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lunes, 13 de julio de 2026

No es publicidad aunque va de publi

Publicidad: esa carrera que casi hago en el momento más decisivo de mi vida estudiantil por ir más que perdida y esa que, de haberla hecho, hubiese exprimido mi creatividad pero "vocacionado" nada. No sé cuándo podría haber aportado en ese mundillo, pero sí tengo claro que podría haber aprendido de compras, de ventas y a venderme. Y no sé hasta qué punto me gusta la idea, así que me alegro en cualquier caso de haber escogido otro camino pero, ¿acaso no es condición del ego humano publicitarse? Hay quienes lo hacen con una imagen, otros/as con la palabra y, otros tantos, lo mezclan todo a través de redes sociales. Se rumorea que, incluso, hay quienes no saben exactamente si són más quienes son, sienten y padecen o quienes hacen ver que son... pero insisten y, a veces, les acaba funcionando en forma de admiración manipulada.

La "publicidad" designa un nombre a un concepto, a un deseo o a una aspiración: la de que alguien se fije e interese en algo o en otro alguien de forma inducida pero por decisión propia, no siempre creándose un interés real por el producto en sí, sino en la forma. Por eso, según cómo publicitamos, atraemos un tipo de público determinado. 

Otra cosa que genera la publicidad si nos dejamos llevar por ella es, seguramente, decepción. Ni lo tan grande es al final tan grande, ni la estética real tal y como la pintan, ni lo perfecto o innecesario dejará de ser imperfecto como todo o se convertirá en algo imprescindible. Por eso, sea cual sea el producto, debería leerse toda la letra pequeña y pensar en su utilidad real en nuestro contexto, distinto a cualquier otro al fin y al cabo; conlleve eso el tiempo que conlleve, ya que hay aspectos que no se nos muestran a los ojos durante ese tiempo de publicidad y que vale la pena analizar. Creo que, para ello, hay que tener en cuenta que, los ojos con los que miramos, no son más ojos que nuestra mente, la que realmente observa y revisa.

La publicidad se da en un instante. La publicidad se da en un instante en el que te convence o no te convence pero, un instante que repetido en el tiempo o repetido con constancia, te capta o te pierde, te atrapa o la odias. Y digo "te capta" y no "te gana" porque hay una diferencia abismal entre lo que te elige y te convence de que lo elijas y lo que eliges personalmente y de verdad. Y, de nuevo, cuidado con si lo que te capta es una nueva cafetera, el plan de la plataforma de música compartida con amigos o bien una persona. Para escoger, deberíamos mirar y escuchar a nuestros sentidos (más influenciables), pero sentir desde el punto de vista y el ruido de nuestra propia mente (más sabia), que es la que ha seguido nuestro recorrido hasta hoy.

Pero no quiero que parezca que todo es negativo alrededor de la publicidad, creo que también tiene cosas buenas, y es que nos hace reflexionar de forma inconsciente volviéndonos más conscientes, ya no tanto sobre el producto en sí o en si está este más o menos sobrevalorado, sino en nuestra forma de dimensionar la realidad, la estética, "los targets" o las palabras según nuestros objetivos. Nos aporta consciencia sobre nuestra forma de darnos cuenta qué tiene más peso en nosotros a la hora de desear, de ansiar o de dejarnos convencer y en qué orden y medida tiene influencia cada uno de esos puntos para nosotros. A veces nos equivocamos y apostamos, invertimos y almacenamos algo que no estaba hecho para nuestro día a día. A veces, aprendemos de ello y de ver la publicidad como un arte en el que algunas personas tienen un verdadero don, pero desde el punto de vista de espectador consciente. Creo que todos/as de alguna manera publicitamos, por costumbre, por creencia o por contagio, y nos publicitamos, por ganas de ser descubiertos, por ambición o por necesidad. 

El otro día tenía la TV encendida de fondo y en ella aparecieron unos anuncios publicitarios. Había activado el piloto automático de TV como compañía más que como oferta en divulgación. De repente, escuché una frase que captó mi atención. Y, ¿por qué? Porque resonó conmigo. Creo que esa es la clave principal de la publicidad... crear vínculo emocional para despertar interés. "No se trata de ir más lejos, sino de llegar más cerca.", decía. Instantáneamente, un anuncio sobre alojamientos que no me interesaba hizo que su eslógan, neutro, directo y transpolable a otros ámbitos como el social, conectase conmigo, hasta el punto de llevarme a escribir este texto. 

Así, el texto de hoy no pretende captar, convencer, ni crear una necesidad a nadie, sino: 1- Fomentar la reflexión acerca de cuánto más o menos tenemos de vendehumos, cuánto potencial confiamos que tenemos para ser exitosos/as siendo como somos fuera del escaparate y cuánto más o menos nos esforzamos por ser aceptados llamando la atención, copiando o intentando contentar. Y 2- Acercar la idea que me surge del eslogan del anuncio: quererlo y provocarlo todo para conseguir algo, puede llegar a ser útil en cierta medida, con cierta efimeridad y con el peligro de que la caída sea más dura pero, obtenerlo descubriendo desde cerca, puede conllevar tiempo e inversión, pero a la vez conectar desde la conciencia que lleva a querer quedarse o defender que esa es, o la mejor, o una de las mejores marcas.

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