Aviso a
todos los navegantes: El texto de hoy va a sonar a libro de autoayuda o a
canción mantra. Unos cuantos pensaréis: “¡A mí no me hace falta!” Pero, aunque
no expongo nada nuevo, creo que no es un mal consejo en cualquier caso.
¿Qué
nos pasa para que “últimamente” nos agobiemos tanto y tan fácilmente? ¿Hasta
qué punto disfrutamos de lo que hacemos si estamos pensando en mil cosas
diferentes a la vez? El ritmo social avanza a una velocidad de vértigo y nos
pasamos la vida corriendo en él, olvidando que, lo importante, no son tanto las
tendencias ni el elitismo como la salud mental. Pararnos un rato a hacer cosas que favorezcan
eso o, simplemente, preocuparnos por observar, quizás nos distancie del pelotón
un rato pero haga que disfrutemos más del presente. ¿Es eso posible?
Si os
fijáis, cuando nos salimos del presente, es cuando aparece el sufrimiento.
Desconocemos nuestra esencia porque tan solo nos centramos en lo más
perceptible, en el ego. En lo que nos afecta y en cómo lo hace, no tanto en el origen.
Nos centramos en ese parloteo interior constante que tenemos con nosotros
mismos lo que, es algo necesario para conocernos y saber cómo evolucionamos,
pero también demasiado influyente, a causa de experiencias pasadas, sobre las
que nos vienen nuevas. Solo dejaríamos de escuchar más de lo necesario a
nuestro ego y estaríamos más sueltos si viviésemos exclusivamente en el
presente… algo utópico pero moderadamente posible. Si focalizásemos toda
nuestra atención en él, no crearíamos ese estado de impaciencia, estrés y
preocupación que a veces tenemos. Pasado y futuro están incidiendo
constantemente en el presente y, quizás con la misma constancia, deberíamos
preguntarnos si no demasiado. La mayoría de veces dificulta las relaciones,
tanto con el resto como con nosotros mismos y, fácilmente, hacer predicciones nos
genera agobio y nos inhibe a la hora de tomar decisiones.
No es
que haya una solución permanente para ello, pero sí algunas actitudes que
podrían rescatarnos en más de una ocasión. Por ejemplo, “salir de nosotros mismos”
y posicionarnos como observadores, por ilusorio y abstracto que parezca.
Escuchar ese parloteo, del que hablaba antes, con cierta distancia… como si no fuese
a afectarnos cualquier modificación ante la conducta que escojamos, que es lo
que suele bloquearnos en momentos de esos contra la espada y la pared. Siempre
fue más sencillo buscar soluciones y tomar decisiones en tercera persona que en
primera. Si conseguimos vernos desde un punto de vista menos subjetivo, aunque
no por ello irresponsable, nos juzgaremos menos, nos comprenderemos más,
restaremos agobio y ganaremos seguridad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario