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sábado, 20 de abril de 2013

Cerveza-beer


Te odiaba. Detestaba tu sabor y hasta tu olor. Pero en un verano lúcido, el espíritu taja de las fiestas de la Bur y una espléndida juventud hicieron lo inevitable: que entre agua y el alcohol de la barra, me cautivaras tú.

Sea cuál sea tu denominación de origen y sea cuál sea tu color, no estás tú para hacerte desprecios y eres una clara tentación. Haya o no acompañamiento, sueles ser la gran opción. Eres la caña en caña, quinto, vaso, copa, litro o palangana. Me rociaron contigo en alguna celebración. A modo de confesión, incluso me bañé contigo en algún momento. Y aunque te quiero fría, el culo caliente también irá para adentro. De amargo, aunque exquisito, solo tienes tu sabor, sea en las tardes-noches de terraza o en cualquier noche de apalanque o bien de acción. En barril, botellín o botella, más grande o más pequeña, suavizas el instante, agravas la alegría  y refrescas la garganta… otras veces vas y te me ofreces en plan lata barata. Imposible rechazarte; venero tu efecto afrodisíaco, curandero y bien entrante adaptándose al ambiente… te cojo entre mis manos, te elevo hasta mis labios, te bebo de un trago y entre lengua y paladar te noto ahí al instante.

Pequeña... la adrenalina me aceleras. Tomarte es buen ritual para ahogar penas, para darlo todo o para simplemente conversar o compartir, pero por el cual, tras pasar... repetir y repetir.

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