Páginas

Translator

viernes, 31 de julio de 2026

Nadie es de nadie

Nadie es de nadie y eso no significa que estemos solos. Podemos compartir con otras personas pero no tenerlas, podemos comunicarnos pero no someterlas, podemos acompañarlas pero no poseer. Podemos incluso parir y ser nuestros/as hijos/as más de la vida misma que nuestros/as aunque escueza. Y confieso que, esta reflexión en un día agridulce como es final de quincena vacacional con mi peque, me lleva hoy a este texto. Pero eso no quiere decir que me dé cuenta ahora de lo que digo, por suerte.

Que nadie es de nadie, aunque yo creía que mi madre sí que era mía por mucho que huyese de la simple idea de que ella pudiese llegar a querer atarme, lo aprendí en la adolescencia. Y es que no, no lo somos y lo interioricé conscientemente con uno de mis primeros amores. Me pegó fuerte y vivimos nuestra historia, pero nunca llegué a alcanzar con él lo que yo fantaseaba tener con esos 17 años. Él, seguramente me vio demasiado entregada (aunque nunca se me ha dado bien el filtro de saber cuánto es "demasiado" cuando sientes. Quizás eso daría para otro texto.). Yo, le vi demasiado "fluído", resbaladizo, como para que nada fuese a acabar en compromiso, aunque le gustase. Aun así, acepté por primera vez ese rol intermedio, eso sí, con mucha inexperiencia en comunicación (cosa que ahora veo fundamental en cualquier tipo de relación y más cuando se generan incomodidades). Pero, para bien y para mal, de ello siento que aprendí.

Aprendí a reflexionar a base de sentimientos encontrados, a aprender a disfrutar de esa situación de no-seguridad ganando poco a poco en compromiso conmigo misma, a contar para alguien y viceversa sin dependencia, a convencerme de que "estar para alguien" no es algo que deba ni mendigarse ni hacer por compromiso, sino por amor en la forma que sea pero a no exigir menos (aunque años después tropezaría, espero que por última vez, con una gran piedra en ese sentido. Creo a la vez que, de ello supe salir gracias a tener claro el título de este texto.) Aprendí, por entonces, a utilizar la escritura como medio para desahogarme y, entre otros más, a que nadie era de nadie... ni en el amor, ni en la amistad, ni del todo en la familia, ni en el universo en general. Pensar así, después, me ha llevado a parecer demasiado libre para otras personas y a que eso se percibiese como amenaza a la hora de estar en pareja conmigo. Personalmente, creo y sé que, aceptar eso, no quiere decir que no puedas decidir estar con alguien cuando lo sientes, sino a que también aceptas que las cosas a veces se acaban o simplemente cambian porque, podemos querer o habernos querido, pero no nos pertenecemos. Porque, podemos intentar controlar una situación o la actitud de alguien, pero no tenemos el poder final para hacerlo.

Quizás os parece que, esa que contaba, fue una historia frustrante y con carencia inicial en autoamor, y seguramente en ese momento adolescente fuese así. Pero años después, y habiendo podido comparar perspectivas con aquella persona en cuestión y reír de todo aquello, reflexiono en positivo y creo que, entre otras cosas, si algo me enseñó aquella historia, y bastante a tiempo por cierto, fue que: a quien hay que querer y en quien hay que creer con fuerza es en uno/a mismo/a primero, que nadie es de nuestra propiedad y que debemos centrarnos en la suerte del tiempo que decidimos disfrutarnos mientras nos hagamos bien y a que, no ser tan apenas celosa, fue una consecuencia de una situación temprana que no pude controlar pero que me sirvió en positivo de ahí en adelante.

Nadie es de nadie... y lo escribo mientras pienso que quizás cada uno sí que somos bastante de nosotros mismos y nos debemos a esa condición humana pero también en forma de oportunidad. Porque, si no somos nosotros quienes hacemos por tenernos y por tratar de pertenecer, ¿quien lo va a hacer? Nadie es de nadie pero tenemos la responsabilidad de lo que emitimos y de cómo y desde dónde nos relacionamos... Siempre hay alguien para otro alguien, dicen, pero ¿por qué cuesta tanto a veces aceptar que nadie es nuestro o nosotros suyo aunque así lo digamos con palabras? Pues se me ocurre que por amor, o bien por la energía, tiempo o ilusión invertidas en la otra persona o, a veces por la frustración ante la conveniencia o el interés personal que se tuviese inicialmente aunque cueste pensarlo, o por el miedo a estar solo afectivamente hablando, por una mala gestión de la soledad con uno/a mismo/a o por la maldita inseguridad. Seguramente hay más respuestas pero todas acaban en lo mismo: en una gestión por solucionar con uno/a mismo/a más que por exigir ningún afecto a nadie (aunque alguna explicación sincera desde la responsabilidad afectiva del/la otro/a no esté de más para poder recomponerse más fácil y rápidamente).

Entonces y a modo de conclusión, si alguien es algo nuestro no puede ser porque nosotros lo digamos, es porque esa persona así lo quiere, nos lo transmite y conjugamos. Y qué bonito cuando eso pasa libremente, aun sabiendo que nadie tiene el deber ni el reclamo de ser de nadie, cuando alguien siente que quiere ser o que es algo de alguien sin ataduras, por emoción. Ponerle o no ponerle nombre ya es pura decoración o designación social. Lo que sí que creo es que igual que nos vinculamos podría suponernos normal llegar a desvincularnos... incluso llegando a sufrir el dolor, el duelo y todas las fases por las que se pasan a veces, claro. Nadie dice que sea fácil desde que somos seres que sentimos pero, asumiendo que pueda pasar aunque sea de un gran fastidio, creo que ahorraríamos en rabia, evitaríamos forzar y favoreceríamos soltar, con mayor serenidad, algunas situaciones... sin querer eso decir que sea algo gustoso.

Igual que con 17 años aprendí que nadie era de nadie, también con 17 otra persona me dijo por primera vez una frase que a día de hoy aun recuerdo y utilizo: "Nunca estará solo un corazón que ocupa un lugar en otro corazón". Quizás nadie es de nadie pero formamos parte de las vidas de álguienes y significamos en ellas... y eso es igual de interesante o más, merecedor de ser mínimamente cuidado y, sobre todo, valorado. Porque eso es lo que, falsamente o no, nos hace sentir que son o somos de alguien pero, sobre todo, que nos sentimos mejor con su acompañamiento y afecto que sin él, que la no pertenencia no se sienta soledad o ausencia de sentido y que experimentemos esa capacidad relacional de nuestra especie con más calma que ansiedad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario