Dicen que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. ¿A
quién no le ha pasado alguna vez? En algunas vidas, de hecho, parece ser algo
corriente. Tanto que, a veces, se tiene la sensación de haberse llegado a
acostumbrar, aunque a la hora de la verdad sea algo a lo que nunca nos
habituemos. Y, ¿sabes qué creo? Que lo mejor es no conformarse con algo así
aunque suponga vivir en guerra. Buscar que nos valoren desde la primera vez,
que nos recompensen como primera opción, es algo por lo que merece la pena luchar.
Suele pasar. Media vida deseando tener un romance con
alguien para que esa persona vaya tras de ti cuando encuentras otro acompañante
o cuando, simplemente, conseguiste cerrar esa historia y sentirte bien. ¿Ley de
Murphy? No lo creo, esta vez dejemos al maldito Murphy y culpémonos a nosotros
mismos. Nos atrae lo difícil. Lo alcanzable, a menudo, nos resulta aburrido e
incluso pesado… Somos insoportables porque de lo mismo que hacemos, nos
quejamos cuando quienes sufrimos las consecuencias somos nosotros. Nos atrae lo
extraño hasta que vemos que, lo que estábamos acostumbrados a tener de alguna
manera, se va. Y eso, tarde o temprano acaba pasando, acaba yéndose, porque no hay quien
aguante cien años dando cariño sin recibir. Echamos de menos aquello que un día
no buscamos, que nos vino dado y que, en algún sentido, nos hizo más bien que mal.
Porque es normal, al final, lo que buscamos es la calma y alguien que nos haga
sentirnos, entre muchas otras cosas, sobre todo así.
Hay gente que se
regocija en orgullo y siente pura satisfacción al encontrarse ante esa
situación en que, alguien que abandonó el nido en su momento, vuelve pidiendo
recuperar un lugar privilegiado tras pasarlo mal o pensarlo mejor. Realmente,
ríe porque quien ríe el último ríe mejor, pero no porque tenga motivos. ¿Hasta
qué punto compensa que busquen su sitio cuando uno ya ha dado carpetazo? Nos
exponemos a algo, o muy bueno y esperado, o que reabre heridas, habiendo sido
anteriormente rechazados. Eso merece ser bien pensado. De entrada podríamos
pensar en cerrarle la puerta en los morros a esa persona por la que en su momento
no lo pasamos bien. Algunos asegurarían que es la mejor opción. Pero también creo que, el orgullo, por ambas partes, mata
oportunidades y quema deseos y que lo mejor es, una vez más, hacer lo que se
siente sin mirar atrás, pensando en presente pero hablando más claro que nunca. Quizás las oportunidades vienen
cuando mejor cabida tienen.
Sí, es absolutamente jodido aceptar que hubo un tiempo en el que estuvisteis descompasados y que ahora, sin buscarlo, llega tan fácilmente. Pero, cuando algo así pasa, pensar en eso es absurdo, tanto como vivir empapados de recuerdos
hirientes. Mira adelante, decide, pero jamás puedas llegar a sentirte peor de
lo que en su momento hiciste. Si es así, cierra ciclo. Si decides abrirlo... reabrirlo junto a esa persona, aprende a seguir comportándote en tu línea, sintiendo
y expresándolo. Si tiene que ser será. Porque esta vez tengo que decirte que el problema, si ponen
trabas, no lo tienes tú, sino quienes esconden sentimientos. Porque tengo que
decirte que no soy quién para juzgar lo que un día no sintieron por ti pero sí
para enterrar o celebrar que hayan llegado a hacerlo y puedas sentirte, hoy,
menos arrastrado que ilusionado, más primordial y deseado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario