Te
odiaba. Detestaba tu sabor y hasta tu olor. Pero en un verano lúcido, el
espíritu taja de las fiestas de la Bur y una espléndida juventud hicieron lo
inevitable: que entre agua y el alcohol de la barra, me cautivaras tú.
Sea cuál
sea tu denominación de origen y sea cuál sea tu
color, no estás tú para hacerte desprecios y eres una clara tentación. Haya o no acompañamiento, sueles ser la gran opción. Eres la
caña en caña, quinto, vaso, copa, litro o palangana. Me rociaron contigo en
alguna celebración. A modo de confesión, incluso me bañé contigo en algún momento. Y aunque
te quiero fría, el culo caliente también irá para adentro. De amargo, aunque
exquisito, solo tienes tu sabor, sea en las tardes-noches de terraza o en cualquier
noche de apalanque o bien de acción. En
barril, botellín o botella, más grande o más pequeña, suavizas el instante, agravas
la alegría y refrescas la garganta… otras
veces vas y te me ofreces en plan lata barata. Imposible rechazarte; venero tu
efecto afrodisíaco, curandero y bien entrante adaptándose al ambiente… te cojo
entre mis manos, te elevo hasta mis labios, te bebo de un trago y entre lengua
y paladar te noto ahí al instante.
Pequeña... la adrenalina me aceleras. Tomarte es buen ritual para ahogar penas, para darlo todo o para simplemente conversar o compartir, pero por el cual, tras pasar... repetir y repetir.
:)
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