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martes, 23 de julio de 2024

Efímero pero resucitante

De repente revives. Depués de mucho tiempo dormida, después de bastante tiempo bloqueada, después de demasiado tiempo de agotamiento mental, de abuso psicológico, de una benevolencia casi inagotable en un punto de jaque constante y de llegar a sentir injusticia sin piedad... te cansas, te rompes y te agotas. "Merezco mucho más y mejor", piensas y deseas. Y ahí te quedas, con ese pensamiento en standby que te alienta y quema a la par. Intentas buscar la calma en cada resquicio porque de eso quieres vivir... apartando incluso de tu ecuación vital la pasión y/o el amor y esas sensaciones que tanto te cautivaban... pese a que sepas que en el fondo y, por desalentada, floja y desconfiada que te sientas, sigues siendo aquella misma que fuiste y que te mueres de ganas de volver a ser. Sabes que volverá a ser; solo es cuestión de un poco de tiempo, de recomponerse, de reafirmarse y de volver a pisar fuerte.

Y sucede. Después de ese tiempo que justamente necesitabas para reconocerte, empieza lento... algún encuentro... despertar las ganas... disfrutar la vida. La vida que te dice de nuevo que igual que no hay negro sin blanco, tampoco parece haber malo sin bueno o mal que dure cien años. De repente, resucitas ese lado de ti que parecía dormido, sin esperarlo y casi sin quererlo. Y de repente también, hay un encuentro que te pega fuerte, que te cala adentro. Así, de repente, tu mismo cuerpo y las ganas de tu mente por conectar con "energía renovante", te llevan a buscar y a vivir unas de las horas seguramente menos esperadas pero más regeneradoras e inequívocamente confusas de tus nuevos inicios. Algo fuera de serie, no tanto por potencia, que también, como por profundidad... eso que más cala. Un milagro compartido en el que encaja tu cuerpo pero aun más tu alma; en el que le pones ganas pero en que el dejarse llevar gana; en el que se fusionan corazones solitarios convirtiéndose, de forma inexplicablemente fácil, en confianza, en sentirse haberse conocido desde antes aunque sea la primera vez, en hogar anhelado efímero donde normalizar el quererse quedar. Un rato de compartirse y toda una velada de complacerse y de hacerse bien, de música y contacto que se acaba encontrando antes de buscarse. De buena vibra, de buena onda, de buena energía, de bueno y rico todo. De confusión al cerrar la puerta y dejar todo atrás, porque del recuerdo no se vive, "se nostalgia".

No lo podía evitar, hacía mucho tiempo que no sentía mucho ni aguantaba nada pero, esa vez, tenía ganas de más. ¿El gran problema? No saber ni cómo ni cuando expresarlo, por eso se escribe, abocando las sensaciones como bola de pelo atragantando durante horas que pasan y días algo pesados. No quieres ser insistente ni tener la sensación de que tienes que insistir. Las cosas, cuando tienen que ir, se mueven casi solas. Vuelven entonces a resurgir en mí en forma de pensamientos algunos aspectos que en su momento prometí cambiar... recordatorios que autoayudan y que relativizan la importancia de una descubierta top que puede quedar en pop: Darle la importancia que merece y no tanto la que se siente. No temas perder algo que tan apenas se ha llegado a saborear. Prioriza la calma mental por encima de temer incomodar. Sé más directa, pasa de indirectas y rechaza ausencias sin argumentos. 

De la misma manera que sin estos tiempos modernos pero psicológicamente alterados hubiese sido improbable encontrarse con algo así, esta misma era de ghostings, love bombings, orbitings y de términos que en general revelan jodienda emocional, también tapa te quieros, calla ansiedades, interrumpe partidas de juego y reclama lazos de unión. Aunque suene antiguo, ahora prefiero "las cosas claras y el chocolate espeso"... quizás me hago mayor o quizás he aprendido a base de algún tropiezo del que recojo lo que me ayuda a avanzar. Ahora, reflexiono también que, aunque yo vuelva a sentirme la misma, esa que me gusta, mi situación actual puede echar hacia atrás, suponiendo algunos hándicaps aunque yo le vea un abanico de posibilidades. De nuevo te refugias en la idea que más te convence y que en realidad te conviene: si tiene que ser, será o se buscará.

Ya como añadido, en términos generales, me da por pensar que, desde el sin reproches y con empatía, me siento menos exigente que con pocas ganas de tonterías: Prefiero las relaciones comunicativas a las intrigantes, las que se transforman a las que se pierden sin sentido o las que buscan su espacio y su forma, sea esta la que sea, habiendo expuesto sus peros por avanzado y encontrando una aceptación y un gozo común. Apuesto por la tranquilidad por delante y el hacernos más bien que mal... la responsabilidad afectiva, los temores a parte y el disfrute de cuánto coincidamos en lo que coincidamos. Prefiero vivirnos con precaución ante las cicatrices pero sin temores, con más empatía y con menos suposiciones no habladas. Hoy en día más que nunca, pienso que las relaciones humanas, del tipo que sean, son una decisión o un conjunto de estas que no surgen y se mantienen por ellas mismas sin una mínima dedicación o atención para preservarlas y cuidarlas (y lo digo yo, quien ha estado ausente durante bastante tiempo de mucho y muchos/as por la transición emocional que he tenido que hacer)... y también pienso que, demasiado a menudo, nos sentimos más vacíos o solos que la una por flojear en comunicación.

De nuevo vuelvo a mi blog, ese refugio donde vomitar emociones, percepciones u opiniones o ponerse nostálgica, romántica o parecerlo, es menos arriesgado que abrir algunas conversaciones en los tiempos que corren. Y, si esta entrada parece que pudiese dividirse en dos, es porque es así. Y si esta entrada parece escrita desde el corazón en la primera parte y desde la cabeza en la segunda, es porque también es así. Y si esta entrada parece interminable supongo que es porque, después de tanto tiempo sin escribir y habiendo vivido lo vivido, había emociones y pensamientos que luchaban por salir reflejados de alguna manera... y porque, sobre relaciones personales y de amor, podría estar hablando durante 1000 días.

Por último, gracias a ti si llegas a leerme en algún momento. Gracias por ese no sé qué, que qué se yo de aquel dia, tan inesperado como alentador. Suma y sigue.

miércoles, 24 de abril de 2019

Keep calm


La impaciencia va a acabar con nuestras voluntades. El otro día, hablando con Martu, llegamos a la conclusión de que la impaciencia es uno de nuestros mayores males en la actualidad. Lo queremos todo ya, ahora, aquí, al instante. Queremos “que me lo traigan a casa ya, rápido”, “que lo gane todo, ya y, si puede ser, más que nadie”, “que consiga eso ya y con el menor esfuerzo posible”, “que lo recorra rápido y por encima, sabiéndome a haberlo hecho y visto todo”, que “si este/a no quiere, me voy con otro/a porque, total, si no es él/ella, podré acceder a cientos más”… Pero, todo eso que a veces pretendemos, ¿es realmente lo que queremos? 
Da la sensación de que lo que queremos es inconexo con la normalización de actitudes inertes que a veces adoptamos frente a la vida. A veces nuestros actos contradicen eso que nuestro yo interno capta como felicidad. Todos despotricamos de este estilo de tomarse la vida pero todos acabamos contribuyendo en su acrecentamiento e involución. Eso tiene consecuencias en forma de vacíos... vacíos emocionales, existenciales y comunicativos tanto con los demás como con nosotros mismos. Pretendemos de nosotros lo que de nosotros se espera, lo que corresponde o “lo que está en la onda”. Entre otras cosas, probablemente seguimos la corriente de la inmediatez por temor a la invisibilidad en un momento en el que, o estás aquí ahora, o puede que dejes de estar, o lo haces ya al instante, o puede que no vaya a valorarse igual. Tenemos miedo a no ser suficiente porque justamente lo que necesitamos es fuego lento, paciencia (como se suele decir, “la madre de la ciencia”). Al final, la reflexión nos dice que el corazón de las personas no corre al mismo ritmo para el que hemos guiado nuestros pensamientos y actos.
Necesitamos tiempo en el que se nos permita reflexionar sobre nuestras buenas y peores decisiones, para focalizar nuestras ambiciones y apostar por algo o por alguien con argumentos personales que nos alejen de la inercia y le den sentido interno a nuestras decisiones. Necesitamos ir descubriendo qué queremos y detectar, en cualquier caso, lo que no queremos o permitimos. Estamos rodeados de imputs que nos llevan a hacer y a deshacer constantemente, a compartirlo a veces sin siquiera haber detectado el porqué de nuestros actos y a acostumbrarnos a la no calma. Ese ritmo no parece puramente humano, sino uno que permite abastecerse más que nunca en todo pero ahondar en poco o nada, en nadie, ni en nuestras voluntades reales. Pongamos los puntos, las comas y las pausas suficientes a nuestra manera de comunicarnos y de relacionarnos en el mundo... para disfrutarnos profunda y relajadamente, como solemos describir los mejores placeres de la vida.


domingo, 25 de junio de 2017

Hoy no suenan los tambores Sr. Bataka...

Tan apenas he hablado con nadie sobre tu ida, y es que nos has dejado sin palabras. Me sobra silencio para saber que a todos los que te conocíamos se nos ha roto el corazón al recibir la noticia. Una sensación de injusticia y de rabia es en estos momentos la protagonista. Dejas un vacío grande que solo el tiempo va a poder ir llenando con los recuerdos de todo lo compartido cuando seamos capaces de asumir que eso es todo, sin más aunque mucho más esperásemos, que la vida es así y que ahora estamos y que luego quizás no, que en cada despedida que nos decimos que nos veremos pronto, tan solo hacemos suposiciones y que en cada cumpleaños que nos felicitamos, debemos celebrar más los días que dejamos atrás que esperar a hacer en los siguientes. 

Hace menos de una semana te felicitaba y, seguramente, fue la felicitación más simple que podría haberte hecho. Pero no hicieron falta más de dos frases y cinco emoticonos para quedarnos a gusto y darnos cuenta de que contábamos el uno para el otro. Siempre ha sido así. Siempre nos hemos sentido cómodos y nosotros mismos cuando hemos estado juntos. Creo que siempre conectamos en bondad, en involucración, en interés por conocer, en cariño y hasta en situaciones que no comprendíamos. También conectamos en amor por el rock&roll, por la cerveza, por la percusión, por Fotolog, por "qe me aspen" y los tuyos, por tratar de hacer sentir bien y por Burbáguena. Hoy te aseguro que Burbáguena entera llora tu pérdida, porque eras un tipo excelente y todos lo sabíamos y todos hemos podido comprobarlo. 

Ahora celebro todas las sonrisas y los abrazos que te daba cada vez que nos veíamos de nuevo por allí. Ya no podremos volver a compartir ni fiestas ni esos tan buenos días previos y tranquilos, ni podrás llevarme a tu casa a enseñarme a cómo tocar la batería como disfrutábamos, ni podré repetirte lo suave que tenías la melena o que el calimocho te dejaba los labios manchados y te delataba. Tampoco volveremos a brindar ni a volver a casa juntos por la cuesta de la panadería, pararnos en la esquina en la que nos separábamos y seguir charlando hasta que te decía que estaba demasiado cansada como para poder evitar bostezarte una vez más.

Va a ser demasiado extraño no verte este verano y no poder compartir ni esas ni otras cosas contigo. Justo estoy intentando mentalizarme. Estoy intentando asimilar el golpe y todo me parece irreal. No paro de darle vueltas a lo importante que es la sensación de despedida en estos casos y esa es la intención con la que te escribo estas líneas. Lo demás quedará en el recuerdo, pero necesitaba "hablarte" una vez más. De aquí en adelante solo nos quedará cuidar de los tuyos en la medida de lo posible y asumir... Así parece que va la vida Sr. Bataka... 

Gracias por todos los momentos compartidos durante años y por hacer que tu presencia siempre sentase bien y que hiciese sentir mejor. Los míos y yo te querremos siempre, amigo.


jueves, 27 de abril de 2017

Mi tiempo me costó

Lo que más me gusta de una persona que ha encontrado en su interior lo que no quiere (más que lo que quiere), qué rumbo desea o qué no está dispuesta a permitir, es la pérdida de temores. Eso no solo la hace más confortable consigo misma, sino más capaz de conseguir satisfacciones a nivel personal. Otro de los factores destacables de alguien que ha dedicado el tiempo necesario a sí mismo, a su identidad y a su camino, es la poca incomodidad que siente ante la soledad. Que, por mucho que no sea su mejor compañera de viaje, pueda encontrar en ella un lado agradable, ya bien sea porque haya tenido que acomodarse a ella en varias ocasiones o porque estar con uno mismo pueda ser temporalmente acogedor o incluso algo necesario.

Una persona con esas características, no solo considero que es alguien más libre, liberado de lastres e independiente, sino que está más preparada que nadie para compartir con otras personas, o con otro alguien, todos esos valores y aprendizajes, de forma sana. Es probablemente más capaz de hacer sentir a gusto a alguien desde una posición más cálida, en la que es uno mismo quien se siente a gusto en primer lugar. Además, una vez nos dedicamos tiempo suficiente para descubrir ciertos nudos internos, es habitual que perdamos egocentrismo y que ofrezcamos una versión más generosa a nuestros intereses, ya bien tengan estos forma de persona, de aficiones o de tiempo de relax. Llegar a ese punto, seguramente significa constar de experiencias buenas y malas, de esas para recordar y de algunas para olvidar, pero experiencias varias y choques a las espaldas. Cuando pasamos de quejarnos a reírnos de ello o de la frustración a la reflexión, algo empieza a activarse y a profundizar en el interior. Aunque parezca un coñazo es, sin duda, lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos. Hay gente que huye de la estabilidad, pero cierta estabilidad mental nos ayuda a ser más fieles a la obtención de lo que deseamos obtener.

Del mismo modo, a la hora de relacionarnos con otras personas (ya no solo con nosotros mismos) o de encontrar a alguien con quien ir compartiendo ese y más logros de ahí en adelante, se tienen las cosas más claras, algo que resulta aliviador. Ya no tiembla tanto la voz ni se camuflan los pensamientos, ni siquiera las emociones. Somos más justos con nosotros mismos, entendiendo que justo lo que merecemos es poder expresar preocupaciones o sentimientos sin miedo a ganar o a perder. Es más, más vale una pérdida a tiempo que una pérdida de tiempo. Y, con todo ello, cabe destacar que, tener las ideas claras no tiene por qué significar tener más filtros, sino tener unos filtros más fuertes que no permitan que se cuele morralla de esa que nunca quisimos y que, sin embargo, quizás alguna vez aceptamos. Se coge o se deja ir sin titubear tanto, porque no hace falta demasiado tiempo para deducir si una experiencia va a sernos más positiva o un quebradero de cabeza innecesario. Y es que siempre fuimos esa persona que algún día llegamos a ser, solo que por el camino pasamos por algunas etapas de confusión y de dispersión, entre el error y el acierto, para aprender a escoger. 

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Els sons, les olors... la il·luminació d'alguna cançó

Els sons, les olors... la iluminació.
Els petits plaers de la vida.
Els més grans moments, millor.

L'entreveure la pujada
quan ja vares baixar sense temor.
El mirar-te als ulls i veure
que deslluernes brillantor.
El somriure quan et brilla
de nostàlgia més que dolor,
d'esperança i de fortuna
i de que afortunats siguem ambdós.
De pensar i de sentir
acabat amb -te,
amb gust de retrobar-nos en un reclam
o en un sol mot.
I que si no tenim res ni ningú,
volguem agafar-nos fort
per si de cas així fos.

De la llum, quan és penombra,
o de quan refà l'ambient a favor.
Aquella que il·lumina
més que l'espai, la pura acció.

Dels sons, els de la pluja al caure
quan llampega i cauen trons.
El de la cançó que embolcalla ment i pit
que entra i remena i dona peu a creació.
Com ara aquesta.

De les olors, la calma d'olorar la nostra,
que junta sigui tan humana
com sigué en temps d'amor;
els únics temps que romanen i que foren de debó.

Que escoltem encara el que ens hem dit
quan ens hem tingut aprop
que la veritat no és altra
que la de quan ens hem parlat piga a piga, cor enfront.

Que quan em miris ara t'enorgulleixis
dels sons, les olors i les llavors,
que deixar de banda ens són impossibles
i compartir, d'encertador.