Páginas

Translator

lunes, 10 de agosto de 2026

Promesas que no valen nada

Ya se dieron cuenta "Los Piratas", al escribir su canción, de que las promesas no valen nada, a la vez que valen para ilusionar/nos. Ese es el efecto y, muchas veces, podríamos ahorrárnoslo y así, muchas otras, evitar alguna que otra decepción. Pero, ¿cuál es, de la promesa, la finalidad? Pues, seguramente, tan solo ganar tiempo de ventaja.

Cuando no nos atrevemos a algo ahora, prometemos para ganar tiempo de decisión. Cuando no podemos algo en este momento, prometemos para ganar tiempo de planificación. Cuando rezamos o deseamos, prometemos a cambio para ganar el tiempo que necesitamos para saber cómo resolverlo, al fin y al cabo, nosotros. Cuando hemos fallado, prometemos para ganar tiempo para recuperar confianza hacia nosotros de nuevo.  Cuando mentimos, prometemos por miedo. Cuando se tienen ganas pero desorden, prometemos como persuasión. Cuando se promete amor, reclamamos la misma respuesta a cambio a modo de búsqueda de seguridad que, en ello, todavía no encontramos. Etc. Pero prometer es algo ilusorio e ilusionante más que una verdad. Es una idea abstracta a futuro pero con fin inexacto. 

Yo me prometí que no iba a jurar, que iba a prometer porque suena menos divino y parece que dios, o lo que sea, vaya a seguir amparándote si no acabas cumpliendo. Reconozco, de todas formas, que a veces esa promesa no se ha acabado llevando a cabo... Digamos que, a día de hoy, podría decirse que en algunas ocasiones mentí o exageré al prometer... y, por supuesto, creo que todos/as lo hacemos y que, sin sentirnos orgullosos pero tampoco culpables del todo, nos damos cuenta de ello a toro pasado. Hemos prometido, a veces por vergüenza, a veces por miedo, a veces por protección o qué sé yo... pero, a veces, simplemente porque las personas cambiamos, también de parecer o de pretensión, no por traición a la palabra o mala intención. Cuando me di cuenta de ello, recuerdo que me prometí que intentaría ni siquiera prometer, aunque a veces seguro e inevitablemente, a modo de muletilla ante la incredulidad, lo siga haciendo. Y, sobre todo, me prometí intentar recordar todo esto antes de creerme promesas. Creí que, sin prometer, obligas a creer, a desear sin presiones y a confiar en que los tiempos de la vida desembocarán en ello o no porque será lo natural en ese momento, no algo forzado o una decepción con difícil retorno, porque "Prometer y no dar, es lo mismo que robar.".

"Quien de ligero promete, despacio se arrepiente.". Y es que no está bien querer amarrar a alguien a través de la ilusión para ganar tiempo o ventaja. Coge, suelta, resuelve o gestiona, pero sin decir "siempre" ni comprometiendo a tu yo futuro en un acto de fe. A veces las promesas suenan bonitas pero, ya dicen que, a veces "Prometen, prometen hasta que la meten." (no podía faltar esta en este texto). Me parecen más bonitas las palabras con acciones repetidas en un presente constante. Por ejemplo, dime que me quieres hoy, o demuéstrame que me quieres ahora, y no que me vas a querer... porque ambos sabemos que puede o no llegar a ser. Aprovecha querer hoy y, mañana, hoy de nuevo, con todas las letras y la boca bien grande, porque sonará más real y lugar seguro. Con más hechos en presente que ya nadie nos quitará y menos deducciones en futuro que nadie nos asegura, seremos más conscientes día a día de la crudeza o de la ternura. La vida, a veces, es más bonita en su ideal pero sabe más a oportunidad de progreso si somos conscientes de lo cambiante de su locura, actuando y aprendiendo, más que de lo que nos gustaría adquirir, de lo que hoy llevamos puesto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario