aunque suponga vivir en guerra. Buscar que nos valoren desde la primera vez, que nos recompensen como primera opción, es algo por lo que merece la pena luchar.

Suele pasar. Media vida deseando tener un romance con alguien para que esa persona vaya tras de ti cuando encuentras otro acompañante o cuando, simplemente, conseguiste cerrar esa historia y sentirte bien. ¿Ley de Murphy? No lo creo, esta vez dejemos al maldito Murphy y culpémonos a nosotros mismos. Nos atrae lo difícil. Lo alcanzable, a menudo, nos resulta aburrido e incluso pesado… Somos insoportables porque de lo mismo que hacemos, nos quejamos cuando quienes sufrimos las consecuencias somos nosotros. Nos atrae lo extraño hasta que vemos que, lo que estábamos acostumbrados a tener de alguna manera, se va. Y eso, tarde o temprano acaba pasando, acaba yéndose, porque no hay quien aguante cien años dando cariño sin recibir. Echamos de menos aquello que un día no buscamos, que nos vino dado y que, en algún sentido, nos hizo más bien que mal. Porque es normal, al final, lo que buscamos es la calma y alguien que nos haga sentirnos, entre muchas otras cosas, sobre todo así.

Hay gente que se regocija en orgullo y siente pura satisfacción al encontrarse ante esa situación en que, alguien que abandonó el nido en su momento, vuelve pidiendo recuperar un lugar privilegiado tras pasarlo mal o pensarlo mejor. Realmente, ríe porque quien ríe el último ríe mejor, pero no porque tenga motivos. ¿Hasta qué punto compensa que busquen su sitio cuando uno ya ha dado carpetazo? Nos exponemos a algo, o muy bueno y esperado, o que reabre heridas, habiendo sido anteriormente rechazados. Eso merece ser bien pensado. De entrada podríamos pensar en cerrarle la puerta en los morros a esa persona por la que en su momento no lo pasamos bien. Algunos asegurarían que es la mejor opción. Pero también creo que, el orgullo, por ambas partes, mata oportunidades y quema deseos y que lo mejor es, una vez más, hacer lo que se siente sin mirar atrás, pensando en presente pero hablando más claro que nunca. Quizás las oportunidades vienen cuando mejor cabida tienen.

Sí, es absolutamente jodido aceptar que hubo un tiempo en el que estuvisteis descompasados y que ahora, sin buscarlo, llega tan fácilmente. Pero, cuando algo así pasa, pensar en eso es absurdo, tanto como vivir empapados de recuerdos hirientes. Mira adelante, decide, pero jamás puedas llegar a sentirte peor de lo que en su momento hiciste. Si es así, cierra ciclo. Si decides abrirlo... reabrirlo junto a esa persona, aprende a seguir comportándote en tu línea, sintiendo y expresándolo. Si tiene que ser será. Porque esta vez tengo que decirte que el problema, si ponen trabas, no lo tienes tú, sino quienes esconden sentimientos. Porque tengo que decirte que no soy quién para juzgar lo que un día no sintieron por ti pero sí para enterrar o celebrar que hayan llegado a hacerlo y puedas sentirte, hoy, menos arrastrado que ilusionado, más primordial y deseado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario